Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 28 de marzo de 2015

¡Hola Capi 75! Perdón la demora. Mañana o pasado subo 76, ya está listo. Muchas gracias mis lectores... Con estedes más Craig, y crece la tensión.

PD: Amo a Lenya cada vez más.

Capítulo 75
Mi sobrino.

(Perspectiva de Lenya)

Me tiré en la cama después de abrir la ventana y que el aire fresco de la lluvia entrara en la habitación y lavara mi dolor.

¿Cómo no ser de la familia? ¡Idiota! Si era hijo de su abuelo. ¿Qué tenía que ver haber nacido de distinta hembra? Debía haberle refregado a ese vanidoso el diario de ella y ver que su abuelo la amó con locura. Yo había nacido por amor… ¡Desgraciado! No tenía derecho a hacerme sentir así. ¿Rodion donde mierda estabas? Necesitaba a un amigo…

En ese instante pensé en Anthony aunque no sabría si me entendería. Quien sabía toda la historia era Rodion y no se encontraba en la mansión.

Con rabia sequé mis lágrimas… Me había dolido lo dicho por Douglas. Cierto que no nos llevábamos bien. Sería cuestión de carácter, no lo sabía. Lo molestaba siempre que podía, quizás porque intuía que él no me aceptaba en la familia.

Giré sobre la cama y respiré hondo… De pronto, me incorporé de un salto y me senté en la cama… ¿Ese olor asqueroso a perro? No… A lobo…

Me asomé a la ventana y miré hacia todos los sectores del parque… Anthony estaba bajo uno de los pinos guareciéndose de la lluvia, cerca de los muros. Levantó la vista y me miró…

Me materialicé en el parque y caminé bajo la lluvia torrencial hasta llegar a él.

-Hay un lobo cerca –susurró.
-Lo sé.

Charles salió al portal seguido de Bianca y nos observó.

-Iré a ver alrededor –dije a Anthony-. Dile a Charles que se comunique con Sebastien y que regrese en cuanto pueda. No sé porque hay un lobo cerca de aquí pero lo averiguaré.
-¿Douglas? –preguntó Charles materializándose a mi lado preocupado por mi observación.
-Está corriendo esa carrera con los lobos. Lo traeré de regreso.
-¿Qué dices? –exclamaron los dos.
-Tranquilos, lo traeré de regreso.
-¿Y si no quiere? Mejor déjame intentarlo a mí –dijo Charles.
-Olvídalo, por dos razones. La primera sé donde están. La segunda, se lo prometí a mi hermano. Además… Si no quiere lo traeré a la fuerza.
-Puedo ir contigo –dijo Anthony.
-No, busca a Ron por donde esté. Los espero a ambos en el claro del bosque. Necesitaré ayuda para matar a unos lobos.

Sé que ambos quedaron preocupados. Incluso Bianca que nos miraba desde el portal. La noche caía en el bosque y envolvía Kirkenes como la lluvia torrencial. Sin embargo no me iba a privar de agarrarlo de los cojones y traerlo a la rastra. ¡No señor! Ese placer era mío. ¡Mocoso del demonio! Aprovecharía todo el viaje de regreso para hacerle recordar lo equivocado que estaba siempre, en los líos que se metía por imbécil y bocota que era.

Al correr por las inmediaciones camino al claro donde había visto a Douglas por última vez, un cuadro sangriento detuvo mi respiración. A pocos metros de la vera de la ruta que iba al centro, un lobo estaba tirado sobre el pavimento. ¡Qué mierda me importaba un lobo herido! Sin embargo algo me dijo que Douglas podrías estar involucrado. Quizás se había peleado por ese carácter del demonio que tenía al haber perdido la carrera…

Me acerqué y lo di vuelta con el pie. Estaba boca abajo y escupía sangre.

-¿Qué diablos te pasó? ¿Tú no corrías con Douglas esa maldita carrera?

El lobo balbuceó palabras que no entendí. Me incliné para escucharlo mejor y a pesar de su rostro desfigurado reconocí al drogadicto de Tomas.

-¿Dónde está Douglas?

Me miró mientras sollozaba y repetía sin cesar una frase…

-Lo matarán. Ellos lo matarán.

