Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

¡Hola mis queridos lectores!

El capi prometido, y es muuy especial. Por fin se rebela que personajes nuevos entran a la novela. Aunque si hacen memoria del primer libro, nuevos, nuevos, no son. 
De los dos personajes femeninos, una de ellas tendrá cara angelical y será dulce y alegre. Pero no engañéis, su corazón es fuerte y su fortaleza de hierro. Ella... ¿Será capaz de conquistar al más difícil de los Craig? Los dejo con ansiedad por saber que les parece y deseando que disfruten del capítulo. El próximo será de Bernardo. Sé que les debo el outtake de Sebastien y Bianca, no me he olvidado. Ténganme paciencia please. Besoteeees miles y gracias.

Capítulo 35
Una mujer poderosa.

(Perspectiva de Bianca)

Me desperté como debía despertar toda mujer enamorada en brazos de su amante. Feliz, dichosa, y plena. Parpadee repetidas veces hasta que la imagen de la habitación dejó de ser borrosa. Aspiré la fragancia a limón y bergamota que despedía la piel de Sebastien.

Percibí los dedos tibios resbalar por mi espalda desnuda y con dos movimientos me acurruqué contra el cuerpo de mi marido. Me había dormido abrazada a él y así me había despertado.

Aun estando en el paraíso la imagen del oficial Pretov cruzó mi mente. Sebastien percibió mi inquietud.

—Buenos días cariño. ¿Qué te preocupa?

Levanté la cabeza apoyada en su pecho y lo miré a los ojos.

Sonrió con su mirada gris plata y acarició unas hebras de mi cabello desordenado.

—¿Es por lo que me has contado ayer?
—Sí.
—No logrará acusarte de nada, ya no tiene pruebas.
—Lo sé. Sólo que no me siento bien con los hechos que ocurrieron. Jamás tuve que ocultar un examen ni mentir a la justicia.
—¿Te arrepientes?
—¡No! Por los Craig haría cualquier cosa. Es que él me ha dicho ciertas frases que me movilizaron como profesional. Es todo.

Giró su cuerpo atrapándome entre las sábanas.

—Piensa en Scarlet. Y lo que es más importante en nuestro secreto. Los humanos no deben saber que existimos.

Lo recorrí con las manos lentamente. Su rostro de labios suaves y tentadores, sus hombros tan perfectamente moldeados, sus brazos fuertes que me encerraban como queriéndome proteger. Enlacé las manos en su espalda y deposité un beso en el labio inferior.

—¿Me harías el amor otra vez? Te extrañé tanto. Odié estar distanciada de ti.
—Yo también, Bianca. Y ahora que lo mencionas… Quiero que hablemos de lo que pasó con Samanta.
—No, por favor Sebastien.
—Sí, sí… Escúchame, te lo suplico.
—Okay…
—Lo que pasó entre ella y yo no fue por mi voluntad. Yo nunca te hubiera sido infiel. Te amo y eres la única mujer en mi vida.
—¿En tu vida y en tu cama? –pregunté con una sonrisa.
—Sí. En mi vida y en mi cama. Yo no me siento culpable por lo que ocurrió. Pero sí te debo una disculpa. No creí que tuvieras razón cuando me alertaste de ella. No confié en ti y eso me llena de dolor. ¿Podrás perdonarme?
—Mmm… No sé…

Sonrió. Hundió su boca en mi cuello y aspiro mi aroma. Sus labios se entreabrieron y arrastró con delicadeza sus afilados colmillos por mi piel.

Reí al producirme cosquillas.

Se incorporó para mirarme a la cara.

—¿Todavía deseas ser vampiresa?
—Sí. ¿Me convertirás ahora?
—¿Sabes algo? No lo he hecho nunca no porque no quiera que vivas eternamente a mi lado.
—¿Entonces?
—Tengo miedo de fallar. De que tu sangre me atraiga tanto que no pueda detenerme. Además, no tengo experiencia en convertir humanos.
—¿Qué hay con el hijo del director del hospital?
—Sí, a él sí. Pero tú eres mi vida, mi mundo, mi todo. Si supieras que gran responsabilidad tendría en ese momento.

