Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

domingo, 1 de febrero de 2015

¡Hola mis chicos! Les dejo con mucho cariño el capi 55. Tengo listo el capi 56 así que falta revisar y lo subiré en dos días.
Muchas gracias por el apoyo, espero que les guste. Un secreto comienza asalir a la luz. Por otra parte conocerán a un Lenya distinto y quizás vaya metiéndose en sus corazones si es que ya no lo está. Scarlet comienza a creer que los Craig no es sólo una dinastía de vampiros poderosos, sino una familia. Los dejo con el capi. Besotes, los quiero.

Capítulo 55
Extraños acontecimientos.

(Perspectiva de Scarlet)

-¡Te gusta Lenya! ¡Te gusta Lenya! –exclamé canturreando y saltando sobre la cama.

Liz rio y Marin sentada sobre mi cama abrió la boca sorprendida.

-¡Liz! Lenya me da miedo.

Me senté frente a Marin.

-Lenya es extraño pero no lo juzgo peligroso –contesté.

Liz se acomodó sentada en la alfombra.

-No voy a mentirles, me gusta. Es un hombre muy bello y seductor. Pero sí… Marin algo tiene de razón. Lenya me da una sensación de mucho poder. Quizás porque me atrae y cada vez que me mira no sé qué hacer.
-Míralo fijo–repliqué.
-No es tan fácil Scarlet.
-¿Por qué no?
-Porque cuando uno gusta mucho de cierta persona no puede sostener la mirada sin ruborizarse y odio sentirme débil.
-Ah…
-¿Nunca te ha pasado? –preguntó Marin.
-No.
-Ya te pasará –dijo Liz.
-A mí me ha pasado con un novio que he tenido –contó Marin-, y cuando me dejó por otra lloré mucho.
-¡No recuerdes a ese patán! –protestó su hermana.
-Habrá sido muy tonto, ustedes dos son muy bonitas.
-¡Gracias, tú también! –exclamaron al unísono.

Sonreí.

Me caían súper bien las primas de Bianca. Además no me aburría. Desde que mi amiga humana pasaba largas horas en el hospital y después le dedicaba tiempo a mi hermano poco y nada hablábamos. De cualquier forma Bianca me había regalado un móvil y solía llamarme varias veces al día para saber si estaba bien o deseaba que me trajera alguna cosa del centro de Kirkenes. Con Liz y Marin compartíamos las tardes mientras merendábamos. Era el momento en que coincidíamos ya que temprano por la mañana Liz salía a buscar trabajo y por la tarde casi noche Marin entraba al hospital como recepcionista.

Salté de la cama y fui hasta el tocador para mostrarles un perfume que había comprado hacía un par de semanas. Bianca me había acompañado a la perfumería y me había portado muy bien. Ella dijo que cada vez me parecía más a un humana normal, y yo me sentía más segura y confiada. Aunque a veces… ser confiada, era un problema.

Liz olió el perfume y cerró los ojos.

-Si tuviera dinero me compraría varios. Me gustan los perfumes.
-A mí también –dije entusiasmada.

Marin tomó el frasco ovalado de Cacharel y lo olió.

-Es muy rico pero no suelo usar perfume.
-¿Por qué no?
-No sé… No acostumbro.
-¿Sabes por qué? –preguntó Liz aunque aseverando- Porque crees que es para atraer al sexo opuesto y no estás interesada en nadie. Y el perfume debes usarlo por ti, no por otro. Para sentirte bien. Igual que tu ropa Marin. ¡Cuántas veces te he dicho que te modernices!
-Estoy bien así.

Miré a Marin con detenimiento.

-Liz tiene razón tienes un cuerpo muy bello, ¿por qué no lo muestras? Te hace sentir importante.
-Yo no soy importante para nadie.
-¡No digas eso Marin! –Liz se puso de pie y se acercó a la cama- ¿Cómo puedes sentirte tan poca cosa? Eres una chica joven y bonita. Le gustarías a cualquier hombre. En cuanto a no ser importante para nadie… Me ofendes. Para mí eres lo más importante. También eres importante para Bianca.
-Para mí también –agregué levantando la mano.

