Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

miércoles, 11 de marzo de 2015

¡Holaaa! Dirán que vivo con el teclado en vacaciones, algo así, jajaja. Aprovecho mis queridos lectores, después al trabajar no tendré tanto tiempo. Aquí está el capi 69 y ya nos quedan pocos capis para terminar el segundo libro. La pelea de Sebastien y Bianca continúa. Y Douglas... Ahora sí sé que los dejo comiendo las uñas. Un besote y gracias como siempre.

Lauri espero que este mejor de salud. Citu espero que Cleo este mejor. Un besazoo grandote.

Capítulo 69
Dolor.

(Perspectiva de Sebastien)

Entré a la habitación once de la noche, despacio, a oscuras. Bianca dormía. Podía escuchar el sonido de su respiración acompasada. No encendí ninguna luz. Me desvestí rápidamente, en silencio, y desnudo me metí entre las sábanas.

De cara al techo pensé cuanto la había extrañado estos días sin hacerle el amor. Es que era tal mi enojo. Aun me duraba, pero no lo suficiente para probar un acercamiento y que mi mujer entendiera que asustado estaba con la venganza de Douglas.

Una de sus manos descansaba sobre la almohada y su perfil descubierto era tan bello a la luz de los faroles del jardín que se colaban a través de las cortinas.

El cabello suelto desparramado como manto nocturno sobre la almohada. Los labios entreabiertos, tentadores. Sus párpados cerrados, ocultando ese maravilloso iris azul.

De pronto entreabrió sus párpados y me miró en la penumbra por varios y eternos segundos.

-Bianca…

Se incorporó de un salto sentándose en la cama.

-Bianca… -repetí sentándome erguido.
-No te he escuchado entrar. ¿Cuándo llegaste?
-Hace unos minutos… Bianca… -busqué su mano sobre las sábanas hasta chocar con sus dedos tibios.

Necesitaba su calor.

Los retiró sorpresivamente y saltó de la cama.

-¿Dónde vas? –pregunté confundido.
-A la habitación de huéspedes. ¿Acaso importa?
-¿Cóm..? ¿Cómo que no importa? Necesitamos hablar.

Caminó descalza con el pijama blanco caído a las caderas y encendió la luz. Giró hacia mí para mirarme con una mirada que me congeló.

-¿Ahora quieres hablar? ¿No digas? Pues, te diré que no se me canta hablar. Lo hubieras hecho antes de irte a tu maldita isla.
-Estaba muy enojado –balbucee.
-No llamaste.
-Seguía enojado.
-¿Ah sí? Bien, ahora soy yo que no quiero hablar ni que te acerques.

Me arrodillé en la cama y gatee hasta un extremo para acortar la distancia.

-Bianca, entiende que estoy preocupado por Douglas. Se lo has dicho como si fuera la noticia de un vecino, de un desconocido. Era su chica.

Creo que a veces debemos callar… Me convencí cuando me miró despectivamente con los brazos en jarra.

-OH, Perdón, debí ensayar como hacen las actrices en TV. ¿Cierto? ¡Fue como salió, idiota! ¿O crees que sabía la noticia con mucho tiempo de anticipación?

-No digo eso.

Giró y abriendo una de las puertas del ropero quitó con un brusco movimiento el albornoz de seda negro.

-Bianca…
-¡No quiero escucharte!

Se agachó y buscó las pantuflas debajo de la cama. Se puso de pie y mientras las calzaba me miró con rabia.

-¿Sabes lo mal que lo he pasado estos días por tu culpa? Pensando en ti. Creyendo que no me perdonarías. Y con el trascurso de los días pensé… “Bianca él no te necesita. De lo contrario hubiera habido una llamada. ¿Te ha dejado de querer? Es posible. ¿No te ama lo suficiente? ¡Claro! ¡De lo contrario hubiera perdido diez o quince putos minutos antes de partir!” Así que ahora, no te acerques, no me hables, no me molestes. ¡Decidiré yo si te disculpo o no tu desplante!