Mordí sus labios.

—No hablemos entonces de mi conversión. Quizás algún día te sientas seguro y te atrevas. Ya no pienso que el motivo sea porque no me amas lo suficiente. Maduré.

Rio con mi ocurrencia.

—¿Así que has madurado?
—Cierto.
—Y digo yo… ¿La señora madura podrá hacerme eso que tanto me gusta?
—Mmm… El marido de la señora madura podría recordárselo. Te gustan tantas cosas –reí.
—Ningún problema.

Me incorporé para subir a horcajadas de él cuando un zumbido repetitivo me apartó de mi lujuriosa intención. Sebastien miró hacia la mesa de luz de la derecha.

—Creo que es tu móvil, cariño.
—¿Quién puede ser?
—Bueno para el resto del mundo son las cuatro de la tarde por lo tanto cualquiera puede estar despierto –sonrió.
—¡Las cuatro de la tarde! –reí.

Me estiré todo lo que podía para no salir de mi posición y alcancé el móvil con desgano, aunque con curiosidad. Al mirar la pantalla arquee una ceja.

—Sebastien, mi móvil no muestra el número. ¿Será ese oficial de policía?
—Bianca no te persigas así. Puede ser desde una cabina pública. ¿Quieres qué yo atienda?
—No…

Pulse el botón verde de aceptar y aguardé ansiosa el tono la voz.

—Hola…
—Hola… Hola… ¡Sí con ella habla!

Poco a poco bajé del cuerpo de Sebastien y me senté en la cama. Mi marido se incorporó con gesto preocupado.

—Dios… ¡Liz! Cielo, ¿cómo están todos?

 (Perspectiva de Liz)

Colgué el teléfono dentro de la cabina. Escuché el “clic” y no podía creer que por fin había escuchado la voz de mi prima. Bianca… Bianca… Te necesitábamos tanto…

Mientras prendía los botones de mi abrigo de lana y metía mis orejas dentro del gorro, miré a la señorita pelirroja que trabajaba como operadora en el locutorio. Me acerqué y aguardé frente a la mesa de recepción. Me sonrió y continuó hablando por el auricular. Esperé unos minutos hasta que colgó y se dirigió a mí con una sonrisa que más que natural formaría parte de su trabajo al público.

—¿Cuánto le debo?
—Nada.

La miré fijamente con claro asombro. ¿Había escuchado bien? Adivinando mi desconcierto, repitió.

—No me debe nada.
—¿Y eso por qué? Esta vez pude comunicarme con la persona que deseaba. Llamé a un número de móvil y sé que es más caro que la llamada local.
—La he escuchado hablar –murmuró compungida—. No me gusta aprovecharme de la necesidad de la gente. Usted dijo tener muy poco dinero y… Con todo lo que ha pasado… El clima, el hambre… Por favor, haga de cuenta que no ha llamado. Le regalaré los pulsos.

Sonreí.

—Es usted muy buena, señorita. Pero siendo una empleada tendrá que reponerlo de su bolsillo, no es justo.
—Soy la hija del dueño de este locutorio. No se preocupe. Vaya tranquila. Me alegro que por fin se haya comunicado con su amiga.
—No es amiga, es más que eso. Es mi prima. Es a quien le pedí ayuda.
—Si he escuchado bien, ¿vendrá por usted y su hermana?
—Sí…
—Disculpe, no he querido ser indiscreta pero me llamó la atención las veces que ha venido insistiendo en la llamada y no he podido evitar conocer su situación. Escuché parte de la conversación y créame que lo lamento. Sé por lo que está pasando. Mi madre abandonó a mi padre cuando yo era pequeña.

Me avergoncé. La empleada no se había perdido detalle de la conversación con Bianca y en parte no podía estar orgullosa, pero por otro lado mi situación la había conmovido. Ahora ella no me cobraba la llamada y yo tendría unas cuantas monedas más para comprar leña.

—Muchas gracias.
—No tiene porqué.
—Adiós.
—Adiós.