Marin sonrió.

-Lo siento, no me expresé bien. Quise decir que para gastar perfume sino tengo novio que me diga que le gusta no tiene sentido.
-¡Ay voy a matarte Marin! ¡Por ti! Cómprate un perfume para ti. Es más, cuando cobres tu sueldo iremos de compras y elegirás prendas más modernas. ¿Te parece?
-Bueno…
-Yo puedo prestarte ropa hasta que cobres el sueldo –dije entusiasmada.
-Gracias. Mi madre siempre decía que yo era la más tímida e introvertida. Ella decía que siempre me portaba bien y que era su preferida…

Liz me miró arqueando la ceja.

-Es cierto, desde pequeña le he sacado canas verdes. ¿Y sabes qué? No me arrepiento. ¡Qué le den por culo!
-Liz, no hables a sí de mamá, ten consideración.
-¿Consideración? ¿Ella la tuvo con nosotras?
-¿Qué ocurrió con vuestra madre? –pregunté.
-Se fue con un hombre –contestó Liz acercándose a la ventana.
-Estaba enamorada –replicó su hermana.

Liz volvió la vista a Marin con el ceño fruncido.

-¿Crees que la juzgo por eso? No… Pero nos abandonó a la deriva.
-Estamos crecidas –murmuró Marin- no la necesitábamos como si fuéramos niñas.

Liz cruzó los brazos y la mirada dulce le cambió por una llena de dolor.

-¿No la necesitábamos dices? ¡Tú no la has necesitado! ¿Sabes por qué? ¡Porque yo me encargué de ti! ¡Y te cuidé olvidándome de mi misma!

Marin se tapó la cara y comenzó a llorar.

-¡No me lo reproches! ¡Con lo que yo te quiero!

Liz avanzó sentándose sobre la cama y la abrazó.

-Lo siento Marin. Perdóname… Es que fue tanta presión y ahora tú que me dices que a nadie le importas.

Liz comenzó a llorar mientras le acariciaba el cabello largo y rubio. Y yo también lloré… Me daba angustia verlas así.

-¡No lloren! Me hacen llorar a mí y se corre mi maquillaje, ¡joder! –exclamé.

Las abracé y me abrazaron. Poco a poco nos calmamos y sonreímos como grandes amigas.

Liz secó las lágrimas de Marin y después secó las mías.

Sus dedos eran suaves y cálidos recorriendo mis mejillas húmedas. Nunca me habían secado las lágrimas, porque cuando lloraba mucho procuraba estar sola. Sin embargo descubrí que llorar con tus amigos no debía doler tanto. Aunque Bianca me adoraba y Sebastien y mi madre me querían, sentía que no pertenecía a nadie definitivamente y que el mundo era algo gigantesco que me atrapaba para después dejarme en soledad con un largo camino que recorrer.

Muchas veces temía a la desorientación que ganaba a la joven confiada y altanera que había sido. Entonces… Me sentía pequeñita. Necesitaba a Adrien para que me dijera, “Scarlet eres la mejor”, o “tú puedes Scarlet”. Mi madre últimamente se pasaba en las cumbres pero de cualquier modo en el pasado sólo prestaba atención cuando yo desobedecía. Ella no me había entrenado para cazar. Ni tampoco había indagado sobre mis dones con interés. Adrien sí… ¡Cómo lo extrañaba!

Sabía que no era mi padre verdadero. Mi padre biológico había partido cuando era bebé a luchar contra unos lobos y nunca más volvió. Eso me dijeron… Adrien me contaba que era muy valiente, poderoso y que yo había salido a él. La voz del padre de Lenya y Sebastien aún resonaba en mis oídos. Apenas me veía entre las faldas de mi madre sonreía… “¿Dónde está mi princesa?” Recordaba una y mil veces su voz… “¿Dónde está mi princesa?” Una y otra vez… Entonces, una vez que murió y nos dejó, lo recordaba con esa frase que tanto me gustaba. Porque yo era su princesa…

-A veces de noche rezo por ella, para que se encuentre bien.

