Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Lo que les debía hace una semana, trataré de ponerme al día. Gracias por la paciencia. ¡Besotes miles!

Capítulo 38
Lo siento.
(Perspectiva de Douglas)
Cuando entré a mi habitación me quedé inmóvil en la puerta. Era un ambiente sencillo pero cálido. Mi madre lo había decorado en cuanto supo que vendría a vivir con ella.
Un edredón color canela sobre la cama revuelta hacía juego con una pequeña alfombra al costado derecho. No había hecho la cama esta mañana… Debía comenzar a cambiar mi estilo de vida. Ya no tenía a Sara, ni a Rose, para ayudarme en los quehaceres. Parte de la madurez y la conversión en adulto implicaba no sólo que tuviera más libertad, sino ser más responsable.
Mañana no saldría de mi habitación sin antes haber hecho la cama y ordenar mi ropa.
Miré el ropero de dos puertas en color caoba. No tenía esas dimensiones como el que estaba en la mansión, pero daba igual. No había traído tantas prendas desde Kirkenes y aunque mi madre insistió en comprarme jeans y camisetas, la convencí que tenía todo lo que necesitaba.
En un rincón junto a la ventana había unos estantes con pocos libros. Eran los textos que decidí traer porque no quería desprenderme de ellos. Cuatro libros en Braille. Tres, regalo de Charles, y uno de Numa. En ese tiempo no gozaba el don de la vista y aunque ahora no los necesitaba eran un grato recuerdo para mí. En el segundo estante se veían en fila seis libros de Agatha Christie. En el estante inferior cuatro textos sobre álgebra y aritmética. Adoraba las Ciencias Exactas.
Recordé que debía rendir materias para obtener el título de secundario. Quizás viajaría para las fechas aunque dudaba que estuviera preparado. Sinceramente había derrochado tiempo…
De todas formas me gustaba ayudar a Hans en la mecánica, quizás me quedaría en la reserva y con los años me convertiría en un excelente mecánico de coches… No… Tampoco era algo que me entusiasmara tanto como para dedicar mi vida entre los fierros.
Suspiré y caminé hasta caer en la cama. Abracé la almohada y cerré los ojos.
Una imagen de Clelia surgió en mi mente…
¿Dónde estás Clelia? ¿Dónde te has escondido? ¿Por qué no quieres verme?
Con Bernardo había hablado en varias oportunidades sobre ella. Cuando me contó que la partida de mi chica se debía a un sacrificio que había prometido si recuperaba la vista, al principio dudé si era lógico. Por momentos me parecía una excusa. ¿Quién cree en tamaños presagios en pleno siglo XXI? Bueno… ¿Quién cree en vampiros y lobos?
Giré mi cuerpo y quedé mirando el techo de madera.
Ella tenía que haberme dado la oportunidad de verle el rostro. Ni siquiera eso… Cuando pude ver Clelia ya estaba muy lejos de Kirkenes. Seguramente había partido a Oslo, o a otro país para no encontrarse conmigo aunque fuera por casualidad. A veces el destino es caprichoso…
¿Si decidía seguir piloto de avión comercial? Sería genial poder cruzarla alguna vez. Pero… ¿Qué le diría? ¿Si no quería verme? ¿Si tenía un hombre a su lado que la amaba y la hacía feliz? ¿Qué cuernos haría yo en su vida? Ella me habría olvidado…
El bolsillo de mis jeans vibró. Hundí mi mano y lo quité para ver el contacto de la llamada…
Mi padre…
Respiré hondo y respondí.
-Hola papá.
-¡Douglas! ¿Cómo estás? Estaba preocupado. No me has llamado hace cuatro días.
-Estoy bien, cuatro días no son muchos, papá.
Hubo silencio.
-Bueno, sí… Para un padre es mucho sin saber de su hijo.
-Cierto, imagínate para mamá lo que habrá sido no saber como he pasado dieciocho años.
Más silencio.
-Sí… Entiendo.
Me senté en la cama con las piernas cruzadas y el malhumor avanzando a pasos agigantados.
-No, estoy seguro que no entiendes.
Silencio…
-Hace un rato descubrí en el armario el moisés que guarda mamá. Ese, que nunca pude estrenar.
-Douglas…
-No, déjalo así. El daño está hecho.
-Douglas… Me he arrepentido y lo he hablado con tu madre.
-El daño provocado no se borra papá. Las personas viven haciendo daño y después piden disculpas. No es justo. Mamá no está bien. Con Bernardo han discutido. Escuché una conversación donde ella gritaba que nunca podrá tener hijos.
-Pero Douglas… No tengo la culpa de que no pueda tener hijos.
-Sí la tienes. Mamá tuvo el parto en el bosque aquella noche que nací. Ningún profesional la atendió como correspondía. Tú sólo te dedicaste a seguir el plan y robarme. Ella… Algo pasó con su útero… Ya no tendrá hijos nunca más.
