Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

martes, 9 de diciembre de 2014

Buenas noches lectores: Dejo capítulo 40 sin tener que agregar más palabras. Léanlo y disfruten, Lenya comparte sus secretos de familia. Sólo una aclaración: Lean despacio para no liarse. Las letras en negro pertenecen a Halldora.

Capítulo 40
El diario de Halldora. (Primera parte)

(Perspectiva de Lenya)

Trepé a la cama sobre el edredón azul, cogí dos almohadas y las amontoné para descansar mi espalda mientras leía. Iba a ser largo… No quería moverme sin saber pormenores y detalles de la vida de mi madre… Pero el diario conteníados centenas de páginas y yo no quería leerlo con la rapidez propia de un vampiro, deseaba asimilarlo, introducirme en su mundo, aunque me emocionara saber sobre su vida y como pensaba.

El cuero negro que forraba las tapas lucía brilloso. Rodion lo había mantenido impecable.
Abrí y hojée la primera hoja.

Lo primero que me sorprendió fue la fecha… Junio 2003. Meses antes de morir asesinada… Entonces… No era un diario… Mi madre un determinado día decidió escribir sus memorias. ¿Intuiría que partiría de este mundo?

Con emoción y algo de temor comencé a leer. ¿Con qué me encontraría al pasear por su caligrafía prolija y pareja? Al mismo tiempo ansiaba saber y conocer su verdad. ¿Hablaría de mi padre? ¿Hablaría de mí?

Junio 2003.
Mi nombre es Halldora y he tenido la idea de escribir parte de mi vida en este conjunto de hojas. ¿Cómo se me ha ocurrido? Porque había visto un objeto parecido una noche en una quermese hace más de tres meses y pregunté a Rodion que uso tenía. Lo vendían en un stand junto a mi carpa donde trabajaba con el Tarot y me ganaba mi dinero de todos los días. Rodion me dijo que se llamaba “diario”, y que uno puede escribir sus memorias y acontecimientos importantes de la vida. Aquí estoy, en mi habitación, plasmando mis grandes amores y mis mayores logros entre los humanos.

Rodion no está de acuerdo. Dijo esta mañana que era peligroso dejar evidencia porque él conoce nuestro secreto. Sin embargo le contesté que lo guardaría muy bien y que viviría más que millones de humanos. Yo era eterna… Así pasaba con mi raza, claro que podrías morir por un suceso violento o un accidente pero no sería mi caso. La sencilla razón… Tenía el mejor guardián cuidando mis espaldas… Aunque viviera en unas cumbres lejos de Mursmank.

Levanté la vista y miré la ventana de la mansión con las persianas semiabiertas. Adrien… Unas pocas líneas y ya lo mencionaba. ¡Cuánto lo había amado! Retomé la lectura…

Estoy ansiosa por escribir aquí, temo confesar que me cuesta usar este instrumento… Lapicera, dijo Rodion, llámalo lapicera. Lo cierto que me es incómodo pero es la única forma que el líquido azul vaya dibujando mis pensamientos y recuerdos. ¡Qué felicidad! Me gusta. Prefería el tintero y la pluma, era más fácil… Rodion me dijo que es difícil conseguir en estos años algo así. Trataré de escribir legible no será cosa que después no me entienda a mí misma. Porque el motivo de escribir mis memorias no es para que queden de recuerdo, no. Deseo sacar toda mi pena de adentro. Mi pena y las culpas.

Detuve la lectura. ¿Culpas de qué? Mi madre era perfecta, no tenía errores.

