Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

lunes, 23 de marzo de 2015

¡Hola Chicos! Aquí les dejo el capi 73 con mucho cariño. Faltan tres o cuatro capítulos para finalizar el segundo libro de los Craig. Los esperaré en el tercero por supuesto. Por ahora disfruten y recorran los últimos peldaños de esta segunda parte. Muchas gracias, los quiero.

Capítulo 73
Avance y retroceso.

(Perspectiva de Liz)

Sabía que estaba de prueba en mi nuevo empleo y debía poner todo de mí para cumplir las tareas de forma impecable. Pero como hacerlo, si mi mente no lograba concentrarse en nada que no fuera imaginar una y otra vez ese beso que Lenya me había dado.

Lo provoqué, cierto. Sin embargo una vez que pasamos el límite fino de la excitación y el deseo él tomó el control, hasta que… no supe que ocurrió.

El miedo se dibujó en sus ojos. Miedo… Entonces… No insistí.

Dios, si pudiera besarlo otra vez. Si pudiera sentir esos labios húmedos y suaves sobre los míos haciendo presión. Esa lengua tibia introduciéndose lentamente tanteando cada rincón de mi boca con una delicadeza que jamás hubiera imaginado que tuviera. Él, tan soberbio y avasallante. Tan poderoso y fuerte.

Mi boca se secó mientras el timbre del teléfono sonó unas cuantas veces.

Estaba en la oficina del Registro Civil de las Personas. La mesa de recepción la compartía con una compañera, Sally. Era una señora amable de alrededor de sesenta años. Ella quedaría un par de meses junto a mí para enseñarme los pormenores de la tarea de buscar en el ordenador los datos que solicitaban las personas en Kirkenes. Por suerte Sally se había ido a comer un refrigerio y yo, aproveché a dejar volar la imaginación.

Atendí la llamada y la derivé a la sección de Documentos de identidad. Allí le darían el turno para que pudiera obtener uno nuevo de acuerdo a los datos que mantenían en archivos. Después tendría que presentarse para la foto de rigor y la firma.

Apenas colgué el auricular Lenya volvió hacerse dueño de mi cerebro.

Alrededor ya no era una oficina, sino una habitación… La mía… Por supuesto mi hermana no estaba. En nuestra imaginación hacemos lo que queremos.

Imaginé a Lenya vestido con esos jeans gastados, caídos a la cadera, que usaba casi siempre. Una camiseta blanca ceñida al cuerpo marcaban esos pectorales duros y formados que no me había atrevido nunca a acariciar.

El calor recorrió mi cuerpo aun sentada en la silla de esas cuatro paredes de la oficina. Es que lo imaginaba tan real. Debía ser las miles de veces que practicaba imaginando vampiros perfectos al leer mis novelas.

Lucía una sonrisa de esas que muy pocas veces me había dirigido.

Se acercaba lentamente… Yo… inmóvil… Extendía su mano y la tomaba. Una mano fuerte, varonil… De un tirón suave obligaba a que me acercara pegándome a su cuerpo.

Su piel estaba ardiendo y el calor traspasaba la tela de mi vestido.

-Te haré daño si continúo –susurraba contra mis labios.
-Quiero hacerte el amor –le pedía suplicante.

Entonces él tomaba mi boca y me besaba…

Podía sentir su lengua tibia inspeccionando mi boca, sus gemidos llenos de deseo. Sus manos aferradas a mi cintura, reteniéndome como si yo quisiera escapar.

Por fin me decidía y mis manos tomaban el borde de la camiseta y lentamente se la quitaba por encima de su cabeza.

Dios… Dios que cuerpo perfecto tenía en mi imaginación. Estaba segura que la realidad no sería tan diferente.

Mis labios repartían besos en su pecho pétreo. Su piel tan suave al tacto, tan caliente de deseo por mí.
-Sí… Sí… -suspiraba él- Cómeme a besos mi amor. No te detengas ahora…

Pellizqué sus tetillas antes de ponerlas en mi boca, lamiendo, succionando. Mis dedos resbalaron hasta la cintura de su pantalón y suspiró excitado. Abarqué con las dos manos el bulto de sus jeans y masajee presionando su sexo.

-¿La quieres dentro de ti?
-Sii, sii, hazme tuya.
-¡Liz!

Era Sally que me miraba anonadada.

-Hija tú te sientes mal. Debe haberte subido la presión. Estás colorada.
-Ah, sí… Creo que me falta el aire en esta oficina –me excusé.

