Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 4 de octubre de 2014

¡Hola! Lo prometido capi 30. Espero les guste. Es largo, pero no quería cortar las escenas. Un beso enorme y gracias por comentar.

Capítulo 30
Revancha.

(Perspectiva de Charles)

No había visto a Rodion cuando salí al jardín. Estaba encogido sentado en uno de los canteros. Me apresuré para contarle la buena noticia. Lenya había despertado al fin y ya no corría peligro. Sebastien lo había traído de no se sabe que infierno.

Me acerqué y toqué su hombro.

—Rodion, querido… Póngase de pie.

Sobresaltado se incorporó con los ojos desorbitados.

—No, no me diga que él murió. ¡No me lo diga! ¡No quiero escucharlo!
—Tranquilo.
—¡No, no me lo diga!

Con ambas manos tapó sus oídos.

—Charles, usted no entiende. No sabe lo que es perder un hijo. Él es como si lo fuera, Charles.

Me retiré unos pasos atrás y lo tomé de los hombros.

—¡Míreme! Escuche, sí sé que se siente porque perdí a mi hija. Pero por suerte usted no va a pasar por lo mismo. Lenya está bien. Ha despertado.
—¿Qué?
—Que ya está bien, reaccionó. Ha escapado de la muerte gracias a Sebastien. Gracias al amor que le tiene.
—¿Sí? ¡Siii! OH joder oh joder… Sí sí… ¿Está seguro, Charles?
—Claro que sí. Suba. Seguro querrá verlo.

Lo vi titubear y luego correr hacia la entrada de la mansión. Sonreí. Ahora debía encargarme de Bianca y Sebastien aunque dudaba que fuera una tarea de solución a corto plazo. Hablaría con ella, hablaría con él, ¿qué más podría hacer que hacerlos entrar en razón? Si se amaban tarde o temprano tendrían que reconciliarse. ¿No es así como funcionaba el amor?

Agudicé la vista y noté la silueta de Scarlet en la puerta de la mansión. Me miraba mientras yo avanzaba. Evidentemente aguardaba por mí.

—Querida, ¿qué haces afuera con este frío?

Me miró avanzar y sonrió cándidamente. Hecho que nunca le creería a la princesa de los Craig que de cándida no tenía nada.

Observé dos libros pesados que traía bajo el brazo.

—Soy vampiresa Charles, ¿lo olvidaste? No sufro el frio.
—Oooh sí es verdad. De todas formas hay tantas enfermedades pululando que preferiría que te cuides. Ve adentro y ponte a estudiar.
—No recibo órdenes, Charles –protestó arrugando el entrecejo.
—Es verdad, lo había olvidado.
—Igualmente tengo que estudiar, ya rindo en poco. Bianca me anotó en fechas muy cercanas según las materias. Matemática el 4 de octubre a las cuatro de la tarde, Lengua a las seis, después Biología el 6 de octubre y…. Pues, me olvidé el resto. Bianca se las sabes a todas. ¿Quieres que le pregunte?
—No, está bien. Dime… ¿Qué tienes ahí? –pregunté señalando los textos.
—¿Aquí? Libros.
—¿Me permites verlos?
—¿Para qué? ¿No has terminado el Secundario?

Reí.

—Sinceramente no recuerdo, Scarlet.

Me entregó uno de los libros y lo hojee.

—¡Qué interesante! Anatomía.
—Sí, Bianca me ayudó mucho, sabe medicina.
—Claro, supongo que sí. ¿Me permites el otro libro?

Sebastien interrumpió. Salió a la puerta de la mansión y sonrió levemente.

—Charles, necesito hablar contigo.

Scarlet lo miró con enfado, giró y se metió en la mansión dando un portazo.

—Vamos, demos una vuelta por el bosque para hablar tranquilos –aconsejé.