Hubo un silencio bastante prolongado del otro lado del móvil. Tenía rabia acumulada, por la tristeza de mi madre, por la ausencia de Clelia, porque la manada no me aceptaba… A veces nuestra boca larga frases que el cerebro no razona. Grave error…
Al fin la voz de mi padre se escuchó. Sonaba triste y angustiado. Su dolor me dolió, sin embargo era tarde.
-Creo que no ha sido un buen momento llamarte esta vez… Disculpa… Que tengas buenas noches.
El sonido del “click” al cortar la comunicación repercutió en mi oído y en mi corazón.
Tiré la almohada contra las paredes amarillentas.
-¡Idiota! ¡Soy un idiota!
Confundido y enojado conmigo mismo me dormí.
………………………………………………………………………………………………
Serían las nueve o diez de la mañana cuando me desperté. Giré mi cuerpo para mirar hacia la ventana. Las cortinas blancas no ocultaban el brillo del sol mañanero. Hoy tenía el día libre. Hans estaba en el hospital y aunque tenía un par de ayudantes no deseaba que estuviera merodeando cerca de ellos si es que él no se encontraba presente. Había mal ambiente conmigo y entendía que quizás me costaría lograr ganar la confianza. Después de todo llevaba la sangre de un vampiro.
-Papá… -murmuré.
Salté de la cama y me dirigí al baño para ducharme. Había dormido vestido… ¡Qué desastre! Elegí un jeans negro y una camiseta a rayas, azul y blanca. Cogí unos boxers cualquiera y un par de calcetines blancos.
Salí a la sala para llegar al baño y darme esas duchas reconfortantes, después… Llamaría a mi padre y le pediría perdón. Al final incurría en el error de muchos. Lastimaba y pedía disculpas. ¡Qué idiota fui!
Antes de llegar a la puerta del baño me asomé por el marco desde el pasillo. Mi madre, sentada en el suelo, junto al armario, parecía atareada en desenredar unas cintas celestes.
Mi moisés…
Me acerqué en silencio y dejé la ropa en el sofá. Ella giró su cabeza y me descubrió.
-Douglas, ¿has dormido bien?
-Sí mamá… ¿Te ayudo con eso?
Rio.
-Parezco inútil. ¡Pero juro que estas cintas se han enredado que no creas!
Avancé hasta sentarme a su lado. Extendí la mano.
-¿Me permites?
-¡Por supuesto! ¡Socórreme! –rio.
Tomé las cintas celestes y puse manos a la obra.
-¿Dónde iban estas cintas? –pregunté.
-Pues… Eran moños que van a los costados, son cuatro.
-Ajaaa…
Ella observó mis dedos moverse con agilidad, metió la mano en el armario y quitó con algo de esfuerzo la canasta forrada en raso. Arrancó con fuerza el nylon que la cubría para que no se ensuciara con el paso del tiempo. Ahora Gloria lo usaría para su muñeco y debía desembalarse.
La observé… Sus ojos castaños brillaban, sus labios entreabiertos notaban un ligero temblor.
-Mamá…
-Fíjate el soporte Douglas, está al fondo del armario, ese de mimbre, ¿me lo alcanzas?
-Mamá…
Dos lágrimas cayeron por sus mejillas y apretó los labios haciendo un esfuerzo por no delatar su dolor.
-¡Tenemos que apurarnos! Gloria vendrá y quiero tenerlo armado.
-Mamá…
Dejé las cintas cuidadosamente en el suelo y la tomé de los hombros. Giré su cuerpo hasta que estuvo cara a cara frente a mí.
-Ay Dios mío… -murmuró-. No quería llorar.
La abracé fuerte apretándola contra mi pecho.
-Mami… Estoy aquí… Aquí contigo…
-Sí, sí, lo sé… Sólo que quiero olvidar ese momento… ¡Dios! Ese momento que mi hermano… Me dijo que ya no había bebé… Que mi hijo estaba muerto…
Acaricié su espalda y besé la frente.
-Llora, te hará bien. Cuando logres largar la amargura te sentirás mejor. Siempre lo hago.
Te quiero, ¿lo sabes?
Sequé sus lágrimas con los pulgares y sonrió.
-Mamá… Papá llamó anoche…
-¿OH si? ¿Todo bien en Kirkenes?
-Sí, en Kirkenes bien…
-¿Por qué tienes esa cara?
-Es que… estaba enojado con el mundo ayer y… Me desquité con él.
-Cariño.
-Mamá, hablé sobre lo que te había hecho y le dije cosas muy feas, y ahora me siento mal.
Sus dedos acariciaron mi cabello.
-Douglas, tú no eres así. Eres un joven de buen corazón. No sólo tu padre se equivocó y he sufrido, él también pasó muy mal con las cosas que hice y dije cuando era muy joven. Douglas… Eres el único que puede ayudarme a salir del pasado. Por favor, no te distancies de tu padre. Te ama.
-Lo sé. Voy a llamarlo después del baño.
-Me parece bien –sonrió-. Sé que saldré de esta pena. Bernardo me ayudará, y también Gloria.
Reí.
-Con Gloria tienes trabajo de sobra. ¿Esa niña es normal?
Rio.
-Siii. A veces pienso que sería una buena alfa al llegar a ser adulta. Es muy sabia.
-Dios o quien sea la ha puesto en tu camino.
-Sí cariño. A ella y a ti… Ese día. ¿Recuerdas? En el hospital.
