Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

martes, 27 de enero de 2015


Holaaa mis tesoros: Capi 54 todo para ustedes. Espero les guste. ¡Besos y gracias totales!

Capítulo 54
A mí no me engañas.

(Perspectiva de Rodion)

Bajé a la cocina para conversar con las empleadas de los Craig. Eran unas hembras muy simpáticas y divertidas y me sentía muy cómodo bromeando sobre anécdotas pasadas. Ellas me contaron sobre Adrien. No había conocido al líder de los vampiros, sólo por boca de mi amada. Sin embargo escuchar virtudes de alguien en labios de una enamorada no era muy objetivo. Pero Margaret, la cocinera, me confirmó que la madre de Lenya no había exagerado. Adrien derrochaba virtudes y carecía prácticamente de defectos. Me gustaba saberlo después de todo, porque Lenya llevaba en su sangre genética de él y eso me tranquilizaba. El refrán humano decía, “de tal palo tal astilla”, y pensaba que tarde o temprano Lenya se convertiría como Sebastien en un ser noble y sin resabios de rencor.

Hablando de Lenya abrió la puerta de la cocina y entró con un “buenos días” junto cuando Margaret me servía un café cargado.

-Buenos días, Lenya –contesté tomando un trago de la taza de porcelana.
-Todo bien Rodion, ¿y tú?
-Bien, aquí probando el café por vigésima vez. Y me gusta. Aunque lo tomo sin azúcar.
-Yo sí lo tomo con azúcar.
-Con dos cucharaditas –contestó Margaret sonriendo.

Lenya sonrió.

-¿Cómo te fue ayer con los chicos? –pregunté tomando otro trago.
-¿Ayer? Pues no salí con ellos. Iba hacia las cumbres.
-OH, es que te vi llegar al mismo tiempo que el coche de Charles. Pensé que habías llegado sin ser visto para que las primas de Bianca no se dieran cuenta, pero que sí habías salido a divertirte con ellos.
-No… En realidad los encontré de casualidad.

Levanté la vista y lo miré.

-¿De casualidad?
-Sí, ¿no escuchas bien?

Sonreí.

-Sí, escuché bien, sólo que creí que ayer te preparabas para salir con ellos.
-No. Mi intención era ir a las cumbres.
-Y… ¿Te has perfumado así para ir a las cumbres? –sonreí.

Sin levantar la vista de la taza que le había depositado Margaret en la mesa permaneció en silencio unos instantes.

-Me perfumo siempre, lo sabes.
-Sí… Pero nunca con tanto empeño. Ayer me preguntaste si lucirías bien con la camisa blanca o la de rayas azules. Y te dije que definitivamente la blanca.
-Recuerdo todo lo dicho, Rodion.
-Ah…

Rose se acercó a la isla.

-Numa salió con ustedes, ¿verdad?

Lenya la miró.

-Sí. Festejaba su cumpleaños. ¿No te invitó a salir con ellos?
-No.

Lenya secó su boca con una servilleta blanca y perfectamente planchada por Sara. Después claramente buscó las palabras para que la joven no se sintiera relegada.

-Supongo que no te lo dijo porque la idea fue de Douglas. Todo se decidió de un momento a otro. Además… No salió con hembras.
-Gracias –susurró y se retiró con la mopa en la mano.

Miré a Lenya y arquee la ceja.

-Se respira amor en la mansión.

Lenya encogió los hombros.

-Esos dos terminarán juntos, verás.
-¿Y tú Lenya?
-¿Yo qué?
-A ti, ¿te gusta alguien en esta mansión?

Lenya echó un vistazo a Margaret y Sara que hablaban sobre un programa de tv. Me miró y aseguró.

-Ni loco. No hay nada que elegir aquí. Ninguna hembra me interesa.

Sonreí.

-Bien, si es así lo disimulas muy bien. La rubita te trae de las narices.

Sus ojos llamearon de rabia. Pero yo ya no tenía temor de él. Lo miré a los ojos y pregunté.

-¿Serás capaz de negármelo?

Tomó un trago de café y se mantuvo en silencio.

-Lenya –bajé la voz-, si no me cuentas a mí lo que está ocurriéndote, ¿a quién sino?

Me miró y continuó con el café. Insistí.