Volví a leer angustiado…

Si tengo que hablar sobre mi larga vida estas hojas no serían suficientes. Me crié en la vieja Escocia hace tanto tiempo. No tendría sentido escribir sobre ello. Mi vida era común y corriente alejada de los humanos. Creo que desde que tengo uso de razón escapé de mi aquelarre porque me tachaban de “especial” y vagué por el mundo. Tener el don de la hechicería no es tan especial para mí, sobre todo si comparaba los dones que teníamos los vampiros. ¿Qué diferencia abismal había con adivinar el futuro? Además no siempre sucedía. Es que el futuro es tan susceptible de variantes.
Tuve muchos compañeros de andanzas. Nos mezclábamos entre los humanos cuando era noche y en los campamentos que montaban a raíz de las guerras provocábamos bajas enormes noche tras noche. ¡Qué risa nos daba! Los guerreros humanos que defendían un pedazo de tierra no entendían que ocurría. Como en aquella guerra… La guerra de los Tres Reinos… La recuerdo muy bien. Corría el año 1644, o 1645, no memorizaba exacto el año. Me encontraba en las Highland o llamadas Tierras altas de Escocia, al noreste del país. Allí surgió una revuelta que terminó en una guerra civil. ¿Motivo? Los Realistas apoyaban al rey, creo que lo llamaban Carlos I. Hubo un enorme grupo de humanos que se resistió y se levantó en armas. Los Covenanters. Pero no terminó allí. ¡Cómo gustaba a los humanos destruir y matar! No por alimento como nosotros. No… Recuerdo que el conflicto se hizo cada vez más grande y se le sumó Inglaterra e Irlanda. ¡Qué banquete nos dimos los vampiros!

Un otoño los Realistas marcharon a través de los Highland hacia Perth y derrotaron a los Covenanters. Se produjo los grandes saqueos a la región y nosotros los vampiros aprovechamos. Centenas murieron por el enfrentamiento, decenas murieron por nuestras fauces.
Allí conocí a Adrien. Fue una noche de tormenta furiosa. Él llegó con su séquito bajo la torrencial lluvia y viento. En cuanto lo vi escurrirse por el bosque supe que no era un vampiro común. Lo seguí y trepé a los árboles. Estaba en lo cierto. No por su aspecto intimidante y sus ojos llameantes y feroces sino porque un servidor se quejó del fuerte viento, no podía distinguir el olor de los humanos y su exacta orientación lo hizo dudar.
Adrien asintió dándole la razón. Los observaba agazapada en la copa de un arce blanco de ocho metros, muy común en el bosque.

Entonces ocurrió, cerró su iris de fuego y quedó en trance. Poco a poco el viento cesó y la lluvia cayó mansamente.

Podía manejar el clima con sólo concentrarse. Quedé extasiada ante tanto poder.

Pensé que iban a reunirse con el resto que ambulaba entre las tiendas militares, pero él le ordenó a su seguidor que se fuera manteniéndose inmóvil bajo mi árbol. Quedé en silencio, muy quieta, contemplándolo. Tenía el cabello largo y blanco como todo vampiro. No teníamos la pigmentación normal, todos éramos albinos. En eso no se diferenciaba del resto. Era su poder el que lo hacía especial para el resto, aunque para mí… era su belleza. No había conocido vampiro tan hermoso. Sus músculos torneados y la estatura eran la prueba que podría pulverizar a cualquiera de los pares. Por eso debía ser una especie de jefe…

Me gustó deleitar la vista con ese espécimen, y hubiera permanecido días en esa posición si él no se hubiera movido.

Me sorprendió. Su iris borgoña disparó hacia la copa del arce y sonrió.

“¿Cómo te llamas belleza?”

Me intimidó de inmediato. La frase había sido aduladora pero algo en él me sobrecogía.
“Halldora”, murmuré.

En segundos desapareció y mi corazón sintió un vacío. Por poco tiempo, claro. Reapareció en una rama a mi derecha y de un salto me acorraló contra el tronco en las alturas.
Sus labios… Sus labios tentadores. Aunque no lo conocía me imaginé saboreando esa boca provocadora.

Sonrió y sus ojos recorrieron mi cuerpo con deseo.

“¡Qué hembra más bella!”

Mi sonrisa se dibujó en la cara. ¿Cómo podía ser que un vampiro así se detuviera a mirarme?

Aparté la vista del diario unos segundos…

Porque eras hermosa mamá.

Rápidamente le contesté para cortar la enorme energía sexual entre ambos, “mi nombre significa roca de Thor, Dios del trueno”.

Se retiró para darme espacio entendiendo que no era mi deseo acoplarme.

