Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 7 de febrero de 2015

¡Holaaa! Aquí estoy con nuevo capítulo. Las cosas se complican para Douglas. Pero por suerte siempre hay un ángel guardián que nos cuida. Aunque a veces este ángel, tenga aspecto de demonio.
Un beso grande y gracias por acompañarme.

Capítulo 58.
Revelaciones

(Perpectiva de Liz)

Cuando entré a la cocina noté la ausencia de Margaret y las chicas. No las necesitaba sinceramente. No se me caerían los anillos por hacerme el desayuno yo misma. Abrí la puerta de la alacena y quité una taza grande para mi capuccino. Apoyé la taza en la mesa y busqué con los ojos la cafetera exprés…

¡Qué extraños se habían comportado los tres hermanos en cuanto me vieron aparecer! ¿De qué hablaban cuando los sorprendí? Yo caminaba por el pasillo de planta alta y cerca de la escalera escuché a Lenya hablar sobre Scarlet… “Cuando me toque viajar contigo dejaremos a Ron o a Anthony al cuidado. También está Bianca”.

Ubiqué la taza debajo del dispositivo y después de asegurarme que el depósito tenía café en grano y leche en polvo, presioné el botón.

Sebastien le había contestado, “no Lenya, a Bianca no. No quiero una humana cuidando de Scarlet”, y no sé que rayos más…

¿Una humana cuidando de Scarlet? Si, por supuesto Bianca era un ser humano. ¿Eso había querido decir? No… “Una humana”, dijo… No un ser humano. Pero…

El ruido silbante de la máquina me sobresaltó. Miré la taza rebosante de espuma y me quedé inmóvil.
“Una humana cuidando de Scarlet”. Entonces… ¿Qué era Scarlet? ¿No era humana? ¿Y ellos?

La mente me jugó una mala pasada y me hizo regresar a detalles de días pasados cuando Scarlet bromeaba con Lenya sobre el sándwich tostado. Lenya la convidó… Pero noté un dejo de ironía…

¿Lenya había comido? No… En realidad… ¿Había visto comer a alguien de la mansión que no fuera Bianca?

Retiré la taza lentamente para no volcar y la apoyé en el mármol de la isla. Acerqué el azucarero de porcelana blanca…

La charla de Lenya en el parque ante el temor de enfriarme y coger una gripe… “Soy inmortal”.

Eché dos cucharaditas de azúcar y revolví lentamente…

“Soy inmortal”… Tomé un trago de capuccino… Estaba delicioso.

Las huellas del parque… Como si hubiera surgido del aire…

Retiré la taza a un costado y avancé hacia la puerta de la cocina. La abrí y cerré rápidamente mientras atravesaba la sala hacia el Estudio de Sebastien.

Golpee tres veces y aguardé. La voz de Lenya y Sebastien se apagaron. Escuché unos pasos acercarse a la puerta y el mismo Sebastien la abrió, miró a su hermano a su espalda para después contemplarme expectante.

-Adelante Liz.

Se hizo a un lado y caminé cinco o seis pasos. Lenya estaba sentado en el escritorio apoyado con una pierna que balanceaba con lentitud. Sus ojos bellos me miraron y esta vez mantuve la mirada sobre el iris grisáceo.

-Siéntate, por favor. Tú dirás en que puedo ayudarte.

Lenya se apartó y se movió hacia el rincón derecho a espaldas de Sebastien.

Miré alrededor y tomé asiento. La mansión de los Craig era una muestra constante en cada rincón del dinero que correría por las manos de sus dueños. El jarrón estilo Ming en negro y gris que decoraba un rincón alcanzaría más de medio metro. Sabía que los coleccionistas pagaban exagerados precios por ellos. Algunos originales surgían desde 1360. Yo había cursado un par de años decoración apenas egresé de los Estudios Superiores. Conocía el tema… Allí en ese ambiente el gusto tenía un nivel exquisito. La alfombra era persa y tejida a mano. Los tonos apagados demostraban que el tejedor había teñido el material con tintes vegetales y naturales. Sebastien había gastado fortunas en decorar la casa.

Alcé la vista hacia la pared central. Por encima del sillón que ocupaba Sebastien en el escritorio, un escudo con la cabeza de un león. Tenía dos piedras rojas por ojos. ¿Serían rubíes?

-¿Liz?

Lo miré.

-Lo siento… No quiero molestar, sólo quería hacerte una pregunta si no te incomoda.

Lenya interrumpió.

-Depende de lo que preguntes.
-Por supuesto, pregunta lo que quieras –respondió Sebastien echando una mirada de reproche a su hermano.
-No quiero incomodarlos.

