Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

miércoles, 21 de enero de 2015

¡Hola corazones! Les dejo el capi que espero sea del agrado de ustedes. Otro encuentro... Creo que otro de los más deseados. Disfrútenlo y muchas gracias. Besotes. Lou.

Capítulo 52
Sorpresa, sorpresa.

(Perspectiva de Bernardo)

Dos meses habían transcurrido desde la Navidad con los Craig. Dos meses y dieciséis días los cuales el invierno había dejado su paso tras nevadas y noches eternas. Marzo llegó y con él los brotes nuevos podían verse a lo largo de las ramas alzándose hacia los cielos plomizos. Si caminaba por las planicies zigzagueando por decenas de arbustos enanos, cerca de madrigueras, podía escuchar el chillido de las crías de las liebres polares y los aullidos torpes que ensayaban los lobeznos.

La naturaleza volvía a empujar con fuerza y rejuvenecía. A pesar de la ola de helada mortal que había castigado el pasado año tan duramente. A pesar del invierno riguroso que aún se resistía a desparecer del todo. Un mensaje claro y rotundo dedicado a todos los seres de estas tierras del norte. Era como gritarnos, ¡levántate y vuelve a luchar!

Sentado en el jardín de mi flamante cabaña observé las construcciones de alrededor hechas en madera y troncos de pino. El gobierno nos había facilitado dinero como parte de un subsidio al que aprovechamos muy bien. Después de las mortales heladas Kirkenes quedó devastada y fuimos parte de un proyecto gubernamental para poblar regiones descampadas o destruidas. La aldea aún era pequeña. Diez cabañas constituían la reserva de hombres lobo pero no dudaba que esto era sólo el principio.

Me había gustado vivir en Suiza. Un bello país, una enriquecedora experiencia. Pero nada se comparaba con haber regresado a Kirkenes. Aquí, en estas tierras de cielos encapotados y nieves eternas había dado mi primer beso de amor. De verdadero amor. Aquí, los labios de la mujer que amaba habían pronunciado que me quería… Aquí había conocido a Gloria, mi pequeña sabia… Aquí había estado escondida mi naturaleza hasta que decidió revelárseme… Aquí… a varios kilómetros, en una mansión segura como una fortaleza, vivía mi mejor amiga. Mi gran amiga.

Ella había resistido junto a sus Craig el rigor del clima. Era valiente y decidida. Como aquella vez que decidió internarse por la ruta con la tormenta que azotaba y yo tan preocupado…

Era valiente mi Bianca… No como Clelia…

Mi vista se dirigió a la séptima cabaña entre cuatro abedules. Una luz en la ventana izquierda indicaba que Clelia aún estaba despierta. Nunca salía a caminar por el temor a encontrarse con Douglas. El tiempo que le había otorgado había sido más que suficiente. Pero Sabina me convenció que Douglas estaba preparándose para rendir las materias del colegio superior y que una noticia como sería la aparición de su antiguo amor, iba a impedir que su hijo tuviera la mente fresca y clara para estudiar. Le di la razón. Pero Douglas hace tres días había terminado de rendir los exámenes y el tiempo para Clelia se había agotado a mi modo de ver. No habría más tiempo de gracia.

Sabina se acercó lentamente y se sentó en el suelo, a mi lado. Recostó la espalda a la cerca de madera y me sonrió.

-Siempre soñé con algo así.
-¿Así cómo, cariño?
-Mi cabaña, mi hombre, mi familia, mi pueblo. Todo en armonía.

Sonreí. Pasé el brazo por los hombros y la acurruqué en mi pecho.

-¿Quién diría que volveríamos a Kirkenes después de las heladas mortales? –dijo suspirando.
-Cierto… ¿Sabes Sabina?
-Hay algo que no me cuadra.
-¿Qué cosa?
-¿Te has dado cuenta que por más catástrofes climáticos en el mundo, Kirkenes y norte de Rusia fue la zona más castigada?
-Pero parte de Europa y América han tenido consecuencias. Inundaciones, nevadas intensas.
-Sí lo sé. Sin embargo tú lo has dicho. Son consecuencias. El problema está aquí y el resto del mundo sufre el cambio por reflejo.
-¿Qué piensas?
-No sé. Cómo si alguien nos odiara y nos jugara una broma pesada… ¿Sabes de qué me he enterado?
-No.
-Lenya Craig nació y vivió en Múrmansk.
-¿Y?
-Pues, Kirkenes y Múrmansk fueron las zonas centro de la catástrofe. Ambos territorios de los Craig. Es como si alguien… Noo, deja tengo una frondosa imaginación.