“¿Por qué te han puesto ese nombre?”

“Dicen que soy fuerte como una roca y mi mirada desata tormentas”.

Sonrió. Esa sonrisa me enamoró desde un primer momento.

“Mi nombre es Thor” Dios vikingo del trueno. Porque en esa época no tenía por nombre Adrien, Thor era su verdadero nombre. Le pregunté si podría seguirlo. Él me observó curioso.
“¿A dónde quieres seguirme? No tengo lugar fijo.”

Le contesté, “a donde sea”, y sonrió otra vez.

Nos convertimos en inseparables. Él valoraba mis dones y lo más importante que a partir de ese día me cuidaba y protegía como si fuera su joya. Yo deseaba más que eso. No me conformaba ser su gran amiga y confidente… Hubiera querido que me amara. Pero eso no ocurrió, al menos por mucho tiempo… Eso no ocurrió.

Decir que no me dolía verlo revolcarse con otras vampiresas hubiera sido mentir. Y en este diario no tiene sentido mentir. Creo que me acostumbré a que todas ellas fueran y vinieran por su vida sin pena ni gloria. Yo era intocable, siempre a su lado. Me daba rabia que no quisiera tener sexo conmigo. ¿No decía que era bella? ¿Entonces?

Claro… No lo entendí en ese momento.

Me incorporé en la cama interesado. Mi padre se llamaba Thor originariamente… ¿Por qué diablos no la había hecho su mujer?

Me recosté y continué leyendo. Debía llegar a la verdad aunque me llevara tres días leer el diario.

Soñaba a menudo con escenas que poco después iban cumpliéndose. Informaba aAdrien donde tendríamos comida y en que zonas corríamos el riesgo que descubrieran nuestra presencia. Había humanos muy listos y muchos de ellos creían en vampiros o presencias maléficas. Mis profecías siempre se cumplían y Adrien me admiraba y adoraba cada vez más. Hacía más de ciento treinta años de correrías juntos. Pero un día… Un fatal día… Soñé con ella… Era hermosa. Una humana hermosa… La visualicé junto a Adrien en tierras desconocidas.

En dos noches nos trasladaríamos al oeste de Rusia y subiríamos hacia el límite norte, cruzaríamos la frontera hasta Noruega. El verano había llegado y debíamos buscar refugio en zonas con ausencia del sol. Así llegamos a Kirkenes. Allí la conoció…
Cuando le informé de la mujer que aparecía en mis sueños junto a él, Adrien se mantuvo interesado, pero cuando le conté de mis premoniciones con la humana, dudó. Yo veía a esa mujer como la dueña de su corazón. Aunque no cabía en él la lógica de enamorarse de una humana.
Sin embargo ocurrió…

Charles golpeó la puerta de la habitación.

-¿Qué necesitas, Charles?
-Pensé que podíamos tomar un coñac juntos y conversar, ¿te apetece?
-No, no me apetece. Estoy ocupado.
-No tienes una hembra humana encerrada allí, ¿verdad?

Rodee mis ojos.

-No soy tan idiota como crees.
-No te creo idiota, al contrario, te creo muy listo. Lo decía porque… Bueno, tú sabes el poder del sexo es muy fuerte y como no te he visto con vampiresas…
-¡No tengo que darte explicaciones de mi vida sexual, Charles!
-¡Claro que no!
-Despreocúpate, He tenido sexo cuando he viajado. Antes de alimentarme y matarlas las hice gemir y ver el paraíso. Valió la pena morir en mis brazos.
-¡OH! Sí que eres gráfico. Te dejaré tranquilo.
-Gracias.

Bufé y retomé la lectura…

Su nombre era Bera que significaba “espiritual”. A su nombre hacía honor. Era una humana delicada y muy femenina. Parecía flotar cuando caminaba con gracia y encanto. Era muy dulce y refinada. Pertenecía a la clase alta. Noruega formaba parte de la Unión del Kalmar e integraba los reinos nórdicos. Ese bloque de regiones fue diluyéndose alrededor de 1800. Pero Noruega se mantuvo unida por un tiempo a Dinamarca. Eran períodos difíciles para los humanos, guerras, descontento, revueltas, hambrunas. Pero Bera era hija de un lensmand, gobernante noble. Aun así ella dejó todo por amor y escapó con Adrien cerca de las cumbres. Comencé a sentir que estaba demás… Y le dije a Adrien que regresaba a Mursmank. Regresé una fría primavera de 1792 para nunca volver.