La voz de Marin me sacó de los recuerdos y la miré.

-Ah… ¿Rezas todas las noches por tu madre?
-No todas.
-Yo casi nunca –contestó Liz-, pero soy muy creyente.
-Imagino que tú estarás empapada en plegarias y misas -dijo Marin.

Arquee la ceja.

-Por el convento –agregó.
-Siii claro que sí, ¡imagínate!
-Pues yo me he olvidado hasta del Credo –aseguró Liz.

Me mantuve en silencio sin saber que decir. ¿Qué cuernos era el Credo?

-Liz es así… Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo su único hijo que fue concebido… Marin se detuvo- Ay… Yo también olvidé el Credo… Y en Jesucristo su único hijo que fue concebido… ¿Qué fue concebido? Ay lo tengo en la punta de la lengua…

Pues yo no lo tenía ni en la punta de una maldita neurona porque en mi puta vida lo había escuchado. Si me preguntaban…

-Scarlet, ¿cómo sigue? ¡Qué vergüenza no recuerdo! –dijo Marin.
-Bueno en definitiva no es la muerte de nadie Marin, no es tan grave –afirmó Liz.
-Por supuesto, ¡no es tan grave! –aseguré.
-Pero ahora tengo curiosidad. Quien mejor que tú, Scarlet. Dime como sigue.

Suspiré y cerré los ojos. Escuché el silencio sepulcral de alrededor… Maldita sea porque Bianca no me había enseñado el Credo. ¿Qué diría ahora?

Abrí los ojos lentamente y observé que ambas me miraban expectantes.

-Ehm.. Verán me olvidé…

Las tres reímos.

-Anda, eres muy bromista –rio Marin.
-Buenas noches señoritas.

Bianca entró en mi habitación y agradecí a la suerte de salir olímpica del mal momento.

-¡Bianca! –exclamé con entusiasmo.
-Dios, llegaré tarde a trabajar –dijo Marin poniéndose de pie.
-Tranquila cariño, he salido más temprano. Tienes tiempo mucho tiempo aún.
-Ah…
-¿Y ustedes? ¿Qué hacían?
-Conversando de todo un poco –dijo Liz-. De hombres, de ropa…
-¡Y de conventos! –suspiré.

Bianca me miró con disimulo y abrió los ojos con gesto de preocupación.

-No hablen de conventos –dijo mi amiga humana-, a Scarlet le hace mal.
-OH, ¿por qué no nos dijiste? –dijo Liz preocupada.
-Pues nada, no hay problema –comenté, tratando de no dar importancia.

Bianca se sentó sobre mi cama.

-Scarlet ha pasado muy mal en ese convento de monjas. Imagínense comiendo y bebiendo en forma austera y…
-¡Y sin hombres! –rio Liz.

Todas reímos.

-Podríamos salir una noche juntas a cenar, ¿les parece? –dijo Bianca.
-¡Siiiiii! –contestamos al unísono.
-Bien, voy a ver a Charles porque necesitaba hablar conmigo sobre mi padre.

Liz y Marin por algún motivo cambiaron el semblante. Empalidecieron. Yo era muy observadora, y ese detalle no pasó desapercibido.

-¿Ustedes ya merendaron?

Marin y Liz se miraron sin emitir palabra.

Bianca esperó la respuesta en vano.

-¡Chicas! ¡Ey!

Sonrieron.

Mis ojos iban de un rostro a otro…

-No, no merendamos. Es más… Bajaremos ya mismo.
-Muy bien. Bajemos entonces. ¿Scarlet? ¿Vienes?
-Por supuesto…

Apenas Bianca se fue las tres bajamos la escalera y nos dirigimos al salón comedor.

La mesa estaba preparada con un hermoso mantel color marfil y un centro de mesa con lirios amarillos artificiales. El salón olía suavemente a lavanda y las cortinas corridas daban a la parte trasera del parque.

Margaret no tardó en llegar y preguntarnos que íbamos a merendar.