Abrí una de las puertas de vaivén y antes de cerrar la saludé nuevamente con la mano. Ella respondió a mi saludo a través del vidrio, inmediatamente cogió el teléfono para atender una posible llamada.
El sonido de las campanillas de la puerta al cerrarse fue enmudeciendo y de pie frente a la acera tomé un respiro. ¿Dónde iría? ¡Ah sí! Por leña.

Miré el cielo. Estaba cubierto por nubes amenazantes y no tardaría en precipitarse la lluvia, o quizás nevaría, las condiciones se daban. Hacía unos cuantos grados bajo cero.

Caminé con paso rápido y con cierta alegría al recordar la voz de mi prima. Me había prometido que vendría por Marin y por mí. Yo le creía. Bianca era incapaz de dejarnos abandonadas a nuestra suerte.

Lo peor habría pasado y había tenido que enfrentarlo sola. Eso significaba que era valiente y fuerte. Que nadie iba a poder derrotarme así nomás. Sin embargo no podría asegurar que resistiría si continuaban los inconvenientes. Las heladas azotaron cruelmente parte de Drobak, aunque según el noticiero el norte de Noruega había sido víctima del más crudo cambio climático.

Al principio tuve miedo de que Bianca hubiera fallecido por la ola de frío. Ella nos había contado de su traslado a Kirkenes, aun no entendía porque la esperanza seguía firme en mí. Creería que era algo que nunca abandonaba. La fe y la esperanza. Sin ellas, definitivamente mi hermana y yo hubiéramos perecido.

Crucé la calle y tomé el sendero que serpenteaba el monte. Ese mismo bosque que bordeaba el lago y cuyas historias de largas caminatas de Santa Claus paseando en invierno, nos había entretenido tanto de pequeñas. Ahora el frío era menos intenso que tiempo atrás pero aun así no era normal. Las primeras nevadas quedaron atrás y cada tres o cuatro días sufríamos fuertes tormentas. El sol podía divisarse a las diez de la mañana y se ocultaba aproximadamente a las dos de la tarde. Ese era el momento para salir por provisiones y leña y debía aprovechar el tiempo para regresar con mi hermana cuanto antes.

Una vez allí nos refugiaríamos en la cabaña y yo me encargaría de hacer guardia durante la oscuridad y la hora avanzada, ante posibles ladrones y lobos.

Lobos… La sola palabra cruzó mi mente y tuve deseos de llorar. No… No podía llorar. Yo no podía ser débil porque mi hermana menor se apoyaba en mí. No poseía la fortaleza de hacer frente a tan grandes vicisitudes.  Por ella debía guardar mi dolor y mis lágrimas. Sin embargo jamás nadie borraría aquellas escenas terribles.

Aquel día… Dios… ¿Cómo quitarlo de la memoria? Esa tormenta que nos atrapó juntando leña en el monte… La abuela había fallecido de pulmonía, mi madre nos había abandonado por un hombre. Sólo quedamos las tres hermanas para luchar contra la pobreza y la furia del planeta que hostigaba con el clima.

Signy se apartó de nuestro lado alegando que la leña que recogíamos no estaba suficientemente seca por la proximidad del lago. Se lo advertí…

—¡Signy vuelve aquí! ¡Ya oscureció y el bosque no es seguro!
—¡Miedosa! –gritó.

Encogió los hombros y se internó entre las gruesas coníferas. Una horqueta en forma de “U” sobresalió en un montículo de nieve y la tomé por una de las puntas. Tiré con fuerza y el tronco corto de diez centímetros de espesor, se abrió paso entre el suelo húmedo.

—No importa, lo secaremos cerca del fuego y podremos usarlo mañana –dije a Marin que trataba de colocar en una bolsa de arpillera ramas y troncos más livianos.

De pronto, la pregunta de mi hermana menor me sorprendió ya que nunca hablaba del tema.

—¿Mamá no volverá?

La miré mientras quitaba la nieve de la corteza de la horqueta.

—No lo sé Marin.
—¿Por qué crees que nos abandonó por un hombre? ¿No le importábamos?

Dejé mi bolsa de arpillera en el suelo y me incorporé con los brazos en jarro.

—No pienses eso nena, mamá se fue tras el amor. Tenía derecho.
—Pero Liz… Quedamos solas.