-Basta Bianca esto es ridículo, hablemos. Puedo explicarte mi enojo.
-¡Ahórratelo!
-No entiendes que la verdad fue cruel.

Me miró fijo y se acercó lentamente. Apoyó los puños en la cama y acortó la distancia entre nuestros rostros.

Su mirada… Me dio miedo… Un gran temor por la anticipación de lo que irían a pronunciar sus labios. Y no me equivoqué…

-No entiendes el valor de la verdad. Por supuesto, nunca lo entenderá un ser que ha mentido a un hijo la existencia de su madre por casi veinte años.

Tragué saliva y el corazón se estrujó por el dolor.

Me había dolido lo que había dicho, mucho. Bajé la vista y quise reprochárselo, pero las palabras no salieron. Además hubieran sido en vano… Ella ya había abandonado de un portazo la habitación.

(Perspectiva de Lenya)

Salí de la cocina a media noche. Creía que me estaba convirtiendo en un adicto al café. Hacía alrededor de una hora que había llegado de la isla con mi hermano y sinceramente el viaje había sido productivo. Nuestro socio parecía confiable, demasiado para ser un humano de negocios. Siempre se podían traer algo a escondidas para desequilibrar el contrato y sacar provecho.

Sin encender la luz caminé hacia las escaleras hasta que el olor a “humano” se hizo más fuerte. Mis ojos recorrieron por cada rincón la gran sala en penumbra, hasta que la descubrí dormida, hecho un ovillo, sobre el sofá… Liz.

Carraspee para despertarla sin resultado. Estaba profundamente dormida abrazada a un par de almohadones y tapada a medias con una manta al parecer rayada en tonos diferentes.

Me acerqué lentamente y de pie la observé dormir. Respiraba con la tranquilidad de ignorar que el más fuerte y poderoso de los depredadores la observaba a menos de un metro.

Era tan indefensa. No, miento. Se veía indefensa que no era lo mismo que serlo.

Después de abandonar el rostro angelical, engañoso, me deleité con esas piernas largas y torneadas sobre la tela del sofá. Sus tobillos delicados, desnudos, se apoyaban uno sobre otro cruzando esos muslos firmes que podían adivinarse tras la tela trasparente de su camisón corto. Un albornoz colgaba del respaldo del sofá y la manta liviana que seguramente habría estado cubriéndola estaba arrollada contra su cuerpo y el respaldo. ¡Qué mal dormir nena! Sonreí.

Volví a mirar sus piernas… Qué bien se verían mis manos y mi boca recorriéndolas de punta a punta. Desde el comienzo de sus pies hasta su entrepierna…

De pronto, giró su cuerpo como si me presintiera. Me asusté… Si me veía observándola podía creer que estaba deleitándome con su figura embelesado. Y yo no estaba haciendo eso…

Quedó de espaldas al sofá y cara al techo. Por el escote del camisón se había escapado parte de uno de sus pechos de piel blanca y el botón pequeño de su pezón que sobresalía tímidamente invitaba a unos labios atrevidos a devorarlo.

Inclinó su perfil y entreabrió los labios.

Maldita boca… Perfecta. Ella humedeció los labios con la punta de la lengua y casi escapó un gemido. Me contuve aunque mi entrepierna estaba dándome señales de una gran excitación.

Sonrió levemente, dormida aún. Elevó una de sus manos sobre la cabeza mientras la respiración se transformaba irregular. Sus dedos se cerraron sobre uno de los almohadones y ahora fue ella que dejó escapar un gemido casi imperceptible.

¿Estás soñando conmigo, nena? Sonreí.

Pasé la legua por mis labios y tuve el impulso de despertarla, tomarla en brazos, subir a mi habitación, y que tuviera el mejor sexo de su vida.

Sin embargo recordé, nunca había dejado viva a una humana después de acostarme con ellas. No sabía como sería llegar al orgasmo arrollador y mantener mis colmillos lejos del alcance para no asesinar a mi víctima.

Di tres pasos hacia atrás asustado. Si ambos durmiéramos juntos seguramente no vería un nuevo día. Y no deseaba eso para ella. Debía cuidarla de los peligros, debía cuidarla de mí.