La sangre corrió veloz por mis venas y lo tomé de la solapa de la cazadora.

-¿Dónde está Douglas, infeliz?
-Lo tirarán… Dios… ¡Qué dolor!
-¡Habla!
-Lo tirarán por el barranco… Yo… maté a Jack… Quedan dos… quedan dos… Lo matarán.
-¡Maldita sea!
-Ayúdame –suplicó.

Lo miré con rabia.

-Podría matarte en segundos… Pero… Si no hubieras llegado hasta aquí no me hubiera enterado de Douglas. Podrías no habérmelo dicho… Así que te daré una oportunidad.

La lluvia se empeñaba en desatarse furiosa y relámpagos corrieron por el cielo haciendo más tétrica la noche. Tomé el móvil y llamé a emergencia. Después de dar la ubicación del herido corté y corrí bajo el temporal materializándome en el aire.

Al surgir en el claro del bosque no se veía mucho. Un sendero en penumbras subía y bajaba en suave pendiente y mi vista de vampiro no distinguía demasiado. La tormenta no ayudaba, no había luna, la oscuridad crecía a medida que avanzaba hacia el lago. Corrí a toda velocidad tratando de ver la orientación hasta que dos motos se acercaban en sentido contrario.

Douglas no estaba con ellos…

Tragué saliva y trepé al ciprés más cercano y aguardé.

Cuando las motos rugiendo a toda velocidad pasaron por debajo, salté sobre una de ellas.

El lobo perdió el control y nos estrellamos contra unas matas espesas. El otro lobo frenó y nos miró.

-¡Maldito vampiro! ¡Es un Craig! –gritó, poniendo alerta al que yo sostenía presionando su cuerpo para que no escapara.

Lo alcé por el aire y lo lancé contra unas rocas que sobresalían a los pies de unos pinos. Sin perder tiempo comencé a pegarle trompadas una y otra vez. Mi cuerpo lo presionó contra la corteza hasta que le faltó el aire.

-¿Dondé está Douglas? Nunca más te acercarás a él.

El lobo sonrió a pesar de sangrar por boca y nariz. Sabía que si lo mantenía casi sin respiración no podría convertirse en una fiera y eso corría a mi favor. Por un momento intenté vigilar al otro pero era imposible, a quien tenía en mi poder gozaba de una fuerza descomunal. Su voz terminó de descolocarme…

-Douglas está muerto en el barranco –rio, mientras la sangre le brotaba de la cabeza.

El suelo se hundió a mis pies. ¿Douglas muerto? ¡No podía ser!

Aprovechando el desconcierto el otro lobo saltó y con los pies dio en la mitad de la espalda, me giró y golpeó mi mandíbula quebrándola.

Caí al piso y el dolor me llegó al cerebro y recorrió cada molécula. El otro aprovechó para saltar sobre mí y rodeó mi cuello con los brazos para quebrarme y matarme. Yo era fuerte y poderoso, aunque fueran dos contra mí iba a luchar para sobrevivir. No quería morir en manos de ellos, además… ¿Qué sería de Douglas? Mi sobrino no podía estar muerto…

La fuerza interior que llevaba se juntó con mi furia. Con un movimiento giré mi cuerpo y lo arranqué estrellándolo contra el suelo. Me abalancé sobre él aunque el dolor en mi cuerpo era insoportable.
Él abrió los ojos y gritó.

-No me dejes Hans, ¡ayúdame!

En ese instante descubrí al otro lobo huyendo por el bosque.

-¡Maldito! –exclamé.

Era imposible seguirlo sin terminar antes con el hijo de puta que tenía entre manos. Así que quebré el cuello sin pensarlo quitándole la vida y me incorporé tambaleando.

¿Lo seguía? ¿Y Douglas?

El bosque estaba oscuro por más que me esforzara en seguir el aroma, el viento me desorientaría y la oscuridad me tragaría paralizándome por completo. Lo sabía… Jamás había vencido el terror que me producía recordar la muerte de mi madre.

El follaje de los altos cipreses se movió como si una corriente los arrastrara. No era el viento…

-¡Lenya!

¡Por los infiernos! Nunca me había alegrado tanto de escuchar la voz de Anthony.

-¡Aquí!

Anthony saltó de un árbol seguido por Ron.

