Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

¡Hola queridos lectores! Estuve atrasada con la escritura, lo siento de todo corazón. No he podido subir capi antes. Aquí estoy con capítulo nuevo y lleno de novedades. Los dejo con Bernardo y Douglas. También quiero mostrarles el Matterhorn y la Cabaña Solvay. Son reales y pueden verlo por Internet.
Un beso enorme y gracias por leerme y por comentar. Lou

Capítulo 36
El Matterhorn.

(Perspectiva de Bernardo)

Con Douglas salimos a caminar por el bosque mientras Sabina preparaba la cena y Gloria terminaba su tarea. El príncipe de los Craig se lo veía feliz aunque tenía sus altibajos donde extrañaba a su padre y su vida anterior. Nosotros no teníamos la lujosa mansión ni sirvientes que repartían las arduas tareas, pero estaba convencido que no era lo que más le hacía falta a Douglas. Suponía que aunque me tuviera simpatía y afecto como todo hijo de padres separados muy en el fondo de su corazón hubiera soñado con ver a Sebastien y a Sabina juntos.

     La noche lucía bella y despejada. Una luna llena rodeada de diademas de estrellas convertían la noche en la escena perfecta para un lobo. Claro, los lobos no nos convertíamos por obra y magia de la luna como contaban los humanos. Una mezcla de genes, la ebullición de la sangre, y algún condimento más, eran el secreto.

Al llegar a un pequeño claro mostré a Douglas el orgullo de los habitantes de la región. El monte… Imponente, majestuoso, alzándose entre las sombras parecía rozar el infinito.

Trepó a unas piedras y miró hacia el lago.

-¡Qué bella es Suiza, Bernardo!
-Sí. Es un bello país. Y sus chocolates muy sabrosos –reí.

El halo de luz violácea lo rodeaba mientras se mantenía ensimismado en la grandeza de la naturaleza. Sonreí y me miró.

-¿Qué ocurre?
-Nada… Que no puedes negar que tienes más de tu padre que de tu madre.
-¿Por qué lo dices?
-Los lobos vemos en los vampiros una luz que irradian sus cuerpos, una energía entre el celeste y el añil. Y tú la tienes.

Sonrió.

-¿Y de mi madre? ¿De mi madre qué crees que tengo?
-Pues… ¡Creo que el carácter!

Ambos reímos. Después bajó hasta sentarse en la roca más baja y palmeó al costado para que me acercara.

-¿Cómo la llevas con mi madre?

La pregunta no me sorprendió. Sabía que apenas había llegado cualquier tonto se hubiera dado cuenta que no éramos la familia Ingalls. Sabina y yo hablábamos muy poco y las muestras de afecto brillaban por su ausencia. Yo no había dejado de quererla. Sí, estaba dolido. Primero por sus desplantes a Gloria, después… Dios… Esa noche la acosé tanto para que me dijera la verdad que acorralada me lo escupió…
“¡Yo nunca podré tener hijos!”

Creo que mi corazón se rompió en mil pedazos. ¿Cómo era posible que pensara que a mí  podía importarme si ella era fértil o no? ¿Cómo creía que yo la hubiera dejado por no poder darme un hijo? ¿A quién le importaba la descendencia si no era con la mujer que uno amaba? Entonces, entendí que Sabina nunca me había conocido verdaderamente. Que no me amaba por mis virtudes y defectos. Ella tenía una visión o imagen de mí, propia, inventada, pero no era yo. Si me hubiera conocido jamás hubiera dudado de mi reacción.

-Ahí marchamos… -dije, sumando un gesto apenado.
-¿Ya no se quieren?
-Sí, sí… No es eso. Hay un desgaste, tú sabes. El matrimonio, los años, la rutina…

Rio.

-Pero Bernardo, ¿de qué hablas? ¿Rutina ustedes? Si con la adopción de Gloria y la mudanza de Kirkenes no han tenido tiempo de aburrirse, además… ¿Los años? ¡Bernardo! Ni que hubieran cumplido bodas de plata –volvió a reír.