-Liz es muy valiente, parece una chica con virtudes y además es bonita… Muy bonita.
-No sabe que soy un vampiro –murmuró.
-¿Y crees que por ello te rechazaría? La he observado. Te come con los ojos. Además…
-¡Ya Rodion! Te estás poniendo viejo con tanta cursilería.
-Si tú lo dices. Podría contarte mucho sobre ella. Como tengo libertad para mirarla y tú no.
-¿Por qué lo dices?
-Porque si la miras por un tiempo prolongado con esa cara de admiración y pasión ella lo notará, y tú no quieres eso –dije con gesto compungido-. En cambio yo puedo estudiar los pormenores sin que se dé cuenta.
-¡Por favor Rodion!
-Okay okay… Hablemos del clima –sonreí.

Bufó.

-Iré a ver a Sebastien. Hay ruidos en el Estudio, seguro ya se levantó.
-Muy bien.

Se puso de pie y caminó hacia la puerta de la cocina. Se detuvo mientras lo miraba de soslayo. Volvió sobre sus pasos y se sentó.

-¿Quieres más café? –pregunté sonriendo.
-¡No idiota!

No aguantó la risa y se echo a reír.

-Eres un idiota Rodion.
-Sí idiota, pero no ciego –señalé mis ojos con los dedos.

Volvió a reír.

-Mmm… No es que me importe…
-¿Siii?
-Pero… ¿Estás seguro que me mira con cara de…? Bueno, tú lo has dicho.
-OH siii, con cara de pasión, o de enamorada. Como quieras llamarlo.
-Ajá… Y… ¿Crees que algún día si llega enterarse no saldrá corriendo?
-Nooo. El que saldrá corriendo eres tú en unos segundos.
-¿Qué?
-Liz está bajando la escalera.
-¿Cómo sabes que es ella? No he escuchado nada.
-Tienes la cabeza con pajaritos. Te desconcentras. Marin baja arrastrando los pies, Scarlet salta de escalón en escalón, Bianca ya debe estar en el hospital y Rose no creo que baje con ese andar felino. Es ella. Te lo apuesto.
-Me voy.

Se levantó de un salto y se desvaneció en el aire.

A los pocos segundos Liz entró a la cocina.

-Liz, querida, ¿quieres desayunar? –preguntó Margaret.
-Gracias. Buenos días a todos. Debo ir por un empleo así que saldré al centro de Kirkenes.
-Siéntate, te prepararé un capuccino y unas galletas con queso. Ojalá tengas suerte, cielo.
-Eres un sol Margaret.
-Tú lo eres, querida.

Tomó asiento frente a mí y sonreí.

-Será un día lluvioso –acoté.
-¡Qué pena, Rodion! Odio los paraguas.
-¡Yo también!

De pronto sus maravillosos ojos azules recorrieron el ambiente.

-¿Buscas algo? –pregunté.
-No… Sólo que… ¿Lenya estuvo  temprano por aquí?
-Mmm… No lo he visto. ¿Por qué?
-Siento su perfume en el aire.
-Ay ese perfume, es muy fuerte. Seguro a pasado por la cocina hace buen rato y ha dejado el aroma. ¿Te molesta?

Negó con la cabeza mirándome fijo.

-No… No me molesta. Me gusta ese aroma… Rodion…
-¿Sí?
-¿Qué edad tiene Lenya?
-Ehmm… Bueno…
-¿No lo sabes? Sé que son muy amigos.
-Sí sí, lo somos, es que los hombres nunca hablamos de la edad pero alguna vez me lo dijo sí… Tiene veinte seis según me dijo…
-Él me dijo treinta pero no le creí.
-¡Ah treinta! Siii tiene treinta, no conté el año bisiesto.

Arqueó la ceja divertida.

-¿Es un chiste?
-Por supuesto, no me conoces pero soy así, muy gracioso.
-Ooh… Okay…
-Permiso debo hacer unas cosas por ahí.
-Adelante.
-Adiós.
-Adiós.

Así que mi hijo postizo había comenzado hablar con la rubita… Sonreí. En Lenya era un buen comienzo…

(Perspectiva de Douglas)

Desperté por el sonido de un trueno que hizo temblar la cabaña. Parpadee y giré hacia un costado para verla dormir.

Ella desnuda, tapada sólo con la sábana, abrió los ojos y me miró.

-Buenos días Douglas.