-Lo maté –dije contemplando al lobo a mis pies-. Hay otro, escapó.
-¿Estás bien? –preguntó Ron.
-Digamos que sí –me dolía la cara solo de hablar-. Ron, Anthony, no dejen que escape.
-Me quedaré contigo, busquemos a Douglas –dijo Ron.
-No, yo lo buscaré. Uno solo no podrá con el infeliz, creo que es el hijo del Chamán. Es poderoso y fuerte. Vayan los dos, estaré bien.

Anthony se acercó a mí y me tomó de la cara.

-Aguanta.

Dicho esto torció mi mandíbula y colocó en el lugar los huesos.

-¡Mierdaaa! –grité.
-Ya está. Lo siento pero si sueldan torcidos te arrepentirás.

Ron trepó a los árboles.

-Vamos, por aquí la lluvia no molestará tanto y tendremos mejor visión.
-¿Estás seguro que podrás buscar a Douglas? –preguntó Anthony.
-Sí, lo haré. Creo saber donde lo abandonaron.

Sí, cierto, conocía el lugar. Pero omití la frase fatal que había escupido el maldito. “Douglas está muerto”.

Alcé el rostro hacia el cielo furioso. Las nubes avanzaban entre rayos que iluminaban y parecían partir el universo. Está tormenta no era normal…

La lluvia bañó mi rostro y cerré los ojos.

Douglas muerto…

No… Papá… Mamá… Si en algún lado están escuchándome… No dejen que eso pase… Por favor… No quiero ver a mi hermano destruido…

Bajé la cabeza y volví a levantarla.

-Douglas… Sé fuerte… Voy por ti.

(Perspectiva de Douglas)

Abrí los ojos y parpadee. No veía nada. Todo estaba oscuro. Como si estuviera ciego otra vez. Podía escuchar el sonido del mar chocando contra las rocas. Mi cuerpo parecía haberse desprendido de mí. Casi no lo sentía. Entumecido y mojado… ¿Dónde estaba?

Tocí repetidad veces hasta escupir el agua de los pulmones.

Traté de hacer memoria…

Veía a Hans y a Rex que me arrastraban al precipicio. Creo que pensaron que estaba inconsciente… Cielos, ellos eran los abusadores de Clelia. ¡Qué idiota había sido por confiar!

Ellos me tiraron al vacío y caí al mar…

El agua helada bañó mi cuerpo al entrar por un costado. ¿Dónde estaba? Todo estaba oscuro, sólo los sonidos de las olas al romperse contra las rocas, y los truenos… La tormenta seguía azotando Kirkenes. ¿Me encontraba en Kirkenes? ¿Si el mar me había arrastrado a otra costa lejana? ¿Cómo saberlo? ¿Me escucharía alguien?

-¡Auxilio! –grité.

Mi voz hizo eco alrededor y se perdió en la lejanía. ¿Era una gruta? ¿Una cueva a la altura de la marea? ¿Cómo saldría de allí?

Tantee con los dedos a cada lado de mi cuerpo. Era arena mojada. Traté de incorporarme aunque el dolor en el cuerpo era insufrible. Mi cabeza chocó con aristas puntiagudas y volví a recostarme.

Demonios, ¡qué dolor!

-¡Auxilio! -volví a gritar.

Una vez más mi voz se perdió poco a poco hasta agotar todo sonido.

Toqué mi cabeza, después mi cara. Tenía heridas que dolían mucho en la frente y en el pómulo derecho. Un párpado estaba hinchado y también la boca. Sin embargo debía salir de allí. Me incorporé lentamente esta vez cuidando que mi cabeza no golpeara con el techo bajo. Miré hacia mis costados… Nada, oscuridad. No veía hacia que lado dirigirme.

Despacio, con el estómago revuelto, me puse en cuatro patas con la intención de buscar una salida, pero una ola entró con furia y barrió mi cuerpo unos cuantos metros dándome de lleno contra una pared húmeda y agrietada. Apreté mis ojos y casi sin quererlo, comencé a llorar. No saldría de allí jamás. Moriría ahogado o muerto por no tener asistencia. No era tonto. Si el agua se había metido por la entrada principal, era imposible que pudiera escaparme a través del mar. No sabía nadar, no veía absolutamente nada… Estaba atrapado en una tumba de rocas, arena, y agua.