Rápidamente la pobre mujer abrió una de las ventanas.

-Gracias Sally.
-¿Por qué no regresas a tu casa? Yo te cubriré.
-No, gracias. Ya me siento mejor.

El teléfono sonó otra vez…

-Buenos días, Registro de las Personas…

(Perspectiva de Douglas)

Pasé a buscar a Bianca al hospital con la moto. Después de sorprenderse al verme esperándola en la acera, sonrió divertida.

-Nunca he subido a una moto, Douglas.
-Siempre hay una primera vez –sonreí.

Calzó su bolso al hombro y cerró su cazadora hasta el cuello. Marzo había dado comienzo a la primavera pero aún las mañanas y las noches eran muy frescas.

-Iremos a tomar un café por ahí –la invité en cuanto se sentó detrás de mí.
-¿No iremos a casa? –dijo, aferrándose a mi cintura.
-No, necesito que hablemos tú y yo. Hace mucho no lo hacemos.
-¿Para qué necesitas hablar si adivinas lo que pienso? –sonrió.
-Por eso mismo. Porque sé lo que piensas necesitamos hablar.
-Douglas…
-Bianca, nunca me he metido en la relación con mi padre. Siempre he estado preocupado por mis cosas, he sido muy egoísta.
-No es cierto. No eres egoísta. Sólo que últimamente te han ocurrido cosas muy feas y…

Di arranque a la moto y aceleré.

-Sujétate. No iremos lejos.
……………………………………………………………………………………………….............

La cafetería del hotel lujoso en el centro de Kirkenes nos sirvió de refugio para que nadie nos molestara.

Ambos pedimos un café y Bianca agregó un sándwich de jamón y queso. Estaba hambrienta la pobre.

-¿Mucho trabajo? –pregunté, mientras agregaba azúcar a mi pocillo.
-Sí… Pero no me has traído aquí para hablar de cadáveres, ¿verdad?
-Cierto.
-¿Te preocupa que tu padre y yo estemos enojados?
-Sí. Es que casi siempre se reconcilian sin pérdida de tiempo y ahora… No sé… Los veo muy afirmados en sus posiciones y eso no es bueno.
-Douglas, tu padre y yo nos queremos. Lo que ocurre que él no puede gritarme como lo hizo ese día en la morgue.
-¿Fue mi culpa?
-No, nadie tiene la culpa sólo él.
-Pero se enojó porque me dijiste la verdad de lo ocurrido con Clelia.

Suspiró.

-Sigo manteniendo que hice lo correcto. Merecías la verdad. No sé si fue la forma de decírtelo. Yo… También estaba conmocionada por los hechos. Lo cierto que tu padre no debió hablarme así. Sabe lo que te quiero.
-¿No te ha pedido disculpas?
-No. La semana pasada vino a mi habitación para pedirme que lo entendiera. Eso no es una disculpa.

Respiré profundo…

-A veces hay varias formas de pedir disculpas.
-A mi no me bastó. Además seguía enojada y…
-¿Y?
-Le dije algo que le dolió mucho. No quería herirlo…

La miré fijo.

-No te engañes, sí querías herirlo. Que ahora te arrepientas es otra cosa.

Bajó la mirada a su pocillo de café.

-Sí, quería herirlo en ese momento… Y créeme que lo conseguí.
-No sé que le has dicho pero nunca lo vi tan mal.

Bianca tomó un trago de café y se recostó en el respaldo de la silla.

-Le dije que él no estaba acostumbrado a decir la verdad, o algo así… Porque a ti te había ocultado la existencia de tu madre por muchos años… No recuerdo bien, pero por ahí fue la cosa.

Arquee una ceja.

-Sí le dolió, porque en parte es verdad. Si hubiera sido una infamia seguramente te hubiera negado y discutido. Sin embargo lo dejaste sin palabras de defensa… Eso debió doler.
-Douglas…

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Creí que volvería a intentar acercarse y en esa oportunidad yo… Iría a pedirle disculpas por lo dicho, aunque esperaría que él me ofreciera las suyas por hablarme mal y gritarme… Pero… Él no quiso acercarse más.
-Bianca tendrás que buscarlo.
-¿Por qué no me busca él?
-¡Bianca! No importa quien se acerque, ustedes se quieren. Parecen niños caprichosos.