Me acerqué y la atraje hacia mí sintiendo la tibieza de su piel. Un relámpago iluminó la habitación y tras él, el trueno.

Clelia se sentó en la cama de un salto.

-Dios mío las tormentas me ponen nerviosa. Cerraré todas las ventanas y correré las cortinas.
-Ven aquí, deja las cortinas corridas. Las tormentas son hermosas.
-¡Son horribles!

Sonreí.

La vi correr de un lado a otro como si la llevara el diablo.

-¡Clelia! No exageres. Es sólo una tormenta.

Me senté en la cama y aguardé impaciente escuchando uno a uno los “click” de los cerrojos y postigos. Suspiré…

Había pasado una buena noche en brazos del amor de mi vida. Volver a escuchar sus gemidos después de tanto tiempo. Sentirla vibrar de placer bajo mi cuerpo, y verla… Sobre todo verla… Sus gestos, sus labios entreabiertos rogando por más. Me sentía feliz…

Clelia entró a la habitación y abrió el ropero. Se acercó a encender la luz del velador y regresó al ropero.

-¿Vas a vestirte?
-Sí Douglas, debo trabajar. Vendo los productos de mi huerta. Con esta tormenta se arruinará todo. Debo cubrir los brotes más tiernos.

-Te ayudaré.

Salté de la cama.

-No te preocupes puedo hacerlo sola. Tú vístete. La tormenta empeorará y debes irte en la moto. Puede ser peligroso.
-¿Estás echándome?

Me miró mientras se colocaba unos jeans.

-Cariño, la hemos pasado genial. Tomemos nuestra relación con libertad, partamos de cero. No lo arruines. Nos veremos en la semana si lo prefieres.

Me vestí en silencio.

-¿Estás enojado? –preguntó sin dejar de calzarse los tenis.
-Descuida. Nos veremos… Si es que tengo ganas de verte.
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Por el sendero hacia la ruta aceleré la moto con rabia. ¿Por qué yo vivía el amor de diferente forma que ella? ¿Por qué debía sentir más ansias de quedarme junto a Clelia y ella podía desprenderse de mí tan fácilmente? ¿No me deseaba como lo hacía yo? ¿O quizás seguía siendo un inmaduro que no medía las responsabilidades? Clelia había dicho que debía trabajar y cumplir con sus tareas. ¿Era eso un pecado? No… El desubicado era yo definitivamente. Sin embargo, ¿cómo quitarme estas ganas de regresar y hacerle el amor durante las horas que restaran del día?

Girando hacia la ruta fui aminorando la velocidad. A medio kilómetro una furgoneta que conocía muy bien se acercaba en sentido contrario.

El vehículo de Bernardo desaceleró y yo hice lo mismo con la moto hasta detenernos uno al lado del otro.

No era Bernardo. Tomás, uno de los jóvenes lobos de la reserva estaba situado al volante y me saludó alegremente. Lo acompañaban Jack y Rex en la cabina.

-¡Ey! ¡Douglas! ¿Has ido a la reserva?
-Sí… ¿Ustedes? ¿Qué hacen levantados tan temprano?

Los tres rieron.

-No nos acostamos aún, Douglas –contestó Jack.
-Sí, volvemos de trasnochar. Kirkenes es grandioso –agregó Rex.
-Oye… Está lloviendo fuerte. Sube te alcanzaremos a tu casa.

Negué con la cabeza mientras la lluvia corría por mi cara.

-¡Vamos Douglas! El tiempo empeorará y te quedan varios kilómetros –dijo Tomás-. Sube, te haremos un lugar, amigo.

Dudé.

-¡Sube Douglas! ¿O tienes miedo de viajar con tres lobos? –rio Jack.

Sonreí.

-Okay, gracias. Pondré la moto atrás.
-¡Vale! –exclamaron al unísono.

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Durante el viaje los lobos me contaron de sus aventuras en el centro de la ciudad. Insistieron que la próxima vez tendría que acompañarlos. No prometí nada pero me pareció una buena idea. Tenía que dejar de estar pendiente cada minuto por Clelia.

Bernardo solía prestarle la furgoneta a Jack para salir por las noches y pensé que si Bernardo estaba de acuerdo los conocería. A pesar de que Jack y Rex habían tomado hasta el agua de los floreros Tomás no había bebido una gota de alcohol porque debía manejar. Me pareció un joven bastante responsable.