Sabina rio.

Un rugido lejano a motor cortó nuestra conversación…

Ambos observamos el camino hacia la carretera principal. No muy lejos, alguien avanzaba hacia la reserva… ¿Una moto?

-Alguien viene hacia aquí, Bernardo…

Nos pusimos de pie y nos acercamos a la vera del sendero. La noche aún no comenzaba a cubrir la campiña, aunque así fuera, la luz violeta que irradiaba el visitante podía apreciarse perfectamente.

-Es un vampiro.
-Lo sé –dijo Sabina.

¿Un vampiro en moto? Nadie de los que conocía usaba moto. La última adquisición era de Charles y era un coche… Para colmo el visitante llevaba casco. Imposible ver las facciones aunque fuéramos lobos. Sólo cabía esperar.

De pronto Gloria salió corriendo de la cabaña y llegó hasta nosotros con una sonrisa amplia.

-¡Douglas! –gritó batiendo palmas.
-¿Douglas? –preguntamos al unísono.
-Siii.
-¿Cómo sabes?
-Porque estaba dibujando con los colores y hojas que consiguió Sabina para mí y pensé en Douglas. Cuando pienso mucho en alguien y esa imagen no se quita de aquí –señaló su cabecita-, entonces algo tiene que ver… ¡Ya lo ven! ¡Tenía razón!
-¡Ya veo pequeña bruja! -reí.

Douglas bajó por la leve pendiente a gran velocidad. Las luces del día iban muriendo dando paso al atardecer temprano propio del mes de marzo. Esperamos ansiosos la llegada del joven Craig. Para nosotros era toda una sorpresa no sólo verlo aparecer por la reserva ya que Douglas había estado encerrado mucho tiempo estudiando, sino por el vehículo que lo trasportaba.

Apenas llegó apagó la moto cross y se quitó el casco. Su sonrisa iluminó alrededor.

-¡Hola a todos!

Bajó de la moto y Gloria corrió hacia él. Sabina aún estaba en estado de shock.

Con gloria entre sus brazos se acercó para saludar.

-¡Hola Douglas! –saludé- Bonita moto.
-Es una Cross Derbi 125. Me la regalaron Bianca y papá por rendir todo los exámenes bien. ¡Mamá ya tengo el Título Superior de Bachiller!
-¡Ah, qué bien! Pero… pero la moto… ¿No es peligrosa? –titubeó Sabina.
-Felicitaciones Douglas –di un abrazo al joven.

Sabina reaccionó.

-Estoy feliz por tu título, hijo… ehmm… ¿Sabes manejarla?

Reímos.

-¡Sabina si ha llegado hasta aquí es porque sabe cómo manejarla! –sonreí.
-Si, eso lo veo…

Douglas bajó a Gloria de sus brazos y abrazó a su madre.

-No te preocupes mamá. No me pasará nada.
-Pero las estadísticas dicen que las motos son peligrosas.
-No los son si soy responsable, tú sabes que lo soy.
-Bueno… Pero usa el casco siempre.
-Lo haré.
-¿Porqué tu padre y Bianca no compraron un coche? Es más seguro.
-Mamá, no puedo ir por el sendero del monte con un coche. Corté camino. Vendré a visitarte más a menudo.
-¿Por el monte? ¡Ten cuidado! Las crías de animales salvajes están hambrientas…
-¡Mamá soy un vampiro! –rio Douglas.
-Bueno eso está por verse, podrías despertar un día y ser un lobo –sonreí.
-Podría, de todas formas me sabré defender.
-Sí… Es que… Tan pequeño y en un moto.
-¿Tan pequeño? –pregunté, mirando a Sabina y aguantando la risa- ¡Sabina tiene dieciocho años!
-En serio mamá no te preocupes. Pensé que te alegrarías –dijo con gesto compungido.

Gesto que a su madre desmoronó.