Sebastien relató los hechos con la bruja mal parida. Lo había visto, había descubierto su secreto y en consecuencia el de todos nosotros. Sólo faltaba tiempo para revelar la verdad al resto del mundo, o quizás no le creerían. Quizás…

—Debí hacer caso a Bianca –dijo apoyando su frente en la corteza de un árbol—. Yo… Creí que sólo eran celos estúpidos.
—Ahora no cambiarás la situación lamentándote. Seamos prácticos. ¿Qué harás con la bruja?
—No llamará a la policía. Nadie le creerá.
—Eso es cierto en parte, pero ella sabe lo que vio…
—No quiero matar a nadie. Después de todo Samanta podrá ser una zorra pero yo la metí en mi vida.
—¿En serio?

Lo miré con escepticismo.

—Tienes tanta bondad Sebastien que perdonando la comparación a veces creo que eres Teresa de Calcuta. ¿Sabes quién es?
—Basta Charles, tus bromas están fuera de lugar en este instante.
—Muy bien. ¿Volverás y le dirás que ha tenido un sueño y que los colmillos filosos y largos nunca han sobresalido de tu boca? ¿Qué tus músculos nunca se transformaron? ¿Qué tus ojos grises no se volvieron plata líquida? ¡Genial!
—Charles… No sé qué hacer…

(Perspectiva de Lenya)

Cuando Rodion abrió la puerta de mi habitación yo estaba de pie junto a la ventana. Quedó tieso mientras me observaba. Quizás no pensaba que aquél que había creído agonizando estaba vivito y coleando y lo miraba con ojos inquisidores.

—¡Por fin apareces Rodion! Pensé que no te separarías de mí ni un segundo. Hubiera afirmado que te importaba mi salud.

Rodion caminó lentamente hacia mi encuentro y me contempló con angustia.

—¿Mi señor se encuentra bien?
—¿No me ves?
—Sí, lo veo.
—¿Entonces?
—¡Qué suerte! Me alegro mucho, mi señor.

Lo miré a los ojos de un iris punzó. Su rostro permanecía inexpresivo. Sería el shock de verme con el mismo estado atlético de siempre.

—Siéntate en el sillón, Rodion –ordené, señalando un mueble de estilo Luis XV que adornaba un rincón de la habitación.

Obedeció silenciosamente y mantuvo la cabeza gacha. Estudié su pobre y humilde atuendo. Un pantalón negro de sarga descolorido por los años. La camisa cuadrillé de mangas remangadas estaba teñida de no sé qué líquido color ocre en la zona de los hombros. Podría ser de cargar herramientas herrumbradas durante mucho tiempo. Sus zapatos tenían raspado el cuero de las punteras. Su cabello rubio estaba prolijo y limpio sin embargo un buen corte no hubiera estado de más.

Apenas susurró.

—No me he movido de aquí mientras mi señor estuvo…
—Sebastien ya me puso al tanto –contesté secamente—. ¿Debería creerle, Rodion?
—Sí, mi señor.

Avancé hasta el ropero y extraje un par de jeans y dos suéteres. Mi primera reacción hubiera sido tirarlas para que las atajara en el aire, pero una vez que las tuve en las manos las colgué del brazo y fui doblándolas como pude. Cuando las apilé en mis brazos me acerqué y las extendí.

Me miró desde su posición sin entender que carajo quería que hiciera con las prendas. De hecho su pregunta terminó por convencerme que en su puta vida esperaría un regalo de mí.

—¿Están sucias, mi señor? ¿Las necesita para hoy?
—No… Son para ti. Los suéteres te quedarán holgados úsalos hasta que te compres otros. Deberás comprarte camisas también. En cuanto a los jeans, tengo entendido que Margaret cose, dile que te los acorte. Son muy largos.

Tomó las prendas en sus manos y la vista quedó clavada en la trama de las telas.

—Rodion.

Levantó la vista de inmediato y se puso rígido.

—¿Mi señor?
—Quiero que te compres camisas, y también zapatos.
—¿Saldremos algún sitio de lujo y debo acompañarlo, mi señor?

Moví la cabeza negando.

—No…
—Yo… Necesitaré algo de dinero para comprar… ¿Usted me prestaría? Yo puedo pagarlo con más tareas. Tareas extraordinarias que usted…

Lo interrumpí.

