Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 27 de diciembre de 2014


¡Holaa mis lectores adorables. Aquí capi 46 y el secreto de Anne.

 Gracias por participar en la encuesta. Besotees

PD: Mañana subo el capi siguiente. ¡Gracias totales!


Capítulo 46
Anne.



(Perspectiva de Bianca)

La oscuridad que brindaba el invierno en Kirkenes no ayudaba si quería buscar a Scarlet fuera de la mansión. Deslicé las pesadas cortinas y me acomodé recostada al marco de la ventana esperando verla aparecer. Pero las horas transcurrieron y comencé a preocuparme seriamente.

Alguien tocó mi hombro con delicadeza. Giré mi cabeza y sonreí.

-Ron… No te escuché llegar.

Sonrió.

-¿Será que soy un vampiro?

Devolví la sonrisa.

Se recostó en el otro extremo de la ventana y su mirada se perdió en el jardín. La luz potente de los faroles dejaba muy pocos rincones oscuros en el parque de la mansión. Los canteros estaban cubiertos por las primeras caídas de nieve. Poca forestación había sobrevivido a las pasadas heladas pero Charles con todo su esfuerzo había plantado nuevas plantas y coníferas de la época.

 Tras los muros fronterizos de la fortaleza de los Craig estaba el bosque, tratando de subsistir y pasar estos meses invernales.

Recordé meses atrás cuando me casé con Sebastien. Nada era igual… Había pinos espigados y abedules que alzaban sus ramas hacia los cielos plomizos. El canto de las aves escondidas entre el follaje, los ríos que serpenteaban el bosque hacia la querida aldea de Bernardo, el lago… Ese espejo de agua gigante que alimentaba sus aguas con el Mar de Barents. Poco y nada se parecía de aquel paisaje solitario pero tan querible para mí. Bueno, en realidad algo se mantenía intacto… Nuestro amor con Sebastien.

Lo extrañaba tanto cuando no estaba en casa. Sobre todo si Scarlet no me alegraba con sus locuras.
¿Dónde estaba Scarlet?

Miré a Ron de reojo y sus ojos se apartaron del cristal para observarme.

-Estás preocupada y eso me asusta. Si tú no sabes de Scarlet nadie lo sabe.

Suspiré y me aparté del gran ventanal. Caminé hacia el sofá frente a la chimenea y me acurruqué entre los almohadones. Ron me siguió con la mirada pero no se apartó de la ventana.

-Sé que es muy confidente conmigo. De cualquier manera no me cuenta todo.
-Yo creo que sí –murmuró.
-Ya lo ves. No sé donde se encuentra.
-Si le ocurre algo malo me mataré.

Me incorporé sentada.

-¡Ron! No quiero escucharte decir esas cosas.

Sonrió de costado.

-¿Por qué? Tú también me dirás que Scarlet no vale la pena.
-No… ¿Quién te dice eso?
-Anthony.
-Pues Anthony se equivoca al hablar de Scarlet, no la conoce. Pero nunca debes pensar en quitarte la vida por nadie.
-¿Cambiaría algo en esta mansión?

Me puse de pie y caminé hacia él.

-¿Hablas en serio? ¿Crees que Sebastien no le dolería no tenerte? ¿A Charles? ¿A Douglas?

Volvió a mirar a través de la ventana.

-Bianca… Sebastien le dolería unos meses, quizás un año, después volvería a su rutina. ¿Sabes por qué? Porque te tiene a ti. Charles lo mismo, él vive para la familia y es parte de ella. Todos con el tiempo me olvidarían. En cuanto a Douglas, ya no vive aquí.

Mi voz tembló.

-¿Y yo? ¿Crees que te olvidaría?

Sonrió.

-Te quise desde un primer momento. ¿Recuerdas? Me secaste las lágrimas en el jardín de esta casa cuando me enfadé con Sebastien. ¿Recuerdas quién llevó a Douglas a verme cuando yo decidí a no pisar la mansión? ¿Y cuando fuiste a buscarme porque Sebastien quería verme? Te tengo dentro de mi corazón. Las personas que queremos no se arrancan como hojas de block de notas y sigues como si nada.
-Dímelo a mí –murmuró.
-¿Lo ves?