Yo pedí un café, Marin y Liz capuccinos.

De comer sabía de sobra que no iba a solicitarle nada en absoluto, pero si me extrañó que mis flamantes amigas no desearan tampoco. Se las notaba incómodas e inquietas y me preocupaban.

La tensión que sobrevolaba el ambiente aumentó en cuanto Lenya pisó el salón comedor.

Con unos jeans desteñidos, caídos a la cadera, caminó como si fuera el Primer Ministro de Inglaterra. Hizo lucir sus músculos torneados a través de su camiseta blanca. ¡Qué engreído!

Se sentó frente a mí y Margaret no tardó en regresar para preguntarle que deseaba merendar. Pidió un café y tostado que por supuesto nunca probaría. Era astuto y frente a Liz y Marin sabía como disimular.

Apenas se sentó Liz lo miró en cuestión de segundos. Jamás había visto una hembra comer con los ojos a un macho en tan poco tiempo. Lenya esperó la llegada de su café de la mano de Margaret con semblante relajado y divertido. Supuse que tendría demasiada experiencia para darse cuenta sin siquiera mirarla que la prima de Bianca moría por él.

Sin embargo no hubiera apostado que Liz estaba enamorada, más bien sus ojos brillaban de lujuria, y eso no significa amor. Él provocaría eso en todas las mujeres que no fuéramos de la familia.

Nos parecíamos los tres. Sebastien, Lenya, y yo. Gozábamos de un poder de seducción increíble. Hace tiempo me sentía poderosa y mi orgullo sobresalía por cada poro, hoy no podría asegurar lo mismo. Me faltaba el incentivo de gustarle a determinado macho. ¿Qué me ocurría?

Margaret entró al salón comedor y depositó la taza de café y el tostado de jamón y queso frente a Lenya.

Lenya pronunció un “gracias” y sus ojos se clavaron en mi iris risueño. A ver como se las arreglaba el galán de cine para salir del aprieto si es que Liz y Marin permanecía mucho tiempo sentadas cerca de él.

Antes de tomar un sorbo de café me guiñó un ojo y sonrió.

Conocía esa sonrisa maléfica y algo se traía.

Tomé un trago de mi café amargo e hice una mueca de disgusto. Las chicas hablaban entre ellas y no notaron el rictus, Lenya sí… Volvió a sonreír y se dirigió a mí con total parsimonia fingiendo un gran interés.

-Scarlet, debes comer algo. El café negro te caerá pésimo.

Dicho esto antes que pudiera reaccionar tomó entre sus manos el tostado y lo partió. Me lo ofreció y por instantes pensé que me sacaba la lengua como burla.

Titubee. Debía ser rápida.

-¡Gracias! Eres tan atento –dije apretando los labios de furia-, pero por ahora no deseo comer.

Ser cabrón le venía al pelo.

Charles y Bianca entraron al salón comedor y las chicas volvieron a sentirse nerviosas. Lo notaba. ¿Qué rayos ocurría con ellas?

Charles se acercó a mí sonriendo.

-Querida, hay alguien que pregunta por ti por el portero eléctrico. Un tal Grigorii Pretov. Bianca dijo que lo tenías visto.
-Es el policía que vimos en el restaurante, Scarlet. ¿Lo recuerdas? –preguntó Bianca.
-Ah… Siii.

Una sonrisa se dibujó en mi cara.

-¿Y qué quiere?

Charles arqueó una ceja.

Por empezar hablar contigo, después veremos. Está en la puerta tras los portones. Por supuesto no lo hice entrar hasta que tú me dijeras si deseabas verlo.

Me puse de pie y acomodé mi cabello mientras iba frente al espejo de la esquina del salón. Miré a Bianca que sonreía.

-¿Estoy bien?
-Estás muy bella.

Lenya se puso de pie.

-Iré contigo.
-¿Qué dices? Soy grandecita para recibir un hombre.
-No me importa si te crees grandecita. Es un extraño y te acompañaré para saber de él.
-Pero ¿por qué? –chillé enfadada.
-Porque eres mi hermana y mi deber es cuidarte si no está Sebastien. Vamos a ver que quiere ese policía.

