Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

viernes, 23 de enero de 2015

¡Holaaa mis amores! Aquí estoy con otro capi para que lo disfruten. Recuerden para los que no han pasado estos días que son dos capítulos . El 52 y el 53. espero les guste. ¡¡Besotes miles!!

Capítulo 53
Cerca de ti.

(Perspectiva de Numa)

Insistí a mi amigo para que regresara a la reserva. Aceptó después de dos horas y media de permanecer en el pub con su cuerpo sentado en la silla y su mente lejos de allí.

Deseaba terminar la noche con el grupo, lo sabía. Pero el esfuerzo era mayúsculo y parecía un autómata respondiendo con monosílabos entre conversación y conversación. Ni siquiera cuando Marin le preguntó cuan difíciles habían sido los exámenes casi responde con otra pregunta… ¿Cuáles exámenes?  Creo que noté su cara de distraído y por lo ubicada que era la dulce rubia no insistió más en darle charla.

Lo tomé del cuello de la cazadora y lo obligué a ponerse de pie.

-Vete Douglas. No es por ti, es por mí. Ardo de curiosidad por esa charla pendiente –mentí.

Sonreí.

Él devolvió la sonrisa apenas y me agradeció.

-Nos veremos en la mansión –murmuró.

Cuando las chicas me preguntaron sobre su partida después que se despidió y zigzagueó entre la gente, conté poco y nada. Dije que una vieja amiga había regresado a Kirkenes y que Douglas deseaba verla, después continuamos con otro tema. En verdad me preocupaba esta aparición de Clelia. Tampoco entendía como alguien que decía estar enamorada no hubiera quebrado el juramento aunque sea por ver a su amor una vez más. Ese sacrificio era factible para pocas personas en el mundo y no sabía el porqué, pero Clelia nunca me había dado la impresión de llegar actuar así. Si la tuviera que definir… Sí… Diría que era una chica callada, observadora, inteligente, bonita… y con gran tendencia a ser cobarde. Eso… Eso era lo que más molestaba de ella. No eran celos por mi amigo.  Yo deseaba que Douglas fuera eternamente feliz. Si estaba en manos de ella, bienvenida. De lo contrario, se las vería conmigo.

Salí a fumar fuera del pub. Me senté en un muro bajo que daba a un cantero de la acera. No pasaron tres minutos cuando Liz salió tras de mí.

Apenas llegó le ofrecí un cigarrillo y me hice a un lado para hacerle lugar.

-Gracias.

Como buen caballero le encendí el cigarro y guardé el encendedor en el bolsillo de la cazadora.
Por unos instantes permanecimos observando los espesos nubarrones en silencio hasta que la bella rubia me preguntó.

-¿Lenya tiene novia?

Me sorprendió la directa pero sonreí. Me gustaba las personas sin rodeos. Inmediatamente le respondí.

-Si la tiene no la conocemos. A la mansión no ha traído a nadie ni ha presentado ninguna mujer. ¿Te gusta?

Sonrió y su mirada se perdió hacia un costado donde un grupo de chicas parloteaba en la esquina.

-Sí. Es muy atractivo.

-Debes saber que es bastante “especial” –aseguré.
-Me imagino –susurró.

No, no se imaginaba. Quizás pensaba que Lenya era taciturno, arrogante, y altanero. Sin embargo lo más importante de la connotación “especial” no lo sabía. Lenya era vampiro, como todos los Craig, salvando a Bianca, y ese detalle no saldría de mi boca.

Aspiré el humo y agregué.

-Pareces una chica de armas a tomar. ¿No te animas a decirle que te atrae?

Me miró mientras exhalaba el humo.

-Lo haría. No quiero incomodarlo. Se nota, no soy su tipo. Me huye.

Sonreí.

-Bueno, eso puede ser buena señal.
-¿Tú crees?
-Supongo. Si no puede mantenerte la mirada es porque le provocas sensaciones. Por supuesto pueden ser sensaciones negativas pero no creo sea el caso. Eres muy hermosa e inteligente.
-Gracias Numa. ¿Y tú? ¿Estás solo?
-¿Vas a invitarme a salir?

Reímos.

