Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Holaa! Lo prometido. Ayer les dije que subiría otro capi más y me da gusto poder cumplirles. Gracias por estar aquí y acompañarme. Tenemos nuevos personajes... Y uno será muuuy importante. Ha llegado para quedarse, es lo único que adelantaré por esta semanita. ¿Qué función cumplirá? Veremos veremos...
Un beso enorme a todos los lectores y buena semana.

Capítulo 32
Policías.

(Perspectiva de Charles)

Cuando me dirigí a la habitación de Scarlet con disimulo no pude engañar a Bianca. La humana era lo suficientemente astuta para pensar que mis preguntas y miradas no eran simple casualidad. Me alcanzó por el pasillo y yo me giré para enfrentarla.

-¿Necesitas algo, Bianca?
-Sí. Defender a Scarlet si vas a acusarla.

La miré detenidamente y sonreí con ternura.

-Se han hecho buenas amigas, ¿verdad? ¡Quién lo diría!
-Cierto. Tampoco nadie diría que conocí vampiros, vivo con ellos, y me casé con uno.

Carcajee.

-Esa rapidez mental no la tienen todos los humanos, me alegra que seas de nosotros.

Intenté seguir camino pero me detuvo.

-Charles.
-¿Qué ocurre?
-Por favor, si llegara a ser Scarlet… Necesito saber que harán con ella.
-Los vampiros que nos delatan frente a los humanos son llevados a la cumbre y quemados en una gran hoguera.

Bianca dio un paso atrás y me miró horrorizada.

¡Qué divertido! A pesar del drama que podría sobrevenir yo estaba aprovechando la ignorancia de Bianca. ¡Qué hijo de puta!

Reí.

-Es una broma. No quemamos a nadie en ninguna hoguera. Pero sí… Habrá consecuencias, Bianca. Scarlet debe aprender y Sebastien se enojará mucho.

Me detuve pensativo.

-¿Conoces a Sebastien enojado?
-Pues… Conmigo se ha enojado varias veces… Con Douglas también…
-Ah… Entonces no lo conoces verdaderamente enojado.

Giré y caminé hacia la habitación. Por supuesto que Bianca pegada a mis talones.

Toqué la puerta tres veces y un “adelante” de Scarlet me dio permiso a pasar. Bianca entró tras de mí.

Scarlet estaba sentada en la cama con un libro pequeño. Levantó la vista y cuando nos vio volvió a concentrarse en la lectura.

-Scarlet, estamos aquí por algo grave. Eso lo intuyes, ¿verdad? Ahora bien no tienes idea del porqué quiero hablar contigo.

Negó con la cabeza sin apartar los ojos del texto. Después murmuró.

-Las paredes de esta maldita mansión están construidas con no sé qué diablos de cosa, no se escucha.
-Planchas de espuma entre las paredes, querida.

Bianca se sentó en la cama a su lado.

-Bien, seré directo. ¿Has asesinado a la bruja de Samanta? Y no quiero que me mientas. No a mí.

Scarlet miró a Bianca.

-Di lo que ocurrió cariño, saldremos de esto juntas.
-¿Juntas? –preguntó en un susurro.
-Sí, no dejaré que nada malo te pase. Las consecuencias que tome Sebastien serán para mí también, le guste o no le guste.
-Sinceramente me conmueven –interrumpí-. Pero es una pena que yo no sea el máximo tribunal. Ahora Scarlet, dime la verdad.
-¿Intercederás por mí? –me preguntó, y su interrogante fue una inocente confesión.
-Trataré. ¿Fuiste tú?
-¡Esa perra debía morir!
-En eso estamos de acuerdo –fruncí el ceño-. Sin embargo, lo que has hecho no te correspondía ejecutarlo, salvo orden de tu hermano.

Sebastien golpeó la puerta de forma enérgica y sin esperar el permiso para pasar, entró muy alterado.

-Ustedes creen que soy idiota, ¿no?

El silencio de la habitación no sabía cómo lo traduciría Si por un sí o por no. Esperaba que por un “no”.