Mientras estuve viviendo con ellos la humana era muy gentil. Hasta hoy pienso que me dio pena su muerte durante el parto. Nadie tenía la culpa del amor que sentía uno al otro. Al amor no se lo controla con razones. Eso lo sé muy bien.

Adrien la amó y nunca tuve dudas de ello. En cuanto la conoció quedó prendado e insistía en verla a escondidas casi todas las noches. Hasta que un día no soportó más tenerla apartada de él. Adrien ocupó una cabaña después de matar una familia de pastores. Se la ofreció como regalo y ella que sabía a esa altura la verdadera esencia de Adrien, no se espantó ni rechazó el cruel regalo. Es que no le importaba nada en absoluto. Sólo lo quería a él. ¡Cómo la entendí!

Bera recibía visitas a menudo de Adrien. Él bajaba de las cumbres varios kilómetros para estar con ella. Siendo humana no podía vivir en las cavernas por el poco oxígeno, de lo contrario pienso que no se hubieran separado un solo minuto. Yo me encargaba que a la humana no le faltara nada de comestibles y abrigo. Todas las comodidades eran puestas a sus pies. Sin embargo no era un pedido de Adrien hacia mí. Nunca me hubiera tratado como sirviente. Me había ofrecido yo misma para tratar de hacerles la vida más fácil a ellos. Yo quería su felicidad, y su dicha dependía de ella.
Bera quedó embarazada en agosto del año 1792  y….

Pasé varias hojas del diario. Realmente no me interesaba la historia de la madre de Sebastien. Quería saber más de mi vida, de mi vida y la ausencia de mi padre.

Hojee decenas de páginas sobre Bera… No me interesaba…

Por fin llegué a la página donde mi madre me nombraba. Retrocedí una cantidad de hojas suficientes leyendo por encima frases sueltas. Hasta que me decidí comenzar la lectura.

Después de la muerte de Bera dejando como herencia un vampiro destrozado y un bebé sin su madre, Adrien buscó refugio en mí. No sólo me necesitaba por ser su gran amiga y consejera, sino porque no sabía que hacer con ese niño tan pequeño entre las cumbres.

Llegó con el pequeño envuelto en piel de cabra cuando apenas tenía cinco días. Lloraba sin cesar. Tenía hambre a pesar que Adrien le había dado de beber sangre. Parecía no satisfacerlo. Entendí que el bebé era hijo de una humana y necesitaría un alimento complementario.

Jamás olvidaré la primera vez que Adrien llegó a mi choza con el rostro desencajado y lloroso. Me partió el alma en dos.

Dijo con la voz temblando, “no sé que hacer Halldora, no soporto verlo llorar con ese llanto desgarrador”. Entonces, después de salir de la conmoción de ver al macho de mi vida en mi hogar, avancé hacia él y extendí los brazos para tomar al bebé.

Era de cabellos rubios como su madre y sus ojos de un gris profundo estaban bañados en lágrimas. Su pequeña boca carmín dejaba escapar ese llanto conmovedor.

Lo acuné entre mis brazos y le di calor. Era pleno invierno, un veinte de diciembre muy frío y nevado. Rusia estaba soportando el más cruel invierno pero pensaba que en peores condiciones estaría en las cumbres de Kirkenes.

Una sensación extraña sentí al tenerlo en brazos. Nunca había tenido un hijo y a ello se le sumaba que quien tenía entre mis brazos era el fruto del amor de Adrien con otra hembra. Fue incomodidad lo que sentí en ese instante, pero no rechazo. El bebé era encantador, tan tierno y vulnerable, pero sobre todo… Era parte de Adrien.

“¿Cómo se llama?” Le pregunté.