Antes de llegar a casa Tomás preguntó si había ocurrido algo con Sabina o con Bernardo y si la pequeña Gloria se encontraba bien.

-Les dije que sí, aunque omití la razón de mi visita a la reserva. No había ido por mi familia, había ido por ella. Intuí que Clelia no querría que divulgase nuestra relación. Ella había dicho que fuéramos despacio… Pues aquí estaba yo… Guardando bajo candado todo lo que sentía por el amor de mi vida.

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(Perspectiva de Charles)

Salí del Estudio después que Sebastien compartiera un café conmigo. Hablamos de cuestiones triviales y del proyecto de la petrolera.

Meterse con humanos no iba a ser difícil, pero mantener las relaciones aunque fueran laborales no lo veía fácil. Todo el mundo envejecía con el paso de los años, menos nosotros. Quizás llegado el momento habría que decidirse y mudarse definitivamente de Kirkenes.

Me dirigí a la habitación pero antes de subir la escalera observé a esa cándida jovencita observar la tormenta a través de uno de los ventanales de la sala. Me detuve y me acerqué.

Traté de hacer ruido con mis pasos para no asustarla. Podía ser muy sigiloso si quería pero no era la idea. Sin embargo la joven estaba muy concentrada y aun con ruido no pareció escucharme.

-Marin… Querida… ¿Te gusta la lluvia?

Giró su cabeza y sonrió. Era tan dulce y frágil.

-Sí, me gusta la lluvia. Es como si lavara las penas del alma.

Me paré erguido y la miré con curiosidad.

-¿Penas del alma? ¿Y qué penas puede tener una joven tan bella e inteligente?

Volvió a sonreír para después mirar hacia el parque con clara melancolía.

-Querida… ¿Quieres hablar conmigo? Cuando uno está triste momentáneamente es bueno conversar sobre sus penas. Si lo deseas puedo escucharte.

Se mantuvo en silencio observando la lluvia chocar y resbalar por los cristales.

-Mi pena no es momentánea, Charles. La llevo conmigo a donde vaya.
-¿Qué dices? Debe haber algún instante que te distraigas. El dolor suele abandonarnos por momentos y hay que aprovechar a aferrarse a la felicidad. Así le ganamos la partida poco a poco.
-Extraño a mi hermana y a mi madre.
-Comprendo.
-No quiero perder a nadie más.
-No pienses que perderás a alguien más. Mira la vida hacia adelante. El pasado ya no lo podremos cambiar.
-Lo sé.

Un relámpago cruzó los cielos y Marin abrió los ojos maravillada.

-¿Has visto eso, Charles?

Sonreí.

-¡Cómo no verlo! La grandeza de la naturaleza. Somos tan pequeños ante ella, ¿verdad?
-¿Puedo correr los cristales? Amo el olor a lluvia.
-No me pidas permiso, haz lo que tú quieras. Si deseas salir a correr bajo la lluvia, hazlo.

Rio.

Corrió uno de los cristales y asomó la pequeña nariz. Respiró profundo como si el aire puro pudiera quitar la angustia que llevaba consigo.

En ese instante un aroma a perro penetró en la casa. Me retiré unos pasos y avancé hasta las cámaras de seguridad. Una furgoneta se detuvo frente a los portones de la mansión…

Douglas salió del vehículo entre risas y frases amigables.

Pulsé el botón y los portones comenzaron abrirse.

Numa bajó corriendo las escaleras.

-¿Llegó el cretino?

Lo miré con curiosidad.

-Porque me ha tenido en vela desde que llegué de Kirkenes.
-¿Dónde ha ido Douglas, Numa? –pregunté.

Se mantuvo en silencio dudando.

-Me enteraré de todos modos –aseguré.
-Con Clelia.

Abrí grandes mis ojos.

-Parece que estoy atrasado de noticias –murmuré.

Marin se alejó del ventanal y se sentó en el sofá frente a la chimenea encendida.

El rugido de la moto se escuchó a pesar del trueno que hizo cimbrar la casa. Se perdió por el patio trasero y me dirigí a abrir la puerta. Al par de minutos Douglas entró empapado.

-Buenos días aventurero –saludé.
-Buenos días Charles.
-Ve a cambiarte. Enfermarás de un resfrío.