Sonreí.
-Lo recuerdo. Aunque mejor no recordar el resto.
-¡Tienes razón! Vamos... ¿Me ayudas a armar el moisés?
-¡Por supuesto! El moisés para la enana.
(Perspectiva de Charles)
Sacudía uno de los estantes de la biblioteca en el Estudio de Sebastien. Un Sebastien que ahora se encontraba revisando unos papeles sobre el escritorio y se notaba moralmente abatido.
-¡Araña del demonio! –protesté.
Sebastien levantó la vista.
-¿Peleas con un araña?
-Es que la grandísima hija de puta se ha escondido entre la abertura de la madera. Esa junta que ha quedado separada. Hay que arreglar los estantes.
Miré de reojo a Sebastien mientras fingía poner atención en la desgraciada de ocho ojos.
Me partía el alma verlo tan triste. Douglas había atendido la llamada de su padre poco menos que con la artillería de la Primera Guerra Mundial. ¡Chico impulsivo!
Sus párpados permanecían entreabiertos con la vista fija en un papel que seguramente no acapararía su atención. Porque todos sus pensamientos estaban en Douglas. Sacudí el paño húmedo con la cera y el pecho me dolió al verlo destrozado.
-Te traeré un café.
Movió la cabeza negando lentamente.
-¡Vamos! Volverá a llamar pidiendo disculpas.
Sus ojos se desviaron al móvil sobre el escritorio.
-No Charles. Está convencido de lo que dijo. Hubiera llamado anoche, al momento de decir todas las palabras que dijo. Sin embargo, no…
-Se habrá dormido.
Sebastien se puso de pie y prendió los botones de su saco.
-¿Te vas?
-Sí, tengo una reunión con un posible socio. Es por la petrolera. Samanta no llegó a presentármelo pero él me llamó y quiere continuar con el negocio.
En ese instante el móvil sonó… Douglas.
Sebastien se sobresaltó y extendió la mano para tomar el móvil pero fui más rápido y se lo arrebaté.
-¿Qué haces Charles?
Hice seña de silencio y atendí la llamada.
-¡Douglas!
-Charles, ¿cómo estás?
-Yo bien… Ocupado, recogiendo los pedazos de tu padre.
Hubo silencio.
Sebastien se acercó e hizo seña que devolviera el móvil. Por supuesto me negué.
-Charles… Por eso llamo. Quiero hablar con mi padre.
-OH, ¡Qué contrariedad! Él no se encuentra, ha salido por negocios y ha olvidado el móvil. Pero es una suerte porque quería hablar contigo.
-Sé que vas a retarme por lo que le dije. ¡Lo siento de verdad!
-No, no voy a retarte. Sólo quiero que escuches un par de verdades que quizás ignoras.
-Charles…
-¡Dije que quiero que escuches!
Hubo silencio nuevamente.
Sebastien puso los brazos en jarro y frunció el ceño. Le di la espalda y continué.
-¿Sabes por qué la gente te quiere, Douglas? Porque alguien ocupó su preciado tiempo en educarte con valores. Es así como puedes andar por la vida sin avergonzarnos. Ese alguien fue tu padre. Te educó con amor, privándose muchas veces de salir a divertirse. Tus noches de fiebre querido, y fueron incontables, él nunca se movió del lado de tu cama. Sufrió la discriminación hacia ti como si fuera propia. Lamentó que no tuvieras vista y estoy seguro que hubiera dado la de él porque tú gozaras de ella. Te bajó el mundo mientras era posible. ¿Sabes quién se alegró más que tú cada vez que eras feliz? Él. ¿Sabes quién entristeció más que tú cuando estabas triste? Él. Lloró tu pena y rio con tu felicidad. Pero tú le pagas  ejerciendo de justiciero, creyendo que eres un magnífico juez. ¿Lo eres Douglas? ¿Estás seguro?
-Charles… Estoy arrepentido. Fue un día malo.
-OH… Un día malo... Pues piensa lo que dices antes de abrir esa boca de inmaduro que tienes. No quiero ver más a tu padre como lo vi por tu culpa. No se lo merece. Los problemas entre tu madre y él son de ellos. No tienes porque meterte.
-Charles, es mi madre.
-Entonces si decides tomar partida entérate de todos los pormenores de lo que ocurrió, de cada detalle. Así no caerás en ser injusto.
-Lo siento… Dile a papá que lo siento de corazón. ¿Le dirás que llamé?
-Por supuesto. Vuelve a llamar mañana seguro lo encuentras.
Cuando corté la llamada Sebastien me increpó.
-¿Estás loco? ¿Por qué no me lo has pasado?
-Ay Sebastien, deja que piense un día más sus acciones. Le hace falta. Douglas es un ser bondadoso pero lo ha tenido todo y a veces sólo la ausencia hace valorar las cosas.
-Pero tú dices que mañana puede ser tarde, siempre lo dices.
Lo miré y enarqué las cejas.
-¡Ahora sí me has cagado! Tienes razón.
Sonrió.
-¿Lo ves?
-Anda, llámalo que te mueres por hacerlo. ¿Llegarás tarde a la cita? –pregunté
-¿Crees que me importa? –contestó.
Y me eché a reír.