El ruido lejano de un motor parecía acercarse por la ruta que daba a la mansión. Miré hacia la ventana y en un abrir y cerrar de ojos estuve junto al marco espiando por las rendijas, entre las pesadas cortinas.

El sonido se hizo más fuerte. No era ninguno de los coches de los Craig… ¿Era una moto? Me deslicé hacia la puerta y mis ojos se clavaron en la pantalla de la cámara.

¡Que te parió Pretov! ¿Qué mierda hacía mi hermana en moto y después de media noche?
Fruncí el ceño y apreté los puños.

¡El día que te agarre distraído maldito Pretov!

Estaba conteniéndome de no salir como energúmeno atravesando los portones pero no iba a durarme mucho mi maravilloso poder de control…

El tipejo apagó la moto, Scarlet bajó de ella, y quedó de pie con… ¡Ese vestido tan corto! ¿Pero que se había creído esta niña? ¿Qué era una callejera?

La gota que derramó el vaso fue cuando el atrevido oficial carilindo se acercó inclinando el rostro hacia mi hermana. Abrí la boca pasmado ante tanto desparpajo… Scarlet se acercó más y sus manos rodearon el rostro del infeliz que no perdió segundo para besarla.

Me materialicé junto a ellos en segundos y mi voz tronó por todo el bosque de la acera del frente.

-¡Pretooooov!

Ambos se sobresaltaron y mi hermana me miró asustada. Pocas veces vi con gestos de temor a Scarlet Craig, éste fue uno de ellos.

El grandísimo infeliz me miró sorprendido, observó el portón cerrado y después volvió a dirigirme la mirada curiosa. Después acomodó su cazadora de cuero y como si se disculpara por cualquier hecho insignificante murmuró un, “lo siento”.

-¿Estás loco idiota? –grité- ¿Quién crees que es mi hermana? ¿Una cualquiera?
-No, por supuesto que no. Sólo nos despedíamos.
-Lenya… -murmuró Scarlet.
-¡Enciende ese maldito motor y  sal de mi vista ya mismo!
-Tranquilo, ya me voy –después miró a Scarlet-, te veo mañana, belleza.
-¿Qué cosa? –pregunté con los brazos en jarro- ¿La traes a la madrugada, le das un beso en la boca, y dices como si nada, te veo mañana, belleza? Tú eres suicida, ¿verdad?

Me miró de arriba abajo y sonrió.

-Tranquilo. Sé que se nos hizo tarde pero pasamos por mi casa y estuvimos varias horas allí.

Mis ojos se agrandaron. ¡Era idiota en serio! No… Era un provocador.

-¡En tú casa varias horas! ¿Estás tomándome el pelo, infeliz?
-Bájame el tono –ordenó el desgraciado- Scarlet conoció a mi hermana y estuvimos juntos los tres. No la llevé a un antro de perdición.
-Lenya…. –volvió a murmurar mi hermana cada vez más bajo.
-Scarlet, entra de una vez y tú, desaparece ya mismo o de verás te irás con la cara irreconocible.

Se incorporó en la moto e intentó bajarse de ella mientras Scarlet se interponía.

-Escúchame cavernícola, sólo salimos a divertirnos con tu hermana y no le he faltado el respeto. Si insistes en amenazarme trata de cumplirlo porque no me quedaré como un auténtico “nerd” escuchando como me insultas.
-Por favor –suplicó Scarlet.

Después me miró a los ojos.

-Lenya lo he pasado muy bien, no me arruines la noche.

Aflojé los puños aunque lo aparté de mi pecho de un empujón. El muy tonto me hacía frente. No se imaginaba que si deseaba apartarlo de un envión real lo hubiera mandado contra los cipreses del bosque.

-Entremos –murmuré.

Pretov no bajó la mirada de rabia y subió a la moto. Dio arranque y miró a mi hermana.

-Buenas noches, cariño. Duerme bien.