-Aaah mira el caballero como sabe cuestiones de amor sin haber amado.
-¿Y eso? No seas malo, tú sabes que he amado y mucho.
-¿Lo dices por Clelia?
-Sí. El amor de mi vida.

Arquee la ceja.

-Permíteme dudar que sea el amor de tu vida.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque cuando uno tiene la oportunidad de conocer el amor de su vida, no hay barreras para llegar hasta él. Yo pienso que tú hubieras hecho lo imposible por averiguar su paradero.
-Ella lo quiso así.
-Ahí está el kit de la cuestión. Cuando amas no te importa, el amor es un poco egoísta.

Abrí los ojos y pestañee…

Detrás de Douglas, a unos veinte o treinta metros, la figura del lobo blanco se materializó.

Joder… ¿Y ahora qué?

Me incorporé lentamente y Douglas me miró sorprendido.

-¿Te sientes bien? –preguntó.
-Sí… Sólo espérame aquí. Debo ver algo. No te muevas de aquí, okay.
-Sí…

Varios kilómetros seguí al lobo blanco corriendo tras él para alcanzarlo. Esta vez estaba seguro que la bestia de bello pelaje inmaculado querría mostrarle algo, aunque no tenía idea de qué.
Cuando se detuvo y me miró dio un aullido que estremeció la noche. Lo contemplé tratando de reponerme de la carrera veloz a la que me había sometido para no perderle de vista.

-¿Qué quieres? –pregunté-. ¿Por qué me buscas? ¿Qué estás queriendo decirme?

Era obvio que no iba a responderme pero su actitud surgió clara ante mí. Su mirada se elevó  hasta que sus ojos se clavaron durante largos segundos hacia el pico más alto de la región. El Matterhorn…

¿Qué había allí? ¿Qué deseaba que descubriera el lobo blanco?

Yo no podía continuar el recorrido hacia las montañas. Necesitaba para ello un equipo apropiado para escalar.

-No puedo seguir –murmuré.

El lobo se revolvió inquieto y aulló otra vez estremeciéndome. Era un aullido lastimero, como un quejido desesperado de auxilio.

-¡Joder contigo! Okay… Volveré con los medios apropiados y trataré de subir al bendito monte. Espero que sea lo que quieres decirme porque de lo contrario amigo… Será un sacrificio en vano si es que no te he llegado a comprender.

-¿Con quién hablas Bernardo?

La voz de Douglas me sobresaltó.

-Oyeee, ¿no te dije que aguardaras a que regresara?
-La curiosidad me llevó a seguirte… ¿Con quién hablabas?
-Con el lobo blanco.

Arqueó una ceja.

¿No te ha contado tu madre sobre el espíritu del lobo blanco. Se comunica con el alfa. Es decir… Ha mantenido un cierto contacto conmigo… En realidad lo creas o no, hay algo que quiere decirme y no logro entenderle. Supongo que desea que suba al monte Matterhorn.

Douglas se recostó en un árbol de raíces retorcidas.

-Bernardo, ¿tú estás bien?

Reí.

-¿No digas que no me crees? Porque después de repasar tu corta y agitada vida yo diría que no estás en posición de dudar nada. Eres hijo de un vampiro y una loba, tienes rasgos humanos por tu abuela paterna, y has recuperado la vista gracias a las corneas de un lobo… ¿Dices que no me crees?

Sonrió.

-No dije que dudara. Sólo que subir a esa “cosa” tan alta y majestuosa no será fácil. Podría haberte pedido otra prueba de fe –sonrió.
-Es que no es una prueba de fe, Douglas. Hay algo en ese monte que el lobo blanco quiere que descubra. Y lo haré… Mañana mismo me pondré en contacto con algunos escaladores que conozco en la manada.
-Pero Bernardo, ¿has escalado alguna vez?
-No, sin embargo siempre hay una primera vez.

