Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

¡Holaa de nuevo! Otro capi salido del horno. Tienes dos capis nuevos. El 56 y el 57. Para ustedes con mi cariño de siempre. En esta ocasión ojalá Scarlet les haga echar unas risas. Esa es la intención. Disfruten y un besote grande.


Capítulo 57
Mi vocación.

(Perspectiva de Grigorii)

-Buenos días Jefe –saludé al entrar a la oficina.

Hansen levantó la vista del periódico y tomó un trago de su café.

-Pretov… Buenos días.

Colgué la cazadora de mi brazo derecho y de pie esperé alguna directiva.

-Siéntate, por favor.

Titubee.

-Siéntate Pretov. Quiero hablar contigo.

-Okay.

Tomé una silla de caño del rincón por el respaldo y la acomodé frente a su escritorio.

Cerró el periódico con lentitud y cruzó las manos sobre la portada.

-Dime Pretov… ¿Cómo marchas con la investigación que tenías en mente sobre esa suicida?
-Ah… Pues… No llegué a buen puerto. No por mi culpa. El cadáver está hecho cenizas y la prueba desapareció.
-Bien… Habíamos quedado que te quedarías si no te metías en problemas, ¿no es cierto?
-Sí señor. No he hecho nada fuera de las normas. Quiero decir, después de mi visita a la morgue ese día.
-Me parece bien. No desconoces que tenemos falta de personal por motivos ya conocidos pero quiero que sepas que no permitiré atropellos de ninguna especie de mi plantel aunque eso signifique hallar la verdad. Iremos siempre según el reglamento y por vía legal. ¿Has entendido?
-Sí señor. Gracias por la oportunidad. No le fallaré.

Respiró profundo y se recostó en el respaldo.

-¿Quieres un café antes de que Hakon llegué y salgan de ronda?
-No señor, gracias. Desayuné con Anne.
-OH… ¿Cómo está ella?
-Bien. Dentro de su problema va bien.
-Pretov, ¿por qué no buscas un profesional que la ayude? Hay muy buenos dentro de la asistencia pública si es que no puedes pagarlo.
-He recorrido muchos, jefe.
-Nunca es suficiente. Tiene que haber alguien que la ayude a salir de esa oscuridad. Deberías seguir intentando.
-Lo sé. Si usted supiera que a veces…

Hansen me miró fijo con la experiencia de sus años.

-No me lo digas. A veces tienes ganas de tirar la toalla y darte por vencido. ¿Crees que no sé qué clase de persona eres, Pretov? Alguien que se queda solo y lucha por sacar adelante a su hermana no puede ser mala persona. Por eso te estoy dando una oportunidad. No porque podrías ser el más listo de los investigadores, nunca me equivoco con la gente. Será por eso que he llegado a este puesto. Además de saber mi profesión al dedillo, mi intuición ha sido mi arma más importante.

Asentí con un “gracias”. Golpearon la puerta y a la orden de Hansen, el vikingo pasó vestido de uniforme.

-Compañerooo, he llegado. Estoy listo para patrullar.

Sonreí.

-Vamos, estoy listo también.
-¡Pretov! –exclamó el comisario antes de que cerrara la puerta- Ponte un uniforme. El arma te la debo. Tendremos que pedir la correspondiente autorización.
-No se preocupe jefe. Manejaré la patrulla y Hakon hará el resto en todo caso.
-Espero no usarla –rio el Vikingo.
-¡Para qué eres policía? –reí.
-Pues, me gusta usar este bonito uniforme –rio.

La mañana parecía querer despertar de la tormenta que había azotado anoche. Anne no había dormido bien. Las tormentas la asustaban como si fuera una niña. Se durmió prácticamente sentada en el sofá abrazada a mí y por cortos lapsos.Estaba demás decir que yo no había descansado lo suficiente así que traté de solucionarlo con ponerle ganas y entusiasmo y una taza grande de café negro y dulce.

Ya en el patrullero volví a mirar el cielo. El sol primaveral se sentía tenue a través de la brisa cálida que se colaba por la ventanilla. Puse segunda en el cambio mientras Hakon silbaba una canción que no supe distinguir.

-¿Qué has hecho en tu día libre? –preguntó, quitando goma de mascar de su bolsillo.
-¿Ayer?
-Sí claro, ayer.
-Nada fuera de lo común. Limpié un poco la casa, preparé comida, vi el partido a la tarde… A eso de las cinco. Después leí mientras Anne pintaba.
-¿Tu hermana pinta?
-Sí. Es muy habilidosa. Tendrías que ver sus dibujos. Quizás mañana traiga uno para que veas.

Noté que sonreía mientras yo mantenía fijo la mirada en la calle.