4 comentarios:

  1. ¡Cómo me ha gustado este capítulo, Lou!
    Douglas sigue pensando en Clelia y eso me encanta.., porque Clelia lo ama e hizo un gran sacrificio en nombre de ese amor
    La escena de Douglas ayudando a su madre para que el moisés de Gloria quede perfecto, me ha parecido preciosa
    Está claro que Douglas ha machacado a Sebastien, pero se ha arrepentido enseguida... y menuda regañina se ha ganado de parte de Charles
    Qué cierta me ha parecido la frase..."Mañana puede ser tarde"... si tod@s pensáramos esto, creo que en muchas ocasiones actuaríamos de otro modo
    Excelente capítulo, Lou... Voy a ponerte otro diez ,-) Me ha encantado
    Los personajes de esta historia se hacen querer
    Besos

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  2. ¡Hola Mela! Gracias por tu diez. Es de gran valor para mí viniendo de una gran escritora como Tú.
    Douglas con dieciocho años es bastante impulsivo, normal. Lo importante que se arrepiente, además está Charles para hacérselo saber. La escena de Sabina y Douglas también me ha emocionado al escribirla. Gajes del oficio jajaja. He subido el capi 39 para cuando tú puedas leerlo espero te guste. Muchas gracias tesoro por comentar. Besotes enormes.

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  3. Hola amiga, como te decía, ya pude pasar a ver los capítulos y en eso estoy, me ha encantado este, es precioso, y me han dado ganas de aplaudir a Charles, qué maravilloso personaje; sabes que quiero mucho a Douglas, pero no me ciego a sus defectos y se merecía ese reto, es un chico bueno, pero le hacía falta esa sacudida. Y Sabina me provoca muchísima pena...

    Besos.

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    1. Querida amiga, coincido el ímpetu de la juventud hace malas jugadas, pero Douglas es buen chico y lo razona. El amor que siente por su padre es infinito. Veremos que ocurre con Sabina. ¡Un besazo grande y muchas gracias nena!

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