De pronto mi vista aguda divisó algo bajando veloz de las colinas… Una luz… Violácea… ¿Un vampiro en el monte Matterhorn?


(Perspectiva de Lenya)

La cueva de hielo profunda y angosta se abrió paso a medida que avanzaba. Por entre las grandes grietas superiores ingresaba el oxígeno y la luz de luna me daba la visión perfecta para encontrar mi escondite. Ese escondite que había utilizado como prisión para el ser más abominable que existía sobre la tierra. ¡Maldito asesino!

Mi madre nunca le había hecho daño a nadie. ¿Con qué derecho no sólo le había quitado la vida sino también mutilado de esa forma horrenda? ¡Malditos lobos!

El odio creció en mis entrañas a medida que me arrastraba por un hueco húmedo.

El Matterhorn llegaba a alcanzar más de cuatro mil cuatrocientos metros de altitud. Desde Zermatt, la localidad suiza era la ruta de ascenso habitual, aunque en esta época los turistas y escaladores no abundaban. Generalmente lo hacían entre julio y septiembre. No debía subir hasta las cumbres para encontrarme con mi prisionero, sino hasta el glaciar de Cervino, aproximadamente a los mil cuatrocientos metros.

No sabía qué tiempo lo tendría encerrado, quizás hasta que muriera poco a poco. ¡Se lo merecía!

Al surgir entre las rocas de hielo petrificadas se abrió una larga pendiente de roca y hielo. Estaba rodeado por aristas y crestas estrechas. La luna derramaba su luz dando una visión increíble a las laderas silenciosas. A medio kilómetro hacia abajo, surgía la Cabaña Solvay. Era una construcción de madera que se había levantado en el año 1916 para escaladores.

La cabaña sólo podía usarse en caso de emergencia, cuestión difícil, ya que era extraordinario que se llegara con vida. Para mí, fue la cárcel mejor condicionada para un cretino que deshizo mi hogar.

Al abrir la puerta contemplé las diez camas provistas de edredones térmicos. Una pequeña alacena con enlatados y paquetes de alimentos no perecederos. Todo estaba equipado para los escaladores que llegaran hasta allí. Pero mi prisionero estaba encadenado a la pata de una de las camas y no llegaba a coger comida si no era la que yo mismo le proporcionaba. Por supuesto, lo suficiente para sobrevivir.

La cadena que lo sujetaba tenía el largo para que este cruel asesino llegara hasta el precario baño y hacia el otro extremo llegara a ver por la ventana. ¿La razón? Para que cada día de su maldita vida percibiera a su familia tan cerca y a la vez imposible de alcanzar.

Así lo encontré apenas entré. De pie recostado a la ventana. Tenía la vista perdida y el rostro demacrado. No giró la cabeza para verme, aunque supo que estaba allí, contemplándolo.

-¿Me has extrañado? –pregunté, cerrando la puerta.

La luz de la única lámpara de aceite iluminaba el pequeño ambiente.

-Si estás pidiendo a la luna que te ayude, será en vano. No existe magia ni Dioses que acudan en tu auxilio.

Al escuchar mis palabras giró y me miró con el ceño fruncido. Su cabello largo y canoso caía más allá de sus hombros. Sus ojos que seguramente sería de un tono miel brillaron por las lágrimas. Poco a poco el gesto se suavizó. Su voz cascada y grave retumbó entre las planchadas de madera de las paredes.

-Vampiro… No eres el mismo que la otra vez… ¿Qué te ha ocurrido?

Di tres pasos hacia él. Pude ver el recipiente de agua prácticamente vacío.

-¿A qué te refieres? ¡Habla!
-Tu alma… Puedo verla… Se siente en el aire…
-¡Te estás quedando chiflado! Y me alegra.

Negó con la cabeza.