—No te prestaré dinero, Rodion.

Avancé hasta el cajón de la mesa de luz y saqué un billete de quinientas coronas.

—Toma, este dinero no es en calidad de préstamo. Si debo abonarte por tus servicios me quedaría pobre, así que dame tiempo para pagarte la deuda de tus servicios.
—Yo lo he hecho porque quise, mi señor. No fue un trabajo para mí.
—Sí, fue un trabajo. Tu amor incondicional no debe mezclarse con las labores. Debes aprender de eso, Rodion. Porque si no las personas se aprovecharán de ti. Como yo… me he aprovechado.

Sus ojos punzó se clavaron en mis ojos y me contempló en silencio. Después de unos segundos se puso de pie y caminó hacia la puerta con las prendas apretadas contra el pecho.

Antes de salir, mi pregunta lo detuvo.

—¿Amabas mucho a mi madre?

Giró lentamente y me miró a la cara.

—¿Perdón? Mi señor preguntó si…
—Sí, pregunté si amaste mucho a mi madre.

Las lágrimas cubrieron el iris sanguinolento y contestó con énfasis.

—¡Mucho!

Lo miré, lo observé, lo estudié…

—¿Sabes porque te odié por tanto tiempo, Rodion?

Su voz escapó como grito de alivio, como si al hablar pudiera sacarse un peso de encima.

—¡Por qué no la defendí! ¡Por qué dejé que la mataran!

Me acerqué mientras su cuerpo temblaba de indignación y dolor contra él mismo.

—Eso es lo que siempre te dije, ¿verdad? Tú crees que yo soy tan obtuso para pensar que un humano simple como lo eras hubiera podido contra los lobos asesinos. Nunca pensé realmente que si hubieras visto luz y hubieras podido salir del sótano tú hubieras batallado esas bestias. Quizás no pudiste salir porque el destino se apiadó de mí y me dejó alguien en la vida. Si hubieras salido te hubieran matado y yo… Hubiera estado completamente solo.

Sus lágrimas que corrían por las mejillas impulsaron a las mías a afloran sin contención por el lagrimal de mis ojos.

—Entonces mi señor… ¿Por qué me odia tanto?
—Te odié porque no luchaste por ella, Rodion. Porque te diste por vencido con tan poco. Ella se merecía un hombre que la amara como tú, que la hiciera reír como tú lo hacías. Pero no luchaste por ella ni por mí. Por tu absurda decisión de no intentarlo, ella no tuvo un nuevo amor y vivió del recuerdo de Adrien, y yo… no tuve un padre.

Se acercó con su rostro bañado en lágrimas y por primera vez noté un atisbo de rebeldía.

—¡Mi señor dice que no tuvo un padre! ¿Está seguro de eso? ¿Mi señor no tuvo un padre?

Sus frases cargadas de dolor me trajeron imágenes de un pasado…

Yo entraba corriendo hasta la humilde cocina donde mi madre me preparaba la comida y Rodion dormía todas las noches en un jergón en un rincón. Rodion me había seguido sofocado tras de mí después de una loca carrera.

—¡Le he ganado mamá! –exclamaba feliz—. ¡Le he ganado otra vez!

Mi madre hacía una mueca desaprobando.

—Lenya quieres no alejarte de los alrededores. No corras como si fueras un animal, hay peligros en el bosque.
—Rodion me cuida, mamá. No me pasará nada.
Rodion se acercaba con la mano en el pecho.
—Dios, como corre este chico. Jugamos carreras…. No muy lejos de aquí, no te preocupes. Además, si no corre y juega a los once años, ¿cuándo quieres que lo haga? Déjalo jugar, es un niño…

Otra imagen ocupó mi cerebro.

Estaba en penitencia en mi habitación porque a decir verdad era bastante travieso. Mi madre había prohibido que comiera caramelos de miel, los que tanto me gustaban cuando aún no había manifestado ser un vampiro. Ella me había ordenado que como castigo, no habría dulces esa semana.

