Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Capítulo debido, mil disculpas por la tardanza. En minutos capi 57 también... Se los debía por el atraso. Besos mis queridos, y gracias totales.


Capítulo 56
Nuevos amigos.

(Perspectiva de Douglas)

El fin de semana siguiente no salí a divertirme. Numa insistió pero por primera vez le mentí a mi amigo dando una excusa que no me sentía bien. Es difícil engañar a los amigos y supe que mi hermano del corazón no se había tragado el cuento. Era lo bueno que tenían los verdaderos amigos. Sabían si insistir o no en busca de la verdad, así que Numa se conformó.

En mi habitación, recostado en la cama, revisaba la lista de carreras en las que podría inscribirme al comenzar el año lectivo. Mi cabeza estaba llena de confusiones y no sabía si podía adjudicarlo a mi edad o a Clelia que no salía de mis pensamientos a cada minuto.

Traté de concentrarme una vez más…

No había llamado en toda la semana desde la última vez que nos vimos. ¿No deseaba verme?

Fijé la vista en el título “Carreras científicas”… Subtítulo… “Ciencias exactas”.

Me senté en la cama cruzando las piernas y con el índice recorrí la larga lista…

Uf… ¿Qué diablos iba a saber? ¿A qué deseaba dedicarme! Ni siquiera sabía como solucionar mi vida sentimental.

Volví la vista a la lista…

¡Mierda! ¡Por qué no llamaba aunque sea para decirme que extrañaba mis besos?

Tiré la lista contra la pared y cayó en el bote de basura que usaba de papelera, junto al escritorio.

En ese instante golpearon la puerta de la habitación con tres toques fuertes. Charles… ¿Quién otro podía golpear así con el énfasis de “abres o entro por mi cuenta”?

-Pasa Charles.
-Buenas noches, Douglas.
-Serán para ti.
-OH… Bien… Tampoco para mí. Pero sospecho que no por el mismo motivo.

Lo miré con el ceño fruncido. No estaba de humor para bromas.

-Seré breve ya que el ambiente no da para conversaciones gentiles y amistosas.
-Dime… ¿Papá regresó de Oslo?
-Aún no. No se trata de tu padre. Se trata de Bianca.

Salté de la cama.

-¿Qué ocurre con Bianca?
-No está pasando un buen momento. Le acaban de dar una noticia no grata. Me pregunto si podría dejar a un lado tus preciados minutos de post adolescencia y hablar con ella. Sabes que te quiere mucho.
-Y yo a ella.

Avancé hasta la puerta y antes de abrirla me giré hacia Charles.

-Gracias por avisarme.

Caminé por el pasillo con mi mente en Bianca. Me crucé con una de sus primas, Marin.

-Buenas noches, Marin.
-Bue-nas… no-ches.

¿Por qué tartamudeaba?

Observé su rostro cubriéndose de un ligero tono rosa.

-¿Estás bien?

-Sí…

-Okay. Dime, ¿sabes dónde está Bianca?
-En su habitación.

Continué caminando apresurado por el pasillo hasta detenerme en la puerta de la habitación. Golpee suavemente y me anuncié.

-Bianca… Soy Douglas. ¿Puedo pasar?

Al escuchar un “sí” trémulo y apagado, me asusté. Entreabrí la puerta y me asomé.

-Hola.
-¡Douglas!

Corrió hacia mí y me abrazó. La sostuve fuerte contra mi pecho escuchando como sollozaba. Mi mente entró en la de ella…

-Estás muy triste… Estás… desorientada… ¡Bianca! ¿Qué te ha hecho mi padre?

Se separó unos centímetros con el rostro bañado en lágrimas. Negó con la cabeza repetidas veces.

-No, no es por tu padre. Aunque me gustaría que estuviera aquí en este momento.
-Tranquila, estoy yo para contenerte. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué lloras así?

Me miró a los ojos y apretó los labios con furia.

-Porque odio a mi padre. ¡Y no querría hacerlo, Douglas! ¡No querría hacerlo!
-Cuéntame Bianca.