Ganas no me faltaban de escupirle en la cara y decirle, “no idiota ella no duerme como tú, sólo a veces, porque es una vampiresa. Así que en realidad te estoy salvando la vida”.

La moto arrancó y tomó la ruta hacia el centro de Kirkenes. Cuando sólo se volvió un punto pequeño en el horizonte Scarlet me miró ofendida pero no dijo palabra. Se desmaterializó seguramente directo a su habitación.

(Perspectiva de Douglas)

Recostado en mi cama tratando de conseguir el sueño regular. Con las imágenes que venían a mi cabeza no iría a dormir en forma continua hasta que los delincuentes pagaran.

Numa miraba por la ventana con las manos en los bolsillos de sus jeans.

Giré de espalda a la ventana y mis ojos nuevamente se llenaron de lágrimas. ¿Por qué las cosas no habían sido diferentes? ¿Por qué Clelia no se había mudado a la mansión y habría dejado a Hans definitivamente? Quizás lo quería más que a mí…

Nunca ignoré que Hans era su novio oficial. Ella nunca me lo había confirmado pero el aroma de otro hombre en el cuerpo de una mujer era evidente.

¿Tendría un amor enfermizo y por eso seguía amándola a como diera lugar? ¿Aun con los repetitivos desplantes inentendibles? Sabía que había hecho sufrir a mi familia con mi dolor y que el amor de ellos era el único verdadero e incondicional. Pero no había podido quitármela de la cabeza. Aunque mi padre esperara paciente que ese milagro ocurriera, aunque Bianca no hablara mal de ella mientras veía que iba y venía mendigando el amor. Los gestos de mi querida humana la delataban. No le caía bien en absoluto. Tampoco a Scarlet que había dejado bien en claro lo que pensaba de ella cuando deseó quitar las cenizas del parque. De Lenya quizás era egoísmo… No lo sabía… A veces cuando jugábamos videos con Numa o yo estaba en la sala, Lenya me miraba con simpatía y cariño… No sabía que pensar del hermano de mi padre.

En cuanto a mi madre… Mejor ni hablar. Sus ojos se llenaban de indignación cada vez que la nombraba. Bernardo guardaba silencio pero eso no quitaba que conocía lo que pensaba de ella. Y Gloria… Gloria la detestaba.

En cuanto a Charles… Bueno si no la había odiado estaba cerca. Ni hablar Numa.

Sequé mis lágrimas y giré nuevamente de cara a la ventana.

Ahí estaba. Tieso sin moverse, esperando una palabra mía que lo convenciera que me encontraba mejor de ánimo. Quizás tendría que decirle una frase alentadora y tranquilizarlo. No iba a cometer locuras, sólo quería justicia. Pero mi amigo parecía estar caminando sobre bombas no detonadas aguardando mi conducta.

-Ve a dormir Numa. No has descansado y no has ido a cazar en días.
-Estoy bien –murmuró.
-No lo estás.

Me miró apartando la vista de la ventana.

-Si quieres que esté bien ponte bien tú. Sé que no puedo pedir milagros, soy un vampiro. Sin embargo ansío que existan y que por fin te levantes con la alegría de siempre. Sé que faltará tiempo, y ese tiempo no me moveré de tu lado. No insistas.

Suspiré y me senté en la cama.

-Numa, ve a dormir. Prometo ducharme y trataré de hacer lo mismo.

Me miró fijo.

-¿Quieres que juguemos a un video?
-Tengo que estudiar, de verdad. Dormiré unas horas y me pondré a ello. Sé que Bianca y la policía se encargarán.
-No te creo.
-Numa, ¡por los infiernos! Vete de una buena vez. Te he dicho que me ducharé y trataré de dormir. Contigo allí de pie me pones nervioso.

De mala gana caminó hacia la puerta.

-¡Qué descanses!

Cerró la puerta y salté de la cama rumbo al baño. Antes de entrar afiné mi oído.

Sonreí aunque no tenía ganas.

Imposible que fuera a dormir tranquilo si no estaba seguro de verme hacer lo mismo.