(Perspectiva de Lenya)

Al llegar al precipicio no distinguía cuantos metros me separaban del mar. La única iluminación era la de los rayos y centellas recorriendo el cielo. Comencé a transpirar. El aire me faltaba. La luz era tan escasa y la penumbra se cerraba hacia el mar. No llegaría a nada de pie en lo alto del risco, debía actuar rápido si mi sobrino se encontraba necesitando ayuda. Ojalá que así fuera. La sola idea que fuera verdad la frase de ese hijo de puta no tenía lugar en mi cabeza. Douglas no podía estar muerto.
Miré hacia abajo. Sólo las crestas blancas de las olas podían divisarse de vez en cuando.

Cerré los ojos sin pensar más y me desmaterialicé…

Cuando mis ojos se abrieron las rocas me rodeaban. El agua rompía a pocos metros y lamía la costa de arena hasta bañar mis pies. Observé alrededor. Varias entradas de grutas donde el mar entraba y salía según el vaivén de la marea.

Aprovechando la luz de los relámpagos eché un vistazo general pero ningún cuerpo yacía en la playa. Por lo menos había una esperanza que Douglas no habría sido estrellado contra las peligrosas rocas.
Esta tormenta no era normal. Parecía que alguien jugaba con el clima de Kirkenes y disfrutaba de cada obstáculo que surgía.

De pronto pensé… ¿Podría cambiar el clima? Sí. No serías capaz de calmar el mar pero seguro podría detener la tormenta.

Me concentré después de respirar hondo…

Douglas cruzó por mi cabeza y apreté los puños.

Maldita sea, no podía pensar en otra cosa que la vida de mi sobrino. Mientras yo intentaba cambiar el clima para poder ayudarme con la luz de la luna, él podría estar agonizando. No, no podía perder tiempo. Aun en la oscuridad debía intentarlo.

Observé una vez más la playa solitaria, el agua que lamía la arena a mis pasos, a unos metros más arriba, las olas más potentes entraban por los huecos de las grutas.

Me detuve para escuchar algún ruido que saliera de lo común. Era imposible oír sonido alguno que no fuera la lluvia alrededor y la marea impetuosa.

-¡Douglaaas! –grité.

Nadie respondió.

-¡Douglaaas! –insistí.

Nada…

Trepé a las primeras rocas y me asomé por un hueco que la naturaleza había cavado con el paso del tiempo. Todo estaba tan oscuro…

Me senté en las rocas mientras el agua del mar empapaba las rodillas. Me dolía la espalda y la cabeza parecía explotar. Debía seguir… Debía encontrar a Douglas.

La angustia me llegó al imaginarme que si no salían bien las cosas, yo sería el encargado de llevar el cuerpo a mi hermano…

-Por favor… Papá… No dejes que eso pase –supliqué.

Un relámpago cruzó los cielos y tras él un trueno potente. ¿Qué era ese pequeño bulto entre las rocas que parecía haber dejado el agua?

Me acerqué trepando hasta una de las bocas oscuras de las cuevas.

Tantee lo que parecía ser un cuero mojado… No… Eran un tenis… Lo inspeccioné detenidamente aunque la iluminación era prácticamente nula. Tenis blanco… Douglas había salido con tenis blancos…

¡No, no, por todos los infiernos! Douglas se había ahogado. Apreté el tenis entre mis manos tan fuerte que mis falanges se adormecieron. Las lágrimas caían mezclándose con la lluvia. Estaba llorando por ese crío del demonio. Por mi sobrino, el mismo que yo no había tenido tiempo de sentarme frente a él y conversar sobre nuestras diferencias.

-¡Auxilio!

Me quedé quieto ante ese grito muy lejano… ¿Había escuchado bien? ¿Alguien había pedido auxilio?
Me incorporé tirando el tenis al costado y subí tres peldaños de rocas empapadas. Una ola nueva me bañó y entró furiosa a los huecos de las grutas.

Me quedé en silencio tratando de acercarme con cuidado de no caer al mar.

-¡Auxilio!

Mi corazón saltó.