Sonrió mientras quitaba la cazadora.

-Yo no me enfermo, Charles.

Miré de reojo a Marin y susurré.

-Ese detalle aún no lo sabemos. Trata de cuidarte por las dudas.
-¡Oyeee mal amigo! Podías haber enviado un mensaje.

Numa cruzó los brazos a la altura del pecho.

-Lo siento… De verdad. Se me pasó la hora y después me dormí.
-¿Te dormiste? ¿Dónde pasaste la madrugada? ¿Con quién yo sospecho?
-¡Exacto!
-Entonces te perdono. Por supuesto quiero detalles.

Douglas rio.

-Fue maravilloso estar con ella nuevamente si supieras como…
-Douglas –interrumpí- ¿Por qué no le cuentas esos detalles en otro lugar que no sea la sala? Hay una señorita presente.

Señalé el sofá. Marin pareció escurrirse para no ser vista.

Douglas quedó inmóvil.

-Lo siento… Buenos días Marin.
-Buenos días.
-Lo siento yo tampoco te vi. Es que este truhan me tenía enfadado. ¿Qué haces que no duermes? Hemos trasnochado. ¿No tienes sueño? -acotó Numa.

La joven negó con la cabeza.

-Duermo poco desde que… Desde hace un tiempo.
-¿Cómo los vampiros? –bromeó Numa.

Douglas y yo lo miramos con el ceño fruncido.

“Es una broma”. Gesticuló.

En ese instante Lenya bajaba las escaleras.

-Buenos días.
-Buenos días -saludamos al unísono, antes de verlo perderse tras la puerta que daba a la cocina.

Parece que hoy estaba de muy buen humor.

(Perspectiva de Bianca)

Había sido un día duro en la morgue. Era casualidad que entraran tantos cuerpos en horas, pero parecían ponerse de acuerdo para morir.

Me cambié de ropa e higienicé las manos con el gel de menta. Mi ayudante había salido más temprano. La pobrecilla estaba agotada. No estaba acostumbrada a trabajar tantas horas sin descanso. Mi cuerpo comenzó a pasarme factura al caminar por el pasillo del hospital hacia el ascensor. Tenía hambre y me dolía la cabeza de fijar la vista con esa luz potente de la morgue.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Olaf salió apresurado.

-¡OH Bianca!
-Olaf, ¿qué tal?
-Ya me retiraba a casa… Hoy tengo visitas.

Sus ojos brillaron de emoción.

Lo miré curiosa y sonrió.

Bajó la voz.

-Mi hijo… Está en casa desde ayer a la noche. Esta madrugada regresará a Irlanda… Tengo tanto que hablar con él que no he dormido y he venido a trabajar sin pegar un ojo prácticamente.
-Me alegro Olaf. ¿Lo sabe Sebastien?
-No, no he tenido tiempo de contarle. ¿Podrías tú informarle?
-Claro que sí. Estoy  volviendo a casa también. Mañana tendrás que firmar unos cuantos dictámenes.
-¿Más de los que me has enviado a las cuatro de la tarde?
-Sí señor.

Sonrió.

-Muy bien. Prometo que estaré temprano en el hospital por si retiran un cuerpo antes del mediodía.
-Genial. Hasta mañana.
-Hasta mañana Bianca.

Bajé a planta baja y me dirigí a la mesa de entradas. La recepcionista se colocaba un abrigo liviano y colgó su bolso en un hombro.

-¿Te vas? ¿Marin?
-Marin siempre es puntual, está entrando doctora.

Señaló las puertas que se abrieron para dejar pasar a mi prima. La observé…

Iba cabizbaja con rostro apenado.

Me adelanté después de despedir a la recepcionista y caminé hacia Marin.

-¡Holaaa!

Levantó la vista y sonrió.

-¿Regresas a tu casa?

Fruncí el ceño fingiendo enojo.

-A mi casa no Marin, es tu casa también.
-Sí… Gracias.
-Regreso a “nuestra” casa, sí. ¿Está todo en orden?
-Sí.
-Okay.

Le di un abrazo fuerte y acomodé mi cazadora.