La figura de Scarlet se hizo corpórea al pie de la escalera. Con un rápido “buenas noches” subió como si la estuvieran persiguiendo.

-¡Un momento señorita! –exclamé.

Nos miró, ignorando a Ron me sonrió.

-Ah, ¿estabas aquí?
-Siiii estaba aquí. ¿Adivina qué?

Encogió sus hombros mientras Ron desaparecía por la puerta que daba a la cocina.

-Scarlet Craig, ¿dónde estabas?
-De compras.
-¿De compras? ¿A esta hora con los negocios cerrados? ¿Dónde están tus paquetes y bolsas? Mira Scarlet, quiero que sepas que a los amigos no se les miente.

Bajó la cabeza y asintió.
-Vamos, subiremos a la habitación y me dirás que diablos has hecho todas estas horas.
-Está bien…

Después de escuchar la explicación de la princesa Craig con lujo de detalles me dejé caer en su cama.

-Nos matará, Sebastien nos matará a las dos. A ti por imprudente y a mí por ocultarlo.

Sonrió.

-Pero tú no se lo dirás, ¿verdad?
-No… Se lo dirás tú.

Scarlet corrió a sentarse a mi lado.

-Nooo, no puedo decírselo.
-Lo tienes que hacer, es tu hermano y debe saber la verdad.
-Pero si no he hecho nada malo.
-Has seguido a un humano hasta su casa. ¿Te parece poco? Además no cualquier humano. Es policía Scarlet. ¡Policía! ¿Qué pretendes con él?
-Divertirme.
-No te creo. Jamás te han gustado los humanos. ¿Qué está ocurriendo aquí?
-¡Okay! ¡Me gusta! Me gusta su cara, su cuerpo, como me mira… ¿Has notado cómo me mira?
-No…
-Cómo si yo fuera un tesoro.
-Eres muy bella.
-No es igual que otros machos.
-¿Cómo los sabes?
-Porque ni Aage, ni Birger, ni Belgermir, ni Dag, ni Cortie, ni Diss, ni Eitri, ni Cnute, ni Flosi, ni Flaste, ni Gudmund, ni Hafnar, me miraron así antes de tener sexo.

Abrí la boca como una “O”.

-¿Has tenido todos esos amantes, niña precoz?
-Creo que olvidé un par…
-Cielos… Pienso que tiré mi juventud encerrada estudiando medicina.

Sonrió.

-No tengo veinte como aparento, Bianca. Tengo más de noventa años.

La miré.

-¿Te has detenido en las dos décadas? ¡Qué envidia te tengo Scarlet! Si no te quisiera te ahogaría en la bañera por afortunada.

Rio.

-Tú también serás vampiresa algún día.
-Dime… ¿Qué haces con tu cabello? ¿Lo tiñes como Sebastien? ¿Los vampiros no son albinos cuando comienzan a manifestar sus genes? Es decir, ¿cuando no crecen más?
-Cierto, pero mi madre no le gustaba como le quedaba el cabello blanco. Ella le pedía a Sebastien que le trajera del mundo humano algo así como pintura para el pelo y yo se lo vi y me gustó. Pero no el negro como ella, me gusta el castaño. ¿Me queda bien?
-Pintura no. Tintura.
-Bueno eso… Tintura.
-No cambiemos de tema. Scarlet… No quiero que te acerques a Grigorii Pretov.
-¿Se llama Grigorii? ¡Grigorii! Me gusta el nombre.

Saltó en la cama repetidas veces hasta que la voz amada se escuchó en planta baja.

-¡Bianca! ¡Amor, regresé!
-¡OH OH! –exclamamos al mismo tiempo.

(Perspectiva de Grigorii)

La noche estaba muy fría. Mi chaqueta de cuero comenzaba a pedir a gritos que la tirara y comprara
otra para este invierno. Quizás con mi primer sueldo me regalaría a mí mismo una nueva. No… Primero debía comprarle ropa de abrigo a Anne y botas de piel. No creo que fuera a darme el dinero para tanto gasto. El alquiler, la comida del mes, combustible para la moto, y el regalo de Navidad para mi hermana.

