Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

¡Hola tesoros! Tengo un pequeño regalo para ustedes. He estado emocionada escribiendo y con un poco de tiempo así que subiré varios capítulos hoy. Para ustedes y por ustedes. ¡Gracias por estar aquí! Un besazo, Lou.

PD: La escena para adultos está en otro color no he podido preparar otro enlace ya que blogger me pone sus trabas. Saben que pueden saltearlo y seguir la lectura correlativa sin problema. Los quiero.

Capítulo 42
Emociones y sonrisas.

(Perspectiva de Sebastien)


Cuando entré a mi habitación Bianca terminaba de ducharse. En cuanto me escuchó gritó desde el baño.

-¡Holaaa amor!
-¡Holaaa! –contesté.

Me dejé caer en la cama y me recosté vestido de traje, tal cual había llegado de la reunión con mi futuro socio. Acaricié las hojas que me había regalado mi hermano. Hojas que guardarían muchos secretos para mí. Mi padre siempre había repetido miles de veces lo que había llegado a amar a mi madre, y no dudaba de él. Pero había huecos en mi mente donde la historia de amor era una incógnita.

La angustia de ver a mi hermano destrozado aún se resistía a abandonarme. Suponía que si lo quería como yo había aprendido a quererlo mientras su pena no lo dejara ser feliz, yo tampoco podría serlo completamente. Nadie es feliz si algún ser querido está sufriendo.

Me pareció una enorme idiotez como manejaron las cosas Halldora y mi padre. Orgullo, capricho, temor, egoísmo… Cuantos defectos para terminar en una decisión. Una decisión y una víctima.

-¡Cariñooo!

Apenas levanté la vista de las hojas Bianca saltó sobre el colchón repetidas veces.

-¡Cariñoo estoy aquíiiiii! ¿Cómo te ha ido?
-Bien, muy bien. Hemos firmado el contrato.

Sonreí y extendí mi brazo para acercarla a mi cuerpo invitándola a recostarse junto a mí. Se acomodó entre mis brazos con la toalla alrededor de su cuerpo húmedo y perfumado. Reparó en las hojas que sostenía en una de mis manos.

-¿Qué lees Sebastien?
-No he comenzado aún… Es parte del diario de Halldora.
-¿Halldora? ¿Una mujer?

Noté la tensión en sus músculos.

-Halldora era la madre de Lenya.
-Aaah…

Di una nalgada en su culo como reto.

-¡Celosa!

Sonrió y se acurrucó en mis brazos. En segundos se incorporó de un salto.

-¡Sebastien! ¿Has robado el diario de tu hermano?
-¡Qué no, mujer! Me ha regalado unas hojas en las que Halldora habla de mi madre.
-¿En serio?
-Sí…
-Pues me quedaré muy calladita y quieta mientras tú lees.
-Lee conmigo, no tengo secretos para ti.
-Te amo.
-Yo también.

Adrien había conocido a mi madre  en el año 1790. Eran épocas turbulentas. Noruega estaba unida a Dinamarca bajo la regencia de Federico VI. Había reemplazado a su padre por demencia, un tal Cristian VII.

Mi madre era hija de un noble danés, los llamados “lensmand”. Ellos gobernaban el reino de Noruega junto al rey de Dinamarca desde Copenhague. En uno de sus viajes al norte de Noruega, Adrien se cruzó con ella. Ella apenas tenía dieciocho años.

Halldora describió a mi madre como una joven muy bella de ojos azules y cabello azabache como el ébano recogido en un moño alto y elegante. Era delicada a tal punto de parecer frágil pero estaba lejos de ser una mujer débil. La primera vez que la vio llevaba una falda sobre armadura que parecía flotar. El tejido de su vestido era ligero y claro. Lucía plisados que caían sobre los hombros y una capa oscura, suelta.

Sonreí por lo detallista de Halldora en su diario al describir, se notaba que era mujer.