Rodion me dio las buenas noches cuando ella se retiró. Se acercó a la cama y me dio un beso en la frente. Antes de retirarse dejó caer en el edredón tres caramelos. Yo los tomé rápidamente y escondí mi mano bajo la sábana. Después él apagó la luz y cerró la puerta.

Volví al presente con un nudo en la garganta. Lo miré y apenas alcancé a balbucear.

—¿Cuántos caramelos me trajiste de contrabando esa noche? ¿Tres?

Rodion sonrió a pesar de las lágrimas.

—Cuatro, mi señor. Uno cayó al piso.

Respiré hondo tratando de que el pasado no me hiciera trizas como tantas veces. Me alejé hacia la ventana y miré por las rendijas.

—Lloverá todo el día.
—¿Lo cree, mi señor? Mejor para nosotros los vampiros, ¿no le parece?

Asentí.

Él tomó el picaporte listo para retirarse.

—Rodion –lo llamé.
—¿Mi señor?
—Voy a darte una última orden y quiero que la cumplas si es que no quieres verme furioso.
—Dígame, mi señor.

Lo miré a los ojos y ordené.

—Los amigos se llaman por su nombre, mi nombre es Lenya. Así que nunca más me llames “mi señor”. Nunca más.

(Perspectiva de Scarlet)

¡Qué cerca estuve! Demonios… Ese Charles sí que era un vampiro intuitivo y astuto.
Ya en mi habitación y a salvo de ojos curiosos abrí el segundo texto, el mismo que gracias a que Sebastien había interrumpido, Charles no llegó a revisar.

Las últimas hojas arrancadas de la agenda de mi hermano cayeron al suelo. Me incliné y mi iris de vampiresa buscó en segundos el nombre de Samanta… Leí la dirección de la empresa… No, necesitaba la dirección particular… No la tenía…

El número de móvil estaba escrito pero tampoco me  daría lo que buscaba.

Un número de varios dígitos estaba anotado al costado de su nombre… Era un teléfono de línea… ¿Y ahora? ¿Cómo seguía?

La puerta de la habitación se entreabrió y tres golpes sonaron contra la madera.

—Soy Numa, ¿puedo pasar?
—Oyee, ¿no te enseñaron que se golpea antes de entreabrir? –protesté—. Pasa.

Se adelantó hacia mí y de reojo observó a mi alrededor.

—¿Y bien? ¿Qué quieres?
—Quería comentarte sobre Lenya. Parece que está mejor y supongo que habrá que cambiar ciertas actitudes con respecto a él. Tu sabes, por Sebastien. No está pasando un buen momento y…
—Escucha enano de jardín. Lenya no me interesa, y mi hermano en este momento no me importa si está sufriendo. Mi amiga humana está destrozada por él.
—¿Así que ahora eres aliada de una humana? ¡Quién diría!
—¡Vete y déjame en paz!

De pronto pensé que Numa podría serme útil.

—¡Aguarda!
—¿Qué? ¿Te has arrepentido?
—En absoluto. Sólo necesito que me respondas si con un número de teléfono puedo conocer el domicilio de alguien.
—Mmm… Te lo diré si me prometes que no harás las cosas más difíciles para Lenya y Sebastien.

Dudé por unos segundos tratando de cavilar en mi cabeza pros y contras.

—Está bien. Lo prometo. Dime como hago para saber el domicilio de alguien.
—¿Para qué lo quieres?
—Eso no lo rebelaré. De todas formas es un tema de mujeres, sin importancia.

Respiró hondo y me miró fijo.

—Pestañee repetidas veces y sonreí inocente.
—¿Cosa de mujeres? –preguntó.
—Ajaaa.
—Bueno, si tienes el número de teléfono local busca en la guía. Cada número de teléfono tiene ese dato en las páginas blancas, no en las amarillas. Si tienes el nombre y apellido te aconsejo que será mejor, sino perderás mucho tiempo.
—Gracias Numa.
—Oye, no olvides la promesa.
—No, no la olvidaré.
………………………………………………..