Tomó otro trago de café…

-Me ignorará. Está muy dolido. Lo conozco. Mejor esperaré que se le pase.
-Una vez cuando me iba enojado de casa para vivir con mi madre a Suiza… ¿Recuerdas?
-Sí lo recuerdo.
-No quería hacer las paces con papá y le dije a Charles que lo haría en otro momento. Entonces… Charles me dijo que yo ignoraba si habría otro día para poder hacer las paces. Entendí que podía pasarnos cualquier cosa a cualquiera de los dos y ya no habría nunca más oportunidad de reconciliarnos. Por suerte le hice caso. No ocurrió nada malo pero me fui en paz.

Bianca apoyó sus antebrazos en la mesa y su mirada se desvió a la ventana.

-Veré que puedo hacer –murmuró.
-Y yo hablaré con él.
-Gracias cariño.
……………………………………………………………………………………………...............

Al regresa a casa y dirigirme al Estudio de mi padre para hablar con él y allanarle el camino a Bianca me encontré con una sorpresa. Mi padre me esperaba para hablar con toda una artillería pesada sobre mi salida del próximo fin de semana con Hans.

Al parece a Numa se le había escapado. No creía que mi amigo haría algo a propósito para perjudicarme pero nuestro padre era muy hábil para indagar sobre mi vida. Eso no cabía duda.

-Papá es sólo una carrera en moto.
-Las motos son peligrosas, Douglas.
-Estoy seguro que si correría con Ron o Anthony no pondrías oposición.
-Por supuesto, los conozco. Son responsables.
-¿Yo no?

Se sentó en el escritorio y me miró.

-No digo que seas irresponsable pero Hans no me gusta.
-¿Qué amigo te gusta que no sea Numa? ¡Dime!
-Con ese tal Tomas no me equivoqué.
-Fue Lenya quien se dio cuenta –protesté-. No te hagas el que sabes todo.
-Douglas una carrera en moto por el bosque no es algo que me de tranquilidad, por el contrario, no estaré en Kirkenes. Tengo que viajar a la Isla del Oso porque comenzaron las perforaciones. No compliques la existencia.
-Papá, te he contado y podía no haberlo hecho. Soy mayor de edad. ¿Cuándo vas a darte cuenta?
-Primero, tú no me has contado. A Numa se le escapó cuando pregunté si me acompañaba a la isla. Dijo que no lo haría porque quería verte correr en esa carrera.
-¡Papá no tengo que contarte todo! No soy un niño. Lo haré de todos modos. No puedes prohibirme que tenga nuevos amigos ni que me divierta con la moto.
-Sé que no puedo tratarte como un niño y de hecho no lo eres… También sé que correrás igual… Sólo quiero que sepas que no estoy de acuerdo con esos amigos que tienes… y… Douglas… Eres lo más importante que tengo en mi vida. Por encima de todos en esta casa. ¿Lo sabes?
-Sí papá.
-Si corres, por favor… Piensa todo lo que te quiero y cuídate.
-Es sólo una carrera inofensiva. No estamos apostando nada.
-Si querido. Aunque no lo sepas cada vez que corres en moto estás apostando tu vida.
-Seré precavido. Lo prometo.

(Perspectiva de Lenya)

Sebastien había guardado mi número de móvil para mantenerse en contacto. No regresaría hasta el miércoles y quería que esta vez me quedara en la mansión y no viajara con él. Su pequeño retoño iba a jugar una carrera con esos lobos infelices y deseaba que yo lo mantuviera al tanto.

La idea de ser buchón no me gustaba pero como se trataba de Douglas y me apasionaba molestarlo, acepté.

Me senté en el sofá y mi índice se deslizó por la pantalla repasando los contactos. Aún no tenía el número de Liz. Después de todo para que me serviría si no pensaba llamarla nunca. Esperaba que lo hiciera ella, aunque… ¿Qué sentido tenía? No podía acercarme a la rubita sin entrar en combustión y eso era peligroso.

El nombre de Mijaíl surgió a mis ojos. Sebastien me había pasado el número por si yo viajaba a Moscú y los visitaba.

Imaginé a la bella vampiresa de los Gólubev, Natasha. Había pasado buenos momentos con esa perfección femenina y al parecer ella también. ¿Por qué tenía que complicarme la vida con Liz, una humana?

Como llamada por el mismo demonio Liz salió de la cocina. De pie junto a la puerta me observó. 

Bajé la mirada y recorrí los nombres de los contactos en el móvil como si no existiera.

Escuché sus pasos lentos hacia el sofá y no quise levantar la vista.