Era cierto. Después de la muerte de mi abuela, mi madre había esperado menos de un mes para dejarnos una carta despidiéndose de nosotras. Cada letra, cada frase, la sabía de memoria…

“Mis queridas niñas, hay alguien que he amado por muchos años. Un hombre íntegro y maravilloso que ahora necesita mi ayuda. Partiré con él para brindarle socorro y comenzar una nueva vida.
Espero me comprendan y no me juzguen. He guardado su nombre en secreto por tanto tiempo, pero ya no quiero esperar más. No deseo que el cansancio de los años y la muerte me sorprendan antes de ser feliz a su lado. Ustedes ya son tres mujeres hechas y derechas y no dudo que saldrán adelante sin mí.
Sé que no aceptarían a mi hombre y a nuestro amor prohibido bajo el mismo techo. Créame que las comprendo, por eso me voy.

Cuídense. Recuerden que las amo. Mamá.

La hiel atravesó la garganta. “Mi hombre”, “amor prohibido”…

Retomé el camino por donde había llegado al pueblo. Me desviaría a la izquierda en el segundo pino gigante y allí vería la cabaña del viejo Roger. El anciano leñador se había ofrecido a dejarnos la leña más barata para que nosotras no nos internáramos en el monte nunca más, desde aquella vez… En la que mi hermana Signy fue devorada por un lobo.

El viejo Roger me vio llegar y arrugó el ceño en señal de preocupación. Sinceramente si aun hubiera sido niña pensaría que Roger era Santa Claus en persona, y que en las fechas lejanas a Navidad el viejo de barba blanca y cabello canoso se dedicaba a vender leña. Sin embargo ya no era una niña, hace mucho había dejado de serlo y ya no creía en Santa Claus.

—Dime muchacha, ¿no crees que es tarde para comprar leña? ¿A qué hora regresarás a tu casa?
—No te preocupes Roger. Me iré cortando camino bordeando el lago.

Abandonó el hacha a un costado de un grueso tronco, y restregó sus manos rudas por el mameluco azul para limpiarlas.

—¡No lo permitiré! ¿Tú estás loca? Desde que hay nieve por todas partes los lobos andan por ahí, famélicos. ¿Quieres terminar como tu…?

Roger interrumpió la frase. Movió la cabeza negando y murmuró un “olvídalo”.

Busqué en mis bolsillos algunos billetes que había apartado para leña. El resto debía guardarlo para víveres, aunque aun tenía provisiones en la despensa,desde la compra que había hecho el fin de semana.
El dinero estaba siendo escaso. Por suerte se me había ocurrido viajar una vez a la semana al pueblo a vender ropa de abrigo. Los turistas aunque no abundaban hacían compras interesantes. Adoraban la lana de buena calidad y los tejidos finamente confeccionados que había sabido tejer mi abuela. Yo aprendí de ella y me sirvió para esta ocasión.

Mi mano apretó en un puño el rollito de tres billetes para la leña. La memoria volvió para roer en mi corazón. Las palabras de Marin, aquel día que quedamos sin dinero, repiquetearon en mis oídos como eco lejano.

—¿Vas a vender la ropa de Signy? ¡No puedes hacer eso Liz! Ella le gustaba tanto ese suéter azul. ¡Y esa bufanda Liz! ¡No la vendas, por favor!

Recuerdo que me giré cerrando la caja con las prendas, y la miré.

—Signy no volverá, Marin. Debemos comer y abrigarnos con la leña o también moriremos nosotras.

Ella rompió en llanto, yo tomé la caja entre mis brazos, y haciendo oídos sordos, reteniendo las lágrimas, golpee la puerta al salir. Y así fue como al terminarse la lana que guardaba mi madre en el ropero ya no pude tejer más y comencé a vender nuestras cosas… Primero la ropa de Signy y de mi abuela, después aquellos adornos que podrían tener valor y que para nosotras ya no tendrían utilidad, por último la gran colección de libros de historias paranormales que tanto adoraba. Sólo quería guardar uno de recuerdo, el de aquella autora que me tenía atrapada… La pasada Navidad cuando mi familia estaba reunida y Bianca y Bernardo habían llegado para pasar con nosotros, había conseguido el libro gracias a un milagro, un milagro y mis ahorros. Sonreí al memorar como le leía a Bianca aquel párrafo que según la autora había vivido en su primer encuentro con un vampiro…