Adrien posó sus ojos en ella cuando el carruaje transitaba la campiña. Era un carruaje negro de forma cuadrada tirado por un caballo de pelaje corto. Contaba con dos portezuelas laterales y ventanillas de cristal. Comúnmente esos transportes se denominaban sillas de postas, donde viajaban los pasajeros era un espacio pequeño, con lugar para uno o dos, y se utilizaba el sistema de relevo de tiro de caballos si debían recorrer grandes distancias. Ella había salido en la noche a tomar el aire fresco del verano, a pesar de los retos de su nodriza, trepó al pulpitillo aprovechando que el cochero se había internado en el bosque por sus necesidades. Halldora acompañaba a mi padre y en ese instante que la vieron desde la copa de una pícea de tronco escamado y gris, supo que era la mujer de sus sueños. La misma que veía repetidas veces junto a Adrien.

Halldora detallaba minuciosamente el rostro de mi padre apenas la descubrió. Su iris sanguinolento se cubrió de un brillo especial.

“Mira Halldora, ¡qué hermosa hembra!”
Ella le contestó.
“Es una humana Adrien”
-“Eso que importa.”

Él no se alimentó de ninguno de ellos pero a partir de ese instante la siguió incansablemente hasta dar con la posada. Quiso seguirla a como diera lugar. Su aroma le atraía, el movimiento de sus manos, su sonrisa. No se detuvo hasta que se apareció una noche en su habitación.

Cuenta Halldora que mi madre se asustó de verlo en sus aposentos pero que la belleza de mi padre era subyugante. No pudo negarse a nada de lo que él pidiera. Ella daba fe…

Halldora aconsejó a mi padre que tuviera cuidado si pensaba revelarle la verdad de su condición inhumana. Sin embargo, él confiaba en ella. El tiempo pareció darle la razón.

Seguí atentamente las letras de la madre de Lenya…

Adrien la amó y nunca tuve dudas de ello. En cuanto la conoció quedó prendado e insistía en verla a escondidas casi todas las noches. Hasta que un día no soportó más tenerla apartada de él. Adrien ocupó una cabaña después de matar una familia de pastores. Se la ofreció como regalo y ella que sabía a esa altura la verdadera esencia de Adrien, no se espantó ni rechazó el cruel regalo…
… Bera recibía visitas a menudo de Adrien. Él bajaba de las cumbres varios kilómetros para estar con ella. Siendo humana no podía vivir en las cavernas por el poco oxígeno, de lo contrario pienso que no se hubieran separado un solo minuto…

Noté a Bianca inquieta. Aparté la vista de las hojas y di un beso en su frente.

-¿Qué ocurre cariño? Te noto extraña.
-No, es que… Tú sigue leyendo, luego hablaremos.
-No, tengo tiempo para leer sobre mi madre. El pasado no cambiará. Dime que te aqueja. ¿Scarlet se ha portado bien?
-Sí… Se trata de una charla con Charles.
-¿Qué te ha dicho ese viejo truhan? –sonreí.
-Pues… Mi padre… Desapareció del hospital psiquiátrico.

Me incorporé sentándome en la cama.

-¿Qué dices, Bianca? ¿Estás segura?
-Sí. Charles viajó para traerlo al hospital de Kirkenes pero parece que alguien se le adelantó.
-¿Y quién es ese alguien?
-No lo sabemos. Una mujer… Se lo ha llevado bajo su responsabilidad.
-¿Qué extraño? ¿Tú no puedes imaginarte quién puede ser?
-Es que mi padre no tiene a nadie en Noruega. Su familia es de Canadá pero jamás ha tenido contacto con ellos. Además él vivió un tiempo en Kaliningrado, antes de ser internado. Todo me lo contó Charles. ¿Recuerdas que fue a visitarlo a Rusia?
-Sí recuerdo.
-No sé que pensar. ¿Y si esa mujer está en el tráfico de órganos? ¿Si lo ha llevado engañado porque siendo un loco no podría resistirse?
-No Bianca, tendría que estar el hospital de acuerdo con ese delito… No… No creo.
-Charles me prometió que no quedaría así. Averiguaría aunque revuelva cielo y tierra.
-Cierto. Confía en él.

Bianca me miró y sonrió.

-Quiero que sigas leyendo sobre tu madre.

La observé por unos segundos y me hundí en ese iris azul. Me estiré y deposité las hojas en la mesa de luz.

-¿No leerás?
-No, por ahora. Anda… Quítame el traje…
-¿Ahora?
-Sí, ahora. Hazlo despacio como te gusta.

Sonrió con malicia.