-Pronto te cambiaran a un turno mejor. La noche no le gusta a nadie para trabajar.
-A mi me da lo mismo, de verdad. Es trabajo y es importante contar con uno en estos tiempos.
-Sí lo sé. No porque necesitemos tu ayuda. Es por ti. Te distraes y eso es muy bueno. A propósito, ¿se han divertido en la salida a Kirkenes? ¿Has aprovechado tu franco?
-Lo hemos pasado muy bien.
-Imagino que Douglas y Numa te habrán hecho reír.
-Numa… Sí… Estuvo divertido. Douglas se fue temprano.
-¿Cómo dices? ¿No se sentía bien?
-No es eso… Creo que tuvo que encontrarse con alguien. Una chica.
-¿Douglas dejó a su amigo por una chica?
-Ajá… Creo que se llama Clelia.
-¿Qué? ¿Estás segura de haber escuchado ese nombre?
-Segura.
-Bien. Regreso a casa. Que se haga leve el tiempo de labor.
-Me gusta este lugar. No te preocupes. Puedo leer en los momentos que no hay nadie. A la noche sólo entran emergencias. El lunes había entrado una señora por intoxicación. ¿Cómo está?
-Bueno… La acabo de abrir… Falleció hace unas horas.
-OH…

Le di un beso grande en la mejilla tibia y sonreí.

-Estás hermosa. Pero tienes que vestirte más audaz. Esa falda larga te hace más edad y sólo tienes veintidós.
-Casi veintitrés.
-Para junio falta. Tienes veintidós –reí.

Correspondió a mi risa casi sin ganas. A Marín le faltaba un incentivo, un amor. Estaba segura que lo encontraría quizás en el hospital con algún enfermero o doctor buen mozo. Sólo era cuestión de tiempo.

Apenas salí vi el BMW negro en la puerta. Caminé despacio tratando de adivinar a través de los vidrios polarizados quien se encontraba en el volante.

Mi duda no duró demasiado. Sebastien salió del coche y se apoyó con los antebrazos en el techo del vehículo.

Sonreí y pestañee coqueta y di la vuelta alrededor del BMW. Estaba bellísimo con ese abrigo negro y los jeans gastados.

Al llegar hasta él susurré.

-Tengo ganas de tener una aventura con alguien que no sea mi marido… ¿Usted cree que podríamos escaparnos a un lugar?  No sé… por ahí.

Sonrió y arqueó la ceja.

-No sé que decirle señora, mi jefe me mataría si sabe que estoy con su mujer.

-No le haga caso. Él vive para sus negocios y no me da importancia.

Arqueó las dos cejas.

-¿A sí? ¿No le presta atención?
-No… ¡Qué triste!
-En ese caso… Escapemos por un par de horas. ¿Le parece bien?
-Perfecto –susurré poniendo en puntas de pie contra sus labios.

A esa altura había olvidado el cansancio, el hambre, y el dolor de cabeza. Cuando llegamos al hotel en el centro de Kirkenes, subimos por el ascensor hasta la suite y entonces… Logré olvidar hasta mi nombre.

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Escenas de contenido adulto

De regreso a casa por la ruta aún tenía el aroma de Sebastien por toda mi piel. Casi no permite que me duche antes de llevarme a la cama en brazos. Por suerte lo logré apenas.

Las sábanas de la cama quedaron revueltas por el piso y la ropa de ambos diseminada por doquier.

Me gustó que me hiciera suya en la cama, contra los cristales de la ventana, y en el piso. Reímos y disfrutamos ese par de horas como auténticos amantes que se ven a escondidas.

Sentía la sensación en mis pezones de sus labios calientes y su lengua jugueteando hasta hacerme enloquecer. Tendría un día de esos en los que las mujeres ovulábamos y el deseo sexual aumentaba desmesuradamente ya que aun en el coche lo miré de reojo y la sangre se alteró. Él me miró por unos segundos y sonrió mientras manejaba.

-¿Te has quedado con ganas?

No respondí. Mi mano acarició el muslo y ascendió hasta el bulto de la entrepierna.

Se estremeció y acarició mi mano presionando su sexo.

Tiró la cabeza ligeramente hacia atrás y volvió a la posición de manejo.

Desprendí el botón del jeans y volvió a sonreír.

-Eres una ninfómana –susurró.
-Contigo, siempre –murmuré.