-Creen que por hablar con mi hijo no me di cuenta que ambos abandonaron la sala al mismo tiempo –dijo señalando a Bianca y a mí.
-Sebastien –murmuré.
-No quiero que nadie hable. Sólo Scarlet. A ver… Tu nombre Scarlet no creas que no rondó mi cabeza, pero a la vez pensé, es astuta e inteligente, ¿podría ser tan descuidada? Y me dije… Nooo, no lo creo. Después razoné… Bianca estaba muy mal, Scarlet es su compinche últimamente, Samanta era enemiga de Bianca, Scarlet tiene el poder de asesinar en un abrir y cerrar de ojos… Y dije… Dos más dos son cuatro ¿Por qué no?

Scarlet se puso de pie.

-Fui yo, sí. ¿Y qué? Tú lo has dicho soy astuta e inteligente, no dejé un reguero de sangre por los alrededores ni la marca de mis colmillos. La tiré del balcón. ¿Murió?

Sebastien se acercó hasta tenerla cara a cara.

-¿Si murió, me dices? ¡Claro que murió! Nadie sobrevive cayendo a la velocidad y fuerza que cayera. La cuestión es, que ningún policía se creerá el cuento que se lanzó ella misma para suicidarse. ¡Entonces Scarlet! ¡Nos has puesto en evidencia, tarde o temprano comenzarán a sospechar que algo extraño hay en Kirkenes!

Bianca interrumpió.

-Mi dictamen fue impecable. Los forenses tenemos la última palabra.

Sebastien la miró.

-Te equivocas “señora puede lo todo”. La policía tiene no sólo el poder de indagar si algo no le cierra, tiene la obligación.
-¿Crees que no quedará así? –pregunté.
-¡Por supuesto que no quedará así! Sobre todo con respecto a ti –señaló a la princesa de los Craig con el índice.

Respiró hondo y ordenó a Scarlet.

-Quiero que abandones ya mismo la mansión y te recluyas en las cumbres por tiempo indeterminado.

Scarlet palideció y Bianca protestó inmediatamente.

-¡No! No puedes hacer eso. Scarlet rendirá el secundario y en dos meses podrá entrar a una Universidad. Ha trabajado mucho. ¡No seas cruel!
-Dije que Scarlet volverá a las cumbres. Fue una gran equivocación traerla. Lo admito. No estaba preparada. Quizás nunca lo esté.

Scarlet bajó la vista unos segundos. Cuando miró a Sebastien sus ojos violetas se oscurecieron. ¿Si temí? Sí, temí. Scarlet era hija de un guerrero y entrenada desde pequeña nada menos que por Adrien, nadie ignoraba que fuera muy poderosa. Sin embargo no intentó aniquilar a Sebastien, bueno… Al menos físicamente. A veces las palabras hacen más daño.

-Tú, que dices ser líder de los vampiros por derecho de linaje. ¿Estás tan seguro que eres justo para gobernarnos? Ahora dices que no estoy preparada porque los puse en peligro. ¿Ya no te sirvo para tus planes de mezclarnos con humanos? ¿Ahora ya no? ¿Con qué derecho me quitaste mi lugar de origen? Mis cumbres eran mi hogar y estaba acostumbrada a esa vida desde que nací. Sin embargo por tu gran idea me arrebataste todo lo que yo había asumido como propio, me impusiste a tu antojo costumbres que me fueron muy difíciles de asimilar. Y no te importó, no me escuchaste. Hoy me dices que no sirvo, entonces me echas de aquí, de este mundo que poco a poco abordé no gracias a ti sinceramente, gracias a Bianca. Porque tú sólo ordenaste tu capricho sin ocuparte si lo hacía bien.

Sebastien alcanzó a murmurar.

-Yo… Sabía que Bianca era una buena maestra, confié en ella.
-¿En una humana? ¿No tendrías que haber seguido mis pasos si yo verdaderamente te interesaba? No, no lo hiciste. Porque para ti no soy tu hermana sino una herramienta.

Una lágrima corrió por su mejilla pero su gesto altivo continuó.

-Como Adrien. ¿Tú crees que no sé que me ha protegido y entrenado porque yo nací con valiosos dones? De lo contrario jamás me habría adoptado como hija. Otra vez una herramienta, ¿verdad?
-Adrien te adoró –susurró Sebastien.
-No lo dudo. Pero fue por mí. Yo me lo gané cada vez que se enorgullecía con mis logros y dones. Sé que si hubiera sido la hija común y silvestre de Lucila jamás se hubiera percatado de mi existencia.