-No, sé lo que digo… No eres el mismo, vampiro.
-Soy el mismo de siempre.
-No… Tú… Algo te ha cambiado…

Cogí cinco enlatados de carne cocida y se los tiré al suelo, cerca de sus pies. Observé varias latas vacías.
-Es una suerte que quieras alimentarte, de lo contrario te encontraría muerto y mi venganza hubiera terminado. No es la idea, lo sabes.
-Yo debo alimentarme, vampiro. Porque sé que algún día actuará tu alma, y yo… Volveré con mi familia.
-Yo no tengo alma. La perdí cuando asesinaste a mi madre.

Me miró fijo.

-Yo no he sido, vampiro.
-¡Mientes! Yo mismo te encontré en los alrededores de mi casa, después de haber hallado los pedazos de mi madre.
-No estaba allí para hacer daño. Para defenderla… Mi única culpa es haber llegado tarde. Te lo he dicho tantas veces.
-¡Y yo no te creeré nunca!
-No fueron los lobos los que la mataron… Fue alguien de tu misma raza.
-¡Mientes! Jamás un vampiro haría eso con semejante saña. Yo olí a lobos por toda mi casa.
-Cree lo que quieras. Estás ciego de dolor y eso te impide ver la verdad. Necesitas un culpable para mitigar la pena.
-¡Tramposo! ¡Eres un mentiroso además de un asesino! Deberías estar muerto. No sé cómo puedes sobrevivir en medio de tanta soledad y necesidades.
-El lobo blanco me da fuerza… Lo que pasó debía ocurrir, es el destino.
-No entiendo nada lo que dices. Estás loco.
-Yo estoy aquí prisionero para lavar una culpa de otro. A veces pagan justos por pecadores. Pero no es el motivo principal por el que me mantengo con vida además de tener la esperanza de ver a mi mujer e hijo.

Se aferró a la ventana con los dedos largos y huesudos por la hambruna.

-Mi misión es más importante.
-¿Y se puede saber cuál es tu maravillosa misión? –me burlé.
-Recuperar tu alma, vampiro.
-¡Idiota!
-Sólo debo tener paciencia. Podrá ser en un año, o dos. O quizás sea hoy…

Cansado de escuchar tantas sandeces, llené la cuenca de agua y la corrí con el pie hasta quedar al alcance del alfa.

-Me voy –murmuré.
-Vete, sí… Algún día volverás a mí, y frente a frente me pedirás disculpas. Y yo… Te las aceptaré. Porque el odio, vampiro… Trae más odio. La violencia trae más violencia… Y alguien tiene que ser inteligente y frenar tanta rabia y dolor.

Me dirigí hacia la puerta pero la oscuridad de la ladera me estremeció. La luna se había ocultado completamente. Los claro oscuros de las laderas se fundieron en una negrura única y el miedo se apoderó de mí.

Retrocedí unos pasos y quedé paralizado. La voz del alfa volvió a escucharse…

-Toma –dijo tomando la lámpara-, yo no la necesito y a ti te servirá. Pero recuerda, los monstruos del pasado que nos persiguen no se quitan con la luz artificial. Esa oscuridad debes erradicarla tú.

Harto de tanta palabrería le quité la lámpara de un tirón y partí de allí.

Sin embargo, no recorrí mucho camino entre los angostos pasadizos y aristas peligrosas. Me detuve unos instantes…

Mi pasado estaba lleno de dolor, de injusticia. Pero también tenía escenas conmovedoras.

Mis dibujos hechos a mi padre que él había guardado celosamente como recuerdo. Charles, con sus consejos y su interés por mí. Rodion y su amor incondicional. Mi hermano y su abrazo lleno de afecto sincero.

Respiré hondo tratando que el aire nocturno llenara mis pulmones y pudiera limpiar tanto agobio y peso llevado por años.

Estaba en mí quedarme con lo bueno y desechar lo malo. Elegir… Eso se trataba la vida.

Mi madre no volvería nunca más, sólo me acompañaría su recuerdo para siempre. Ya me había vengado lo suficiente y nunca había encontrado saciarme. La paz que buscaba desesperadamente para ser feliz no la hallaría en represalias. El maldito alfa tenía razón, por más que no me gustara reconocerlo.

