Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

jueves, 1 de enero de 2015

Mis queridos lectores espero que hayan pasado un maravilloso Fin de Año.
Dejo el capi 48... ustedes dirán, espero que guste. Besotes enormes desde Argentina.


Capítulo 48
¡Feliz Navidad! (Primera parte)

(Perspectiva de Bianca)

-¡Quierooo un árbol de Navidaaaaaad!

Sentada en la cama junto a Sebastien miré a Scarlet entrando a la habitación conyugal.

Mi marido cogió la sábana y se cubrió.

-¡Maldita sea Scarlet pide permiso al entrar!
-Déjala, no la retes. Está entusiasmada con tener un árbol en la sala como los humanos –traté de calmarlo-.  No estábamos teniendo sexo.
-Joder Bianca estoy desnudo,  ¡qué golpee caray!

Scarlet de pie, junto a la puerta, frunció el ceño.

-He visto decenas de machos desnudos.
-Ni me lo recuerdes –murmuré por lo bajo.
-Eso no importa, soy tu hermano. Debes respetar la intimidad en la familia y mantener …
-¡El recato! Sii me lo dijo Bianca. Ahora que ya te has tapado con la sábana… ¡Quiero un árbol de Navidad!
-Pues no voy a salir en medio de la madrugada a comprarte un árbol porque se te antoja.
-¿Por qué? Eres malo.

Salté de la cama y me coloqué el albornoz.

Mi marido me siguió con los ojos.

-¿Dónde vas?
-Ya regreso. Le diré a Charles si puede conseguir alguna rama de un pino que nos sirva de árbol.

Recostó la cabeza en la almohada y murmuró.

-A veces creo que quieres a Scarlet más que a mí.

Me acerqué a la cama y lo llené de besos en la boca.

-¡Celoso! –reí- Ya regreso.
-Me dormiré y no estaré despierto cuando tú regreses.
-¡Me gusta! Amo despertarte –volví a reír.

Scarlet me siguió entusiasmada y ambas bajamos la escalera. Los spots iluminaban tenue la sala pero pude distinguir en el sofá a Douglas, Numa, y Charles, conversando cerca del hogar encendido.

-Holaaa, disculpen que los interrumpa –dije, acercándome con Scarlet tras mis talones.

Charles se puso de pie.

-¿Ocurre algo, querida?
-No. Nada grave. No te preocupes. Scarlet y yo queríamos pedirte un favor.
-Adelante.
-Queríamos conseguir un árbol de Navidad. Scarlet está entusiasmada con tener unas fiestas como los humanos y a mí me gusta la idea.
-Sii Charles, por favor –acotó Scarlet.

Douglas se acercó seguido de Numa, abriendo los ojos como platos.

-¿Por favor? ¿Scarlet acaba de pedir por favor?
-¡No has escuchado tonto! –protestó.
-Scarlet… -murmuré.

Douglas y Numa rieron.

-Pues, me voy un tiempo corto y la casa tiene cada sorpresa. ¿Te has civilizado?
-¡Douglas! –reté.
-Es que como se llama lo que acaba de suceder, “milagro de Navidad”.
-Se llama Bianca McCarthy –agregó Charles-, es suyo el mérito. Y basta de acotaciones… Hay un árbol en el altillo y una bolsa de adornos. Porque no creo que sea correcto quitarle una rama a un árbol ya que apenas el bosque está luchando por ser el de antes.
-Me gusta tu pensamiento ecologista, Charles. –sonreí.
-¿Pensamiento eco qué? –preguntó Scarlet.
-Después te explico.

Douglas interrumpió.

-Charles, ¿hemos tenido árbol de Navidad?
-Sí. Hace varios años. Eras pequeño…Unos días antes de las fiestas habías escuchado en la TV todo sobre los árboles. Y aunque no podías ver… tu padre quiso que tuvieras un árbol como el resto de los niños.

Vi la emoción de Douglas en esos ojos caramelo que se tornaban a un ámbar cuando se esforzaba por no llorar.

-Entonces te ayudo a buscarlo Charles. Vamos al altillo.
-Habrá que limpiarlo.
-No importa lo haremos los tres –dijo Numa.
-Les agradezco mucho –dije sonriendo-. Eso sí. Para armarlo lo haremos entre todos. ¿Les parece?
-Muy bien señora Craig –sonrió Charles.

Regresé a la habitación dejando a Scarlet en la sala y entré en puntillas.

Me recosté junto a Sebastien y le quité la sábana que lo tapaba hasta la cabeza. Estaba boca abajo, abrazado a la almohada.