Escuché su cuerpo apoyarse en la pared del pasillo junto a la puerta. Sabía que allí se quedaría, como el gran amigo que era.

………………………………………………………………………………………………..............

Cuando salí de la ducha escuché a Charles tras la puerta hablando con Numa. Por la capa de aislamiento con la que estaban construidas las paredes no supe demasiado. Apenas la voz baja se colaba por el diminuto zócalo de la puerta cerrada. Algo hablaban de un desayuno.

Me sequé rápidamente y me puse el pijama. Si me veían dormido seguramente no insistirían en que comiera o tomara un café con leche.

Antes de saltar sobre la cama y taparme hasta la cabeza, Numa me sorprendió en pleno plan. Entró con la bandeja en silencio y la apoyó sobre la mesa de luz.

El aroma a tostada y mantequilla despertó mi apetito dormido.

-Come algo o te debilitarás como yo.
-¿Estás débil? ¡Por los infiernos verte a cazar! –dije sentándome en la cama.
-No iré hasta verte comer.
-Eres tan terco.
-No, no lo soy. Me pongo terco cuando sé que tengo razón.
-Cuándo pierdes en el Counter Strike, también.

Sonrió… Y sonreí.

-Anda… Come algo y déjame tranquilo. Estoy preocupado. Todos lo estamos. Charles, papá, Bianca, todos.
-No sé como explicarte lo que siento. Es la primera vez que pierdo alguien que amo. A mi madre en realidad la recuperé no sabiendo de su existencia, al abuelo lo adoraba pero lo veía cada dos o tres años… Y veía es un decir –sonreí-, en esa época de mi vida era ciego. Después no he perdido a nadie importante, para siempre. Sólo a ella… Y dos veces. La primera cuando desapareció del mundo, la segunda…

Mi angustia apretó la garganta y no pude continuar.

-Yo lo único que he perdido para siempre fueron mis padres biológicos y te imaginas que no sentí ningún dolor.
-Lo sé.
-Siento impotencia que no pueda explicar lo que siento porque sé que nadie me entenderá. Para ello tiene que vivirlo.
-Papá perdió a Adrien. Debió ser doloroso.
-Sí… Pero es como si se estuviera mejor preparado para recibir la muerte de nuestros padres, es el orden normal de la naturaleza.
-No te equivoques. La muerte de los que amamos siempre duele mucho y jamás estamos preparados para decir “adiós”. Tengan la edad que tengan.

Numa se puso de pie y se acercó a la ventana. Hizo a un lado las cortinas y suspiró.

-El sol no saldrá otra vez. Ya no sé si me alegra la noticia.

Giró la cabeza y señaló la taza de leche.

-Toma de una vez ese desayuno. De lo contrario, lo he jurado, no iré a cazar.

Rodee mis ojos y acerqué la taza a mis labios. Olía delicioso.

-Eres un tramposo.
-Puede ser –murmuró-, pero uno que sí cumplirá la promesa.

El móvil vibró en la mesa de luz.

Estiré la mano libre que no sostenía la taza y miré la llamada.

Número desconocido…

Tomé tres sorbos de café con leche y atendí.

-Hola.
“Hola…”
-¿Quién habla?
“Douglas, soy Hans. Encontré tu número de móvil en la agenda de Clelia. Por favor no me cortes”
-¿Hans? ¿Qué quieres? –contesté molesto.

Numa se acercó y se sentó en la cama nuevamente.

“Douglas… Dios… Me siento muy mal… Yo… Yo sé que hemos sido rivales por el amor de ella… Pero necesito hablar con alguien, alguien que me entienda y esté pasando lo mismo que yo.”

Me mantuve el silencio mientras mi amigo preguntaba con gestos que hacía llamándome el tal ex de Clelia.

-No estoy en condiciones de hablar –contesté secamente.
“Por favor, Douglas. La amaba por más que te pese… Dime… ¿Sabes dónde fue enterrada al menos? Hace días que busco en los cementerios sin resultado. ¡Quiero llorar en su tumba!”

Callé la boca. El llanto desgarrador era tan parecido al mío.