Rodeándola con mi brazo por los hombros la guié hasta la cama y nos sentamos.

-Te escucho. Desahógate, para eso estoy aquí.

 (Perspectiva de Liz)

Salí al parque después de buscar un abrigo y tomar la carta de despedida de mi madre.

Caminé como autómata y me senté sobre un cantero apartada de las ventanas.

Lo que le había contando a Bianca había sido bochornoso. Sin embargo con Marin no podíamos callarnos más. Ella debía saberlo.

Busqué en mis bolsillos la nota… Y volví a leerla…

“Mis queridas niñas, hay alguien que he amado por muchos años. Un hombre íntegro y maravilloso que ahora necesita mi ayuda. Partiré con él para brindarle socorro y comenzar una nueva vida.
Espero me comprendan y no me juzguen. He guardado su nombre en secreto por tanto tiempo, pero ya no quiero esperar más. No deseo que el cansancio de los años y la muerte me sorprendan antes de ser feliz a su lado. Ustedes ya son tres mujeres hechas y derechas y no dudo que saldrán adelante sin mí.
Sé que no aceptarían a mi hombre y a nuestro amor prohibido bajo el mismo techo. Créame que las comprendo, por eso me voy.

Cuídense. Recuerden que las amo. Mamá.

-Se fue con tu padre Bianca –eso le dije a mi prima-. Por eso no está más en el psiquiátrico.

No se merecía una noticia así de mi tío. Lo cierto que era la verdad. Mi madre me lo había confesado antes de irse. Un día antes de encontrar su nota esa mañana.

-Lo amo, Liz. Lo amé siempre. Por mi hermana nunca quise…
-¡No puedes haberte enamorado del marido de tu hermana! –grité.

Lo recuerdo tan latente…

Después vinieron las explicaciones de ella. Palabras que llenaban el vacío y la distancia que se profundizaba entre las dos. No podía entenderlo. Una traición así… No podía entenderlo.

Lo que más me dolió que acusara que no entendía nada en cuestiones de amor porque yo nunca había amado, había pasado mi vida flirteando con chicos. Yo no tenía autoridad para acusarla.

Sonreí con pena.

¿Qué tenía que ver amar con los códigos que uno debe mantener en la vida? ¿Había derecho hacer daño a otras personas? Unos grandes traidores habían sido los dos.

Ella intentó decirme que nunca habían tenido nada mientras la madre de Bianca vivía. La verdad… No me importó escucharla. Tenía tanta rabia. Frente a Marin traté de calmar las aguas. Le expliqué a mi hermana que el amor era así y que a veces las personas no pueden manejar los sentimientos. Ni yo me lo creía, pero era importante que Marin no generara odio dentro de su corazón. El odio corroe el alma. Yo sabía como sostenerlo pero ella quizás no.

-¿Solita en el parque?

La voz de Lenya Craig a mi costado izquierdo provocó que alejara la tristeza y la incomodidad ganara espacio.

Lo miré fingiendo una sonrisa.

Se acercó tan sigiloso como había llegado.

-No finjas estar feliz. Conmigo no –pronunció en voz baja mientras se acercaba.
-¿Eres psicólogo?
-No.

Se sentó a mi lado y el perfume bendito me rodeó.

-Me gusta el parque cuando no me siento bien en ningún lado –continuó-. ¿Quieres contarme que te ocurre?
-No.

Percibí que sonreía.

-Haces bien. Quizás nadie entienda como te sientes. Sólo salí para respirar aire fresco y ver la noche. No estaba siguiéndote –dijo con una mueca de resignación.

Miré su perfil con el rostro dirigido al cielo encapotado. Era tan bello… Giré la cabeza levemente hacia atrás. De reojo observé la puerta… Volví a mirar su perfil.

-No escuché la puerta abrir ni cerrarse. ¿Por dónde has salido al parque?

Me miró sorprendido.

-Por la puerta del patio trasero.
-¿Cómo si fueras un ladrón?

Sonrió.

-Algo así.