-¡Sii siii me alegro!

Lo abrazó fuerte y sonrieron.

-Te quedas a cenar, ¡no, mejor no, se hará muy de noche!

Douglas volvió a reír.

-No mamá, no me quedaré. Saldremos con Numa a la ciudad. Hoy cumple años.
-Ah… ¿Los dos solos en la moto?
-Nooo –rio-. Saldremos con las chicas y en el coche de Charles. Ron manejará.
-Okay… Yo no tengo regalo para ti.
-No digas eso. No tienes porque comprarme uno. Mi título es un bien para mí. Sabes que Bianca me consiente y seguro fue idea de ella.
-Yo… Regreso en un momento –dije alejándome del grupo.

Sabina me miró un tanto dudosa. Adivinó mis intenciones y supe que le dio temor la futura reacción de Douglas.

Encaminé mi paso muy decidido a la cabaña de Clelia.

 Escuché a Sabina mientras me alejaba.

-Vamos cariño, entremos a casa.

(Perspectiva de Liz)

Era el cumpleaños de Numa e iríamos a festejarlo con mi hermana y Douglas. Scarlet  se sumó con gran entusiasmo y Ron se ofreció para llevarnos aunque prefería apartarse al llegar a la ciudad de Kirkenes por obvias razones. No tenía mucho tiempo viviendo con los Craig pero era palpable el gran amor no correspondido a Scarlet. No la culpaba. El amor nace y se siente sin que lo puedas manejar.

Hablé con mi hermana respecto a ese tema. Estaba convencida que Marin tenía un aprecio desbordante por Douglas y me temía que saliera lastimada. No lo veía a él con ganas de formalizar con nadie y cuando los sentimientos son desparejos siempre alguien sufre. No deseaba eso para Marin aunque tampoco podía cambiar lo que sentía por Douglas, al menos quería preverla.

En cuanto a Lenya… Bueno… Hubiera deseado que se sumara a nosotros pero él rechazó la propuesta con una excusa que no creí. Quizás no quería compartir conmigo una salida por más que no fuera en soledad. Intuía que lo ponía nervioso y no entendía el porqué. Se notaba un hombre con experiencia en mujeres y estaría repleto de declaraciones de amor a su paso. Podría ser que involucrarse conmigo significaría un compromiso ante Bianca. ¡Pobre de él! Lo menos que deseaba yo era tener un novio con propuesta de algo serio. ¡Y eso que Lenya Craig no estaba para desperdiciar!

Secretamente lo llamaba “mi vampiro”, por la descripción de Thir Bergman. Se parecía mucho. Sólo le faltaba chupar sangre y volar.

Sonreí.

Algún día mi loca imaginación terminaría por encerrarme en un loquero.

Sentada en la sala junto a Marin y Numa esperábamos el regreso de Douglas. Había salido a ver a su madre y contarle la buena nueva de su título. El problema que había salido en su flamante moto y tuvimos que soportar entre sonrisas a Bianca y Sebastien preguntando miles de veces si el retoño había llegado.

Charles nos trajo un café al coñac muy rico pero Numa no aceptó. Él también se notaba nervioso por su amigo.

Charles miró por el gran ventanal. Ya había oscurecido en Kirkenes…

Desapareció de la sala y volvió con un plumero. En punta de pies deshizo una diminuta tela de araña. Después giró y miró a Marin.

-Querida, ¿no te he preguntado cómo te ha ido en el nuevo trabajo?

Marin sonrió.

-¡Bien! Gracias a Bianca trabajaré como recepcionista en el hospital. Por ahora sólo serán seis horas. Cubriré los puestos de las empleadas que salen de vacaciones. Dios dirá mañana…
-Verás que quedarán encantados contigo.
-Gracias Charles.
-Es la verdad. Nunca me equivoco con las personas.

Numa se dejó caer en el sofá y resopló.

-Paciencia –aconsejé- tu amigo ya vendrá. Cuéntame que te ha regalado tu padre.

Sonrió y se incorporó.

-Una notebook. Esta mañana he descargado ocho juegos. Hay dos que ya domino desde que jugaba con Douglas hace unos años.
-¿Douglas jugaba siendo ciego? –preguntó Marin.
-Sí. Mi padre conseguía juegos para no videntes. No tienen muchos gráficos, son en base a sonidos, pero era divertido jugar con él.