-Holaaa –susurré-. Estoy aquí.
-Ssssh estoy durmiendo.

Tiró de la sábana y volvió a taparse.

Sonreí.

-Asiii que estás durmiendo…
-Sí… Profundamente.
-Puedo notarlo, sí.

Dos de mis dedos tomaron una de las puntas de la sábana y la retiré despacio arrastrándola por la espalda hasta quitarla.

Gruñó.

Mis dedos recorrieron su espalda dibujando un camino sinuoso hasta sus caderas. Lo observé…

-¡Qué culo maravilloso tienes!

Su rostro de perfil contra la almohada se mantuvo inmóvil, pero abrió los ojos y sonrió.

Subí a horcajadas y repartí besos pequeños desde la nuca siguiendo la columna vertebral.

-Veremos si te despiertas ahora…

Bajé lo suficiente para besarle los glúteos y darle un mordisco en el derecho.

Dio un respingo y gruñó otra vez.

-Si te haces el difícil te quedarás si el maravilloso sexo oral que tenía en mente.
-¡Eso sí que no!

Giró en milésimas de segundos y me vi montada de frente sobre sus caderas.

Reí.

-Eres un macho muy complaciente. ¿Me darás tu manjar?

Se incorporó sentado y me comió la boca con esos besos que te dejan tambaleando. Nuestras lenguas se buscaron ansiosas. Enredé mis dedos en su cabello y gemí por el placer que se adueñaba de mí.

-¿Quieres tu manjar? –susurró, contra mi boca hinchada- Todo tuyo…

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El árbol debíamos haberlo armado un ocho de diciembre según la tradición pero a nadie le importó que fuera veinte. Cuando Charles y Douglas lo clavaron en la maceta de terracota miré hacia la punta… Era hermoso… Tendría dos metros y medio y era muy tupido. Numa abrió la gran bolsa de arpillera que contendría los adornos y miró el interior. Al meter su mano hasta el fondo un sonido tintineante cubrió la sala.

Douglas miró la bolsa y sus ojos chispearon de emoción.

-Recuerdo ese sonido… Ahora… Recuerdo el sonido esa Navidad.

Sebastien bajó la escalera y echo un vistazo en general, aunque su mirada se detuvo en su hijo.

Sonrió.

-Ayudaré a adornarlo.

Scarlet aplaudió de alegría.

-¡Esperen! Falta el resto. Debemos colaborar todos –acoté.
-Cierto –dijo Sebastien- Llamaré a las chicas, a Rodion, a Ron, y a Anthony.
-Papá, ¿y Lucila?

Sebastien suspiró.

-Sigue en las cumbres. No puedo obligarla.
-Okay…
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Numa y Douglas fueron los que iniciaron la tarea, seis juegos de luces fueron las primeras en abrazar el árbol rodeándolo desde la base hasta la punta. Le siguieron las bolas doradas y rojas repartidas equitativamente por Charles y yo. Margaret se encargó de adornar con doce ángeles de cristal de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. Rose colocó las guías verdes y rojas con la colaboración de Ron y nuestro enigmático chofer. Sebastien colgó pequeños renos blancos y Scarlet se encargó de las caritas de Papá Noel. Anthony junto con Rodion colgó las campanas doradas repartidas muy bien en las puntas de las ramas. Sara colocó copos de algodón en las ramas y la nieve artificial. Al terminar la tarea metió la mano en la bolsa.

-¡La estrella! Casi lo olvidamos.

Una estrella dorada de treinta centímetros brilló entre sus manos.

Sebastien la tomó y la dio vuelta entre sus dedos pensativo. Después nos miró y pidió un favor… Que de ninguna manera nadie se iba a negar…

-¿Podemos esperar para colocar la estrella? Quizás el que deba colgarla llegue a tiempo.

Todos supimos de quien hablaba. Y recé con mi pensamiento, yo que poco y nada rezaba, para que Lenya Craig llegara a tiempo a colocar esa estrella.

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Al otro día me levanté con nuevos ánimos y más ansiosa. A las cinco de la tarde llegarían mis primas queridas para instalarse en la mansión. Había preguntado a Charles miles de veces si estaba todo en orden, si había enviado los pasajes con dinero suficiente, si le parecía que el giro llegaría a tiempo, si las habitaciones estaban listas, si Margaret estaba alertada que el volumen de comida iba a aumentar, porque de ahora en más, Douglas y yo no seríamos los únicos que consumiríamos alimentos.