Hoy cuando salí de la Jefatura caminé hasta tomar el autobús. Debía arreglar la moto o de lo contrario debía acostumbrarme a viajar en trasporte público. No iban a caérseme los anillos de oro por viajar así, de hecho no tenía anillos de oro. Sonreí.

Fue una suerte de todas formas haber tenido que caminar hasta la parada. Tuve la oportunidad de ver las vidrieras de los negocios con algunas ofertas. Cuando descubrí un taller de artistas con vidrieras amplias e iluminadas, me ilusioné. El dueño, seguramente un pintor profesional, querría desprenderse de algunas herramientas que ya no le servirían. De lo contrario no había explicación para el precio.

Sabía que las paletas de acuarelas y los lienzos de tamaño mediano rondarían más de setenta coronas. Él las ofrecía por menos de la mitad. Anne le encantaría tener para pintar unos cuadros y entretenerse. Es que nunca salía a la calle. Hace años que al levantarse, se duchaba y desayunábamos juntos. Después se sentaba en el sofá para ver la TV, y así transcurría el día hasta que llegara. Si yo no estaba no quería comer y eso me preocupaba. Ella necesitaba alimentarse como una mujer normal, aunque Anne desde hace varios años… había dejado de ser normal.

La primera vez que la llevé a un psicólogo tenía nada menos que dieciséis años. No me dio solución a su trauma. Sólo dijo, “su hermana debe tratarla un psiquiatra”. Desde ese instante no paré de buscar el médico adecuado para ella. Sin embargo todos me defraudaron, todos me sacaron dinero para llegar al mismo diagnóstico. “Su hermana no quiere curarse, está cómoda en su mundo infantil y a esta altura, no saldrá jamás”.

Me dio rabia con ella, lo confieso. Creo que el desgaste de los años de verla en esas condiciones y sin poner nada de su parte me sacó de quicio. Ese día le grité que diablos quería hacer con su vida y con la mía. A los segundos que la vi estallar en llanto sentí deseos de cortarme la lengua por haberle hablado así. No tenía la culpa de desear seguir siendo una niña, de encerrarse en un mundo lejano donde cada tanto perdía total conexión con la realidad. Porque la infancia es el reino donde todo es posible y estás a salvo de todo lo malo…

Al bajar del autobús caminé un par de cuadras y me detuve a tres casas de la pensión que alquilaba. Tenía la sensación que me seguían. ¿Mi padre? No, no se atrevería a buscarme. Además como encontrarme si ignoraba que estaba viviendo en Kirkenes.

Ojalá estuviera muerto.

El recuerdo de aquella noche infernal en la que se emborrachó como tantas veces, sacudió mi cuerpo. Yo llegaba de trabajar para el gobierno ruso. Regresé más temprano de lo común… por suerte. Cuando abrí la puerta y contemplé la escena atroz ni lo pensé. Mi padre intentaba abusar de mi hermana y enfurecí. Aún resuenan por las noches, en mis oídos, los gritos de Anne pidiendo auxilio. Dios… Si hubiera llegado quince minutos más tarde…

Desde ese día no lo volví a ver. Lo eché de casa a empujones después de darle unas cuantas trompadas. Logré que a Anne no le hiciera daño, físicamente claro… Porque en cuanto a la psiquis no pude hacer nada. Mi hermana no fue la misma nunca más.

Coloqué la bolsa de papel con provisiones bajo el brazo y encendí un cigarrillo para hacer tiempo y observar con disimulo a mi alrededor…

Nadie en la calle… Sin embargo la sensación continuaba.

Estudié las copas de los árboles por si había algún gato u otro animal que fuera el culpable del ruido casi imperceptible. Algún movimiento extraño o alguien que se acercara por la misma acera. Pero no había un alma a esa hora con el frío de comienzos de diciembre. Desistí de mi absurdo presentimiento y continué hasta llegar a la entrada de mi precario hogar.