Scarlet bajó las escaleras apresurada. Era bella la más joven de los Craig aunque pensándolo bien Numa y Douglas eran de menor edad. Quizás por haber vivido en un convento no parecía de veinte años sino de catorce o quince.

Marin miró las botas negras de caña larga y dio una exclamación.

-¡Scarlet, qué bonitas botas!

La joven juntó los pies y las miró.

-Me las regaló Bianca.
-Cuando cobre mi primer sueldo me compraré unas parecidas pero en color chocolate. Tengo mis prendas en color marrón y terracota.
-¡Es cierto! Tendrás tu sueldo –me miró después de sentarse junto a Numa-. ¿Tú Liz? ¿Has conseguido el empleo que querías?
-No… Me he presentado en varios restaurantes como ayudante de cocina pero los puestos están ocupados. En Gapahuken, en Ritz, y en Rica Arctic. Debo buscar en otros sitios aunque no estén relacionados. Es una pena. La cocina me fascina.
-¿Y en Ofelas Pub? –preguntó Numa- Aunque sea de mesera quien sabe si después escalas. Allí siempre hay puestos vacantes. A ese sitio iremos esta noche. Es un bar de música jazz.
-Podría ser…
-¡Estás loca!

La voz de Lenya tronó desde planta alta y provocó que todos los que estábamos en la sala giráramos para verlo asomado a la barandilla.

Una sensación en la piel me recorrió de pies a cabeza. Estaba con el cabello despeinado y húmedo. Parecía recién salido de la ducha. La camisa negra abierta al cuello y remangada hasta los codos le quedaba de infarto.

Bajó en silencio mientras Charles lo observaba detenidamente.

Esos jeans…

Lenya, no siempre es así en los pub –protestó Numa rompiendo el silencio sepulcral.

-Sí, casi siempre lo es. Liz es muy… Atractiva.

Los ojos gris plata se clavaron en mi rostro y mantuve la mirada aunque tenía ganas de salir corriendo. Era tanta energía que despedía por los poros que si hubiera sido más mística de lo que ya era, hubiera jurado que sabía telequinesia.

Acomodé el escote de mi suéter de lana color azul como excusa, mientras mi boca idiota trataba de seguirle la conversación.

-Bueno, yo creo que si uno se mantiene firme en sus convicciones puede poner los límites –aseguré.
Sonrió de costado y se apoyó con los puños en el respaldo del sofá frente a mí.
-¿No digas? Estás segura que no pasarías un mal momento.

Marin interrumpió.

-¡Tú no sabes cómo es Liz! Puede defenderse muy bien sola. Ella me cuidaba cuando vivíamos solas.

Carraspee incómoda.

-¿Ah sí? ¿Algún pueblerino te dijo un piropo que no te ha gustado? –dijo sonriendo con esa cuota de maldad que notaba siempre en sus ojos… Pero que a mí me atraía.
-No, ¡de los lobos! –afirmó mi hermana.

Arqueó la ceja sin abandonar la sonrisa.

-¿Les asusta los lobos?
-Sí –pronunció Marin casi sin voz-. Sobre todo desde que a mi hermana Signy la devoraron.

El rostro de Lenya se contrajo. La seriedad se hizo dueña de sus gestos y los ojos brillaron.

-Debió ser horrible –dijo Numa-, algo nos ha contado Bianca.
-De todas formas cambiemos de tema. No quiero recordar –contesté.
-Será lo mejor, querida –apoyó Charles.

Me puse de pie y me acerqué a la ventana. Crucé los brazos y me recosté en el marco. Mis ojos divagaron por el cielo nocturno y encapotado.

-¿Llovera? –pregunté en voz baja.
-Quizás –contestó Numa.

Poco a poco fui perdiendo las voces de la sala y me subsumí en mi mundo… Imágenes de  aquel día en que mi hermana era asesinada por lobos salvajes volvieron a mí… La advertencia que le había hecho… Después gruñidos… Sus gritos de socorro…

-Lo siento.