Pensaba que mis primas estarían felices de vivir en la mansión. Siempre nos habíamos querido mucho. Lo único que me preocupaba y con razón, era la imaginación de Liz. Ella creía en seres paranormales, exactamente en vampiros. Algo decía dentro de mí que no tardaría en darse cuenta que los Craig no eran personas comunes y corrientes. Es que a lo largo de convivencia iba a ser muy difícil que no se escapara algún detalle que llamara la atención.

Haciendo cálculos el avión aterrizaría en Kirkenes a las cinco y media y yo partí con tiempo hacia el aeropuerto. Me abrigué hasta las orejas y entre la gorra y la bufanda sólo podían verse mis ojos.

Liz fue la primera que me descubrió de pie frente a las puertas de vidrio. Saludó con la mano en alto y una sonrisa de esas que iluminaban todo. Tomó de la mano a Marin y tiró de ella zigzagueando entre la gente. Ambas arrastraban una pequeña maleta con rueditas. Mi corazón se estrujó al ver el poco equipaje que llevaban.

Liz me había puesto al tanto aquella vez por teléfono de lo mal que habían terminado económicamente a causa del abandono de mi tía por un hombre. La noticia me daba vueltas y vueltas en la cabeza. Conocía a mi tía Mildri y jamás había cometido hechos descabellados. A veces los seres humanos por amor perdemos la cabeza… De todas formas el golpe mayor que había recibido era la noticia de la muerte de Signy por los lobos salvajes. Nunca iba a poder reponerme del suceso. La imagen de mi prima con su cabello castaño y ojos claros, siempre tan sonriente, iría acompañarme siempre en mis mejores recuerdos.

Nunca iba a terminar de agradecer a mi marido el haber aceptado a mis primas en la mansión. No ignoraba que el sacrificio iba a ser muy grande. Los habitantes de mi hogar eran todos vampiros y el disimulo sería desgastante. Pero dentro de mí sabía que tarde o temprano Liz y Marin lo descubrirían aunque no me preocupaba. Confiaba en ellas y en su discreción.

Fue maravilloso reencontrarme con ellas. Un año que no las veía y tanta agua bajo el puente había pasado. Nos abrazamos las tres y lloramos… A veces las lágrimas suelen lavar las penas, o al menos aliviarlas.

No escapó de mí los ojos asombrados de las dos al ver la limousine que esperaba por nosotros en el estacionamiento. Sonreí. No por hacerme la importante, en absoluto. Sino porque gran parte de lo que disfrutaba, ellas lo disfrutarían también.
Durante el viaje hablamos sobre los sucesos acaecidos. Fue duro… Aunque yo traté de alentarlas y convencerlas que debían comenzar una vida nueva. Por más horror en nuestro pasado todos teníamos obligación de levantarnos y seguir luchando, porque la vida más allá de todo… Era un regalo.
Al llegar a casa los portones se abrieron de par en par, Liz fijó los ojos en la mansión de techo nevado cuyas paredes se alzaban en los fondos del jardín. Las decenas de ventanas estaban iluminadas y las cortinas corridas. Eso significaba que la mansión tenía varias personas habitando y no pasó desapercibido para la detallista de Liz.

-¿Son muchos en tu familia? -preguntó.
-Sí. Sebastien tiene dos hijos, Douglas y Numa. Charles que es como si fuera de la familia. Anthony y Ron, guardaespaldas y…
-¿Guardaespaldas? –preguntó Marin.

Liz dio un codazo con disimulo al ver que el chofer miraba por el espejo retrovisor.

Marin ante el asombro continuó.

-¿Trabaja para el gobierno?
-Calla Marin.

Reí.

-No, su familia se ha dedicado a los negocios, ha heredado una importante fortuna y Sebastien ha sabido mantenerla e incluso aumentarla.
-¿Petróleo?
-¡Calla Marin! –retó nuevamente Liz.
-Sí, algo así.

Al detener el vehículo el chofer atento a su cargo y protocolo salió y abrió la puerta para que mis primas salieran. Pude ver que la entrada de mi hogar había sido adornada con luces navideñas y el portal lucía magnífico. Habían hecho un muy buen trabajo.

Charles salió a recibir a mis primas con una sonrisa y muy galante se hizo a un lado para dejarlas pasar.

-Buenas noches –saludaron un poco intimidadas por la belleza de la sala que se abría a sus ojos.

De todas formas eran educadas y conservaron el asombro sin exteriorizarlo.

-Buenas noches. Bienvenidas. Mi nombre es Charles, mayordomo de los Craig.

Rápidamente el pasado vino a mí. Esa mañana de enero en la que agotada corría por mi vida y ese gentil hombre que tenía hoy frente a mí, había abierto las puertas de la mansión.