     « Cuando lo vi por primera vez creí que era un Dios. Tendría casi dos metros de estatura. Sus ojos brillaban en la oscuridad del callejón. Estaba asustada, pero a la vez me atraía. Sus músculos firmemente torneados eran una invitación al placer. Sus dedos largos y masculinos despertaron mis hormonas. Su boca roja como el granate de labios carnosos y entreabiertos parecía rogar por mis besos. Me acerqué más, estaba loca, pero como decirle que no. Aunque fuera hijo del mismo Satán....»

Finalmente acuciada por las deudas, debí venderlo por poco dinero.

Fue como desprenderme de un trozo de mi corazón, no porque en su momento me hubiera costado gran parte de mis ahorros, sino porque casi todas las noches repasaba las letras de Thir Bergman.

—Mi querida, ¿te has quedado pensando? ¿No me has escuchado?

Parpadee y miré a Roger.

—Perdón. ¿Qué decías Roger?
—¡Qué no te voy a dejar ir a esta hora bordeando el lago y con el peso de la bolsa de leña! ¡Eso decía! ¡Drak! Drak! –llamó a su hijo a puro grito.
—Acá estoy papá.

Drak salió de la cabaña pequeña donde compartía desde niño con su padre. Al descubrir mi presencia su rostro se iluminó.

El hijo de Roger era un hombre rubio de matices rojizos. Cumpliría los veinte seis el mes entrante. Siempre lucía limpio y prolijo a pesar de trabajar desde pequeño con su padre y entre leñadores. Sus chispeantes ojos azules hervían de deseo entre mis brazos. Claro… Eso era antes. Cuando yo no tenía de que preocuparme y me dedicaba a la caza de muchachos buen mozos.

—Hola hermosa.
—Hola Drak.
—Oye hijo, quiero que saques la moto y lleves a Liz hasta su casa.
—¡Claro papá!
—Escucha Roger, no voy a aceptar que vaya con este frío hasta la cabaña. Se avecina tormenta y él deberá volver. Lo sorprenderá la nieve y no quiero cargos de conciencia.
—Te acompañaré Liz –insistió Drak.
—¡Okay, a ver.! Tú me dejas en las proximidades y yo sigo el último tramo sola.
—¡Pero qué chica tan terca! –protestó Roger.
—Liz, anda, sé buena y déjame llevarte hasta tu casa. Dejarás a mi padre más tranquilo. Y a mí… Por supuesto.

Miré el suelo y quedé pensativa unos segundos. Levanté la vista y la sonrisa de Drak me hizo reír.

—Okay, pero aceptarás un chocolate caliente en casa, si es que no comienza a nevar. Tengo miedo que te agarre por ahí la tormenta y…

Rio.

—Descuida, sé cuidarme.

Después de comprar y cargar la leña en una bolsa, Drak me ayudó a subirla en la moto— nieve. Fue por una escopeta de doble caño, por si nos topábamos con lobos. Me senté tras de él y lo aferré de la cintura.

—Agárrate fuerte –dijo, y aunque estaba de espalda sabía que sonreía.

Al llegar a mi cabaña observé desde el jardín la carita de Marin pegada a una de las ventanas. Me esperaba con ansiedad siempre que me iba al pueblo. No ignoraba que le aterraba la idea que me ocurriera algo y quedarse sola en el mundo.

Bajé de la moto y Drak se encargó de llevar la leña hasta el portal. Drak era el típico hombre rudo con esa musculatura que adorábamos las mujeres. Su piel curtida y la barba rubia recortada lo volvía un espécimen masculino y muy viril. Me miró con los ojos azules y sonrió.

—¿Dormiremos juntos una noche de estas? Te extraño.

Sonreí.

—Sabes que no puedo dejar sola a mi hermana. Pero creo que podrías darte una vuelta mañana o pasado. Marin se acuesta temprano.
—Vendré. No olvido nuestras noches. Extraño tu calor y tus caricias, tu besos y…

Marin abrió la puerta y saludó entusiasmada.