El chofer me alcanzó a las ocho de la mañana hasta la maldita calle de la zorra. Mierda, era una mansión aunque jamás sería tan lujosa como la nuestra. Suerte que era una vampiresa y el cansancio aún no lo sentía. Había estudiado noches enteras por los exámenes pero buscar antes del amanecer la maldita dirección en la guía telefónica, me agotó. ¿Por qué nunca había preguntado el apellido de la imbécil? Por número de teléfono fue desesperante, tenía razón Numa.

Lo cierto que a través de la ventanilla de vidrios polarizados mis ojos contemplaron la guarida de la zorra, y sonreí.

—Gracias Perkins.

El chofer titubeó.

—Ehmm… De nada señorita… Pero mi nombre no es Perkins.
—¿Ah no? Es que en casi todas las novelas que leí y las películas que he visto los choferes se llaman casi igual. ¿George te gusta?
—Ehmm… Preferiría que me llame por mi nombre, si no le molesta –contestó con timidez.
—Pues… No, me gusta Perkins.
—Como guste. ¿Debo esperarla?
—No no, volveré solita y materializándome en casa como corresponde. No te preocupes Perkins, sabré volver a mi mansión.
—Okay… ¿Sabe Sebastien que está usted aquí?
—¡Perkins! Soy mayor de edad, ¡no extralimites tu cargo!

Salí del BMW dando un portazo y observé la hilera de ventanas en planta alta.
Así que aquí vives mal parida…

Observé el coche arrancar lentamente y doblar la esquina. Era un barrio tranquilo, todas eran residencias de lujo. Vayaa que buena vida se daba ésta.

Sin perder tiempo fijé la vista en alguna de las ventana, cerré los ojos, y me concentré.
Al materializarme lo hice en un ambiente amplio revestido de un empapelado marfil. Dos de las paredes estaban cubiertas por estantes de libros. El suelo era de madera… ¿Cómo se llamaba? ¿Parquet? Bueh, no interesaba.

Escuché ruidos, pasos… Me oculté tras los largos y espesos cortinados marrones a la espera de que ella apareciera…

La puerta se abrió. A través de una abertura entre las telas observé muy callada. Mis dedos resbalaron por la áspera trama. ¡Qué gusto horrible tenía!

Con sorpresa descubrí un hombre de barba y cabello blanco. Estaba vestido con un bata roja punzó, como la sangre… Mmm… Me relamí.

Tranquila Scarlet, me dije. No has venido para alimentarte. Sólo te mueve la venganza. Trabajo limpio Scarlet… Está en juego el nombre de lo Craig.

El viejo arrastró los pies para caminar. ¿Qué edad tendría? ¿Tendría marido? ¿Sería este infeliz?
Escuché la voz de una mujer. Mis ojos se dilataron. Mis oídos se agudizaron… ¿De dónde venía la voz de mujer?

Me desmaterialicé un poco desorientada, reconocía que no se me estaba siendo fácil. La mansión era inmensa, maldita sea. Reaparecí en el pasillo… La voz se hizo más nítida…
“Cielooo, tomaré un baño”

Sonreí. Ah, ¿tomarás un baño? No no, yo creo que no lo tomarás maldita. Ahora, ¿dónde estaría el baño? Unos de los cuantos que habría en la mansión.
De pronto alguien me tomó del brazo con fuerza. Giré aterrada. Si me sujetaban no podría materializarme. ¡Demonios! ¿Qué? ¿Ron?

—Ron, ¿qué diablos haces aquí?
—Ssshh… Evitando que te manches con sangre sin sentido.
—¡Suéltame!

Sus dedos aflojaron y recibió un buen cachetazo de mi parte.