La moto estaba estacionada en el portal tal como la había dejado. Ningún ladrón podría habérsela llevado a cuestas ya que mi humilde transporte tenía rota la bujía y no arrancaba.

De todos modos debía quitarla en un par de días de allí ya que la señora Aafre, dueña de la pensión, me había dado un ultimátum. Según ella le arruinaba la fachada. Creo que hice un esfuerzo por no reírme en su cara. ¿Fachada? ¡Pero si era un edificio de mala muerte!

Abrí la puerta de calle sin llave y subí los tres pisos por escalera. En verdad estaba agotado pero ni modo cuando no existe un ascensor.

Al llegar al segundo piso el llanto de un bebé se escuchó. Arquee la ceja. A los segundos un hombre gritaba insultos y una mujer parecía romper objetos contra la pared. Siempre era así en la habitación N.ro 8.

Odiaba esta pocilga pero no podía mudarme por el momento.

Cuando di las dos vueltas de llave el miedo se adueñó de mí. Era normal. Cada vez que abría la puerta después de ausentarme por horas ignoraba con que iba a encontrarme. ¿Anne se encontraría bien? ¿No se habría hecho daño? Trataba de esconder las cerillas y los cuchillos filosos por las dudas. Uno nunca sabe que cosas pasan por la mente enferma. A la vez sabía que mi hermana me adoraba y nunca me daría el disgusto de suicidarse. No… Pero el miedo antes de entrar a casa siempre existía.
Por fin abrí la puerta que rechinó a falta de lubricante en los goznes. Eché un rápido vistazo y la vi sentada en el sofá mirando la TV tal como la había dejado al irme a trabajar.

-Hola Anne.

No contestó. Normal en ella. Aunque conocía de memoria que se alegraba al verme. No me pregunten cómo, pero lo intuía en las pocas expresiones de su rostro.

Cerré la puerta y caminé hacia la pequeña cocina. Deposité la bolsa con víveres que había comprado en el camino. Pan, jamón, queso y leche, para dejarle a Anna al otro día y unos filetes de pescado y puré de patatas en caja, para esta noche.

Antes de preparar la cena me acerqué a mi hermana y le di un beso.

-¿Qué estás viendo en la TV?

Tampoco contestó. Lo sabía. Pero me gustaba hablarle como si algún día el milagro ocurriera y ella respondiera… “estoy viendo Disney Chanel”, porque ese era el canal que le gustaba.

También le gustaban los programas sobre animales… No recuerdo el canal… ¿Animal Planet? Sí, creo que sí.

Me senté frente a ella y la miré.

-¿Quieres algo de beber? Tenemos jugo de naranja.

Su mirada de un azul profundo se apartó de la pantalla y me miró.

-Anne, ¿quieres jugo?

Asintió levemente.

Al menos había dado una señal. A veces se encerraba tanto en ese mundo que la mantenía a salvo del horror que ni siquiera me miraba cuando le hablaba.

Pocas veces movía la cabeza para negar y otras debía adivinar que necesitaba.

De todas formas no importaba lo que me llevara de tiempo para sacarla de esa vida casi estática y solitaria. Haría lo que fuera si había una solución. Yo era fuerte y podría con todas las adversidades.

Había días muy difíciles lo admito. Varias noches muerto de cansancio cuando regresaba de trabajar para el FBI en EEUU, intentaba que comiera o saliera de la sala para dormir. Se negaba por horas y yo caía rendido tratando de convencerla. Otras veces era una tortura verla llorar a gritos cuando sufría pesadillas. No le demostraba debilidad aunque me partía el corazón. Yo la abrazaba fuerte y le decía, “vamos Anne, estás conmigo, nada te irá a pasar”. Cuando lograba tranquilizarla me sentía poderoso, aunque al ir a la cama me desahogaba y era yo el que lloraba en silencio.

Sentía  que no iba a poder con todo. Tenía temor que si algo me ocurriera en mi trabajo riesgoso, Anne quedaría sola en el mundo. Tantas noches suplicaba a Dios que me diera una mano. Un milagro en el que mi hermana por fin me hablara y olvidara el pasado. Pero no… Día tras día, noche tras noche, la historia volvía a repetirse.