Trepó a horcajadas sobre mis piernas y sus manos volaron a mis pectorales. Tenía el saco desprendido así que sólo la tela de la camisa se interponía a mi piel. Deshizo el nudo de la corbata mientras sus ojos no se separaban de mi boca.

-¿Te ayudo con el saco? –murmuré.
-Por favor…
…………………………………………………………………………………………….....................

Me senté en la cama con ella enganchada a mi cintura. El roce de los sexos aun con ropa despertó mi erección. ¡Cómo la deseaba! A cada momento y todos los días de mi vida.
Cuando el saco de color mantequilla voló a través de la habitación ella se apresuró a desprender los botones de mi camisa negra. Uno a uno fue acompañando con besos en los labios que al contrario de aplacarme conseguían que mi sangre hirviera.
Con un movimiento de hombros la camisa se reunió con el saco. Sus dedos se deslizaron por los hombros y descansaron en mi espalda. La aferré a las caderas y friccioné su cuerpo contra el mío.
-Cariño, me gustas tanto –suspiré.
No tuve tiempo de reaccionar. Bianca mojó sus labios y descendió hasta mis tetillas. Lamió y besó lentamente jugando, alternando.
Gruñí.
Percibí que sonreía sobre mi piel húmeda… Cuando sus dedos revolotearon por la cremallera del pantalón bastaron segundos para sentir la liberación de la presión de la tela. Me recosté y subí las caderas para ayudarla a quitarme los molestos pantalones y bóxer. Arqueó una ceja sonriente.
-¿Bóxer rojo?
-¿Te gusta?
-Mucho…
-A mi me gustas sin toalla –protesté.
De un tirón se la quité contemplando ese cuerpo de formas sinuosas, ese cóncavo y convexo de su femineidad. Los pezones rosados y duros eran un manjar para la vista. Me incorporé sólo un poco y la acerqué para que mi boca encontrara el objetivo.
Tiró la cabeza hacia atrás mientras masajeaba sus pechos despacio y ella mi miembro firme y caliente. Su cabello húmedo rozó mis rodillas y me produjo una electricidad agradable. Eran decenas de sensaciones las que disfrutaba con Bianca en la cama.
Al mismo tiempo que mis labios se cerraban y succionaban las protuberancias canela las manos recorrieron su espalda tibia. Su temperatura se transmitía a medida que teníamos más contacto piel con piel. Era maravilloso…
De pronto, su mano en la nuca me atrajo con violencia cerrando el puño en mi cabello. Los primeros tirones acompañaron a su boca devorando mis labios con furia. Estaba ansiosa por comerme a besos, porque mi lengua se deslizara en la boca y se enredaran en un beso apasionado.
No quise romper el beso mientras la alzaba para acomodarla sobre mi sexo duro. Sólo cuando sentir resbalar profundo, mi carne palpitante dentro de ella, nuestros gemidos provocaron la búsqueda de oxígeno.
Jadeamos con nuestras bocas rozándose, mordisqueándose.
-¿Sabes cuánto te amo? –susurró.
-Sí amor… Y yo a ti…
Sentados en la cama con sus piernas a cada lado de mis caderas comenzamos un vaivén lento y profundo. Succioné la lengua y mis dedos se aferraron para sujetarla firme. Conocía a Bianca cuando estaba próxima al orgasmo. Su cuerpo iba abandonándose al movimiento de caderas y al cosquilleo placentero hasta que quedaba laxa, permitiéndome que fuera su guía. En mi caso era al contrario. Mis músculos se contraían, mis pupilas se dilataban, y arremetía con embestidas fuertes buscando el alivio.
La piel de mis encías se dilató y mis colmillos se alargaron un centímetro. Lo descubrí cuando Bianca rompió el beso para deleitarse con mi transformación. Me gustaba contemplar su mirada llena de amor. Sólo ella podía mirar a una bestia con esos ojos apasionados.
Cerró los ojos y gimió…
-Cariño… -susurré-. Me encanta ver como te corres entre mis brazos.
Mordió el labio inferior y un prolongado quejido fue el preludio de mis gruñidos.
Acentué con firmeza los movimientos, empalándola rápido una y otra vez, muy hondo.
-Así mi amor -jadeó-, así… No pares…
Se desvaneció en mis brazos con una sonrisa en sus labios.
Cuando ahogué mi rugido contra la piel de su hombro todo mi cuerpo tembló. Ella había llegado antes que yo al clímax, por lo tanto se dedicó a contemplar mis ojos entrecerrados y mis labios entreabiertos dejando escapar un lloriqueo de placer y abandono.
-Te amo Sebastien.
No contesté. Aunque ella sabía cual sería mi respuesta.
No podía articular palabra. Estaba sofocado por la culminación del acto y a la vez… por las ganas que volvían, de hacerle el amor otra vez.
………………………………………………………………………………………………..................