Aunque sus lágrimas seguían cayendo continuó.

-Esta humana que ves –señaló a Bianca-, fue el único ser que no esperaba nada de mí a cambio de su amistad. Bianca es tu mujer, la mujer de Sebastien Craig. No necesitaba más poder que ese. Lo tiene todo. Se acercó a mí no sé porque razón. Seguro desinteresadamente. Llámalo química, atracción, lo que fuere. Tú… Sólo me usaste para un proyecto y ahora estás furioso y me castigas porque a tu ratón de laboratorio algo le salió mal.

Pocas veces vi a Sebastien descolocado y sin palabras. Caminó hasta dejarse caer en un sillón y la miró.

-Yo te quiero Scarlet. Piensa… Estamos en peligro porque mataste un humano sin tomar recaudos. Debiste consultarme.
-¿Qué le hubieras dicho? ¡Qué no! –interrumpió Bianca.

Suspiró y se acercó a Sebastien. Se acuclilló frente a él.

-Sebastien, por favor. Scarlet rendirá en días, perderemos las fechas. Perdónala.

Sebastien la miró a los ojos. Se notaba el profundo amor que sentía por Bianca. Comprendí que lo que ella no lograría del líder de los vampiros nadie lo lograría.

-¿Y si asesina a alguien más? ¿A un docente? Si no la aprueban, le da rabia, y mata a un profesor, ¿entiendes Bianca?
-No lo hará. ¿Verdad Scarlet? Este fue un caso especial. Ya entendió que no debe hacerlo.

Sebastien se mantuvo callado.

-Sebastien, yo apruebo lo que dice Bianca –dije tratando de calmar las aguas-. Ella lo ha hecho movida por su amistad. Scarlet no actuará de ese modo si la disgusta o amenaza un humano.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Porque quiere quedarse aquí. Ella tendrá sus sueños y proyectos ahora que salió de esas cumbres tan aisladas. Yo voto porque no se los destruyas.

Sebastien se puso de pie y avanzó hacia la puerta. Volvió para mirar a Scarlet que permanecía cabizbaja.

-Te quedarás en la mansión, vigilada por el momento.
-¿Podrá rendir? –preguntó Bianca angustiada.
-Irá a rendir. Pero conmigo.

(Perspectiva de Hansen, Jefe de la policía)

Sentado en el escritorio de mi nueva oficina, contemplé como los obreros terminaban de colocar la estantería de madera terciada sobre la pared blanca recién pintada. No había tantos archivos para llenarlas porque casi todo había sido usado para calentarse de las mortales heladas. Quizás poco a poco las casillas irían ocupándose con los casos de esta ciudad tan enigmática como atractiva.
Hakon, el oficial joven que había sobrevivido a la catástrofe climática llegó con la regadera y señaló la Violeta de los Alpes de la maceta.

-Le falta agua, señor.
-Adelante. Riégala y dime si hay algo que nos ocupe y orgullezca además de regar una planta.
-Bueno, la Violeta de los Alpes ha sobrevivido. Mantenerla con vida es una misión importante.

Reí.

-Ay Hakon. Por Dios. ¿Has visto los dos que entraron a la comisaría esta mañana?
Hakon sonrió mientras regaba.
-Sí, se pelearon por una mujer. Riña de calle.
-¡Dios querido! Da la orden de soltarlos. Vamos en decadencia completa si tenemos reos de éstos ocupando las celdas.
-Sí señor… ¿Y qué tal el nuevo oficial?
-Ehm… No se ha presentado aún. Su nombre…
-Es un ruso.
-Sí, déjame ver –busqué en el cajón el curriculúm y repasé-. Gregorii Petrov. Así se llama. Mmm… En Rusia trabajó para el gobierno, después se mudó a Nueva York… Vivió cinco años actuando para el FBI… Vaya… ¿Renunció por mutis propio? No lo creo. Seguramente lo echaron por alguna razón que no sabremos. Ellos ocultan muy bien los datos. Estoy seguro que llegó a un arreglo.
-¿Será así jefe?
-Hakon tengo sesenta y dos años y vasta experiencia como se manejan los servicios de inteligencia.
-Debió ser muy bueno para que lo contratara el FBI siendo nativo de Rusia.
-Sí… Aquí sobrará, más de algún caso aislado de homicidio no tendrá con qué entretenerse. Pero en fin. Hace falta policía sobre todo después de la ola de frío. Nos hemos quedado sin personal y a eso súmale que los estudiantes tardarán cuatro años en recibirse y entrar al plantel. Lo necesitamos.