Me puse de pie decidida a retirarme y obviar las estúpidas ideas que se me habían cruzado. Seguramente había escuchado mal.

-Por favor, Liz… Siéntate –insistió Sebastien.

Volvía a tomar asiento y respiré profundo sin que lo notaran.

-En base a una conversación que escuché antes de bajar las escaleras… ustedes estaban hablando con Scarlet… No quise escuchar solo que bajaba a desayunar y…

-No tienes que darme explicaciones, Liz. Sé por tu prima que eres discreta y educada. ¿Qué has escuchado que te haya llamado la atención?

-Bueno…

Observé a Lenya inquieto. Está vez él no deseaba mirarme. Como si tuviera miedo de lo que iría a ocurrir.

-Liz…
-Sí, perdón… Quería saber… Porque creí escuchar… Que no dejarías al cuidado de Bianca a Scarlet… Al cuidado de una humana como Bianca.
-Ah… Era eso…
-Sí.
-Y tu pregunta sería, ¿por qué no confío en Bianca?

Sonreí.

-Soy astuta Sebastien. ¿Ese detalle mi prima se olvidó de decirte?

Bajó la vista.

-Mi pregunta es, si Bianca es una humana como mi hermana y yo… ¿Qué es Scarlet? Mejor dicho… ¿Quiénes son los Craig?

Sebastien me miró fijo, ante la seriedad de mi rostro y la exigencia solapada de mis palabras supe que se daba por vencido.

-Te diré quiénes somos. Júrame que no saldrás corriendo a buscar a tu hermana y te irás de aquí. Al menos sin hablar con Bianca.
-Lo juro.
-Okaaay. Como veo que te has decidido a contarle la verdad, yo… me voy. Toda tuya. No quiero estar cuando se largue a llorar. No soporto ver llorar a las mujeres.

En ese instante Lenya se esfumó en el aire y mi boca se abrió dejando escapar el aire.

Sebastien maldijo.

-Voy a matarlo. Porque tiene que ser tan maldito.

Quedé contemplando el rincón vacío hasta que Sebastien llamó mi atención.

-Liz… En verdad no quería que fuera de esta forma. Lenya últimamente está muy gracioso. Yo… Bien… Todos en esta mansión salvando Bianca… Somos vampiros.

-¿Vampiros? ¿Cómo en las novelas? ¿Beben nuestra sangre matando humanos?
-Ehm… No exactamente. No matamos indiscriminadamente. Cazamos humanos sí pero…
-Entiendo, los eligen.
-Sí.
-¿Y Bianca? Lo sabe, ¿verdad?
-Por supuesto, no hay nada que mi mujer no sepa.
-Comprendo…
-¿Te sientes bien?

Lo miré a los ojos.

-Sí… Perfectamente.

Me puse de pie y me acerqué a la ventana. Los rayos de sol entibiaban las paredes de la mansión y regalaban al paisaje mañanero del parque unos tonos pasteles muy bonitos.

-Dime que piensas Liz –dijo Sebastien poniéndose de pie.
-El sol… ¿Les hace daño?
-Sí. Quema nuestra piel. Pero no nos convierte en cenizas. Eso es una fantasía. El sol produce llagas mortales a causa de la carencia de melanina. Por eso tenemos el cabello blanco, como si fuéramos albinos. Es un desorden genético.
-¿Se tiñen?
-Así es.
-Entiendo… ¿No comen?
-No es necesario. En realidad siempre vivimos así, de la sangre, desde mis ancestros. Pero ya ves que sería posible adaptarnos. No es un sistema digestivo diferente al consumir sólo líquido. Tomamos café, alcohol, etc. La verdad es que no experimentamos demasiado por el miedo a lo desconocido. Yo he sido un pionero en el tema. Mi padre y su aquelarre más íntimo jamás probaron nada que no fuera sangre humana.
-¿Dónde vive tu padre?
-Vivía. Él ha muerto. Vivía en las cumbres. Esas que ves tras el bosque de pinos.

El móvil de Sebastien sonó.

-Mil disculpas, Liz.

La puerta se abrió y Bianca entró alegremente. Se sorprendió en cuanto me vio de pie junto a la ventana. Mientras Sebastien hablaba por el móvil se acercó a mí.

-Liz… ¿Estás bien?

La miré fijo.

-Sí, eso creo.
-¿Qué ocurre?

-Sebastien acaba de decirme la verdad.

-¿La verdad? ¿La verdad, verdad? –titubeó.

Miró a su marido que al parecer continuaba dando detalles sobre una isla a su receptor.

-Bianca, sé que los Craig son vampiros.