Bianca ya había partido al hospital esa mañana. Me encerré el estudio y continué la lectura del diario…

Cuando la bella humana se apartó un trecho del carruaje, Adrien bajó del árbol y se acercó. No se dejó ver, manteniéndose a una distancia prudencial aunque para mí era peligroso. Sobre todo porque no íbamos a asesinarlos. Lo intuí… No era la intención de mi amigo.

Recuerdo que ella trepó a unas piedras que bordeaban el camino y quitó sus chinelas altas de fondo gris de Nápoles, en seda, color marrón.

Con el tiempo aprendí que se llamaba brocado y seda policroma.

Me hubiera gustado vestir así con esa tendencia de los franceses, pero yo nunca sería una humana ni andaría por ahí a plena luz del día luciendo mis prendas… No… Porque aunque Adrien me hubiera bajado el cielo y puesto el mercado mundial a mis pies, después del nacimiento de mi hijo nada fue más importante que guiarlo a él en el mundo y cubrir sus necesidades. Lenya fue y será lo más grande e importante que tendré en este mundo.

Recuerdo que en un momento contemplando el bello rostro de la joven, Adrien se concentró… Su mano varonil de dedos largos giró en el aire suavemente provocando el cambio de clima.

Una brisa cálida nos envolvió…

Sonrió al ver a la extraña sofocada con tantas prendas.

La joven se deshizo de la capa y mostró su cintura estrecha y sus senos llenos y voluminosos. Tenía una casaca en brocatel de seda color marfil larga hasta la cadera. Llevaba un corte en la cintura y pliegues en los laterales.

Quitó sus guantes claros y los dejó a un costado. Sus ojos fueron al cielo estrellado y suspiró.
Pude notar una joven agobiada, quizás por las presiones sociales, quizás por el largo viaje  a la que la habían sometido.

Quise alertar a Adrien pero era tarde. Se había acercado demasiado y yo desde la copa del árbol no podría hablarle en susurros, sin embargo no perdí detalle de la escena. Sería porque mis cinco sentidos estaban puestos en mi amigo, del cual estaba profundamente enamorada, y en ella… que sin saberlo se convertiría en mi querida rival.

La joven que tenía la vista fija en el firmamento bajó la mirada lentamente, sus manos en el regazo quedaron tiesas, intuyendo una presencia. Respiró profundo y quedó inmóvil unos segundos. Poco a poco sin girar la cabeza, su mirada se desvió hacia la derecha… Y lo vio…

Adrien no escapó, ni siquiera intentó moverse. La contempló como quien se deleita en una obra  de arte. Ella giró por fin la cabeza lentamente para descubrir a unos diez metros al vampiro más hermoso que existirá en el mundo… No miento… Él vampiro más hermoso que existirá en el mundo es Lenya, mi hijo.

Sonreí. ¡Cuánto amor de madre plasmaba el diario! Siempre nuestros hijos son los más hermosos, lo más inteligentes, etc. Lástima que mi madre no había llegado a conocerme. Uno siempre necesita de esa alta estima, aunque en el fondo venga de tu madre y sepas que exagera.

Retomé la lectura…

Apenas reaccioné y caí que nada menos que una humana común y corriente contemplaba a uno de mi raza, me puse nerviosa. ¿Cómo terminaría esto?

Pero me equivocaba, ella no era común ni corriente. Otra hubiera salido corriendo, o gritado a su nodriza que permanecía dentro del carruaje. Ella sólo sonrió.

Pienso que esa sonrisa terminó por enloquecer de amor a Adrien, quien se acercó con pasos lentos para no asustarla. Creería que ella jamás se asustaría. Nunca entenderé el porqué. Que un hombre de la corpulencia de Adrien te aparezca de la nada y te mire con deseo en el medio de una campiña desolada, no era algo para dejar pasar.