Esa noche después de quitar el pescado del horno preparé la mesa. Regresé con ella para decirle que debíamos cenar. No quiso moverse del sofá por nada del mundo. Respiré profundo…

Después de tanto insistir tomé su plato y tenedor y le di en la boca bocado por bocado. De esa forma cenó. Continuó viendo “Anastasia” en la TV y me dirigí a la mesa. Sinceramente mi pescado había quedado helado. Esa noche no comí, ya no tenía apetito ni fuerzas para calentar la cena.

Cuando la escuché levantarse e ir a su habitación después de dos horas, suspiré aliviado. No tendría que rogarle que fuera a la cama para descansar esta vez. Entré a mi habitación y me tiré en la cama desfallecido. Boca arriba, miré el viejo techo despintado y sin pedazos de revoque. Cerré los ojos  e imaginé a Scarlet Craig… Tan bella, tan distinguida… Jamás una mujer así se fijaría en mí. Además era muy joven. ¿Cuántos años tendría? ¿Diecinueve? ¿Veinte quizás? No podía entender como la había imaginado en sueños antes de conocerla. ¿Vería el futuro? No… Imposible que una chica así se enamorara de mí. Todo era tan extraño en mis premoniciones.

La angustia me apretó el pecho y sumado al cansancio los ojos se llenaron de lágrimas. ¡Maldita sea! No quería llorar como un idiota. Pero a veces sentía que si no lo hacía iba a explotar o lo que era peor… Abandonar toda lucha y dejar mi existencia a la deriva.

Al otro día me levanté puntual. Había puesto el despertador dos horas antes. Debía lavar ropa y colgarla en el tendedero del patio. Además debía pasar la mopa en los piso con desinfectante por las dudas que algún insecto se colara de afuera. Aunque en invierno no abundaban no podía permitirme vivir en la mugre ni en un lugar que no fuera acorde para Anne. Yo estaba acostumbrado a dormir en cualquier lado desde que me dedicaba a mi profesión. Ser espía no era fácil y podía tocarte cualquier adversidad.

De todas formas a Anne le gustaba limpiar y muchas veces al regresar veía la cocina o el baño reluciente. Era muy prolija y ordenada, pero no quería que ocupara su tiempo en los quehaceres. Demasiado tenía ella con estar atrapada en la infancia. Mejor que continuara viendo dibujos animados. Por mi parte, seguiría insistiendo para que un día quisiera acompañarme a caminar por las calles de Kirkenes. Sé que tendría miedo de salir al exterior pero valía la pena intentarlo.

Recuerdo que me costó un triunfo mudarnos de Moscú a Nueva York y finalmente a Kirkenes. Subir al avión y caminar entre tanta gente habrá sido una tortura para mi hermana donde su hogar lo convertía en un refugio. Pero ella sabía cuando no tenía más remedio. Conocía mi mirada llena de desesperación cuando necesitaba que colaborara. Sin embargo, salir por las tardes soleadas a las plazas o  algún Shopping nunca había podido convencerla.

A mi hermana le gustaba dibujar además de ver TV. Su rostro cambiaba la expresión de angustia por una feliz y relajada. Debía conseguir regalarle esos lienzos y paletas. Imaginaba su cara de sorpresa y felicidad y para mí eso ya era la dicha.

Cuando terminé de asear la casa quedaban quince minutos para desayunar. Escuché el sonido de la ducha y preparé dos tazas de café con leche y unos panecillos con rebanadas de queso y jamón.
Golpee la puerta del baño.

-¡Anne está el desayuno! Apresúrate debo irme a trabajar.

No escuché un “voy” o un “estaré lista”, no… Lo sabía de memoria… Pero el agua de la ducha se detuvo y escuché movimientos.