Me contempló unos segundos y suspiró.

-Pero… Habíamos quedado con Sebastien que tú debías deducirlo sola, no entiendo porque te lo dijo.
-Es que lo deduje. Él sólo me lo confirmó.

Me tomó la mano y me arrastró fuera del Estudio.

-Ven hablemos.
-Bianca, tranquila. No me iré corriendo de aquí. Llegarás tarde al trabajo.
-Los cadáveres no se irán de la morgue.

En el sofá de la sala se sentó junto a mí.

-Liz, no debes preocuparte por nada. No son como los vampiros que has leído en tus novelas. No te harán daño y…

Mi risa la interrumpió y me miró inquieta.

-No, no –reí-. No estoy volviéndome loca. Es que –reí otra vez.
-¡Liz! Me asustas. ¿Has perdido la cordura?
-No –reí nuevamente-. Me da gracia pensar sobre tu escepticismo. Me he perdido de verte cuando te has enterado que los vampiros existen –reí más fuerte.

Arqueó una ceja.

-¡Muy graciosa, Liz!
-¡Andaaa cuenta como fue!

Me miró con el ceño fruncido y poco a poco sus rasgos se suavizaron hasta dibujar una sonrisa.

Rio junto conmigo.

-Es que si tú te hubieras visto –reí-. Empecinada en tus teorías. Y pedazo de vampiro te las ha tirado abajo, jajajaja.

Tomó un almohadón y me lo lanzó a la cara.

-Basta –rio.
-Ve a trabajar… Anda… -contuve la risa- eso sí cuando regreses me contarás los detalles.
-Me iré ya mismo –se puso de pie y subió el cierre de la cazadora-, y me alegro que no tenga que esconderte nada.

Sonreí.

Mis ojos impactaron en la bella figura de Lenya surgiendo junto al piano de ébano.

-Lenya, puedes asustarla –rezongó Bianca.
-¿Asustarla? ¿A ella? –me observó detenidamente-. Antes de verla asustada por algo veré elefantes azules volar.

Sonreí.

-Es que siempre he creído en vampiros. No digo que ha sido impactante saber que convivo con ellos, pero en lo que respecta a…

Lenya interrumpió.

-¿Y tu hermana?

Enmudecí. Bianca arqueó la ceja.

-Es cierto, no sabemos como lo tomará. Ella no descarta la posibilidad de otros seres sin embargo es distinto que tú Liz. Me temo que debe estar por llegar.
-Cierto. Buscaremos la forma –aseguré.

Lenya encendió un cigarrillo con total parsimonia. Nos miró y sus carnosos labios dejaron escapar ese tono de voz tan hipnótico. Ahora entendía porque me había conquistado desde el primer minuto. Tenía algo que en ningún hombre lo hallaría jamás. Su gran poder de seducción. Como aseguraba Thir Bergman.

-Mejor piensen como le dirán lo de los lobos. No creo que los vampiros sean un mayor problema para ella.

Ambas nos miramos.

-¿Hay lobos? –pregunté.
-Sí… Liz, voy a despedirme de Sebastien. Prometo que cuando regrese hablaremos sobre lo que quieras saber.
-Claro… Ve tranquila.

Cuando Bianca desapareció tras la puerta del Estudio. Me dirigí al playboy perfecto que permanecía en la sala.

-No te preocupes, saldré de esto también. Sabré como decirle la verdad a Marin. Siempre salgo de todo salvando cualquier escollo.

Hubiera jurado que había admiración en su mirada gris plata.

-No lo dudo –murmuró.



(Perspectiva de Douglas)

Esta noche había tomado demasiada cerveza con mis nuevos amigos. Juntos los cuatro nos habíamos divertido mucho y lograron que olvidara por horas a Clelia. No había querido verme esa noche y me deprimió saber que no me necesitaba como yo a ella. ¡Maldito sea este amor que sentía!

Numa decidió irse apenas llegamos al bar y parecía estar molesto. No se encontraba a gusto. Pensaba que el hecho de tener nuevos amigos lo ponía muy celoso. Ya se acostumbraría.

Llegando la madrugada alrededor de las cinco decidí regresar a casa.

-Sube la moto a la furgoneta, Douglas –ordenó Tomas- No manejarás en ese estado.

No me gustaba recibir órdenes pero asentí porque era lo correcto. Realmente estaba borracho y todo me giraba alrededor. Sentía que mis músculos me pesaban y el cansancio instigaba a cerrar los ojos.

El resto se quedó en el bar con unas chicas muy monas.

Apenas tomamos la ruta Tomas extendió un papel plateado y me lo ofreció.