-No. Eres muy atractivo pero me gustan los hombres mayores… Hablando de ello… ¿Cuántos años tiene Lenya?
-Pues…
-¿Por qué no me lo preguntas a mí?

Giramos el rostro hacia la izquierda al mismo tiempo. OH… El señor Lenya Craig en persona estaba de pie a unos pocos metros de nosotros. Noté el sobresalto de Liz. La entendí perfectamente, si hubiera estado en su lugar hubiera gritado “tierra trágame”.

Me puse de pie y tiré el cigarrillo. Miré a Liz conteniendo la risa y me despedí con un elegante “los dejos solos”.

(Perspectiva de Liz)

Joder… No lo había escuchado acercarse… No lo había visto llegar…

Aún a tres o cuatro metros se mantuvo a esa distancia, sin moverse. Palpó la cazadora y quitó un paquete de cigarros de un bolsillo sin dejar de mirarme fijo.  No sonreía… Eso me asustó.

Me acomodé sentada en el muro y aspiré el humo como si nada ocurriera. Y ocurrir ocurría…

Mi corazón comenzó a palpitar a un ritmo acelerado. Sentía las mejillas calientes. La piel de las manos se humedeció. Tragué saliva repetidas veces. Respiré hondo para calmarme y tomar el mando de mi cuerpo pero a causa de algo de humo aún en mis vías respiratorias tosí. ¡Jodeeer!

Dirigí la vista hacia la calle para ver cualquier idiotez. Cualquier cosa era mejor que ver ese par de ojos tan cristalinos que no dejaban de analizarme.

Otra vez presentí que se acercaba sin verlo. Se ubicó a mi lado y el perfume terminó de derrumbarme.

-¿Y? –preguntó.

Su voz… Su voz de locutor… Grave, segura, seductora.

Joder Liz míralo a la cara y dile que preguntabas a Numa por su edad. Ya estaba el pescado vendido. Pensé para mis adentros.

Costaba seguir el razonamiento… Costaba mucho…

-¿Te han comido la lengua los ratones? –insistió.

¡Cabrón!

Lo miré finalmente y sonreí.

-Le preguntaba a Numa por tu edad.

¡Bien Liz bien! ¡Por fin!

El desgraciado se tomó el tiempo para recorrerme el rostro y clavarse en mis ojos antes de contestarme, si es que podía llamar así a sus palabras. Porque no contestó.

-¿Por qué tanto interés en mi edad?

Lo miré y mi iris se deleitó con sus facciones perfectas. Doble cabrón… Por ser tan bello. No podía caminar por la vida sin licencia para matar. Porque eso es lo que hacía cada vez que se presentaba ante mí.

-Simple curiosidad.
-Ah… Bien, si es simple curiosidad no es tan importante, ¿verdad?

Triple cabrón…

-Por supuesto que no. Si eres tan coqueto para no decir tu edad, lo respeto.

Sonrió con una sonrisa torcida y arqueó la ceja.

Creo que si no hubiera guardado una milésima de cordura el hilillo de baba hubiera corrido por la comisura de mi boca.

Me sobrepuse… Mentira, en realidad observé la calle y los pocos coches que pasaban.

-¿Qué edad crees que tengo?

Esa pregunta tramposa obligaba a mirarlo así que hice de tripas corazón y lo miré a los ojos.

-Tendrás treinta años.
-Entonces tengo treinta años.

Reí.

-Eres un coqueto.
-No… Simplemente tengo la edad que quieras.
-¿Por qué?
-Porque estoy seguro que si te digo mi edad nunca me creerías.
-Te creería, ¿por qué no? ¿Tan bien te conservas que no eres creíble?

Sonrió y bajó la vista por primera vez. Se mantuvo pensativo unos instantes para después mirar a la calle y fumar con parsimonia.

-¿Qué edad tienes tú? –preguntó al fin.
-Veinticinco. Cumplo en abril veintiséis.
-¿Qué fecha?
-¡Qué curioso! No vale. No dices tu edad y preguntas todos los detalles sobre mí.
-No son todos los detalles. Es sólo tu edad y fecha de nacimiento. Hay detalles que no tengo como saberlo salvo que festejes tu cumpleaños. Sin embargo hay otros detalles que no necesitaré preguntarte.
-¿Por ejemplo? ¿Qué soy una chica muy curiosa?
-No… Otros más íntimos.