-Fue enterrada en casa. En el parque, hace dos días.
“¡Qué suerte mi ángel descansa con tan buenos custodios! Eso es un aliciente para mí. Pero… ¿Por qué hace dos días? Creí que la habían sepultado inmediatamente.”

Salí de la cama con la taza en la mano y tomé dos tragos más.

“Douglas, dime que ocurrió. ¡Por favor! Merezco la verdad. Yo… ¡La amé tanto!”

Apreté fuerte los párpados. Maldita sea… Me gustara o no, él quizás tenía razón.

-Clelia tuvo que permanecer en la morgue unos días. Se tomaron varias pruebas de ADN.
“¿Qué dices? ¿Pero por qué?”

Costó que mi boca pronunciara esa terrible aberración, pero finalmente lo hice…

Él gritó enfurecido y después se largó a llorar amargamente.

“Douglas, hay que encontrarlos”
-Sí. Pienso lo mismo.
“Tenemos que unirnos. ¿Te parece? Nos encontramos en el pub esta noche y planeamos como podemos dar con ellos. Kirkenes no es tan grande y…”
-Yo no tengo deseos de salir, Hans.
“Entiendo… Es que cada minuto que transcurre y esas lacras sueltas, me pone muy mal. Pero lo entiendo, espera un tiempo si lo deseas, yo actuaré ya mismo. Quiero robar la vida de esos delincuentes como se llevaron la de mi amada.”

Callé unos segundos.

¿Mi amada decía? En tal caso sería “nuestra amada”. ¿Quedaría fuera de la venganza que me carcomía por dentro? No…

-Espera… Haremos algo… Ven a la mansión así puedes visitar su tumba y hablaremos.
“Douglas, ¿de verdad? ¿Podré ir? ¿Y tu padre?”
-No se opondrá. Te espero esta tarde si lo prefieres.
“Quizás a la noche. Mi padre visitará Kirkenes desde Suiza y quisiera no hacerle ese desplante. ¿Te parece?
-Bien.
“Gracias, gracias Douglas.”
-Adiós.





4 comentarios:

  1. Hay Lou tambien disfruta de tus vacaciones jajaja, ya estoy mejor muchas gracias eres un sol!!!!
    y bueno las cosas entre Bianca ySebastian van para largo xq ahora la q esta bien molesta es ella y en cierto modo la comprendo, ahora Lenya q celocito nos salio el hermanito o sobreprotector jaja....hay Douglas no cometas la estupídez de aliarte con ese hombre sabiendo q lo traiciono mmm ojala sea mas inteligente y no le haga caso, aunq no lo creo xq Douglas quiere venganza y eso gana mas, gracias x el capitulo y vaya ya casi se acaba el segundo libro ahhh da nostalgia!

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  2. Hola Lou... Realmente la relación entre Sebastien y Bianca se está complicando... él parecía querer llegar a un entendimiento, pero ella estaba demasiado herida y creo que lo ha querido herir a él con las palabras tan duras que le ha dedicado
    Ambos van a sufrir con esta situación, espero que sean sensatos y el orgullo no sea el ganador
    Me parece que el miedo que tiene Lenya de hacerle daño a Liz va a ser un problema... pero entiendo su miedo
    Lenya es un hermano muy protector, pero Grigorii no se ha dejado asustar
    Me ha encantado como se preocupa Numa por Douglas... él sí que es un buen amigo, y hermano
    Y el miserable de Hans llamando a Douglas... me da horror comprobar lo bien que miente y finge la gente malvada en ocasiones
    Está muy interesante, Lou... voy notando como se acerca el final de este extraordinario segundo libro
    Y me alegra mucho que estés disfrutando de tus vacaciones
    Besos

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  3. Hola Lou , mi cleo esta mejor . Ojala Sebastien y Bianca se comprendan . Uy ojala Lenya se arriesgue con Liz .Te mando un beso y te me cuidas

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  4. poco a poco, los hilos se entretejen, muy bien manejados,,,felicidades,,,saludos.-

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