No aparté la vista del parque iluminado por farolas. Sabía que era él a mis espaldas. Percibí su energía, escuché su timbre de voz reverberando mi cuerpo, y lo olí… Olí su perfume.

-No te preocupes, es pasado. No podemos regresar aunque quiéranos. Lo hecho, hecho está –contesté.
De reojo vi el movimiento de sus manos acercándose a mi cintura, sin embargo se echó atrás y se alejó en silencio. Sus pasos ligeros en las escalera me indicó que había abandonado la sala.

(Perspectiva de Douglas)

Sentado en el sofá tomaba un café que me había preparado mi madre. Gloria tomaba un jugo de grosellas y jugábamos a las adivinanzas. La niña era el centro de atención aunque no escapó de mí lo inquieta que estaba mi madre.

Deposité el pocillo en la mesa de living y la miré de pie  junto a la ventana.

-¿Te ocurre algo mamá?
-No…
-¿Dónde fue Bernardo?
-Ah pues… Ya regresa.

Arquee la ceja y sonreí.

-¡Cuánto misterio mamá!

Al fin la puerta de calle se abrió y Bernardo entró con una joven de mediana estatura.

Me puse de pie y miré a Bernardo.

-Los dejo solos –dijo, e inmediatamente hizo seña a Gloria y a mi madre para que lo acompañaran.

Gloria se aferró a mis jeans y me miró a los ojos.

-Gloria, por favor. Dejémoslo solo. Ellos necesitan conversar -dijo Sabina.

Gloria se resistió y frunciendo el ceño disparó una mirada furiosa a la visita.

¿Mi hermanita estaba celosa? Me dio ternura.

Ante la nueva orden de Bernardo, Gloria al fin me soltó y desapareció corriendo hacia su habitación.

Miré a la chica que se mantenía cabizbaja a unos pasos de la puerta.

-Ehm… Yo… Me presento. Soy Douglas. Un gusto conocerte.

Me acerqué y extendí la mano. No entendía la reacción de Bernardo ya que si quería presentarme una chica no hubiera dado tantas vueltas. ¿Y mi madre? ¿Deseaba verme casado?

La joven Estrechó la mano y me miró a la cara. Levantó la barbilla y habló.

-Nosotros ya nos conocemos.

Su voz… Su voz la tenía grabada en mi memoria.

Separé los labios para hablar pero no articulé sílaba alguna.

Mis ojos la recorrieron. El rostro angelical, sus labios sensuales, nariz perfecta, melena oscura… Todo desconocido a mis ojos. Sin embargo su voz…

Tragué saliva deseando que hablara una vez más. Podría estar equivocado… ¿Y si no era ella?

Como adivinando mis pensamientos se dirigió a mí con un dejo de incomodidad.

-Soy Clelia.

Al escuchar su nombre y la afirmación de lo que imaginaba el living se hundió a mis pies.

-¿Cle - lia? –tartamudee.
-Sí Douglas, soy yo.
-¿Qué haces aquí? ¿Qué…? ¿Dónde has estado tanto tiempo? ¿Por qué te fuiste sin despedirte?

La catarata de preguntas se sucedieron sin pensarlo, pero mi cuerpo no respondía.

Mis brazos caían lazos al costado de mi cuerpo. Estaba inmóvil, sin poder reaccionar como tantas veces había imaginado que lo haría.

Señaló el sofá.

-Tomemos asiento.

La seguí con la mirada sin despegar mis pies del suelo.

Se sentó y palmeó el sofá.

-¿Clelia? -volví a repetir.
-Sí, Douglas.

Parpadee y tragué saliva. Tenía la boca seca.

Caminé lentamente y me senté en el sofá frente a ella. No hubiera podido sentarme a su lado. Era como ver un fantasma.

Bajó la vista después me miró sonriendo.

-Sé que te impresiona verme. Quizás no te alegres como yo lo estoy de poder contemplarte tan bien de salud.

La miré…

-Me alejé porque pensé que era lo mejor.
-Lo del sacrificio ya lo sé –murmuré.
-Entonces me entenderás.
-No… No te entiendo de cualquier forma… Yo… No hubiera podido alejarme de ti… No sé si soy mejor o peor persona por eso… Yo… No lo hubiera hecho.
-No soy mejor por sacrificarme. Lo cierto es que tuve temor de que ocurriera algo malo y…
-¿Por qué te presentas ahora? –interrumpí.
-La verdad es que Bernardo me presionó. Me descubrió viviendo con Verena en la reserva de Suiza y dijo que debía decirte la verdad.