Uno de los oficiales de grado menor se asomó a la puerta.

-Señor, buenos días.
-Buenos días.
-Afuera está esperando un tal…
-¿Pretov?
-Sí señor. Dice que tiene cita con usted.
-Hágalo pasar y gracias. Hakon vete y cierra la puerta al salir.
-Muy bien señor.

Hakon esperó en la puerta que el “nuevo” apareciera en mi visión.

-Pase –indicó.

El “nuevo” se adelantó con un “gracias” y Hakon cerró la puerta.

Me puse de pie y lo observé.

Era muy joven para tener tanta experiencia en inteligencia, treinta y pico diría yo, debía ser muy competente. Era delgado pero bien trabajado. Haría pesas seguramente. Altura media. Quizás uno setenta y poco. Su cabello rubio cortado con la máquina le daba el toque serio y formal aunque vestía jeans y cazadora de cuero. Sus ojos azul profundo se notaban vivaces y astutos pero con un dejo de tristeza.

Extendí la mano derecha y me presenté.

-Buenos días. Bienvenido. Seré tu jefe de ahora en más.

Él me estrechó la mano con firmeza y apenas sonrió.

-Soy Gregorii Pretov. Encantado.
-Toma asiento por favor.

Se mantuvo en silencio a la espera de mis preguntas, que eran muchas.

-Gregorii, ¿eres ruso?
-Sí.
-Pero has vivido en Nueva York, ¿no es así?
-Sí.

Típico del discreto, respondía lo justo y necesario.

-Dime, aquí tengo información sobre tu carrera. ¿Lo que has escrito es comprobable?
-Lo del servicio de inteligencia de Rusia, sí.
-¿En cuánto a FBI?
-No.
-¿Puedo saber por qué?
-No me fui en buenos términos. Prefirieron borrar mis antecedentes.

Arquee una ceja.

-Pretov, esto es un dato importante. Si quieres ingresar a mi destacamento debes sincerarte.
-No soy peligroso. Fui excelente investigando.
-¿Entonces? ¿Por qué el FBI quiso deshacerte de ti?
-No usé las herramientas formales para saber unos datos.
-¿Torturaste?
-Nooo. Yo… Por favor podría omitir lo del FBI. No debí sumarlo al curriculum.
-Por supuesto que no Pretov, dime o no podré tomarte.
-Necesito el trabajo.
-Yo necesito saber quien trabajará para mí.
-No soy peligroso.
-Pretov…

Bajó la cabeza y suspiró.

-No me creerá, como hicieron ellos.
-Inténtalo. No te queda alternativa.
-Yo… Soy médium.

Lo miré frunciendo el ceño.

-No me tomes por idiota.
-Le dije que no me creería.
-Pretov, ¿qué ocurrió para qué el FBI te apartara del cargo?
-Asesinaron a la esposa de un juez de la Corte Suprema. Llegué al asesino por lo que veía en mis sueños. No quisieron creerme hasta que llegaron a esa conclusión. No supe decir cómo había sabido. Usted entenderá… Ellos pensaron que había datos que me guardé para llevarme los laureles. Yo… No pude decirles que soñé con la escena, que vi su rostro.

Me recosté en la silla y lo observé.

-Es la verdad –susurró.
-No puedo tomarte Pretov. No me gustan las incógnitas y hay mucho que no sé de ti.
-Por favor. Tengo un familiar a cargo, necesito dinero.
-No puedo.

Golpearon a la puerta y se escuchó la voz de Hakon.

-Señor.
-Pasa –ordené.
-Permiso, aquí traigo el dictamen del forense sobre el suicidio de esta señora… Samanta…
-Ah sí. Lo adjuntaste al dictamen de nuestros chicos.
-Sí aquí está, en esta hoja.
-Tráelo aquí, gracias.