Al acabar la frase la mirada de Charles buscó la mía, y sonreímos. Él también nunca olvidaría esa primera vez que nos conocimos.

Sebastien bajó la escalera mientras Charles se ocupaba de las pequeñas maletas y los abrigos.

-Buenas noches, bienvenidas. Soy Sebastien.
-Buenas noches señor Craig. Gracias por recibirnos –dijo Liz adelantándose hacia él con la mano extendida.

Marin se acercó lentamente.

-Buenas noches señor Craig… Gracias por…

No pudo continuar sus ojos se llenaron de lágrimas y estalló en llanto.

La abracé para consolarla. Sabía que debía tener demasiada angustia acumulada por tanto hechos ocurridos. No era fácil tratar de olvidar una ciudad donde naciste, un hogar donde te has criado, lugares, amigos, recuerdos, etc.

Sebastien se adelantó y la abrazó dulcemente.

-Cariño no llores, todo se arreglará, verás. No pienses que has dejado tu tierra definitivamente. Es provisorio. Mientras, nuestra casa es la casa de ustedes.
-Mi hermana Signy murió por los lobos –sollozó-. Nada será igual señor Craig

Charles resopló.

-¡Malditas bestias!

Sebastien le tomó la barbilla y sonrió.

-Lo siento mucho. Créeme que el dolor se hará más llevadero con el tiempo.

Después miró a Liz que lagrimeaba conmovida.

-Espero que no me llamen señor Craig. Se los suplico. Sebastien, ese es mi nombre. No me hagan más viejo, por favor –sonrió.
-Llevaré el equipaje a sus habitaciones. Por favor, síganme, deben estar cansadas del viaje. La cena estará en dos horas si les parece bien –dijo Charles subiendo la escalera.
-¡Muchas gracias! –exclamaron al unísono.

Douglas y Numa bajaron la escalera sonrientes.

-¡Bienvenidas! -dijo Douglas.
-¡Sí, bienvenidas! –repitió Numa.
-Ellos son mis hijos, Douglas y Numa –presentó Sebastien.
-Hola, yo soy Liz y ella mi hermana Marin. Gracias por recibirnos.
-Un gusto.

Las manos se estrecharon y por fin pude ver un par de sonrisas asomarse en los labios de mis primas.

-Conocerán al resto de los integrantes, no se preocupen. Ahora me gustaría que se sintieran cómodas. Esta es su casa por el tiempo que ustedes dispongan –dijo mi marido, y con una inclinación de cabeza se retiró al Estudio.

(Perspectiva de Sebastien)

Ya hacía dos días que las primas de Bianca habitaban la casa. Debía confesar que al principio tuve temor que descubriera nuestro secreto pero al parecer las chicas tenían un pasado tormentoso que no dejaba que su mente indagara o curioseara como cualquier humano normal. Mucha pena me dio cuando Bianca me contó lo sucedido. Por todo lo que habían pasado. Parecían humanas muy buenas y de gentil corazón. No porque yo descubriera su interior, pero Charles era un gran observador y en esas cuestiones nunca se equivocaba.

Veinticuatro de diciembre, sentado en el sofá frente al árbol de Navidad, observaba una y otra vez las luces intermitentes iluminar el follaje artificial. Bianca y Scarlet habían ido de compras al centro con Marin y Liz. Margaret estaba atareada con la cena de esta noche. Charles arreglaba una lamparita del jardín que parecía haberse quemado, Douglas y Numa jugaban videos en su habitación, y el resto había salido a cazar.

Estaba solo en la sala. Sólo con mi angustia de ver que pocas horas faltaban para la medianoche y nuestro árbol no lucía la estrella de Nochebuena.

Me levanté y me dirigí al Escritorio. Abrí el cajón de la mesa y quité un paquete de cigarrillos. Encendí un cigarro y miré por la ventana el lateral de la casa. Había quedado bello y alegre el parque con los adornos, sin embargo… Era yo el que estaba triste.

No quería que nadie lo notara y arruinar la fiesta. La tristeza era únicamente mía y de nadie más. Quizás Rodion lograba entenderme…

Salí del Estudio rumbo a la cocina. Necesitaba saber si todo estaría en orden para la cena. Crucé rápidamente la sala y aspiré el humo… Me detuve frente al árbol… ¿Quién había puesto la estrella en la punta del árbol?