—No te atrevas a meterte en mi camino y menos a darme órdenes.
—Le diré a Sebastien que estás aquí.
—¡Te odiaré de por vida!
—Estás loca, te meterás en un lío.
—¡Déjame en paz!
—Scarlet vuelve a la mansión y deja que Sebastien solucione sus cosas con Bianca.
—¿Así te manejas con tus amigos? ¡Cobarde!
—¡Piensa! Estás actuando como una niña.
—¿No digas? Así que ahora soy una niña. Cuando fantaseas con tenerme en tu cama no lo soy.
—Scarlet, esto no tiene nada que ver.
—Sí, lo tiene. Porque no estarías aquí si yo no te importara. Ahora te pido por favor que lo entiendas, nunca, pero nunca, me fijaré en un sirviente. Da la vuelta y haz lo que siempre has hecho bien. Ser guardaespaldas de Sebastien.
—Scarlet…
—¡Vete Ron!

La voz de la bruja se escuchó entonando una canción. Presté atención detenidamente… La voz partía del pasillo a la derecha.

—Scarlet…
—¡Qué latoso eres Ron!
—No te dejaré sola.

Arquee una ceja. Piensa, piensa, Scarlet…

Sonreí. ¿Cómo no lo había pensado antes? ¿Ron se desmaterializaba? No… ¿Yo? Sí.

Sin perder tiempo reaparecí a la derecha del pasillo y antes de que Ron reaccionara y corriera en mi búsqueda, apoyé el oído en una de las puertas para asegurarme de no equivocarme y acertar el escondrijo de la hiena. El paso siguiente, fue muuuy fácil.

Al verla a través de la mampara cantando esa canción idiota me dio náuseas. No podía perder tiempo. Avancé y corrí la puerta de un solo movimiento. El “crack” de las juntas en los rieles se escuchó y ella giró para verme. No me preguntó quién era, no gritó, no intentó escapar, nada. Sólo me miró horrorizada. Era bella la hija de puta, por supuesto no tanto como yo.

—Hola –dije casi en un murmullo.

No respondió a mi saludo de cortesía. ¡Qué humana maleducada! Los Craig no éramos así.

Sus ojos desorbitados me contemplaron y apenas balbuceó.

—Eres un monstruo como él.
—¿Monstruo? ¡Qué ingrata! ¿Te parece que seres tan bellos pueden ser monstruos? No querida, somos vampiros. Mi hermano y yo somos vampiros.

Dio unos pasos atrás por el suelo húmedo de la bañera.

—Cuidado, puedes resbalarte –la alerté sonriendo.
—No he dicho nada a nadie —susurró.
—Por supuesto, nadie te creería, te encerrarían por loca. Aunque loca… Tú ya estás.
—¿Qué quieres de mí? ¿Dinero? ¡Tengo mucho!
—Eso lo sé. ¿Pero te parece que dinero es lo que busca un vampiro? No no…

Moví mi dedo índice negando.

—Sangre es lo que busco mal parida.
—¡No he hecho nada malo sólo me crucé en la vida de tu hermano! –gritó.
—Sí, has hecho daño. Has abusado de mi hermano, has destruido una pareja que se ama, y además… lo peor… Has hecho llorar a mi amiga. Por lo tanto no vivirás para ver otro maldito día de tu existencia.

Rápidamente sus ojos se posaron en un pequeño cuadrado que colgaba en la pared. Un botón color rojo resaltaba en el vértice derecho. ¿Un botón antipánico? Sí, lo había visto una vez antes de asesinar a un humano en su cabaña. Esa vez me había sorprendido, por suerte había podido escapar porque un guardián de Adrien me había seguido y ayudó a matar a mi víctima. Esta vez no me iría mal.

—No te gastes –dije con aire soberbio—, ¿no has leído sobre vampiros? Una de las virtudes en que nos destacamos es… la rapidez.
Dicho esto mi mano se cerró sobre el cuello para evitar que gritara. La saqué de la bañera a rastras y la acerqué a mi rostro.
—Mírame, llevarás al infierno mi iris violeta que ahora gracias al bombeo de tu sangre… seguramente tendrán el color borgoña. ¿Verdad que sí?

Escuché ruidos en el pasillo. Pensé… ¡Maldita sea! Scarlet sé práctica ya no podrás divertirte con la hiena. Mátala ya.

Busqué una ventana y en pocos segundos encontré un tragaluz lo suficientemente grande para que el cuerpo de la miserable pasara a través.