Pero Adrien es tan hermoso…

“¿Cómo te llamas?”
“Bera.”

Ambos quedaron mirándose por unos largos segudos… Interminables… Hasta que de un movimiento inesperado Adrien la rodeó con sus brazos y la apretó contra él. Por primera vez la mirada de Bera cambió al asombro. Pero miedo no… No lo definiría como miedo.

Cerró los ojos y se abandonó en sus brazos. Lejos de hincar sus colmillos en aquel cuello pulcro de piel blanca… la besó.

Las manos menudas y delicadas de Bera subieron por la espalda y ante la primera impresión de aquel beso que seguramente sería el primero, a duras penas intentó corresponderle.

Dolió ese beso… Duele hasta hoy…

Charles entró al estudio con un plumero y al verme con las hojas en mis manos, se detuvo.

-Creo que limpiaré después.

-No, quédate. No me molesta que ordenes y limpies mientras leo.
-¿Seguro?
-Sí.
-¿Puedo volver luego?
-De verdad, quédate.
Se ubicó en silencio entre los estantes de la biblioteca y estiró el brazo para alcanzar los superiores.

Volví  a la lectura…

Leer los pasajes de esos encuentros maravillosos y apasionados me hizo sonreír varias veces. Disfruté corroborando el gran amor que se habían tenido mis padres. Cuando llegué a la última hoja del diario, mi alegría se esfumó.

Halldora relataba la madrugada que había fallecido mi madre en los brazos de Adrien. Ella no lo había visto con sus propios ojos ya que había decidido vivir lejos de las cumbres, en Murmansk. Pero contaba como había llegado destrozado buscando su apoyo y conmigo en brazos.

“Halldora, moriré sin ella.”
“¡No digas eso!”

La desesperación de mi padre la sentí como propia. ¿Qué ocurriría si le pasaba algo a Bianca? ¿Cómo continuaba? Yo no contaba con una amiga fuerte y decidida como Halldora, pero tenía a Douglas… Por él debería seguir viviendo… Bueno quizás sobreviviendo.

Charles me miró y contempló mis ojos vidriosos.

-Si esas hojas te hacen llorar te las arrancaré y se las devolveré a su dueño.

Negué con la cabeza.

-No Charles, es de emoción no de tristeza. Mi padre la amó hasta el último instante. ¿Sabes? No se animó a convertirla en el medio del parto, tenía temor por mí, y cuando se decidió era tarde. Creo que vivió con ese dolor cada minuto.

Charles caminó hacia el escritorio y apoyó una mano. Me miró fijo…

-Conozco ese dolor.

Asentí en silencio.

Di vueltas las hojas en mis manos, las guardaría como un tesoro, gracias a mi hermano las tendría conmigo hasta el final de mis días.

Scarlet entró sin permiso al estudio. Me erguí y arquee la ceja.

-¡Scarlet! ¿Se incendia algo en la mansión?

Negó rotundamente con la cabeza. Después buscó a Charles con la mirada y sonrió.

-Te buscaba, Charles.
-Ah, ¿sí?
-Sí…
-Pues, aquí estoy. ¿Para qué me necesitas?
-Mmmm… No puedo decírtelo.
-Pero… Entonces… ¿Cómo te ayudaré si no me dices?
-¡Quédate quieto!

Charles y yo nos miramos confundidos.

La mirada de Scarlet paseó por el atuendo que llevaba Charles y se detuvo en los zapatos.

-¿Qué tienen mis zapatos, Scarlet? Lo he lustrado como siempre.
-Sí, están muy lustraditos y brillosos.
-Así es…

Mi hermana continuó con la vista fija en el calzado.

-¡Scarlet! –exclamé- ¿Quieres decirnos de una buena vez que buscas?

Negó con la cabeza.

-¡No puedo Sebastien! Bianca me dijo que no podía decirlo.
-¿Bianca?
-Sí… Porque mañana cumple Charles y ya sé que regalarle… Pero no puedo decirlo porque es sorpresa.
-¡Qué linda es! –exclamó Charles- ¿La notas más juiciosa y agradable?

Scarlet balanceó su cuerpo nerviosa…

-Ehm… ¡Ufaaa es difícil! Charles… Mmm… ¿Cuánto calzas? Te lo pregunto por curiosidad, sólo por eso. No tiene que ver con tu regalo.