¿Era Douglas? Podría ser…

-¡Douglaaas! ¡Soy Lenyaaa!

Continué hasta llegar a la gruta más alta. Me asomé y pude darme cuenta que nada podía distinguir. Todo era oscuridad.

No podía avanzar, no podía. La oscuridad era mi peor monstruo. Cerré los ojos fuertes y mi madre hecha pedazos pareció volver a mis brazos como aquella noche. El ayer volvió claro y nítido.

No podía, definitivamente no podía ingresar a la cueva sólo por las dudas que Douglas estuviera allí. El pánico me invadió y temblé de pies a cabezas.

Grité otra vez.
-¡Douglaaas! ¡Soy Lenyaaa!

Quise respirar hondo, reponerme para poder cumplir con el cometido. Entrar, revisar, y sólo si estaba seguro que Douglas no estaba allí, poder seguir con la búsqueda. ¿Cómo me animaría?

Una frase cruzó mi mente ante tanta desesperación. “Sé que vencerás los miedos y tu corazón hará lo correcto”. Gloria… Gloria había dicho esa frase que para mí no había tenido sentido. Ahora, cobraba importancia.

¿Cómo vencer el miedo pequeña pelirroja?

-¡Tíoooo! ¡Tíoooo! ¡Estoy aquiii!

Quedé inmóvil…

Douglas… Douglas estaba dentro de esa gruta hundido en la oscuridad. Respiré hondo y grité…

-¡Douglas! ¡Voy por ti!

(Perspectiva de Douglas)

¿Era la voz de Lenya? ¿Había gritado ese nombre? ¿Lenya había llegado hasta el fin del mundo a buscarme? La angustia subió por mi garganta junto con el salitre. ¿Lenya había venido a buscarme?
Estallé en llanto. Por todo. Mi tristeza, mi impotencia, mi miedo, pero sobre todo por mi vergüenza.

Lloré, lloré en silencio sin poder articular palabra… Volví a escucharlo llamándome, gritando que era Lenya. Y no, no era sólo Lenya… Era mi tío. Al que siempre había negado… No, merecía salir de allí. Merecía morir. Debía quedarme callado y no enfrentar a quien creía que era mi enemigo. Cielos… ¡Qué vergüenza!

Fui deslizándome en silencio hasta acurrucarme en la arena empapada… Así debía morir pagando tanta soberbia.

Recordé los rostros que ya nunca más vería… El rostro sonriente de mi padre, el de Bianca, el de Charles, el de Numa… Mi madre, Bernardo, Gloria… Gloria… Ella había dicho… “Tú Douglas, lo llamarás por el debido nombre. Cuando los truenos tapen tu voz de auxilio… Sólo él la escuchará…”

Me incorporé justo cuando la marea entraba furiosa y pegaba contra mi cuerpo maltrecho y dolorido.

“Lo llamarás por el debido nombre”.

Entonces con el llanto en mi garganta, realmente arrepentido, grité el nombre correcto.

-¡Tíoooo! ¡Tíoooo! ¡Estoy aquiii!

Hubo silencio… ¿Habría imaginado la voz? ¿Estaba alucinando?

Por fin la duda se desvaneció, y a lo lejos, casi imperceptible, lo escuché… “-¡Douglas! ¡Voy por ti!”.


5 comentarios:

  1. Hola Lou... ¡Cómo he sufrido en este capítulo!
    Ya tienen total sentido las frases que Gloria les dijo a Lenya y a Douglas
    Estoy segura de que Lenya vencerá su miedo y rescatará a su sobrino
    Y espero que Anthony y Ron encuentren al malvado Hans y le den su merecido
    Un capítulo emocionante y trepidante... me ha encantado
    Besos

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  2. Hola amiga, qué capítulo tan intenso, pobre Douglas, pobre Lenya y pobre yo, qué horror. Quedo muy ansiosa por conocer lo que se viene y por ver a nuestros chicos a salvo.

    Un besazo.

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  3. Uy que bien que encontró Lenya a Douglas, Y yo también adoro a Lenya, te mando un beso y te me cuidas

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  4. Vamos Lenya a salvar a Douglas apurateeee!!!
    todas adoramos a Lenya!!!

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  5. siempre el reencuentro vale la pena,,,saludos.-

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