Me miró con terror mientras pataleaba sostenida en el aire por mi mano cerrada.

Sonreí mostrando mis colmillos afilados que se alargaban al percibir el aroma a adrenalina de la sangre.

—No te probaré porque no deseo que el veneno de tu plasma corra por mis venas ni un segundo. Yo ya soy lo suficientemente mala. Ah eso sí, con códigos. ¡Mala pero con códigos!  Ahora… ¡Vete a volar!

Con un envión de mi mano estrellé su cuerpo contra el tragaluz con tan mala suerte que su cuerpo rompió los cristales pero no salió despedido hacia fuera. Una de sus piernas quedó enganchada en el marco inferior.

—¡Ufaaaaa! ¡Hasta para morir eres jodida!

Trepé con dificultad por la pared resbalosa de azulejos hasta llegar a la zona porosa pintada de amarillo. Me aferré con las uñas hasta casi quebrarlas. ¡Mis uñas! Eso si no se lo perdonaría a la infeliz. La torturaría tres horas y media por hacerme más difícil las cosas.

Ella respiraba aún, podía escuchar el aire escapando de sus pulmones con agonía. Desde allí estiré mi mano y desenganché la pierna. Su cuerpo desapareció por completo  y cayó hacia afuera.
Sonreí, pero mi sonrisa duró segundos… El picaporte de la puerta del baño giró.

¡Mierda!

Cerré los ojos e imaginé la mansión… Mi habitación… Mi cama, mi mesa de luz, mi espejo, mi ropero lleno de ropa…

Con los ojos cerrados escuché el sonido de la puerta entreabrirse lentamente…

¡Vamos Scarlet! ¡Concéntrate! La habitación… La habitación…

Mi cuerpo se volvió liviano, muy liviano, casi etéreo…

Cuando abrí mis ojos me encontré en un rincón de mi alcoba. Demonios, había estado cerca.

(Perspectiva de Ron)

Casi doy de bruces contra la puerta en la que vi desaparecer a Scarlet. Me quedé muy quieto tratando de escuchar por si ella tenía problemas.

Scarlet, mi querida Scarlet. Caprichosa, altanera, pretensiosa, engreída, sí. Pero la amaba con todo el corazón. ¿Por qué te cuesta enamorarte de mí, Scarlet? ¿Soy tan poco para ti? Si supieras todo lo que te haría feliz. Pondría el mundo a tus pies princesa Craig… Scarlet… Me quitas el sueño, mis pensamientos son tuyos, las veinticuatro horas de mis malditos días de soledad. Scarlet…

—¿Quién es usted?

La voz de hombre me sobresaltó y me quitó de mi ensoñación. Me acomodé el saco negro del traje y avancé hacia el viejo de bata y pantuflas que me miraba sorprendido.

—Ah, disculpe señor… Ehm.. Soy el nuevo asistente de la señora.
—¿De mi mujer? ¿Otro asistente? –me miró de arriba abajo y sonrió—. ¡Claro! Un nuevo asistente. Ella colecciona asistentes.
—Mil  disculpas, la señora dijo que la espere en planta baja antes de partir a la empresa.
—¿Eso dijo? Pues, había decidido no ir hoy a la oficina. ¿Cambió de opinión? ¡Ja!
—No lo sé señor sólo sé que debo esperarla en planta baja.
—Lárgate entonces. Quiero hablar en privado con mi esposa. No puedo creer que haya contratado otro asistente y no precisamente para tareas de rutina. Para su cama, ¿verdad? ¿Para eso lo contrató?
—Lo siento señor no sé de qué habla.
—¡Vete al diablo, sal de mi camino!
—¿Se dirige al baño, señor?
—¿Dónde crees que voy? ¿Debo pedirte permiso?
—No señor.

En ese instante el ruido de vidrios estallar en pedazos lo alertó.

—¿Qué ocurre?
—No, no lo sé señor.

El viejo avanzó hacia la puerta y me interpuse.