-¿Estás orgulloso de tu hermana?
-Sí. Es una bella mujer y muy buena. Además es inteligente. Aunque…
-Sí lo sé. Me lo has contado. Tal vez cuando quieras acordar se despierta un día y comienza a hablar.
-Ojalá. Ella no tiene impedimento físico, es psicológico. Ha retrocedido y se ha quedado en una etapa de la infancia… Ojalá… Sí… Ojalá pudiera comenzar a vivir una vida distinta.
-¿No ha querido salir de tu casa?
-No. Hace años que se recluyó. Nunca quiso conocer las calles de New York cuando vivimos allí.
-¿Ni siquiera contigo?
-Tampoco. Yo le he dicho que nada le pasará mientras esté junto a ella pero no pierde el miedo.
-De a poco Grigorii, te paciencia.
-Ya son muchos años, Vikingo.
-No pierdas las esperanzas.
-¿Qué ocurre allí? –pregunté,observando a tres hombres en una esquina que cuchicheaban.
-Ve despacio… Baja la velocidad.

De pronto uno de ellos entregó algo pequeño a otro simulando saludarlo. Los tres se dispersaron con rapidez.

-Dobla a la derecha Grigorii y sigue al de negro. Lo conozco. Otra vez está en el tráfico de droga. ¡Maldito idiota no saldrá de la cárcel fácilmente esta vez!
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A la tarde ya había anochecido en Kirkenes. Hakon y yo tomábamos unas cervezas en un bar del centro después de haber tenido una jornada bastante movida con ese traficante de medio pelo.

No debía retrasarme demasiado porque Anne estaba sola y aunque se entretenía pintando y viendo dibujos animados no quería abusar de la suerte. Podría querer usar las hornallas de cocina aunque lo tenía prohibido y rechazar la comida que le había dejado preparada.

Al verme inquieto Hakon sonrió.

-Eres un buen hombre, Grigorii.

Lo miré tomando un trago de cerveza.

-¿Y esa deducción?
-Porque opino como el comisario. No sé, creo que eres un hombre responsable y para nada egoísta. Podrías estar con una mujer divirtiéndote y mira, estás mirando el reloj cada diez minutos por tu hermana.
-Es mi deber Vikingo.
-No creas que todo el mundo es así. La generalidad de los seres humanos somos egoístas. Yo mismo no le dediqué el tiempo a mi hermana cada vez que ella deseaba conversar conmigo y tomar su té. Siempre estaba ocupado.
-No te hostigues. Era tu trabajo.
-Sí… Pero ahora ella murió por esa maldita ola de frío y me gustaría traerla de nuevo a este mundo y tomar un té con ella. Mi Susan…

Quedé pensativo… Tomé el último trago de cerveza que quedaba y apelando a una tonta curiosidad, pregunté…

-Tu hermana conocía a los Craig, ¿verdad?

Me miró sorprendido.

-Sí, te lo he contado. Ella era enfermera y al chico de los Craig le practicaban transfusiones a menudo. ¿Por qué tanto interés en los Craig?
-Nada importante. Es que… ¿Recuerdas la chica que te nombre? La que vi en el restaurante. Estabas tú…
-Sí sí, recuerdo. ¿Cómo se llamaba? Habías quedado idiota por ella –rio- ¿Pero qué tiene que ver con los Craig?
-Se llama Scarlet y es una de ellos. Es de la familia.
-¿Esa joven?
-Sí. Lo supe porque… Bueno, de casualidad… Curiosee la lista de las solicitudes para entrar a la fuerza y estaba el nombre de ella. Scarlet. No hay muchas Scarlet en Kirkenes.
-¿Era ella? ¿Solicitó entrar a la Fuerza policial? ¿Cómo lo confirmaste?
-Fui hasta su casa. Tenía la dirección en la solicitud y sus datos. Tiene veintidós años.
-¿Casa? –rio.

Reí.

-Sí tienes razón, es una mansión.
-Lo sé, según mi hermana los Craig son muy ricos. Y dime… ¿Con qué excusa has ido?
-Le entregué la aceptación en mano.
-¿Y si no la aceptan?
-Aceptarán a los veinte que se anotaron. El jefe dijo que entrarían todos los postulantes y se vería sobre la marcha las actitudes. Deberán rendir varios exámenes para ver si están aptos. La inscripción no se la negaría a nadie. Quedarían los mejores para las rondas de calle y los menos habilidosos para tareas administrativas.
-Déjame razonar… -sonrió- Resulta que Scarlet Craig tuvo el sobre en mano mientras el resto vendrá hasta la jefatura para preguntar si ha ingresado al curso, ¿entendí bien? Eso se llama “estar acomodada” o “tener preferencia”, como quieras llamarlo.
-No me juzgues. Todos iban a ser aceptados. No he violado normas.

Sonrió otra vez.