Retomé el camino hacia la cabaña y abrí la puerta. Él estaba acurrucado en el suelo tratando de abrir una lata de conserva. Levantó la vista y me miró con inquietud.

Metí la mano en un bolsillo de mis jeans y saqué la llave del candado que unía la cadena con el precinto. Tiré la llave al suelo, al costado de su cuerpo.

-Quedas liberado, alfa. Si debe haber justicia por la muerte de mi madre, ya no seré yo quien se encargue de ello.


 


9 comentarios:

  1. Hola Lou... El monte Matterhorn tiene tanta belleza que impresiona, y la cabaña Solvay parece instalada entre las nubes
    Yo creo que Bernardo tiene razón... si Douglas ama a Clelia debería intentar algo respecto a ella
    Y lamento lo que sucede entre Bernardo y Sabina... me parece que Bernardo no está siendo muy comprensivo con ella... y que ambos deben dialogar con calma
    Imaginé que el lobo blanco quería avisar a Bernardo de que debía auxiliar al alfa... ya veo que no será necesario puesto que Lenya lo ha liberado
    Creo al alfa y creo que los lobos no asesinaron a la madre de Lenya... fueron vampiros... pero no alcanzo a saber quién y por qué
    Muy buen capítulo, Lou... Me ha encantado... está realmente interesante, y los personajes muy bien definidos
    Besos, y feliz inicio de semana

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    1. ¡Hola Mela! Es un paisaje imponente y maravilloso aunque yo sufro de vértigo, creo que no subiría ni cien metros. Veremos que pasa con Clelia. Yo creo que ella también debía haber luchado un poco más, cosas que se me ocurren. Lo de Sabina y Bernt supongo pasará, porque se aman como tú dices.
      Y Lenya, por fin va encontrando el camino a la liberación.
      Un besote enorme y gracias por estar aquí. ¡Buen fin de semana!

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  2. Hola amiga, qué buen capítulo, cuánto me ha alegrado leerlo. El monte Matterhorn es una preciosidad, y me ha encantado esa escena de Bernardo y Douglas, me gusta lo bien que se llevan, las puyas, esa amistad tan sincera que se ve entre ellos, me parece que pueden ayudarse mucho el uno al otro. Y Lenya, pobre, qué manera de torturarse, espero que pronto encuentre la paz, que me parece en eso está, va por buen camino. Gracias por compartir tu preciosa historia, amiga, espero que la inspiración siga a tu lado.

    Un besote.

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    1. ¡Hola Claudia! Muchas gracias por tamaño comentario. Bernardo y Douglas están unidos y eso está bien. Tienen el amor de una mujer en común, Sabina.
      El paisaje suizo es increíble. ¡Me encanta!
      Te mando un beso grande amiga. Y gracias por pasarte y leerme.

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  3. Hola Lou como estas espero q bien.....bueno q mal q la cosas estan bien extañas x asi decirlo entre Bernardo y Sabina, ojala q eso pronto se arregle y Lenya esperemos q el deje de torturarse x cosas q no fueron culpa de él, muy bueno el capitulo gracias!!!

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    1. ¡Hola Laura! Veremos que pasa con Bernardo y Sabina. Creo que se aman y arreglarán sus cosas.
      Lenya va por buen camino y eso esta genial. Te agradezco mucho el comentario guapa y te mando un besote grande.

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  4. Uy Lou me dio pena Bernardo espero que en su sabio corazón se de cuenta que aveces la gente es tonta y perdone a Sabina. Esa pareja siempre me ha gustado Lenya es uno de mis personajes predilectos ojala encuentre algo de paz . Te mando un beso y te me cuidas

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  5. Muy interesante tu historia, creo que al final todo tendrà soluciòn.

    un abrazo

    fus

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  6. un gesto de benevolencia, que todos deberíamos tener alguna vez,,,muy buen capítulo,,gracias Loudes por tu pluma mágica,,,saludos.-

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