-Toma un poco. Así no notarán que estás hecho una piltrafa.

-¿Qué es? –pregunté abriendo el sobrecito pequeño de una pulgada.
-¿No sabes qué es? –rio.

Negué con la cabeza.

-Es un polvo mágico que te hará sentir mejor.
-¿En serio?
-Confía en mí. ¿Cuándo te he mentido?
-Pues… No sé…
-Anda… Prueba.

Al acercar mi boca al polvo blanco él apartó una mano del volante y me detuvo.

-Así no.
-¿Cómo lo pruebo?

-Tiene que entrar por tu nariz, así será mejor.

-¿Por la nariz?
-Si, por la nariz. Huele fuerte para que penetre en tus fosas nasales.

Acerqué mi nariz y seguí sus indicaciones casi sin pensarlo.

Rápidamente sentí un hormigueo y un sabor ácido parecido al picante en mi boca. El polvo parecía haber llegado  hasta mi cerebro.

-¡Despacio! –exclamó mientras reía.

Estornudé dos veces y volví a tratar de respirar normal.

-Te pareceré un idiota –contesté mientras tiraba el resto en la guantera de la furgoneta.
-No, ya descubrirás el mundo que te prohibieron tanto tiempo. Poco a poco, verás.

Me recosté en el asiento y miré fuera de la ventanilla. No era tanta la velocidad que iría Tomas. Nunca manejaba excediendo la velocidad, pero de pronto la hilera de coníferas a la vera de la ruta parecía evaporarse en el aire.

-Guauu, vamos muy rápido.
-No –rio- es el efecto del polvo. ¿No te sientes mejor?
-En realidad… No sé… Me estoy sintiendo mal de estómago. Tengo náuseas.
-Eso es porque has tomado demasiado alcohol y es la primera vez que pruebas esto. Ya te acostumbrarás.
-Es horrible –murmuré.

Sin embargo Tomas tenía razón. Al pasar los minutos el cansancio desapareció y si hubiera dicho de llegar corriendo hasta la mansión en una carrera, lo hubiera hecho. No tenía sueño ni hambre. La sensación de vértigo pasó a ser deliciosa y mi ánimo exaltado.

Rio mientras me escuchaba hablar sin parar y mis frases sobre lo fácil que sería conquistar a Clelia lo divirtieron hasta que llegamos a los portones de la mansión.

Odié que alguien tuviera que abrirme la maldita puerta. ¿Es que siempre iban a enterarse a qué hora llegaba?

Bajé la moto y saludé a Tomas que arrancó para retomar el camino. Volvería por el resto de mis amigos y seguirían la parranda seguramente.

Con un humor de perros atravesé el parque llevando la moto a pie. La tiré a un costado dentro del garaje. Imposible estacionarla entre el coche de Charles y la limousine. Todos los objetos estaban fuera de lugar, como si flotaran. Opté por lo más fácil antes que mi vista empeorara.

Apenas entré, Lenya que tocaba una melodía en el piano, me siguió con la mirada.

Lo miré y sonreí.

-¡Hola tío! ¿Incursionando en la música? ¡Tocas bien! Sigue intentando. Eres mejor que papá.

Observé la escalera de la sala para llegar a mi habitación y jugar unos videos juegos. De verdad el sueño había desaparecido. Titubee para que no se diera cuenta lo torpe que me sentía y avancé decidido a encerrarme en mi habitación pero algo me tomó del cuello de la cazadora y me arrastró como huracán hasta mi habitación. Escuché aturdido la puerta del baño abrirse y cerrarse de un golpe que hizo lastimar mis tímpanos. Reaccioné al sentir los azulejos de la pared de mi baño contra la espalda y a Lenya sosteniéndome en el aire con el puño.

-¿Qué mierda haces? ¡Loco! –exclamé tratando de zafar del amarre.

-¡Escúchame gran idiota! –gritó contra mi cara- No sé como has logrado meterte en problemas tan fácilmente pero te juro que si vuelvo a verte así te cagaré a trompadas.
-¡Sal de mi habitación! –me revolví entre sus potentes brazos.

Pero Lenya tenía la fuerza de mi padre, quizás de mi abuelo. Imposible hacerle frente.

-¡No saldré un reverendo carajo! Ahora te darás una ducha fría y esperaré en tu habitación. No me iré hasta que me escuches. ¿Entendiste? ¿O te lo digo en ruso?
-¡No tienes derecho! -grité.
-¡Tú no tienes derecho! ¡No tienes ningún derecho a hacer trizas a tu padre, estúpido cabrón!
-¡Suéltame! –insistí.

No me hizo caso. Estiró un brazo y abrió el grifo y con el otro me metió bajo el agua helada.