-Te tiene de las narices esa joven.
-Ni lo digas –me puse de pie y tomé la cazadora del respaldo de la silla.
-Igual… Te cuidado. De los Craig poco y nada se sabe. Ni siquiera a qué está dedicándose Sebastien Craig.
-OH, el otro hermanito que aún no conozco –murmuré.
-¿Conoces otro? Susan sólo mencionaba a un tal Douglas y a Sebastien, su padre. Su pareja es la doctora McCarthy. Una de las forenses del hospital de Kirkenes.
-Ah… Pues sí, he conocido a otro hermano. No recuerdo su nombre pero es bastante vigilante de su hermana.

Rio.

-¡Ay Grigorii! ¡Qué ganas de meterte en líos!
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(Perspectiva de Sebastien)

Me revolví entre las sábanas entre los brazos de Bianca. Mordí sus labios suavemente mientras mi respiración volvía a la normalidad después del agotamiento del tercer orgasmo.

-Mmmm… Mi Dios de Kirkenes… Te he extrañado mucho, ¿y tú?

Escondí mis labios en su cuello y murmuré contra su piel con aroma a cítrico.

-Yo también, cariño… Mucho.

Se acomodó entre mis brazos.

-Dime como te fue con el nuevo socio.
-Bien, compraremos lo que haga falta para la extracción de petróleo en la isla. Las pruebas dieron afirmativo. Hay petróleo en nuestras tierras. Por supuesto ha quedado descampada después de las mortales heladas. Hay mucho por hacer y…

Unas voces tras la puerta hicieron que callara… ¿Scarlet y Lenya?

Me senté en la cama y Bianca me imitó.

-¿Qué ocurre cielo?
-No sé qué hacen mis hermanos en el pasillo cuchicheando.

A los pocos segundos golpearon la puerta.

Bianca y yo nos miramos y ella encogió los hombros.

-¡Soy Scarlet, Sebastien!

Rodee los ojos.

-Debí imaginarlo. ¡Cómo le gusta interrumpir!

Bianca rio.

-No seas malo con tu hermana.

Tomé la punta de la sábana y me tapé hasta la cintura.

-¡Pasa Scarlet!

Entreabrió la puerta y asomó la cabeza.

-¿Puedo pasar?
-Sí, adelante tesoro –contestó Bianca.

Scarlet cerró la puerta y con cuatro saltos se subió a la cama y se acomodó sentada entre Bianca y yo.

-¿Estás cómoda? –pregunté irónico.
-Sí, gracias.
-Okay, ¿a qué has venido?
-Quería ponerte en aviso que Lenya desea hablar contigo.
-¿Qué? ¿Ahora eres mensajera de Lenya?

Sonrió.

-Nooo, es que tiene que hablar contigo y explicarte sobre “algo mío”.
-Pero… Pero, ¿por qué no me explicas tú sobre ese “algo tuyo”.
-Porque él te lo explicará mejor.
-Scarlet me estás impacientando. ¡Qué rayos pasa!
-Cariño, tranquilo –calmó Bianca enredando sus dedos en mi cabello.
-Ufaaa, resulta que… ¡Aquí tienes! –extendió un sobre blanco con su nombre.
-¿Qué es esto?
-Léelo. En definitiva es la aceptación a la Escuela de Policía ante la solicitud que envié.
-¿Qué dices? –pregunté, alzando la voz.
-Sí, un policía llamado Grigorii Pretov me alcanzó la aprobación anoche.
-¿A la mansión? ¿Vino hasta aquí? –pregunté alterado.
-¿Grigorii Pretov, Scarlet? –preguntó mi mujer.
-¡Ay de a uno! ¡No puedo responder a la vez!
-¡Respóndeme a mí! –grité.
-¡No grites! Lenya te explicará.
-¿Qué tiene que explicarme Lenya algo que entiendo perfectamente?
-Bueeenoo, convencerte es la palabra, ¡qué más da!
-¡Pues no me convencerá! Ahora mismo iré con él y le cantaré cuatro frescas. ¡Lo último que faltaba en esta casa que mi hermano se aliara a tus locuras!
-Es mi hermano también –pronunció con voz queda.

La mirada llena de dolor de Scarlet hizo que reaccionara y cuidara mejor mis palabras.

-Lo sé… Ahora, vete. Voy a vestirme. ¿Dónde dices que está?
-En el salón.

(Perspectiva de Scarlet)

Aguardé junto a Lenya al pie de la escalera. No habían transcurrido diez minutos cuando Sebastien avanzó por el pasillo y bajó los escalones prendiendo los botones de su camisa.