La frase de Lenya recordándome que era su hermana lejos de enfadarme como lo haría cualquier chica, me emocionó. Había alguien más que quería protegerme y el título de “hermana” de la boca del antipático Lenya fue un honor.

Conocía que era taciturno y agrio. Sin embargo, me había dicho “mi hermana” y en sus ojos no vi atisbo de broma. Lo decía convencido.

Callada me dirigí a la puerta seguida de él.

Caminé apresurada hasta los portones. La noche cubría el parque y las nubes espesas no permitían ver la luna. Llovería quizás en pocas horas. Las farolas iluminaban el sendero hacia los portones y partes del parque dándole un aspecto fantasmal pero romántico a la vez… ¿O era yo que me sentía extraña ante la visita de Grigorii?

Antes de llegar a los portones Charles desde el interior de la mansión pulsó el comando y las dos hojas de hierro forjado fueron abriéndose lentamente. Una moto muy similar a la que tenía Douglas estaba estacionada a tres metros y el rubio policía vestido de jeans y cazadora de cuero descansaba al costado de la moto, apoyado en el asiento, con los pies cruzados sobre la calle.

Levantó la cabeza, pensativo, y me miró.

Mis ojos brillaron de alegría. Me gustaba contemplarlo. Era tan lindo. Lo más importante, había llegado hasta la mansión por mí.

-Buenas noches Scarlet.

Su voz hizo que mi corazón saltara. Los pasos de Lenya crujieron a mis espaldas pero traté de no darle importancia. Avancé pronunciando un tímido “buenas noches”.

Cuando apenas nos separaba un metro me detuve. La luz de los faroles iluminaba su cabello rubio, el rostro de boca carnosa, y sus ojos muy claros.

-Sé que te preguntarás cómo he llegado hasta aquí.
-Pues… -titubee.

Sinceramente no se me había ocurrido. Saber que había llegado a la mansión buscándome me bloqueó todo raciocinio.

-Yo sí quisiera saber como has llegado a saber la dirección de mi hermana –dijo Lenya aproximándose.

¡Madre mía!

Él lo miró a los ojos sin inmutarse, sin ningún temor ni timidez. ¡Eso me gustó!

-Soy policía y…
-¿Eso te da derecho? –lo interrumpió Lenya, altanero.
-No, permíteme explicarte… Primero me presento. Mi nombre es Grigorii Pretov.

Extendió la mano hacia Lenya y por unos cuantos segundos pensé que no le devolvería el saludo. Finalmente estrechó la mano.

-Lenya Craig. Hermano de Scarlet.
-OH… Bien… Te explico. Scarlet dejó una solicitud en el Departamento de Policía.
-¡Cierto! –exclamé.

Había olvidado que una tarde mientras íbamos de compras a Kirkenes había dejado la solicitud sin decir nada a nadie. Ni siquiera a Bianca. Nunca hubiera imaginado que fueran a leerla.

Lenya me miró.

-¿Sabe Sebastien de tu solicitud?

Grigorii interrumpió.

-¿Sebastien es tu marido?

Lo miré y observé la desesperación en sus ojos.

-No, es mi otro hermano.
-Ah… okay.

Miró al suelo unos instantes y sonrió.

-En definitiva vine porque el comisario ha aceptado hacerte una prueba para entrar al curso. Hay mucha falta de personal por la ola mortal de frío que han sufrido en la región. Muchas bajas y se necesitan policías. Debes llevar tu Título Secundario y tu Documento de Identidad.

-Ah… ¿Y me tomará?
-Eso dependerá de ti. Del resultado del curso. Por ahora estás a un paso de entrar a estudiar y ejercitarte como una más de nosotros.

Sonreí y sonrió.