“Su madre quería llamarlo Sebastien”.

Entreabrí la piel de cabra para observarlo mejor. “Hola cariño, bienvenido al mundo Sebastien”.


“Es igual a su madre, Adrien”.

-“Sí, sí… Halldora que haré ahora con él si no resiste vivir con nosotros. ¡Por favor amiga, dime que hacer! ¡No quiero perder otro ser querido!

Lo miré fijo. Tomé una determinación en ese momento de la cual jamás me arrepentiría. Porque Sebastien alegró mi vida los dos años que vivió junto a mí en Mursmank.

Me senté en la cama y aparté el diario.

¿Mi madre había criado a Sebastien los dos primeros años de vida? Diablos… ¡Cuántos secretos papá! Hasta mi hermano ignoraba seguramente esta parte de la historia… Por supuesto, si Sebastien desconocía la existencia mía y de mi madre. Adrien guardó ese detalle muy adentro de su corazón. Volví a retomar la lectura…

Esa tarde, con un sol inexistente por las crueles nevadas, dejé a Adrien en la choza y salí a buscar leche de cabra en un recipiente de lata que previamente enjuagué y herví en el fuego para esterilizar. También robé una tetina de metal para el biberón improvisado que haría en casa. Cuando regresé puse manos a la obra, no sin antes acomodar al bebé que lloraba en los brazos de Adrien. Siempre me hace sonreír recordar la poca experiencia que tenía para tenerlo en brazos.
“Adrien, no lo sacudas como si fuera una bebida burbujeante, y tenlo recostado, no es un saco de patatas”.

“¿Así está bien?” “No, ponlo más derecho”.

Recuerdo que busqué una vasija de barro de cuello largo y envolví la tetina de metal en una tela limpia. La ajusté y después de hervir la leche dejé que entibiara. Adrien me seguía con la vista sin perder detalle. De vez en cuando sonreía. Claro, cada vez que Sebastien le daba respiro porque si Adrien cesaba de pasearse y hamacarlo el niño hacía valer sus pulmones. Era tan bonito…

Cuando Adrien se sentó en unos troncos que hacían de asiento precario, acogió al pequeño e introdujo la tetina en la pequeña boca de Sebastien. El bebé dio cinco tragos apresurado, y tosió repetidas veces.

“¡Demonios Halldora se muere!”

Rodee mis ojos.

“No, Adrien. No se muere. Está intentando aprender a mamar. Dale tiempo… A ver, inclínalo un poco más derecho y mete la tetina de a poco.”

Poco a poco Sebastien aprendió a chupar con más cuidado. Entonces, por diez minutos contemplé una escena encantadora. Padre e hijo en ese instante de tanta intimidad.

Me senté en otro de los troncos y no aparté la vista de ellos. Sebastien buscaba los ojos de su padre y sus puñitos cerrados eran parte del esfuerzo por la enorme tarea que requería para él.

“¿Dónde has aprendido a ser madre, Halldora?”

Sus ojos me recorrieron con cariño.

Sonreí.

“Con ese don se nace, Adrien”.

“Serías una estupenda madre”.

El halago lejos de enorgullecerme me entristeció. Yo sabía que nunca sería madre a menos que él me lo pidiera. Y eso nunca sucedería. Era su amiga, su leal y mejor amiga… Sólo eso.

Convencí a Adrien que dejara a mis cuidados al pequeño Sebastien. Por supuesto al principio se negó rotundamente, hasta que entendió que un niño tan pequeño correría riesgo de muerte en las cumbres. Sebastien no era un vampiro puro, corría por sus venas, sangre humana.

A pesar que Adrien confiaba en mí nos visitaba a menudo. Noche por medio. Nunca faltó a pesar de las tormentas de viento o de nieve. No quería perderse ningún adelanto de su hijo.

Sebastien fue mi gran compañía. Aunque vivíamos en la campiña de Murmansk no nos faltaba lo imprescindible y algo más.  Conmigo aprendió a comer su primer bocadillo de carne de cordero, a tomar entre sus manos la vasija que servía de vasito, dio sus primeros pasos, y balbuceó “papá” por primera vez.