—¡Hola Drak!
—¡Hola cariño!
—¿Te quedas a tomar algo con nosotras?
—Debo irme, pero prometo que otro día vendré. Cuando no se avecine tormenta. ´De lo contrario mi padre se preocupará.

Se acercó a mi hermana y la abrazó con gran afecto.

Marin se hizo a un lado de la puerta para que él entrara la bolsa de leña y la depositara junto a la estufa.
Drak miró alrededor la sala con asombro.

—Liz, se han quedado sin nada.
—Lo he vendido casi todo, a algunos vecinos apreciaron los muebles. No importa. No te preocupes. Todo mejorará. Hoy estoy muy feliz, pude comunicarme con mi prima, la doctora. Ella vive en Kirkenes, ¿recuerdas?
—¡Liiiiz! ¿Hablaste con ella? –gritó mi hermana saltando como niña.

Rei.

—Siii hablé y vendrá por nosotras.

Drak frunció el ceño preocupado. Tenía el mismo gesto de su padre cuando algo lo inquietaba.

—Pero Liz, ¿Kirkenes? Si los noticieros dijeron que casi nada quedó allí después de la ola de frío. ¿Cómo es que te irás a esa ciudad tan al norte?
—En realidad no sé la situación, ella me aseguró que estaría bien. Se casó y vive muy bien… Mucho no hemos podido hablar. Yo quería sobretodo contarle de nosotras y temiendo que el dinero no me daría para la llamada quise ser breve.
—¿Cuándo vendrá, Liz? –preguntó ansiosa Marin.
—Pronto cariño. En unos días.

Acompañé a Drak hasta la moto y dejé a Marin acomodando los leños para encender el hogar. La oscuridad se aproximaba en Drobak y quizás una nueva tormenta. Debíamos estar resguardadas del frío y los leños servirían para cobijarnos y protegernos de las pulmonías y gripes.

Drak subió a la moto y me acerqué hasta rozar su brazo. Me enlazó por la cintura y me besó en los labios.

—Liz, tú sabes que si lo deseas…

Me aparté sin dejar de sonreír.

—Lo sé Drak, sé que viviríamos juntos si fuera por ti. Pero no puedo dejar a mi hermana y no es la idea casarme por necesidad.
—Sí… Pero tú me quieres. No sería por necesidad.
—Claro… Pero hace falta algo más para iniciar una vida, juntos. Mucho más que llevarnos bien en la cama y tenernos cariño.
—Entiendo… Es que si te vas a Kirkenes…
—No te preocupes no será por mucho tiempo. Dejaré mi casa hasta que se componga el clima y prometo que cuando regrese hablaremos de nosotros y un futuro.
—Liz, eso no se sabe. Quizás el clima no mejore más, o empeore.
—Tranquilo, ten fe.

Me besó con un beso profundo y apasionado al que correspondí. Después de escuchar su leve gemido entre el placer y la pena, se separó de mi boca con desgano.

—Hermosa…
—Gracias por todo, Drak.
—¡OH! Olvidaba. Tengo algo para ti.

Me aparté y le hice lugar para que bajara de la moto y revisara en el pequeño baúl. Metió la mano y sacó un libro.

—Mira, lo compré para ti. En realidad lo recuperé en el pueblo. En una librería de libros usados. Sabía que te había desprendido de el por dinero.

Lo tomé entre mis manos y mis ojos se iluminaron.

—¡Drak! El libro favorito de vampiros.
—Siii –rio.

Lo abracé y me cobijó en sus fuertes y torneados brazos.

—¡Gracias Drak!

Buscó mis labios una vez más. Me besó con el amor que sentía por mí desde hace mucho tiempo. Yo lo quería mucho, sin embargo tenía otra idea del amor. Quizás mi loca cabecita llena de historias de romances y heroínas esperaría un príncipe azul o un guerrero que sólo existía en mis fantasías y que nunca llegaría a conocer.
…………………………………………………………………………………………….
Después de la cena Marin dormitaba en el sillón. Fui al sótano y tomé el arma calibre 9. Era vieja y había estado mucho tiempo en desuso. Sin embargo me servía para hacer guardia por si los lobos aparecían rondando la casa en busca de comida.