-¿Y te veré a menudo?
-¡Scarlet, por favor! Ser policía es muy peligroso. No creo que Sebastien esté de acuerdo, debiste preguntarle a él –dijo Lenya enfadado.
-¡Oyee cálmate! Es mi vida y me dedicaré a lo que quiero. ¿Me darías la solicitud? –dije extendiendo mi mano hacia Grigorii.
-Por supuesto…

Abrió la cazadora y pude ver esos pectorales marcados a través de la camiseta roja mientras buscaba en sus bolsillos internos. Su abdomen plano fue la delicia de mis ojos. Qué bien se sentiría esa piel bajo mi lengua arrastrándose hasta su ombligo… y más allá también.

¡Qué macho hermoso!

Lenya resopló.

Extendió el sobre blanco y tomé la solicitud, me acerqué.

-Gracias Grigorii.
-De nada.

Mis ojos con disimulo fueron al bulto de su entrepierna.

A la cumbres tendría que ir esta madrugada y saciarme con un macho vampiro o iba a morir.

Lenya carraspeó.

¡Qué pesado!

-Si no tienes más que decirle a mi hermana puedes retirarte.

Lo miré como para partirlo.

-No, eso es todo. Ojalá pases el examen, Scarlet. Seremos compañeros.

El gruñido de Lenya lo habrían escuchado en toda la mansión.

El rubio dio arranque a la moto y me sonrió.

-Una noche preciosa, ¿no crees? –murmuró antes de girar la moto para ubicarla mirando a la ruta.
-¡Largate ya! –gritó Lenya extendiendo el brazo hacia la carretera.
-Adiós Grigorii…



7 comentarios:

  1. No sé quién arma y armará más líos, si Scarlet o Lenya, pero seguro que ambos son geniales, y no había pensado en lo divertidas que serán sus interacciones, me encantó, y creo que este es un capi que nos prepara para todo lo que se viene, me ha encantado.

    Besos, amiga, gracias por compartirlo.

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  2. Hola Lou... Scarlet ha hecho mucha amistad con Liz y Marin... eso le irá bien
    Yo comprendo a Liz... es muy difícil entender que una madre te abandone... y Liz ha tenido responsabilidades que no le correspondían
    Me ha hecho mucha gracia el apuro que Lenya le ha hecho pasar a Scarlet ;-)
    Y sí, Liz tiene razón... no es sencillo estar delante de un hombre que te gusta ;-)
    Creo que a Marin la espabilarán entre Scarlet y Liz
    La llegada de Grigorii me ha encantado... y Lenya se ha preocupado mucho por su hermana
    Me encantan estos personajes y deseo que todo les vaya muy bien
    Creas un ambiente familiar muy entrañable y maravilloso, Lou
    Felicidades por este nuevo capítulo que he disfrutado mucho
    Besos

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  3. Oh ame el capitulo, q bueno q Scarlet se lleva bien con las chicas, asi ellas tienen una amiga como tambien Scarlett aparte de Bianca, ja q hermano mas celoso nos salio Lenya jaja, todo sobreprotector con Scarlet mmm quien diria q él se comportaria asi, vaya vemos q ella va en serio en ser policia y va ser compañera de Grigori!!!...gracias x el capitulo!!!

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  4. Uy estoy enamorada de Lenya y Scarlet es muy dulce veamos que pasa con el guapo Grogori . Me encanta que Liz y Lenya se atraigan ya que los dos han sufrido mucho sigue esta genial

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  5. Muy buenas!!! Pertenezco al club de las escritoras. Soy Esther Galán Recuero (socia #18) y vengo a seguir tu blog para que tengas más seguidores y formar un club más unido.
    Mi blog es este:
    http://esthervampire.blogspot.com.es/

    Un abrazo y nos vemos compañera!! =D

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  6. Hola, yo también formo parte del club de las escritoras por la campaña "Un club más unido", ya te sigo.
    Te dejo el enlace de mi blog:
    http://alma-eastwood.blogspot.com.es/
    Un saludo ;)

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  7. Bieeeen! Te atrapé!!! Magnífico el relato, amiga. Me tienes con el alma en vilo. Espero poder seguir leyendo tus historias, y apasionandome con tus personajes. Amo a Lenya <3 Un beso muy grande, Lou

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