Pensé unos segundos… Liz… Lo tienes aquí a tu lado, preguntándote que te ocurre… ¿Podría arreglar yo el mundo por los errores ajenos? No. De qué valía romperme la cabeza si al final cabo mi prima después del impacto de recibir la noticia y abandonar corriendo el salón comedor, había dejado en claro que nos amaba y que nada tenía que ver su rabia con nosotras. Pobre Bianca.

-Mi madre nos abandonó para irse con el padre de Bianca –lo largué de un tirón y sin respiro.

No me miró. Continuó observando los nubarrones blanquecinos que amenazaban Kirkenes.

-¿Has escuchado lo que te he dicho? –pregunté.
-Sí. ¿Quieres que te compadezca?

Fruncí el ceño.

-No, no pretendo eso. No me gusta que me tengan lástima.
-Es que no debería tenerte. No es tu cargo de conciencia.
-Es verdad…

Silencio…

Un rayo atravesó el cielo e iluminó el horizonte tras los lejanos pinos. Un ligero olor a lluvia penetró mi nariz.

Más silencio…

El trueno hizo cimbrar bajo mis pies.

Rompí el silencio.

-¡Cómo me gustaría quedarme bajo la lluvia!
-Quédate.
-Enfermaré.
-No hace tanto frío.
-Debo ser consciente que puedo coger una gripe.
-Sí… También puedes tener un accidente si vas en un coche cualquier día de estos. O también pudo caerse el avión en el que viajabas a Kirkenes.

Sonreí.

-¿Ser inconsciente es tu lema?
-Me divierte más. Por supuesto, yo no tengo tantos riesgos como tú.

Lo miré… Me miró…

-Y eso… ¿Por qué? Acaso eres Súperman?

Miró mis labios… Después fijó lentamente el iris en mis ojos.

-Soy inmortal.

Reí.

-Tonto. Pensé que hablabas en serio.

Su mirada acariciaba la mía como tratando de saber que pasaba dentro de mí.

-¿Y si hablaría en serio? Si fuera una especie de espectro, o vampiro. ¿Qué harías Liz? Dime qué harías. ¿Salir corriendo a refugiarte en la mansión?

Lo miré fijo a los labios carnosos, entreabiertos, húmedos…

-No… Te pediría que me llevaras a volar lejos de aquí y… me hicieras el amor.

Su iris gris claro descendió a mi boca. Creí que me besaría…

Hubiera jurado que sí, pero un bullicio desde las afueras de los límites de la mansión rompió el encanto.

Se puso de pie y sus ojos brillaron con furia. Arrugó la nariz y frunció el ceño. Le faltaba gruñir y hubiera asegurado que se convertiría en una bestia.

Varias bocinas ruidosas invadieron el silencio del parque y le siguió la frenada de un coche.

-¿Quiénes son? –pregunté.
-No lo sé. Amigos míos seguro que no –contestó.

Dicho esto caminó hacia la mansión como si lo corriera el diablo dejándome confundida y excitada.

(Perspectiva de Douglas)

-Cálmate Bianca. No quiero verte así. Debes pensar bien lo que dices. Tu padre no fue un traidor. Tú misma dices que Liz repitió las palabras de tu tía. No tuvieron intimidad antes de fallecer tu madre.
-¡Douglas! Es un horror todo esto. Yo preocupada por no haber podido reconciliarme con él, por culparlo de la muerte de mi madre. Charles hizo lo imposible por ubicarlo, lo encontró, y finalmente él se fue con su supuesto gran amor de la vida, hermana de mi madre. ¡Es una locura! Pobres mis primas, abandonadas y con terrible secreto a cuestas.

Hubo llamados a la puerta de la habitación.

Charles entreabrió y se asomó por el marco.

-Lo siento. No es mi intensión interferir… Pero tienes visitas, Douglas. Han venido a buscarte… esos… lobos.
-Diles que no voy a salir, por favor.

Bianca se puso de pie.