Las mejillas se encendieron como antorcha… Aún así susurré mirándolo a los ojos grises…

-¿Por ejemplo?
-Como eres en la cama.

Mis labios se entreabrieron y quedé sin hablar por segundos. Parecía querer follarme allí mismo.

-¿Qué quieres preguntarme sobre la cama? –susurré nuevamente tomando valor.
-No quiero que me respondas. No es necesario. Ese detalle lo sabré sin que me lo expliques con palabras.

Temblé… Temblé de ansiedad y de ganas.

Su espalda era ancha y se mantenía erguido. Su pecho duro podía verse unos quince centímetros a través de la camisa blanca entreabierta. El vientre plano, cintura estrecha, piernas largas… ¿Era modelo? Toda la sensación de ser un hombre seguro de sí mismo y lo que podía lograr frente a una mujer.

Cuatro veces cabrón…

Me puse de pie, acomodé mi abrigo, y tiré delicadamente la colilla en el piso. Presioné con el zapato stiletto para apagarla.

-Nos vemos. Entro al pub, mi hermana quizás me necesite –mentí.

Sonrió estudiando mis movimientos. Estaba segura que mis jeans ajustados serían su delicia.

-¿No está mayorcita para cuidarla como niña?

No respondí. Lo miré seria. Giré para entrar al pub pero su voz me detuvo.

-¿Te has asustado de mí?

Volví sobre mis pasos y por primera vez quedé a unos centímetros de su cara.

-¿Tú crees que enfrentando a lobos salvajes yo sola puedo tener miedo de ti?

Me miró serio a los ojos para después resbalar la vista hasta mi boca.

-A lo mejor…

Me distancié un poco.

-No Lenya Craig. Yo no le tengo miedo a nada que transite este mundo. Sea en dos o cuatro patas.
-Eso lo veremos –susurró.

Fueron segundos que nos miramos a los labios… Segundos que desee que me tomara de la cintura, me atrajera de un solo movimiento, me besara apasionadamente hasta dejarme sin aliento, para después susurrar contra mi boca “soy el vampiro con quien siempre has soñado”.

Imposible… eso sólo ocurría en mis libros de ficción.

(Perspectiva de Douglas)

Estacioné la moto en el jardín de mi madre y estaba dispuesto a golpear y preguntar donde vivía Clelia, pero la suerte me salvo de pasar por “el señor desubicado” ya que serían las dos de la madrugada y no estaría bien sacarlos de la cama por un capricho. Cuando estaba a punto de golpear la puerta la vi sentada en el jardín en una de las cabañas. Ella me vio y se puso de pie. Quedó inmóvil mientras avanzaba a pasos agigantados hacia su dirección.

Apenas llegué me sonrió.

-Hola. Sé que no me esperabas a esta hora…
-Sí, aunque no creas supuse que no tardarías en querer verme otra vez.
-¿Tú no? –pregunté en tono de reproche.
-Por supuesto que sí. Ven, entremos a casa.

Me quedé de pie unos instantes con la vista clavada en el césped.

-Ven Douglas.

Caminé hacia el interior de la cabaña lentamente, como si un pie pidiera permiso al otro para andar.

Apenas entré observé un living pequeño pero de muebles confortables. Un sofá de cuero en marrón con almohadones canela y rojos. La alfombra cubría casi todo el piso del ambiente y era  de color chocolate y arabescos en rojo. La mesita de living era bastante amplia y podría estar confeccionada en roble por el tono de la madera. Alrededor de la mesa ratona, sobre el piso, varios almohadones haciendo juego. En las paredes blancas colgaban cuatro o cinco cuadros de paisajes con lobos. Una puerta a la izquierda daría a otro ambiente que ignoraba. La puerta de la derecha estaba entreabierta y podía verse una cama doble con dosel.

-Siéntate Douglas.

Me acerqué al sofá y tomé asiento. Ella desapareció por la puerta de la izquierda y desde la distancia preguntó.