Respiré hondo y recogí la caja de balas como cada noche. No me gustaba guardarla cargada.

Subí la escalera y Marin me esperaba de pie junto a la puerta, sonriente.

—¡Qué suerte Bianca vendrá por nosotros!
—Sí cielo, es una suerte. Todo se arreglará.

La miré mientras seguía mis movimientos.

—Marin, ve a dormir. Debes descansar así harás guardia en unas horas y yo descansaré.
—Tú nunca me despiertas. Debes despertarme, Liz. Estás durmiendo poco.
—No te preocupes.
—¡Sí me preocupo! Eres lo único que tengo, y te quiero.
—Ya te dije dormiré en unas cuantas horas, ahora haré guardia como todas las madrugadas.
—Liz…
—Dime.
—Gracias.

Sonreí.

—¿Es una burla? ¿Es por la cena que se me quemó?
—Nooo –rio—. El bife estaba muy cocido, es todo. Las “gracias” son por todo lo que haces. Me cuidas y proteges. No sé que hubiera hecho sin ti.
—Pues tú sin mí te hubieras cuidado igual, hubieras salido a vender las cosas, a juntar la leña, a cargar el arma, y a espantar los lobos.

Me miró con un dejo de tristeza.

—No, no lo hubiera logrado. Tienes una fortaleza incapaz de igualar. Eres una mujer fuerte, te admiro.
—No te pongas sensiblera Marin –reí—. Anda ve a dormir. Los lobos no entrarán porque juro que mataré a cada uno aunque sea luchando cuerpo a cuerpo.


8 comentarios:

  1. ¡Hola Lou!

    Qué bonito capítulo, Lou, es muy tierno, me ha conmovido mucho Liz y la forma en que cuida de su hermana, y me da tanto gusto que vaya con Bianca, sé que estarán bien con ella, y que se vienen acontecimientos muy importantes ya sabes para quién ;) No lo había pensado hasta ahora, pero me encanta lo que empiezo a vislumbrar que tramas. Gracias por este lindo capítulo.

    Un besazo.

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    1. ¡Hola Claudia! Siiii yo vislumbro también jejeje. Y aun falta otra gran revelación. Las dos chicas estarán bien con ella. Y quien sabe con el tiempo podrán o no formar parte de los Craig formalmente.
      Un besote enorme y gracias cielo

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  2. Me ha gustado mucho Liz y su hermana veamos que pasa con ellas cuando vayan con Bianca . Te mando un beso y te me cuidas

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    1. Hola Ju! Me alegro te haya gustado Liz. A ver que ocurre con las hermanas al llegar a la mansión. Un beso grande y buena semana.

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  3. Hola Lou me encanto el capitulo y es bueno leer sobre Bianca y Sebastian q ellos esta bien al fin!!!
    y q bueno x Liz y para su hermana q al fin pudo hablar con Bianca y va a estar en un lugar mucho mejor, y tengo una ligera idea de cual va hacer la nueva pareja!!! ;) .... saluditos!!!

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    1. ¡Hola Laura! Tu idea ligera creo que irá por buen camino aunque quizás mucha agua pase bajo el puente. Un besote enorme y que tengas feliz semana.

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  4. Hola Lou... Me ha encantado como Bianca ha despertado entre los brazos de Sebastien
    Creo que la mujer que trabaja en el locutorio no debería haber escuchado la conversación
    Me parece muy mal que la madre de estas chicas las abandonase
    Liz, como Lenya, no tendrá mucho cariño por los lobos... y es comprensible
    Me han encantado estas dos hermanas... y creo que Drak no será el príncipe azul de Liz
    Muy buenos los nuevos personajes... y deseando saber de Bernardo
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Muy romántico despertar el de estos dos. Parece que vuelven a la normalidad. Liz le ha ocurrido algo grave por culpa de los lobos, aunque no sabemos si tendrá la misma reacción contra ellos. Liz es algo especial. Pobre Drak, creo que nadie puede competir con una belleza masculina Craig. Un besote grande guapa y que tengas muy buena semana.

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