Bajé la vista y confundido me mantuve en silencio.

Ella se puso de pie y se acuclilló a mis pies. Una de sus manos acarició mi rodilla que temblaba.

-No… No me toques. Por favor –suspiré apretando los ojos.
-Por favor Douglas. No quise hacerte daño.
-No… No sabes por lo que pasé. Llorándote hasta hace poco cada noche. Recordándote permanentemente cada vez que veía una chica y me preguntaba. ¿Será así? ¿Clelia será como esa chica?
-Douglas…

Sin dejarla hablar continué.

-Todas las noches… O en algún instante del día… Siempre, no pudiéndote quitar de mi cabeza ni de mi corazón.

Me puse de pie y salí por la puerta dando un portazo. Subí a la moto y di arranque justo cuando mi madre salía corriendo tras de mí.

-¡Douglas!
-Tranquila mamá. No me ocurrirá nada malo. Numa espera en casa. Dile a Bernardo que… ¡Gracias! De verdad… Gracias. Sin no fuera por él… Ella… Nunca me hubiera buscado.

Cuando tomé el sendero pedregoso aceleré la moto. El camino comenzó a tornarse borroso. No por la oscuridad sino por mis lágrimas. Quería llorar a gritos, de rabia, de dolor, de sorpresa… No sabía…

El camino hacia la mansión se hizo largo. Seguramente porque deseaba llegar y refugiarme como un niño pequeño en el seno familiar, donde jamás te pude ocurrir algo malo.

No era que la aparición de Clelia fuera algo horrible. Por el contrario debía estar feliz de haberla encontrado. Sin embargo, la situación en la que se dio nuestro encuentro no era la más afortunada. Hubiera sido mejor que ella golpeara mi puerta ansiosa y desesperada por verme. Pero no fue así. Ella me había enfrentado por obligación. Es decir… Sin Bernardo de por medio ella hubiera seguido viviendo sin mí como si nada.

Respiré profundo al cruzar los portones de mi hogar. No bajé la velocidad hasta que llegué al garaje del patio trasero. Debía poner cara de felicidad y decidirme a no amargar la noche de cumpleaños a mi mejor amigo y hermano pero… ¿lo lograría?

Numa se adelantó. Escuché la puerta de la mansión abrir y cerrarse y  a los segundos avanzó hacia mí justo que acomodaba la moto entre la limousine de papá y el coche de Charles.

-¿Qué pasó? Hemos estado esperándote para salir. ¿Todo bien con la moto?
-Sí, todo bien.

Apoyé mis manos en el manubrio y bajé la cabeza cerrando los ojos.

-Oyee, ¿qué pasó?

Negué con la cabeza.

-No me digas que nada porque me recibí de “amigo” hace años, a mí no me engañas.
-Vi a Clelia –murmuré.

Después de un silencio prolongado preguntó.

-¿Qué dices? ¿Escuché bien?

Me incorporé y lo miré a los ojos.

-Sí… Acabo de ver a Clelia. Vivía en Suiza. Bernardo la trajo para que me enfrentara de una buena vez y acabara con este juego de escondites.
-No entiendo nada.
-Estamos iguales, Numa. Tampoco entiendo nada. Lo poco que sé te lo diré. Vamos…
-¡Espera! Si quieres podemos dejar la salida para otra noche.
-No, de ninguna forma. Ven, salgamos a divertirnos. Es tu cumpleaños y vamos a festejarlo.
-No quiero verte mal. Mi cumpleaños no tiene sentido si tú no estás bien.

Sonreí. Palmee su hombro.

-De verdad. Tendré que asimilar lo que ha ocurrido. No lo haré hoy. Hoy… Quiero olvidar y divertirme.

Era extraño pronunciar la frase “quiero olvidar”. Tanto tiempo evitando hacerlo y ahora estaba tan confundido.
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El centro de Kirkenes reflejaba la alegría de un invierno que nos abandonaba. Los pubs y bares repletos de juventud que como nosotros buscaban unas horas de diversión.