Hizo un movimiento con el volante, se tiró a la banquina, y aminoró la velocidad hasta detenerse junto a una cerca de alambrado. Había dejado de llover y la noche estaba clara y limpia. Una luna redonda se escondía entre varios cipreses.

Sebastien retiró el asiento hacia atrás y quitó el cinturón de seguridad.

Reí.

-¿Crees que siempre me salgo con la mía?
-No lo creo, estoy seguro –dijo, segundos antes de girarse y comerme la boca con un beso arrollador.

Nuestras lenguas se enredaron ejerciendo primacía y poder. Desprendí en cinturón y me ubiqué por encima de él a horcajadas mientras mis labios resbalaban por el cuello.

El asiento cambió nuevamente de posición y lo tuve acostado bajo mi cuerpo. Tomé sus manos que acariciaban mi espalda y las ubiqué por encima de la cabeza. En actitud indefensa y pasiva me miró con los ojos llenos de deseo. Resbalé hasta que mi boca quedó a la altura de su sexo y desde allí lo observé expectante.

Bajé la cremallera del jeans y hurgué con los dedos lentamente.

Su sexo estaba duro y caliente a través del bóxer. Me relamí sin dejar de mirarlo a los ojos.

Abrió las piernas con un quejido prolongado al sentir mis dedos acariciar su piel hirviendo.

-¡Cómo me gustas cuando te entregas a mí, amor! –murmuré.

Sus manos se aferraron al apoyacabeza y cerró los ojos al mismo tiempo que mi boca se hundía entre sus piernas.

-Joder… Bianca…

Chupé lentamente tratando de meterlo en mi boca hasta la base. Lentamente lo quité y repetí la acción varias veces.

Se retorció balanceando sus caderas contra mi rostro.

Amaba el estado en que se convertía cuando le practicaba sexo oral. Amaba su boca murmurando incoherencias. Amaba sus temblores y gemidos cada vez más continuos hasta que llegaba al orgasmo y se abandonaba con ese lloriqueo de placer…. Así por varios minutos.

Sin abandonar mi posición susurré.

-Te amo tanto.

Entre suspiros cortados y jadeantes lo escuché.

-También yo… Te amo tanto.



5 comentarios:

  1. Ahhh me gusto mucho el capitulo, se nota q Lenya esta interesado en Liz aunq el lo niegue jaja q bello q es, y vaya q mal para Douglas q Clelia se portara asi de feo con el, pero eso ya se veia venir entre ellos y Sebastian y Bianca ja q par de enamorados son de lo mejor!!!

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    1. ¡Hola Laura! Lenya está entrando en un pasaje donde ya no saldrá, pero estoy seguro que será por su bien. La chica poderosa no será fácil. Clelia no se está portando bien. Quizás no todo lo que brilla es oro y Douglas deberá reemplantearse sentimientos. Un beso enormeee me alegro que te haya gustado Sebastien y Bianca jajaja. Besotes y gracias.

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  2. ¡Hola Lou! Gracias por pasar el enlace por FB, no sé por qué, pero no me aparece la actualización en el escritorio de Blogger, seguro que anda un poco caprichoso... Me ha encantado este capítulo, ha tenido un poco de todo. Todo el arco de Lenya y Liz es muy interesante, no están juntos y aún así saltan chispas, y Rodion me parece encantador y muy divertido. Y pobre Douglas, él que es un encanto y se ve en una situación tan difícil, a ver qué pasa con este par y a dónde llegan, y, como siempre es un gusto leer a Bianca y Sebastien tan enamorados :)

    Gracias por este hermoso capítulo, amiga, y de nuevo muchas gracias por el regalito cumpleañero :)

    Besos.

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  3. Hola Lou... He venido a verte y me he encontrado esta grata sorpresa... es que tu blog no se me había actualizado
    Me ha gustado mucho la conversación que Rodion ha mantenido con Lenya... y con Liz... y me ha hecho gracia que Lenya tenga tanta prisa por marchar cuando se entera de que Liz está llegando
    Me parece que Clelia no es la misma Clelia de antes, algo en ella ha cambiado... quizás sus sentimientos hacia Douglas
    Me gusta mucho Marin... y Charles es un encanto
    Y Sebastien y Bianca son pura pasión ;-)
    Me ha encantado... muy buen capítulo... Felicidades
    Besos

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  4. Participo en la campaña ¡Por un club más unido! del club de las escritoras!! :)

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