-No, de ninguna forma te quedarás por mí. Yo estaré bien cariño. Sal y diviértete. Cuando comiences los estudios terciarios tendrás mucho que estudiar. ¡Vamos ve!
-No tengo ganas, Bianca.
-Sí tienes, a mi no me puedes engañar. Estaré bien. Además aprovecharé a hablar con mis primas. He salido corriendo del salón comedor y las pobres se habrán quedado angustiadas. De verdad, Douglas. Sal con tus nuevos amigos.

Dudó.

-Douglas, hazlo por mí. Me gusta verte feliz.

Sonreí.

-Te quiero tanto.
-Yo también.
-Prométeme que no llorarás. Por lo menos hasta que llegue mi padre y te pueda abrazar fuerte.

Rió.

Levantó la mano derecha.

-Lo prometo, “ojos de lobo”.

(Perspectiva de Bianca)

Bajé a la cocina buscando a Liz. Había querido hablar con Marin pero al entrar a su habitación la vi dormida como un ángel. Su cabello rubio y largo desparramado sobre la almohada, su rostro bello de facciones delicadas proporcionado a su cuerpo frágil y delgado parecía una niña soñando dulces sueños.

Me retiré despacio y decidí dejarla descansar, en poco tendría que salir hacia el hospital.

Margaret me informó que Liz estaba en el parque junto a Lenya. Caminó hacia la ventana y espió entre las rendijas de las persianas.

-Ya no están, Bianca.

Me quedé tomando un té de tila y meditando sobre las vueltas de la vida.

Habrían transcurrido algunos minutos cuando Liz entró a la cocina y me miró.

-Liz… Tesoro…
-Bianca, sigo lamentándome haberte causado dolor.
-No digas eso. Ven, que tal si cenamos juntas. Marin se durmió. En una hora tendrá que salir para el hospital. No quise despertarla.
-Has hecho bien. Gracias por querernos a pesar de todo.
-Ni menciones eso. Las adoro y lo saben.

Margaret se acercó.

-¡Adivinen qué!
-¿Qué? –pregunté.
-Hice lasagña.
-¡Qué rico! –exclamé fingiendo interés

Guié a Liz hasta una de las sillas frente a la isla.

-Siéntate Liz. ¿Comeremos aquí o en el comedor?
-Aquí está bien.

Liz se sentó y cruzó los dedos sobre el mármol de la isla. Por unos segundos miró hacia la ventana y volvió a mirarme sonriente.

-Gracias nuevamente por todo.
-Ya Liz, ¡basta!
-Es que… Okay, tienes razón.
-No podré quitarte ni la bronca ni el dolor. Al menos lo  compartiremos. No estarás sola en esto, Bianca.
-Te quiero Liz.

Le tomé la mano y la apreté con ternura.

La cena estaba deliciosa. Margaret era muy buena cocinera aunque no hubiera tenido la práctica de años. Realmente era para quitarse el sombrero y hacer reverencia. Mi prima bromeó con la dieta y prometió cuidarse a partir del lunes. Reí ante la ocurrencia. ¿Por qué todo el mundo comenzaba un lunes? ¿Lo peor no era comer los fines de semana cuando estabas aburrida y sin actividad?

Escuché el "buenas noches" de Marin desde la sala y le siguió el cierre de la puerta.

-¿No cenará Marin? -pregunté
-Casi nunca lo hace.
-Está muy delgada. Me preocupa.
-Siempre fue delgada, Bianca.
-Sí, lo sé.
-No se preocupen, ha almorzado muy bien y ha aceptado unos sándwiches a mitad de tarde que le preparé -interrumpió Margaret sonriendo.

Más tranquila retomé la charla con Liz. Me gustaba tenerla cerca y recordar anécdotas divertidas. Me ayudaba y levantaba mi ánimo sobre todo estos días que Sebastien estaría en Oslo.

Conversamos de varias cosas además de mi padre y de mi tía. No quería indagar del todo y ocasionarle incomodidad pero debía conocer al menos algunos pormenores de la relación, aunque mis primas se habían enterado poco antes de que mi tía decidiera abandonarlas. Años guardado bajo llave ese secreto que compartían ellos dos a escondidas de mi madre.