-¿Tomas algo fuerte? ¿O un café?
-Algo fuerte –respondí.

Se asomó al marco de la puerta y sonrió.

-No te escuché.
-Algo fuerte.
-Okay.

Evidentemente mi voz no se escuchaba normal. Tendría un tono demasiado bajo debido a la emoción que me embargaba.

Clelia… Por fin estaba frente a mí.

Ella no tardó en regresar con dos vasos de vidrio en la mano. Los depositó sobre la mesa y se dirigió a un bar hecho en ladrillos y madera terciada. No lo había visto al llegar, pero le daba un toque distinguido al living. Tomó una de las tantas bebidas que se veían en exhibición.

-¿Whisky?
-Sí, whisky está bien.

Se acercó y mientras servía la bebida y del líquido surgía una melodía cantarina al chocar con el cristal, la observé.

Su cabello caía como lluvia sobre los hombros. Sus pechos redondos y turgentes a través de la fina tela del pijama celeste. El pantalón le quedaba holgado y le daba un toque juvenil.

Antes de terminar de servir el whisky estiré mi mano casi sin pensarlo y acaricié unas hebras azabaches que se balanceaban en el aire. Ella me miró y sonrió. Tomó asiento y el cabello fino y sedoso se diluyó entre mis dedos.

-¿Creías que era rubia? –dijo rozando el vaso de alcohol en sus labios rojos.
-No, sabía que eras morocha. Numa me lo dijo cuando recuperé la vista y quería saber todo de ti
-¿Te desilusioné? ¿Me creías bonita?

Negué con la cabeza tristemente.

-Eres muy bonita. Y si me desilusionaste no fue por eso. Estaba convencido que lucharías por mí.

Tomó el vaso de mi mano y lo depositó en la mesa, hizo lo mismo con el suyo y se acercó.

-Dejemos el pasado Douglas. Disfrutemos esta noche solos. Anda… ¿No tienes ganas de besarme?

Pasé la lengua por mis labios secos. Automáticamente tomé el vaso y bebí dos tragos. Ella insistió y me lo quitó de la mano.

Cuando su rostro se acercó peligrosamente no tenía fuerzas para resistirme. No quería en el fondo explicaciones, no en este momento. Ella tenía razón. Deseaba tenerla entre mis brazos, besarla, y hacerle el amor a plena luz, aunque fuera la luz artificial de su habitación.



4 comentarios:

  1. Hola, qué buen remate para el anterior capítulo, me ha gustado mucho. Remarco el tema de la tensión entre Lenya y Liz, en verdad creo que son el uno para el otro, aunque seguro que va a correr mucha agua bajo ese puente antes de pensar en algo estable para ellos... Y Douglas, pobre, sigo pensando que necesita aclarar muchas cosas, empezando por sus sentimientos y Clelia, la verdad que aún no tengo claro lo que pasa con ella, habrá que esperar a ver qué nos cuentas.

    Un besazo, amiga, y feliz finde.

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  2. No creo q sea buena idea q Douglas y Clelia se acuesten xq hay muchas cosas sin hablar entre ellos y despues se pueden arrepentir....y me encanta como es Lenya con Liz hay atraccion entre ellos ahhhh super genial, Lou gracias x el capitulo y q tengas un buen fin de semana!!!

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  3. Uy la atracción entre Lenya con Liz me encanta . Es una linda parejita. Veamos como le va Douglas con Clelia espero que no le rompa el corazón de nuevo . Te mando un beso y te me cuidas

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  4. De nuevo contigo, Lou
    ¡Cómo me he reído con Liz! La pobre estaba preguntando por la edad de Lenya... y Lenya que aparece y la escucha... me ha parecido genial ;-)
    A pesar de que se ha sonrojado y hasta las manos le han sudado, se ha comportado de un modo muy valiente
    ¡Y cuántas veces lo ha insultado mentalmente!... jajaja
    Me encanta esta pareja
    Y veremos qué ocurre entre Douglas y Clelia
    Tienes personajes muy buenos en esta estupenda historia, Lou
    Te felicito por estos dos capítulos y por tu maravillosa forma de escribir
    Besos

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