-¿Tanto te arrepientes de haberme besado que no quieres mirarme? –dijo suavemente.

No la miré.

-No es eso. ¿No ves que estoy ocupado?

Se acercó para sentarse a mi lado y me puse de pie.

-¿Te vas?
-¿No ves que sí?

Su mano aferró mi brazo y giré para mirarla con el ceño fruncido. Aunque no quité su mano de mí, protesté.

-¿Qué crees que haces?
-No te vayas.

Aflojé mis músculos y disfruté la sensación de calor que transmitía su contacto.

-Te he dicho que me gustas mucho y no mentí –susurró.

La miré… Moría por perderme en esos ojos claros, moría por besarla y llevarla a mi habitación. No hubiéramos salido en días…

Sin embargo retiré su mano con delicadeza.

-Si no te vas tú me iré yo.
-¿Volverás a besarme? –preguntó, sin contar mis palabras de rechazo.

Tragué saliva…

-El beso no volverá a repetirse.
-¿Por qué Lenya? ¿No te gusto?
-No lo suficiente –mentí.

Me hubiera arrodillado a pedirle perdón en cuanto vi su rostro decepcionado. Se retiró unos pasos y me miró con tristeza… Después con enojo. Mejor, la prefería enojada.

-Tu beso fue unos de tantos que he dado a los hombres. No creas que eres especial para mí porque eres bello. Tuve hombres que me han besado mejor que tú.

La rabia y los celos me hubieran ganado si no hubiera pensado en ella primero. Mejor que yo fuera uno más de su colección. Mejor que no la hubiera besado como nadie lo había hecho. Mejor…

-Nuestro beso quedará como un recuerdo de tantos que tengo de otros hombres. No te preocupes. De ahora en más no insistiré.

Me dolió verla salir de la sala de regreso a la cocina con el orgullo herido. Sí, me dolió mucho.

Volví a sentarme en el sofá con rabia e impotencia. ¿Por qué Liz no era una vampiresa? ¿Quizás si era así nunca me hubiera gustado? ¿Me atraía lo prohibido?

Fijé mi vista en el nombre de Mijaíl… ¿Cómo se enviaba un mensaje de texto?

Ah sí…

A los pocos segundos envié el mensaje…

“Hola Mijail, soy Lenya. ¿Podrías pasarme el número de Natasha? Gracias.”





5 comentarios:

  1. Lou, tengo que decirte que me apena que solo queden 3 o 4 capítulos de esta preciosa novela... pero saber que habrá un tercer libro ya libera mi pena ;-) Por supuesto que seguiré tu historia, lo cierto es que me encanta
    Liz ha recordado su beso con Lenya... y hasta ha imaginado mucho... ha imaginado tanto que Sally la ha visto muy colorada... jajaja
    Siento lo que ha pasado entre Lenya y Liz, pero entiendo la actitud de Lenya... y estoy segura que con Natasha no olvidará a Liz por mucho que lo intente
    Me ha encantado lo que Douglas le ha dicho a Bianca... nunca sabes lo que la vida te prepara... por lo tanto, es mejor estar bien con las personas que amas
    Me preocupa bastante esa carrera de motos y comprendo la preocupación de Sebastien... espero que Lenya esté muy atento... ya sabemos que Hans es un gran malvado
    Te felicito por otro gran y precioso capítulo... está todo muy, pero que muy interesante
    Besos

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  2. ¡Hola Mela! Queda poco sí querida amiga pero volveré después de un breve descanso.
    Natsha no hará olvidar a Liz pero hay un largo camino que recorrer antes que estos dos se miren a los ojos y acepten que están enamorados.
    Douglas es jóven, caprichoso, e impetuoso sin embargo ha dicho una gran verdad recordando las palabras de Charles.
    La carrera de motos será peligrosa... Haces bien en preocuparte cielo. Veremos que ocurre. Un besazo enorme y como siempre muchas gracias.

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  3. Hola Lourdes, un muy buen capítulo, gracias. Pobre Liz, sueña con Lenya hasta despierta, no es para menos... y como siempre, Douglas es un encanto, me encanta su relación con Bianca y su padre.

    Besotes.

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  4. Ahhh voy hacer huelgaaa uuuff Lenya pidio el número de la vampiresa nooo este par tiene q tener su momento pero veo q eso esta para laaargo, y bueno esperemos q a Douglas no le pase nada en esa tonta carrera, y segumos en stand bye con Bianca y Sebastian, gracias Lou muy bueno el capitulo, saludos!!!

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