Me acerqué para comprobar que mis ojos no me engañaban. Eran tanto el deseo de verla brillar que podría haberme confundido…

No… Estaba allí, brillando en el vértice…

Miré la planta alta por si veía a Douglas o Numa. Quizás habían decidido colgarla, porque para el resto del mundo, no habría árbol de Navidad sin estrella… Para mí, no habría Navidad sin mi hermano…

Margaret salió apresurada de la cocina con un mantel blanco colgado del brazo. Se detuvo y miró sorprendida.

-Margaret… ¿Sabes quién colgó la estrella?

Margaret desvió la vista a mi espalda y al mismo tiempo escuché…

-Yo la he colgado.

El corazón saltó en mi pecho. Giré al reconocer la voz.

-¡Lenya! –exclamé.
-Pues sí, soy yo. No ibas a librarte de mí fácilmente.

Avanzó hacia mí y me abrazó fuerte.

Reí.

-Has regresado, hermano.
-No podía pasar la Navidad lejos de mi familia. ¿No? Porque esta es mi familia. Tú me lo dijiste.
-¡Por supuesto!

Se separó de mí y sus ojos recorrieron mi rostro. Como queriendo indagar mis sentimientos hacia él.

-¿Crees aún que no he sido sincero?
-No. Sé que eres sincero… De lo contrario jamás hubiera regresado. Sólo te miro porque me gusta buscar rasgos y gestos en común que nos identifiquen. ¿Sabes qué? Tenemos varios.

Asentí en silencio.

-Lenya, no hemos tenido un pasado común y no fue nuestra elección. Escribamos juntos el futuro porque ello sí, depende de nosotros.

Sonrió.

-Será difícil convivir conmigo –murmuró.
-Yo no soy San Francisco de Asís –agregué.

Rio.

-¿Qué tal si tomamos un coñac y convidas un cigarrillo? Aún falta para medianoche –dijo, con sonrisa ladeada.
-Muy buena idea querido hermano, muy buena idea.





9 comentarios:

  1. ¡Feliz año, querida Lou! Gracias por obsequiarnos esta entrada más bonita para empezar el año, me ha encantado y además siento que está todo en un punto muy especial, uno en el que se empezarán a hilar tramas muy especiales para todos los personajes, como Douglas, por ejemplo ;) Y la llegada de Lenya con esa actitud tan importante para él y Sebastien promete mucho.

    Un besazo, amiga, espero que disfrutes de un año maravilloso.

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    1. ¡Hola Claudia! Sii tienes razón ha llegado a un punto donde ahora será cuenta regresiva. Aunque quizás pases cosas muy importantes en el correr de los siguientes capítulos. Espero entusiasmarte como lo he hecho. Es un placer amiga. Muchas gracias nena.

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  2. Me ha encantado el capítulo, Lou
    Scarlet está en lo cierto... una Navidad necesita de un Árbol... y un Árbol necesita de luces
    Me ha encantado como todos han colaborado en adornarlo
    Liz y Marin ya están en la mansión y han sido muy bien acogidas... creo que no les supondrá mucho esfuerzo sentirse en casa y en familia
    Y Lenya ha colocado la Estrella en lo alto del Árbol
    Un muy precioso capítulo para las fechas que estamos viviendo
    Feliz 2015!
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Me alegro que te haya gustado el capi. Es un honor viniendo de una escritora como tú.
      Lenya ya ha regresado veremos que pasa con los lobos. Liz dará que hablar y eso va como adelanto sorpresa. Un besote enorme y ¡muy buen año!

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  3. Exelente capitulo me gusto mucho y todos reunidos como un gran familia me alegra q las primas de Bianca se runieran con ella y ahora volvio Lenya todos estan en familia q bueno asi debe de ser!!!!...gracias x el capitulo y FELIZ AÑO NUEVO!!!

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    1. ¡Gracias Laura! Un placer que me leas con ese entusiasmo. Veremos que ocurre con esas primas y además ha regresado Lenya. Se pone interesante creo. Un besote grande y gracias cariño.

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  4. Uy amo Lenya. Adore que hicieras un capitulo navideño y me gusto mucho el espíritu que le pusiste. Te mando un beso y te me cuidas. De nuevo te deseo un genial año

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    1. Mi querida Judit, sé que amas a Lenya así que agárrate que hay Lenya para rato. Un beso grandote y feliiz año tesoro. ¡Gracias!

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  5. Tienes una prosa enormemente sugestiva y unas fantasía literaria que asombra. ¡¡¡Bien!!!
    Que en este 2015 todos tus sueños se hagan realidad y que tu creatividad siga por ese camino tan fértil y placentero para tus lectores.
    Un beso desde Madrid.

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