-¡Hijo de puta! –escupí el agua que caía en mi rostro.
-Di lo que quieras pero no me moveré de la habitación hasta que tú y yo hablemos. ¿He sido claro? Te doy unos minutos para que te despejes.

Dicho esto abandonó el baño dejándome sólo con una terrible angustia.

Me desvestí a duras pena con rabia por el atropello de mi tío. Deseaba que muriera o al menos desapareciera de nuestras vidas. Abrí el grifo de agua caliente y entibié la ducha. Realmente estaba helada. ¡Imbécil! ¿Quién se creía?

La espuma del jabón resbaló por mi piel y perfumó el viejo aroma a trasnoche. No supe porque, pero la angustia brotó de mi garganta y tuve deseos de llorar. Y lloré… Me sentía muy mal.

Cuando pude calmarme un poco desee que Lenya hubiera desistido y hubiera abandonado mi habitación. Ni ese deseo se me cumplía… Al coger la toalla y secarme me asomé a la puerta y allí estaba. De pie encendiendo mi ordenador.

-¿Qué te has creído? –vociferé indignado- Ahora revisas mis cosas.
-Me miró con el iris desorbitado por el enojo.
-¡Cállate! ¡Siéntate aquí y aprende!

Caminé despacio hacia mi escritorio. La pantalla del ordenador estaba iluminada con el buscador de Google.

-¿Qué mierda te pasa? –insistí.
-¡Cállate y siéntate!

Mis lágrimas comenzaron a aflorar. Estaba indignado, triste por no poder contra él. Lenya estaba haciendo lo que quería en mi propia habitación. ¿Pero qué podía hacer? Hubiera jurado que ante mi desobediencia me hubiera dado una paliza. Como si fuera un niño. ¡Qué rabia!

Me senté y esperé otra de sus déspotas órdenes mientras mis lágrimas corrían por las mejillas.

-¡Me las pagarás! –susurré.
-Tú la pagarás si sigues en la ignorancia. Vamos, escribe.
-¿Qué quieres que escriba en el buscador loco de mierda? ¡Maldita sea!

Se posicionó detrás del ordenador y apoyó sus puños cerrados en el escritorio.

-Escribe la palabra DROGA.


6 comentarios:

  1. Hola Lou... Menudo capítulo nos esperaba hoy
    Liz ha reaccionado muy bien al enterarse de que los Craig son vampiros
    Se nota que siempre ha creído en ellos... y creo que también influye que Lenya le gusta
    ¡Pobre Douglas! Qué mal lo está pasando, pero Lenya solo quiere que comprenda el mucho daño que le pueden causar las drogas
    Y Tomas ha actuado fatal
    Espero que Douglas entienda el enfado de su tío
    Un placer leer tu historia, Lou
    Besos y feliz finde

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    1. ¡Hola Mela! Me alegro que te haya gustado. Lenya se ha portado como rey y Douglas entenderá que el mundo lejos de la mansión no es un paraíso. Veremos como lo enfrenta. En cuanto a Liz, yo creo que ahora tiene el campo abierto para conquistar a su vampiro.
      ¡Un beso enorme y muchas gracias! Feliz finde para ti también!!

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  2. Bueno yo sabia q tarde o temprano Liz se iva a enterar de la verdad y lo tomo muy bien esa noticia, ya va a poder a conquistar a un vampio y q este tambien se ponga las pilas con ella, y cuanto me alegro q Lenya le de su leccion a Douglas y q sepa q lo q él esta haciendo esta muy mal, quien iva a decir q Lenya iva a cambiar para bien q bueno, mil gracias x el capitulo Lou me gusto mucho, saludos!!!

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    1. ¡Hola Laura! Me alegro que te haya gustado, cariño. Liz lo ha tomado bien porque en su mente siempre han existido los vampiros. Veremos que pasa con Marin que aunque no la descarta la existencia tiene más dudas que su hermana. Lo de Douglas ha salido bien por suerte y creo que ha aprendido la lección. Un beso grande mi niña y gracias.

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  3. Uy dios Douglas es medio zonzo , por suerte tiene a Lenya. Ojala no se vuelva adicto a las drogas. Me cae muy bien Liz y me alegra que sepa que son vampiros. te mando un besoy te me cuidas

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    1. ¡Hola Ju! Douglas ha vivido apartado de la calle y sus peligros. Nadie le hablado sobre las drogas pensando que es un problema humano y que no le afectaría. Terrible error. Por suerte todo salió bien y tuvo a Lenya al lado en el momento exacto. Un beso grande tesoro y gracias por comentar.

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