Pensé en el hecho de su muerte, su suicidio... ¿Se habría enterado en ese día?

Noté a Liz triste y abatida y realmente lo lamentaba. Ella y Marin no debían hacerse cargo de los errores de otros.

Por momentos la conversación fue interrumpida por el distraimiento de mi prima hacia la ventana. Me llamó la atención varias veces. Finalmente no pude con la curiosidad.

-¿Ocurre algo en el parque?
-No…
-Mi cuñado estaba contigo, ¿verdad?
-Sí, Lenya y yo cruzamos unas palabras.

Su mirada se iluminó al decir su nombre.

-Debes tener cuidado con Lenya, Liz.

Levantó la vista del plato y esperó que ampliara mi advertencia. Me quedé callada bebiendo un sorbo de agua mineral.

-¿Por qué debo tener cuidado? ¿Es peligroso? ¿Mala persona?
-No. No, no… Es un poco extraño. Es eso, y tú sabes cuando las personas son extrañas y no sabes nada de ellas debes andar con pies de plomo.
-Ah… Sí… Extraño es…
-Tú, ¿por qué lo dices?
-No sé porque me mintió.
-¿Te ha mentido? ¿Sobre qué? Hablaré con Sebastien para que no te moleste.
-No, descuida, no me ha molestado. Me ha resultado extraño que mintiera sobre algo tan banal.
-¿Qué te ha dicho?
-Decirme nada… Le pregunté por donde había salido al parque, me refiero… Yo estaba en el parque y él apareció como fantasma. No había escuchado el sonido de la puerta de la casa cuando salió… Me dijo que había salido por el patio trasero.
-Y… ¿Entonces? –tragué saliva.
-Pues… La escarcha tiene mis huellas en el sendero de salida. Es decir, desde la puerta hasta el cantero donde me he sentado.
-Quizás las huellas de Lenya desde el patio trasero se han borrado –aduje sin entender como Lenya se había arriesgado tanto.
-Cierto… Aunque había huellas de él hacia el cantero… Pero a partir de la mitad del sendero.

Rio.

-¿Entiendes? Como si hubiera surgido del aire en la mitad del parque.

Fingí carcajear con ganas.

¡Por todos los infiernos! ¿Era tonto? ¿Qué diablos le pasaba nada menos a él? Siempre tan astuto y precavido, ¿y ahora?

-Sí Liz, siempre has tenido una imaginación grandiosa –agregué divertida.

Margaret volvió acercarse con dos copas de frutilla con crema. Me echó una mirada de preocupación por lo que acaba de escuchar.

-¡Se ve delicioso Margaret! –exclamó Liz.

Arquee la ceja a mi querida cocinera esperando que Lenya Craig fuera más cuidadoso la próxima vez.

No ignoraba que tarde o temprano quizás mis primas supieran quien eran los Craig. Por ahora no era el momento definitivamente.






3 comentarios:

  1. Uy veamos que pasa me gustan las primas de Bianca te mando un beso

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  2. Vaya asi el padre de Bianca y su Tia se fueron juntos ufff ni me lo esperaba, y q Lenya ande con cuidado xq Liz no es ninguna tonta y mira q se quedo extrañada x lo del parque, gracias x el capitulo!!!

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  3. Hola Lou... Numa demuestra ser un gran amigo de Douglas... un hermano del corazón, sí
    A pesar de que Douglas sigue pensando en Clelia, me da la impresión de que se va a fijar en Marin... la chica que ha tartamudeado ;-)
    Pues me parece que a Liz no le va a importar mucho que Lenya sea vampiro... lo mismo que ocurrió entre Bianca y Sebastien
    Me ha sorprendido que el padre de Bianca se fuera con la madre de sus primas
    Sin embargo, creo que Liz y sus hermanas debieron aceptar al padre de Bianca... y, de este modo, su madre no se hubiera marchado
    Un capítulo magnifico, Lou... Me encantó
    Besos

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