-¿Qué es todo esto, Lenya? ¿Cómo que Scarlet entrará a la policía? ¿Se han vuelto locos los dos?
-Tranquilo Sebastien. No es para tanto –dijo Lenya con las manos en el bolsillo de los jeans.
-¿No es para tanto? Entrará a trabajar rodeada de humanos, ¿y no es para tanto?
-A ver… Elija lo que elija ser, no conseguirá empleo dentro de esta mansión. Deberá interactuar con humanos. Como lo has hecho tú y como lo he hecho yo.
-Ssssh bajen la voz –murmuré señalando las habitaciones de arriba- Marin y Liz pueden escucharlos.

Sebastien me miró furioso.

-Entiendo que quieras trabajar y mi idea es que podamos mezclarnos con “ellos”, pero de ahí a que entres a trabajar con la policía, no estoy de acuerdo.
-¡Es mi votación! –exclamé.
-Vocación –susurró Lenya- se dice vocación, Scarlet.
-Ah, ¡bueno eso!

Sebastien puso las manos en las caderas.

-¿Te das cuenta? ¡No sabe ni la palabra y dice que es su vocación!

Lenya escondió una sonrisa.

-Vamos, dale una oportunidad.
-De ninguna forma voy a arriesgarme a echar todo a perder.
-¡Voy a lloraaaar! –grité pataleando el suelo.
-¡Scarlet! –retó Lenya- No es la forma madura de llegar a un acuerdo.
-¡Por supuesto Lenya! ¿Sabes por qué? Porque no es madura –despotricó Sebastien.

Se sentó en el sofá cercano con la cabeza entre las manos.

-Lo último que falta que aparezca el metiche de Charles a aportar su opinión.

La voz de Charles se escuchó desde el Estudio.

-¡Te he escuchado, Sebastien!

Entreabrió la puerta y se asomó.

-¿Necesitan mi opinión?
-¡Nooo! –exclamamos los tres al unísono.
-Okay, okay seguiré matando arañas, ¡desconsiderados!

Cerró la puerta dando un portazo y Sebastien volvió a mirarme a los ojos.

-Scarlet, sé que no entiendes que lo hago porque me preocupas. Temo que te ocurra algo. Si fallas deberás desaparecer y nosotros también.
-No fallaré.
-Confía en ella –agregó Lenya-, nunca sabrá si puede hacerlo sola si no sueltas el amarre. ¿Te fue mal con Douglas? No, ¿verdad? ¿Entonces? Te prometo que la cuidaré a la distancia y no le perderé pisada.

Sebastien se mantuvo en silencio con la vista clavada en la alfombra.

Lenya insistió.

-No la dejaré meterse en problemas, lo juro.
-Pensé que viajarías conmigo por lo de la petrolera. Creí que trabajaríamos juntos.
-Una cosa no quita la otra. Cuando me toque viajar contigo dejaremos a Ron o a Anthony al cuidado. También está Bianca.
-No Lenya, a Bianca no. No quiero una humana cuidando de Scarlet. Una cosa es enseñarle la vida humana y otra muy distinta enfrentar un problema si llega a surgir de improviso.

Un ruido apenas perceptible se escuchó por el pasillo de arriba.

Los tres levantamos la vista hacia la barandilla.

Liz…

Nadie se había percatado de que ella se acercaba. Estábamos sumergidos en la discusión. Un importante error…

-Liz –dijo Sebastien poniéndose de pie-, ¿necesitas algo?

La bella rubia paseo su mirada desconcertada por nuestros rostros y al fin balbuceó.

-No gracias, yo… Iba a la cocina a desayunar.




4 comentarios:

  1. Uy ojala Sebastien ceda y deje a Sacarlet seguir con su vocación . Adoro cada vez más a Lenya y creo que Liz ya escucho todo. Te quedó muy bien los capitulos te mando un beso y te me cuidas mucho

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  2. Me encanta Scarlet jajaja, y Lenya q la apoye me gusto esa parte q bueno asi ella tiene q aprender a desenvolverse con los humanos, y Grigori feliz q Scarlet se una a la policia,sera q Liz escucho todo lo q ellos hablaron, gracias Lou x estos 2 capitulos muy buenos, saludos!!

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  3. Hola! Pertenezco al club de las escritoras. Soy y vengo a seguir tu blog para formar un club más unido.
    Mi blog es este: http://cristinargou.blogspot.com.es/
    Nos leemos!

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  4. Me encantaría que la hermana de Grigorii se recuperara y pudiera llevar una vida normal
    Sí, creo que Grigorii es un buen hermano
    También creo que Hakon empatiza tanto con Grigrorii porque perdió a su hermana, Susan
    A Sebastien no le gusta la idea de que Scarlet entre en la escuela de policías... pero creo que Scarlet entrará
    Y Liz es posible que haya oído algo, no sé si todo, pero algo sí
    También me encantó este capi, Lou
    Besos

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