Charles y yo sonreímos.

-¿En el Reino Unido o en España, querida?
-¡Charles! No iré tan lejos a comprar tu… Aquí en Noruega…
-Bueno es 7,5 o un 41 si lo prefieres.
-Gracias.
-De nada.

Scarlet se retiró en silencio y al cerrar la puerta Numa se interpuso.

-Perdón, ¿puedo pasar?
-Por supuesto, adelante.
-¿Qué necesitas, hijo? Si es por el viaje a Suiza te diré que aún no.
-No… Pregunto si han visto unas píldoras azules por ahí.
-Pues no -dije preocupado.
-Ah, ¿te refieres a estas? –agregó Charles.

Extrajo de uno de sus bolsillos un frasco pequeño con píldoras azules.

-¡Siii esas! ¡Dámelas!
-¡Un momento jovencito! ¿Qué estás tomando que no me he enterado? –protesté.
-Nada…
-¿Cómo nada? ¿Qué son esas píldoras?
-Aaaay papá, todo quieres saber… Son píldoras para la erección.
-¿Qué cosa? –preguntamos a dúo Charles y yo.
-Se llama Viagra. Es para mantener tu miembro duro por el tiempo que quieras. Lo usan los humanos.

Charles miró la etiqueta, destapó el frasco y lo olió.

-Pero querido, los vampiros no necesitamos –dijo sonriente.
-Es que no se sabe cuando sea muuuy mayor.
-Yo soy mayor.
-Más que tú, Charles.
-OH…
-Mira jovencito no vas a probar cosas de humanos como si tal cosa. ¿Has entendido Numa? –protesté.
-Síii papá.
-Charles, tira al cesto de basura. No sea cosa que se tiente.
-¡Muy bien!

Charles tiró el frasco en la papelera ante la mirada decepcionada de Numa.

-Papá… -Numa se acercó- ¿Cuándo veré a Douglas?
-Por ahora no, Numa. Dale un tiempo. Te prometo que en cuanto lo crea adecuado viajarás a la reserva de Suiza.
-Okay… Iré a ver TV. Te quiero.
-Yo también.
-¡Estos jóvenes! –sonrió Charles.

Sonreí.

-Es que es un vampiro, ¡por los infiernos! No debería tener problemas de erección ni con la edad –protesté.
-Doy fe… Por supuesto uno nunca sabe hasta cuando. Tú sabes… Ignoramos tanto de nosotros… Seguiré con la limpieza.

Se alejó hacia la puerta y lo miré.

-¡Charles!
-¿Si, querido?
-¿Quieres tirar las píldora? Por favor…
¿Qué píldoras?
-Las que te has guardado en el bolsillo.
-¿Yooo?

Palpó sus bolsillos y del derecho inferior extrajo tres píldoras azules.

-¡OH! ¿Qué extraño? ¿Cómo pudieron caer allí?

Sonreí.

-Anda tira eso.

Frunció el ceño las tiró y me echo un vistazo de enojo antes de salir.

-¡Aguafiesta!




3 comentarios:

  1. Super bueno el capitulo y Sebastian sintio una gran nostalgia a leer sobre sus padres, sobre todo como fueron las cosas entre ellos tan detallado, y vaya esta Sebastian y Bianca uufff son muy calientes jeje, otra cosa q inocente y tierna q es Scarlett jaja, gracias Lou x el capitulo!!

    ResponderEliminar
  2. Hola Lou... Sebastien se ha enterado de muchas cosas sobre su bella madre
    El padre de Bianca ha desaparecido, se lo ha llevado una mujer desconocida... y no puedo imaginar quién será
    La escena de pasión entre Sebastien y Bianca ha sido suprema ;-)
    Creo que Charles ya puede imaginar el regalo de cumple que va a recibir ;-)
    Y me he reído con Numa y su viagra... y luego con Charles y su viagra ;-)
    Muy buen capítulo... y "Emociones y sonrisas", un título muy apropiado
    Besos

    ResponderEliminar
  3. Uy me gusto el romanticismo y la pasión que imprimiste al capitulo en la parte de Sebastien y Bianca. También me agrado ver como numa y Scarlet maduran poco a poco. Te mando un beso y te me cuidas

    ResponderEliminar