Como Bianca no nos acompañaba Numa se encargó de vigilar a Scarlet. Yo… Yo no estaba en condiciones.

Ron se apartó de nosotros apenas nos dejó en el pueblo de Kirkenes, en Bokfjorden. La calle principal, Johan Knudtzens, estaba a sólo cien metros. Decidimos caminar en grupo para que las chicas, Liz y Marin, conocieran la zona.

Liz reía ante una ocurrencia de Numa y Marin caminaba a mi lado en silencio. Yo no tenía tema de conversación porque por más que me esforzara, Clelia me había arruinado la noche.

¿No pensaba presentarse ante mí? Si hubiera dado una explicación cara a cara y después por el famoso miedo que alegaba se apartaba podía haberlo entendido. No iba a obligarla si esa era su decisión sobre todo si la causa era mi salud por más ridículo que fuera. Cada cual con sus creencias. Quizás había tenido miedo de que yo la convenciera de quedarse y no cumplir la promesa… No parecía ser una chica que se dejara convencer.

Lo cierto que el sentimiento que me embargaba era confuso. Por fin la había encontrado pero… Ni siquiera le había preguntado que iba a hacer conmigo.Tenía que regresar a la reserva y hablar con ella.

Quité el móvil del bolsillo trasero de mis jeans y miré la hora. Podía quedarme con mi amigo hasta el amanecer y después llegar a la mansión subir a la moto e ir por ella. No tenía idea en qué cabaña habitaba pero ese dato me lo daría Bernardo, sin duda.

Numa se sentó a mi lado al llegar a Ofelas.

-No esperes para verla. Vete y habla con Clelia. Sin quieres esperamos aquí o regresamos a la mansión.
-No Numa, iré, pero más tarde.
-¿Si cuando regresas por ella ya no está?

Lo miré a los ojos.

-Ve, no seas tonto.
-No… No se irá. Vive en la reserva y Bernardo no permitirá que huya sin que hable conmigo.
-¡Mierda! No puedo creer que la hayas visto en Kirkenes. La imaginaba muy lejos de aquí.
-Sí, yo también. Vamos… Olvidemos a Clelia por un rato. Es tu cumpleaños y nadie lo arruinará Ni siquiera el amor de mi vida.



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4 comentarios:

  1. Ya se dio el tan esperado reencuentro y de q manera, entiendo el malestar de Douglas xq si no fuera x Bernardo Clelia no hubiera vuelto...y esta entre cofundido y molesto al verla, y bueno Lenya ya da pasitos con Liz jeje, gracias Lou x el capitulo!!!

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    1. ¡Hola Laura! Siii ya se encontraron ahora comenzarán los cruces la pasión o quien sabe que más. Liz y Lenya promete Lau, sé porque te lo digo jajaja. Besotes enormes y gracias.

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  2. Hola cielo, pasó algo raro, no vi el aviso de este capítulo, lo vine a buscar al leer tu comentario en el siguiente, será cosa de Blogger. Pero bueno, ha sido genial leerte, me ha encantado, como siempre, aunque siento la pena y la confusión de Douglas, no es para menos, pobre, creo que necesita que le aclaren muchas cosas o no va a encontrar paz para seguir, y Liz y Lenya, vaya que se siente la tensión entre ellos :)

    Voy a leer el siguiente, gracias por compartir tu historia.

    Besos.

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  3. Hola Lou... Gracias por avisarnos de que estaba este capítulo porque esta entrada no se me había actualizado
    De todos modos, no se me hubiera pasado porque siempre miro las entradas anteriores ;-)
    Comprendo que a Sabina le preocupe que su hijo tenga moto... supongo que una madre no puede evitar preocuparse
    Me ha parecido que a Lenya no le agrada que Liz llegue a trabajar en un pub ;-)
    Y el encuentro entre Douglas y Clelia ha sido emocionante
    Entiendo que Douglas esté dolido... está claro que en la ausencia de Clelia lo ha pasado mal... y saber que, si no fuera por Bernardo, seguiría sin verla no ayuda
    Ya veremos lo que sucede porque creo que Liz teme que Marin se enamore de Douglas
    Bueno, voy a pasar al siguiente capítulo
    Besos

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