—¿Qué haces idiota? ¡Déjame pasar!
—Señor, mejor llame a seguridad, no entre solo puede ser peligroso.
—¡Apártese! No soy cobarde.

El forcejeo duró pocos segundos. Podría llamarle la atención mi fuerza sobrehumana y en vez de mejorar las cosas a Scarlet se las iba a empeorar.

Lo dejé pasar aunque no me fui. No podía dejar a Scarlet si por desgracia él la veía en el baño. No sabía que había ocurrido pero la ventana rota no era una buena señal. ¿La habría tirado a los jardines? Diablos… Scarlet…

El dueño de casa desapareció tras la puerta del baño y temblé de miedo. Scarlet… ¿Habría escapado?
Respiré hondo sólo después de escuchar al viejo llamar a su mujer. No había visto a Scarlet. Señal que había logrado desmaterializarse.

—¡Samanta! –gritó—. ¿Dónde rayos estás? ¡Samanta!

Antes que su sentido común atara cabos al ver la supuesta ventana rota, corrí por el pasillo hasta la ventana trasera por la que había entrado. Esperaba que Sebastien no descubriera a mi princesa, no quería enfrentarme a él y a su furia por la desobediencia y el riesgo corrido.

Mientras saltaba los muros de la mansión en milésimas de segundos y avanzaba por las calles entre mansiones pensé… Scarlet creo que te has metido en un lío de los grandes. Este supuesto suicidio para los humanos no quedará así…


7 comentarios:

  1. Bueno primero q nada q bueno q Lenya esta bien y q se porto de lo mejor con Rodion xq no hay duda q este se ha portado de los mas bien con Lenya y esta bueno q ahora se preocupe x él y 2do Scarlett lo q hiciste estubo fatal no pensaste bien las cosas y ahora pueden a ver problema para ellos mmm q ira a pasar uuff mujer te pasaste, muchas gracias x el capitulo muy bueno!!!

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    1. ¡Hola Laura! Sí, Lenya está cambiando aunque le faltará pulir muchas cosas, es muy pronto para que un vampiro modifique un modo de ser que ha regido su vida. Pero la buena esencia está. Scarlet... bueno yo no sería tan dura quizás, ella no tiene herramientas para defender su entorno salvo las primarias de un vampiro. Creo que por eso actúo así. Se guió por el instinto. Veremos que pasa con los Craig cuando se enteren, si se enteran...

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  2. Hola Lou... creo que has hecho muy bien en no cortar el capítulo... ha estado supremo
    ¡Pobre Rodion! Se tapaba los oídos temiendo que Charles fuese a decirle lo que él no quería escuchar
    Me ha encantado Lenya y como ha cambiado su actitud con Rodion... En esta ocasión, Lenya me ha recordado a Sebastien... se nota que son hermanos
    Y me ha quedado muy clara la razón por la que Lenya maltrataba a Rodion... hubiese querido que consiguiera que su madre olvidase a Adrien... y que fuese un padre para él
    ¡Y Scarlet! Creo que se acabó Samanta para siempre
    ¿Sabes lo que pienso? Que se acabará enamorando de Ron o, a lo mejor, es que me gustaría que pasara ;-)
    Me ha encantado el capítulo... y que me disculpe Samanta ;-)
    Está muy interesante, Lou
    Espero el siguiente con ilusión
    Besos

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    1. ¡Hola Mi sol! Lamento la tardanza en contestar. Pues mira creo que Scalet ha obrado por amistad y con los medios que tiene por naturaleza. De Ron... Bueno tienes que esperar pero te adelantaré que no va por allí la cosa...
      Lenya y Sebastien están dándose una oportunidad. Esperemos que todo salga bien. Muchas gracias por el comentario cariño. Un beso enorme.

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  3. Uy me has enamorado de Lenya pobrecito adoro a ese personaje al igual que a Rodion veamos que pasa con Scarlet. Te mando un beso y te me cuidas mucho

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    1. ¡Holaa Ju! Yo también me he enamorado de Lenya jajjaja. Scarlet ya encontrará su camino. Un beso gigante cielo y muchas gracias.

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