Por ahora debía conformarme con lo poco que podía dar. Algún gesto, alguna media sonrisa perdida, y mucho silencio…

(Perspectiva de Bianca)

El quince de diciembre cumplió años mi amado esposo. Demás está decir que el regalo más importante se lo di yo. No fue precisamente el traje negro de Gucci que conseguí en una distinguida tienda de ropa de hombres en Kirkenes, sino las largas horas en la habitación todas dedicadas a él.

Por supuesto que el resto de la casa protestó. Sobre todo Scarlet. No porque moría por pasar un rato con su hermano sino porque desaparecí por largo tiempo y se aburrió como una ostra.

Por mi parte, estrené un conjunto de lencería diminuto en color rojo que provocó que los ojos plateados de mi maravilloso amante tuvieran un brillo lujurioso.

Eché mano a toda mi experiencia en la cama que al lado de la él sería risorio pero eso no me detuvo ni me hizo sentir inferior. Al contrario, guardaría en mi memoria esos gestos de placer y abandono que pude disfrutar del Dios de Kirkenes.

Agotados, desmadejados en la cama, nos miramos en silencio por largos minutos.

No nos dijimos nada, no era necesario. El amor que nos teníamos era tan grande que podía palparse en el aire.

Finalmente me atrajo hacia él y me aferró entre sus brazos. Me acurruqué entre esos músculos torneados y fuertes y supe que nada malo me ocurriría si Sebastien estaba junto a mí.

-Te amo –murmuré.
-Yo también Bianca. No podría vivir sin ti.

Levanté la cabeza para mirarlo a los ojos.

-Otro hombre en esta casa que dice esas atrocidades. No digas que no podrás vivir sin mí. Me da escalofrío.

Se incorporó apoyando un codo en el colchón.

-¿Quién más lo dice?
-No por mí –rectifiqué-, por Scarlet. Ron dice que se mataría si a tu hermana le ocurriera algo.

Se recostó en la almohada y movió la cabeza negando.

-Vigilaré de cerca a Ron.

De pronto la puerta de calle se cerró de un golpe.

Nos sentamos en la cama al mismo tiempo.

-¿Quién golpeó la puerta así? –preguntó Sebastien.

La respuesta no tardó en llegar. Una voz querida y añorada gritó de planta baja.

-¡Feliiiz cumpleaños papá!




3 comentarios:

  1. Douglas volvio q bien!!!!...algo bueno paso en este capitulo xq uuff cosas dificiles pasaron, me da lastima Ron el es bueno y ese pensamiento q tiene sobre matarse si algo le pasa a Scarlet no me gusto, el se merece ser feliz, xq Scarlet no esta interesado en él, Lou buscale una pareja xfisss!!!!!!----y bueno Grigori con su hermana vaya eso no me lo esperaba q ella tuviera ese gran trauma, pobre y maldito viejo ese, esperemos q ella vuelva a la normalidad xq no es nada facil para Grigori vivir asi...muy bueno el capitulo gracias Luo!!!

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  2. Hola Lou... Pobre Ron, espero que se dé cuenta de que está enamorado de la mujer equivocada... Scarlet no le va a corresponder... Ron debe encontrar a su media naranja, no es fácil pero se puede conseguir
    Pensé que Anne podía ser hermana o hija de Grigorii... bueno, me acerqué, es su hermana ;-)
    Anne debe tener un trauma muy grave debido a lo ocurrido con su padre... Grigorii tiene mucho trabajo y mucha responsabilidad con ella, es un buen hermano
    Me encantaría que Anne se recuperara y que pudiera ser feliz... pero eso está en tus manos ;-)
    La llegada de Douglas va a alegrar a mucha gente
    Muy buen capítulo... mi enhorabuena
    Besos

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  3. Hola Lourdes, gracias por este capítulo, ha estado muy interesante, como siempre, y con varios frentes para apreciar. Scarlet es tremenda, ¿no? Le tengo cariño, pero me preocupa lo inconsciente que es acerca de lo que significan ella y sus actos para algunas personas, como Ron, que me da una pena tremenda y ya veremos cómo se desarrolla el tema con Gregorii, que tiene una historia personal compleja... Sin duda la llegada de Douglas va a irradiar mucha luz en su hogar y eso es genial.

    Un besazo.

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