Cuando mi primer oficial se retiró dejé la hoja sobre la mesa, la que habían redactado mis muchachos, y abrí el sobre firmado por el director del hospital de Kirkenes. A un costado izquierdo, la firma de una doctora.

-Mmm… Bueno… Suicidio… Lamentable.

Miré a Pretov y volví a reiterarle.

-De verdad lo lamento Gregorii. No puedo ingresarte a la fuerza policial. Sé que encontrarás trabajo en algún supermercado o tienda como guardia de seguridad. Aquí en la policía debemos ser estrictos.

No me contestó. Su mirada fija en el papel del dictamen parecía concentrarlo demasiado.

Carraspee para llamar su atención y me miró.

-Suicidio, ¿dijo usted? –dijo con una mueca de sorna.
-¿Perdón?
-Suicidio. Usted dijo que fue un suicidio.
-Sí. El laboratorio de la morgue arrojó esa respuesta.

Sus dedos acercaron el papel del dictamen policial, lo giró hacia él para leer mejor, y lo leyó detenidamente.

-¿Encontraron el cuerpo en los jardines? ¿Quién lo encontró?
-Pues –titubee-, eso no es de importancia.
-¿Por qué no habla con ellos? Se lo sugiero. Según lo escrito aquí el cuerpo yacía en un pozo de casi un metro. ¿Ese pozo fue hecho al caer? ¿Con qué velocidad se estrelló?

Me incorporé en la silla nervioso.

Volví abrir el sobre del hospital y releí.

-Aquí está claro, no hubo huellas, no existen presión en ninguna parte de su cuerpo. Tengo experiencia Pretov. Cuando la víctima es empujada queda el hematoma de la presión. No hay rastro de ello. ¿Ha tenido visiones?

Juntó las cejas y sonrió de costado.

-No, esto es sentido común.
-La mujer pudo ser de constitución grande. Su peso juega al caer.
-¿Pesaba trescientos kilos?

Lo miré furioso.

-Le propongo algo.
-¿Qué cosa?
-Deme el caso y me pondrá a prueba. Si le sirvo me incorporará a su plantel.
-¡Es ridículo!
-No pierde nada. ¿O sí?

Quité la hoja del dictamen de su mano y la adjunté al sobre del hospital.

-Por favor –insistió.

Suspiré.

-Será pérdida de tiempo para ti, podrías encontrar otro trabajo mientras pierdes el tiempo jugando al detective.
-Yo quiero intentarlo.
-No te daré paga alguna.
-No me importa si logro entrar al plantel. Si le sirvo prométamelo que tendré trabajo fijo.

Dudé.

En realidad no perdía nada.

-Está bien. Sólo este caso Pretov. Trabajarás solo, no pondré a mi gente para ti. Y no quiero cosas raras.
-Gracias, no se arrepentirá. Y no se preocupe, no estoy loco. Sólo soy detallista.
-Y médium –acoté burlón.

Sonrió.

-No usaré métodos no convencionales, se lo prometo.



6 comentarios:

  1. Me alegro q Sebastian le dio una oportinidad a Scarlet, pobrecita asi q esperemos q todo salga bien y este oficial mmm me parece q va a traer problemas, muchas gracias x el capitulo!!!

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  2. Uy veamos que pasa con ese chapa ( oficial) Ojala Scarlet no tenga líos Te mando un beso

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  3. Hola Lou... Me alegra que Sebastien no envíe a Sacarlet a las cumbres
    Gregorii Petrov... un médium... Me parece que los Craig van a tener problemas
    Y ya veremos cómo Bianca le explica a Greorii ciertos cabos bastante sueltos que hay en la muerte de Samanta
    Esto se pone muy interesante... me está gustando muchísimo
    Besos

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  4. No hace falta que te diga, amiga querida, cuánto me emociona la aparición de cierto personaje en este capítulo, solo puedo imaginar todo lo que nos traerá a la historia ;)

    Un besazo.

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  5. Creo que este nuevo chico va a traer mas de un dolor de cabeza a nuestra familia vampira, o tal vez... puede que sea algo bueno para ellos... quien sabe ;)
    Pero ha sido un capitulo genial, Lou, espero leer pronto el siguiente
    Un besoo

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  6. interesante el riesgo para Scarlet,,,,, veremos,,,,saludos.-

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