Hubiéramos funcionado como una familia sino fuera porque Adrien no deseaba abandonar sus cumbres y yo no deseaba irme a vivir tan precariamente. El sexo surgió entre nosotros casi sin quererlo. Un vampiro triste y solitario en busca de afecto y placer, y una vampiresa con el corazón desbocado por amor y el deseo como fuego por las venas… Pero no fue una buena conjunción… Yo necesitaba más entrega de su parte y Adrien se encontraba con la mente en nuevas conquistas entre los humanos. Tesoros, piedras preciosas, sangre fresca y abundante,todo para su potente aquelarre que cada vez se hacía más grande.

Un noche, no… Una triste noche, Sebastien había cumplido dos años y medio y dormía en su catre envuelto en mantas de alpaca, después de gemir de placer entre los brazos de mi único hombre, Adrien me dio la noticia que inconsciente esperaba, pero que nunca había querido pensar. Ya lo sabía, lo había soñado…

El niño volvería a vivir con su padre a las cumbres, antes del amanecer. Era lo justo después de todo. Era su hijo. Muchas veces me decía la tortura que era separarse de Sebastien cada vez que partía. Lo quería con él a su lado. Como todo padre desea. Claro que no me negué… Como negarme a algo así. Recuerdo que le pedí que me lo trajera cada tanto en épocas de clima estable. Le pedí que le hablara de mí para que nunca me olvidara. Me lo prometió… Por alguna razón no lo cumplió. Quizás por el miedo de confesarle a Sebastien que yo reemplazaba a su madre fallecida.

Suspiré… ¿Así qué Sebastien y yo habíamos compartido a mi madre? Dos años a partir de que nació…Él nunca llegó a saberlo.

Mis ojos volvieron a sus letras. No quería interrumpir la lectura.



10 comentarios:

  1. Hola Lou... Comprendo que Lenya no quiera separar los ojos de las letras que dejó escritas su madre
    Está descubriendo muchas cosas y es lógico que quiera saber más
    Halldora quiso mucho a Adrien y hasta cuidó de su hijo Sebastien... pero Adrien la quería como amiga, digamos que no podía ser su media naranja
    Estoy deseando saber qué más cosas le aguardan a Lenya por descubrir entre las letras de su madre
    Muy buen capítulo, apoyado por una gran documentación
    Ha sido un placer leerlo... Gracias
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Veremos si la quería como amiga... veremos veremos hasta el final. Es la intriga, porque se han separado. Gracias por tu halago nena. Un beso grande.

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  2. Me da pena la madre Lenya, porque Adrien nunca la amo realmente. Solo la quiso como hermana y amiga. Veamos que ocurre luego . Te mando un beso y te me cuidas

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    1. Holaa corazón, lo mismo digo, veremos si no la amaba.... Esperemos el diario y saber más de él. Muchos besos

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  3. Qué triste la historia de la madre de Lenya y eso que aún no la conocemos del todo; creo que estoy como él, ansiosa por saber más y no es para menos. Me ha encantado lo que cuentas y también aplaudo la excelente labor de documentación, muy interesante; mil gracias por compartir tu historia.

    Un besazo.

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    1. ¡Hola Claudia! Si es triste, jugo el destino y las decisiones de cada uno. Los que pagaron... Lenya y Sebastien. Gracias por tu comentario Un besote gigante

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  4. Que triste y bonito a la vez, me pregunto porque no ke dijo nunca nada a Sebastien, la cosa se esta poniendo interesante a mas no poder ammiga. Muy buen capitulo ;)
    Besos

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    1. ¡Hola Lyd! Un gusto tenerte por aqui. Espero te guste la segunda parte. besotes

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  5. Estoy como todas q triste la vida de la madre de Lenya, lo raro es xq no dijo nada de Sebastian, se vienen cosas muy interesantes!!...gracias x el capitulo muy bueno!!

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    1. ¡Hola Laura! Espera que aún hay más... Veremos que ha ocurrido finalmente con esta pareja de vampiros. Un besote enorme.

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